jueves, 14 de junio de 2012

EL MESIANISMO EN DANIEL


TRANSFORMACIÓN DEL MESIANISMO EN DANIEL

El término mesías ocurre dos veces en el libro de Daniel. En Daniel 9, la predicción de los setenta años de desolación de Jeremías es reinterpretada como setenta semanas de años. Las primeras siete semanas terminan con la venida de “un gobernante ungido”. La referencia es probablemente a Josué el Sumo Sacerdote pos-exílico, que era uno de los dos “hijos del aceite” en Zacarías. Después de sesenta y dos semanas, “matarán al ungido”(9:26). Los críticos modernos generalmente reconocen aquí una referencia al asesinato del Sumo Sacerdote Onías III cerca del 171 a.C., registrado en 2 Mac. 4:33-38. Hay una larga línea de exégesis tradicional que lee tanto Dan. 9:25 y 26 en términos de un mesías escatológico. Para la exégesis tradicional Cristiana, el ungido asesinado es obviamente Cristo(1). La referencia original, sin embargo no era a un rey ni a un salvador en absoluto, sino al Sumo Sacerdote(2). Daniel aceptaba la organización teocrática de la comunidad pos-exílica, como seguramente lo hacía Ben Sira.
                                                      
Al contrario de Ben Sira, Daniel está altamente interesado en la futura liberación, y el “reino” es uno de los símbolos centrales que aparece a lo largo del libro. El libro en su forma canónica data de la época de la rebelión Macabea (168-64) a.C., pero los capítulos 2-6 conservan historias más antiguas Arameas que tienen sus raíces en la Diáspora oriental. En el capítulo 2, Daniel interpreta el famoso sueño de Nabucodonosor con una estatua “con cabeza de oro, brazos y pecho de plata, el vientre y los lomos de bronce, las piernas de hierro, y los pies mitad de hierro y mitad de barro”, que es destruida por una piedra que golpea sus pies. Daniel interpreta los metales en términos de una sucesión de cuatro reinos, que han de ser interpretados, en el contexto del libro, como Babilonia, Media, Persia, y Grecia. La piedra que destruye la estatua es interpretada por la afirmación “el Dios del cielo hará surgir un reino que jamás será destruido”, que aniquilará a todos estos reinos(3).

El esquema de los cuatro reinos, seguidos por uno con carácter definitivo, es bien conocido por la historiografía Romana(4). La secuencia típica Asiria, Media, Persia, y Grecia. Los historiadores Romanos ven a Roma como el quinto reino definitivo. Muchos estudiosos han argumentado, sin embargo, que este esquema no se originó en Roma, sino en el Cercano Oriente, que expresaba la resistencia del Oriente Cercano al Helenismo(5). El cuarto reino, Grecia, no es el último. El esquema implica que será destruido, y de esta manera conlleva una polémica contra el Helenismo. La principal evidencia de este uso anti-Helénico es Judía. Daniel 2 no es posterior a los comienzos del siglo II a.C. y no muestra influencia alguna Romana. El Cuarto Oráculo Sibilino también conserva una secuencia de cuatro reinos, que terminan con el Griego(6). Un oráculo Persa, el “Bahman Yasht”, tiene cuatro Periodos, simbolizados por metales de los cuales el cuarto es “la soberanía mala de los divs con pelos desaliñados”, probablemente una referencia a los Griegos, que ha sido tomada como evidencia de la amplia resistencia al Helenismo en el Cercano Oriente(7). Hay que admitir, sin embargo, que hay poca evidencia de semejante resistencia fuera de Judá(8).

Daniel 2, sin embargo, no es revolucionario. De hecho, destaca por su énfasis en lo escatológico. El énfasis primario cae en la habilidad de Daniel para interpretar el sueño del rey, mientras que los sabios Caldeos fracasan en el intento. El rey reacciona con admiración pero no presta atención al contenido de la interpretación, que debería haberle causado consternación. El lector es invitado a considerar el sueño desde la perspectiva del rey. Sin duda, su reino pasará, aunque su destrucción no es inminente. La irrupción del reino de Dios aún queda lejos en el futuro, en el tiempo de un reino posterior. Se difiere la escatología(9).

Daniel 2-6 no hace alusión ninguna a un futuro rey Judío. Los gobernantes Gentiles no son contrastados con el ideal Davídico, sino con Dios. En Dan. 4:34 Nabucodonosor alaba al Dios de Daniel: “Su reino un reino para siempre, y su dominio de generación en generación”. El reino de Dios es incompatible con el reino del monarca humano. Los reyes Babilonios reinan porque Dios les ha otorgado el reino. Estos relatos, sin embargo, no muestran interés alguno en la restauración de una dinastía nativa Judía.

El esquema de los cuatro reinos es retomado en Daniel 7, con mucha más urgencia escatológica, en un pasaje que tendrá un papel prominente en la posterior expectativa mesiánica. Se trata de la famosa visión de Daniel de “uno como un hijo de hombre” que viene en las nubes del cielo (Dan. 7:13). En gran parte de la historia Judía y Cristiana, esta figura ha sido interpretada como el mesías(10). Las adaptaciones más tempranas de esta visión, en las Similitudes de Enoch y 4 Esdras 13, usan lenguaje mesiánico en referencia al “Hijo del Hombre”, aunque sea una figura trascendental en lugar de un rey terrenal. Rabbi Akiba dice haber explicado los “tronos” plurales en Dan. 7:9 como “uno para Él, y otro para David” (hag. 13a; b. Sanh. 38b). La interpretación mesiánica fue la estándar tanto en la tradición Judía como en la Cristiana hasta la Ilustración, aunque en la actualidad es raramente defendida(11). Hay, sin duda, elementos en la visión que llevan a una interpretación mesiánica y ofrecen una base para la comprensión tradicional. La visión comienza con cuatro grandes bestias que salen del mar. Éstas bestias son interpretadas como reyes o reinos. La figura humana en las nubes en 7:13 aparece en contraposición a las bestias. Sus reinos son destruidos, mientras a él le es otorgado poder y honor y reino (7:14). Es bastante natural, pues, inferir que la figura en las nubes es el rey de un reino Judío restaurado. Además, la imaginería de esta visión, que pone al mar y sus monstruos frente a “uno sobre las nubes” y un “Anciano de los Días” con cabeza blanca, tiene antiguas asociaciones con la realeza. La imaginería está arraigada en la mitología Cananea, donde una deidad rebelde, Yamm (el Mar), se alza contra Baal, el jinete sobre las nubes y dios de la fertilidad y la lluvia, mientras que El, el Dios Supremo, es un venerable personaje con cabeza blanca(12). La ideología real del Israel pre-exílico deriva mucha de su imaginería de la mitología Cananea. Salmo 89 celebra el dominio de Yahvé sobre el mar encrespado, y también dice de David, “Pondré su mano sobre el Mar, sobre los Ríos su derecha”. El “uno como un hijo de hombre” en Daniel toma el lugar que ocupa Baal en el mito Cananeo, y el del rey David en la mitología del Israel pre-exílico(13).

Sin embargo, no hay clara referencia en Daniel a la restauración del linaje Davídico. Cuando la palabra “ungido” aparece en el capítulo 9, la referencia es al Sumo Sacerdote ungido. La única figura salvadora, bajo Dios, en el libro de Daniel, es el arcángel Miguel, el “príncipe” de Israel (Dan. 12:1). El reino que le es dado al “uno como un hijo de hombre” en 7:13 también le es dado a los “Santos del Altísimo” (7:18). Los santos, en la mayor parte de los casos en la literatura Hebrea y Aramea, son las huestes celestiales(14). Argumento a favor de que “el uno como un hijo de hombre” no es un símbolo colectivo de Israel, como muchos mantienen, sino que ha de ser identificado como Miguel, el líder de las huestes celestiales(15). Aunque Daniel anticipa que “La soberanía, el poder y la grandeza de todos los reinos del mundo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo” (7:27), no hay referencia inequívoca en el libro a un rey Davídico restaurado. La naturaleza del rey terrenal permanece vaga. Daniel, como los Apocalipsis tempranos de Enoch, mira más allá de este mundo al triunfo de Miguel y los santos, y finalmente a la resurrección y exaltación de los justos (Dan. 12:1-3). No hay motivo para llamar al futuro reino “mesiánico”.

Más que una expectativa mesiánica lo que tenemos en Daniel es una transformación de la mitología real. No hay papel alguno para el rey Davídico, y muy poco para ningún libertador humano. Los Macabeos, son, como mucho, “poca ayuda” (Dan. 11:34). Hay un libertador bajo el dominio de Dios, pero opera a nivel celestial: el destino de Israel está determinado por la batalla entre Miguel y los príncipes de Grecia y Persia (Dan. 10:20-21). Esta clase de libertador trascendente, celestial juega un papel cada vez más importante en la escatología Judía de los siglos siguientes. También provee un paradigma para la expectativa mesiánica que es bastante diferente del paradigma Davídico, aunque los dos aparecen a veces combinados. En este paradigma, “el mesías” es una figura celestial, más como un ángel que como ser humano. Este paradigma está desarrollado en las “Similitudes de Enoch” y en el Apocalipsis de 4 Esdras en el siglo I d.C. Es un paradigma que será crucialmente importante para la afirmación Cristiana de Jesús como mesías, a pesar de su evidente fracaso en restaurar el reino terrenal de Israel.

EL REY SALVADOR EN EL JUDAÍSMO EGIPCIO

La literatura de la Diáspora Egipcia en el periodo Heleno trata solo raramente con la escatología política. William Horbury, habla de la “prevalencia del mesianismo durante el periodo del Segundo Templo”, apela a algunos textos en el Pentateuco de los LXX(16). De los textos que aduce, solo el oráculo de Balaam resalta el papel de un “hombre” escatológico en la traducción Griega(17). Este hombre tiene un reino, y es discutiblemente un mesías, aunque no es llamado rey. La Bendición de Jacob en Génesis 49 no asocia el glorioso futuro de Judá con un gobernante individual, y la bendición de Moisés en Deuteronomio 33 no habla para nada sobre un futuro gobernante. La expectativa mesiánica está más fuertemente reflejada en las traducciones Griegas de los Profetas y Salmos, pero siempre hay lugar para debatir si los traductores estaban introduciendo sus propias creencias mesiánicas o simplemente tratando de traducir el texto Griego(18).

Un importante ejemplo de escatología política en la Diáspora Helena lo encontramos en los Oráculos Sibilinos Judíos, los primeros de los cuales fueron probablemente compuestos en Egipto a mediados del siglo II a.C.(19). Esos Oráculos tratan principalmente con el surgir y caída de los reinos, y se refiere repetidamente a un cambio definitivo que era esperado en el reino del “joven séptimo rey de Egipto… numerado según el linaje de los Griegos” (Or. Sib. 3:230-35, cf. vv. 193-94, 318). El rey en cuestión ha de ser identificado sea como Ptolomeo VI Filometor (180-164 y 163-145 a.C.), si Alejandro Magno es contado como primer rey, o el sucesor de Filometor, Ptolomeo VII Neos Filopator (145-144 a.C.)(20). La benevolencia de Filometor hacia los Judíos es bien conocida. Cuando Onías IV, el heredero legítimo del linaje Sadoquita para el Sumo Sacerdocio, huyó de Jerusalem después del asesinato de su padre, poco antes del estallido de la revuelta Macabea, Filometor le dio permiso para construir un templo en Leontopolis. Josefo dice que Filometor puso a Onías y Dositeo al mando de su ejército(21), y aunque parezca exagerado está claro que Onías tuvo un alto cargo(22). Aristóbulo, el Judío filósofo, fue supuestamente el maestro de Filometor(23). Es comprensible que algunos Judíos, especialmente los que habían huido de Jerusalem con Onías casi al comienzo de la revuelta Macabea, pusieran sus esperanzas en un rey Ptolomeo(24).

Las referencias al “séptimo rey” en Or. Sib. 3 dice solo que un gran cambio tendrá lugar en su reinado y no ofrece un cuadro claro del papel que jugará el rey. Hay, sin embargo, un pasaje que otorga un papel más activo al rey. Vv. 815-20 predice: “entonces Dios enviará un rey del sol, que acabará con el mal en toda la tierra, matando a algunos, imponiendo juramentos de lealtad a otros; y hará todas estas cosas de acuerdo a su plan secreto pero en obediencia a la noble enseñanza del gran Dios”. Muchos estudiosos asumen que se está refiriendo a un mesías Judío y traducen “desde el este”, por analogía con Isa. 41:25 (LXX) donde la frase dice “del sol naciente”(25). En Isaías, sin embargo, la referencia no es a un mesías Judío, sino para Ciro el Persa. No había tradición de que el mesías debía venir del este, en cualquier caso la frase en la Sibila no es “del este” sino “del sol”. En un contexto Egipcio un “rey del sol” evoca la mitología Egipcia, donde el Faraón era entendido como el hijo del dios sol Ra. 

De hecho la misma frase, “un rey del sol”, tiene lugar en un oráculo Egipcio casi contemporáneo llamado “Oráculo del Alfarero”(26). Este oráculo que sobrevive en Griego aunque fue probablemente traducido del Demótico, es atribuido a una figura legendaria, un alfarero en el reinado del Rey Amenhotep (decimoctava dinastía, 1550-1300 a.C.), que actúa como encarnación del dios creador Khnum. Predice la destrucción de “la ciudad de los seguidores del dios malo Tifón-Set”, o sea, Alejandría. Entonces, Egipto prosperará, cuando el rey del sol, benigno durante cincuenta y cinco años, venga, el que otorga buenas cosas, enviado por la gran diosa Isis, de manera que aquellos que sobrevivan orarán para que aquellos ya fallecidos se levanten para compartir las buenas cosas”.

El Oráculo del Alfarero pertenece a la tradición de la profecía nativa Egipcia, también ejemplificada en el Oráculo Demótico del Cordero de Bocoris del periodo Persa y en la Crónica Demótica de comienzos de la era Helena(27). El Oráculo del Alfarero está dirigido contra los Ptolomeos, y anuncia la restauración de la realeza nativa Egipcia y el fin del gobierno Griego. La antigua ideología de los faraones, no obstante, no era exclusiva propiedad de los nacionalistas Egipcios en el periodo Ptolemaico. Los Ptolomeos también reclamaban los títulos faraónicos(28). Esos títulos fueron traducidos al Griego bajo Ptolomeo IV Filopator y fueron aplicados en abundancia a Ptolomeo V Epífanes en la Piedra Roseta. Ambos reyes fueron llamados “hijo del Sol”. El Ptolomeo de turno es también llamado “hijo de Ra” en los textos inscritos en el templo de Edfu e identificado con Horus(29). Un “Rey del Sol”, pues, no era necesariamente un rey nativo Egipcio. El título podía ser igualmente aplicado a “un rey de Egipto de linaje Griego”. En vista de la importancia adjudicada al reinado del séptimo rey en Or. Sib. 3, es muy probable que el rey esperado por la Sibila fuese un Ptolomeo benevolente.

La Sibila, pues, se asemeja al Deutero-Isaías endosando un rey Gentil como agente libertador. Las esperanzas de la mayoría de los Judíos en el periodo 550-150 a.C. eran para un gobernante que protegería y favorecería al pueblo Judío, más que para una independencia nacional. Ésta es la actitud que encontramos en los relatos cortesanos de Ester y Daniel 1-6(30). Ésta siguió siendo la norma en la Diáspora hasta finales del siglo I d.C., cuando las relaciones con las autoridades Romanas comenzaron a deteriorarse, en tiempos de la revuelta en Judá (66-70 d.C.)(31). En la tierra de Israel, sin embargo, las circunstancias cambiaron fundamentalmente mediante la revuelta de los Macabeos y el surgimiento de los Hasmoneos como dinastía nativa Judía(32).

CONCLUSIÓN
                                                       
La ausencia de cualquier esperanza mesiánica, en el sentido de expectativa de una restauración Davídica, en los primeros Apocalipsis es sorprendente y mina algunas de las asunciones comunes acerca de la naturaleza del mesianismo. Es natural asumir que la pérdida de un reino nativo subyace a la esperanza mesiánica, y en cierto sentido esto es inevitablemente verdad(33). Hay algunos otros casos en el Cercano Oriente Heleno de esperanza de una restauración de un rey nativo. La “Profecía Dinástica” Babilonia predice una sucesión de reyes buenos y malos. La última columna está mal conservada, pero parece tratar negativamente la captura de Babilonia por Seleuco I(34). Esto podría crear un buen escenario para la restauración de un rey nativo, pero desafortunadamente, el fin de la profecía se ha perdido. Hay una evidencia mejor de una casi tradición mesiánica en Egipto, ejemplificada en el “Oráculo del Alfarero”. En Judá, sin embargo, no encontramos aspiración de restaurar el reino nativo, incluso durante la revuelta Macabea contra los Seleucidas. Cuando la expectativa mesiánica resurge, es ciertamente nacionalista y enfatiza la expulsión del poder extranjero. Pero la resistencia al poder extranjero no era suficiente en sí misma para llevar hacia delante el mesianismo. El renovado interés en la monarquía a comienzos del siglo I a.C. se debió principalmente a la reacción contra la defectuosa restauración de la monarquía Judía a cargo de los no-Davídicos Hasmoneos.

Se ha asumido a menudo que había una tradición ininterrumpida de mesianismo Judío desde el periodo bíblico hasta el Judaísmo pos-bíblico. Franz Hesse, como otros muchos, admite la dificultad de reconstruir un “movimiento mesiánico” en Israel y el Judaísmo pos-exílico, “Debe haber existido este movimiento. Lo demuestran los ejemplos dados y se puede concluir de los hechos que el Mesianismo emerge a la clara luz de la historia en los siglos tardíos, no meramente como una tendencia que ha surgido en el Judaísmo, sino como un movimiento con cientos de años de historia detrás”(35). El problema con esto es que el surgimiento del mesianismo en el siglo I a.C. no garantiza ninguna inferencia acerca de un movimiento mesiánico en épocas más tempranas. La evidencia sugiere que el mesianismo estuvo durmiendo virtualmente desde comienzos de los siglos V hasta finales del II a.C.(36).

Los textos bíblicos antiguos fueron muy importantes para el resurgir del mesianismo en la época Hasmonea. Los textos bíblicos ofrecen un número de paradigmas mesiánicos, que informaron la imaginación del Judaísmo pos-bíblico y se prestaron a actualizaciones en ciertas circunstancias. Factores políticos y especialmente sociales ofrecieron las ocasiones para el surgimiento de movimientos mesiánicos en le época Romana. Pero las acciones también tienen contenidos ideológicos(37), y en el Judaísmo del cambio de era las ideologías disponibles estaban predominantemente formadas por las tradiciones escriturales.                                            
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1.    85 Sobre la tradicional interpretación de Daniel 9 ver Franz Fraidl, “Die Exegese der Siebzig Wochen Daniels in der alten und mittleren Zeit” (Graz: Leuschner & Lubenski, 1883). Louis E. Knowles, “The Interpretation of the Seventy Weeks of Daniel in the Early Church Fathers”, Westminster Theological Journal 7 (1944), pp. 136-60.
2.    86 Pace Fitzmyer, “The One Who Is to Come”, pp. 62-63, ve la referencia en Dan 9:25 como mesiánica, aunque reconoce que la referencia en 9:26 es al asesinado Sumo Sacerdote Onías III.
3.    87 Para un completo tratamiento del tema ver Collins, “Daniel” (Hermeneia; Minneapolis: Fortress, 1993), pp. 166-70.
4.    88 Aemilius Sura, en Velleius Paterculus; Polybius 38.22; Dionysius of Halicarnasus 1.2.2-4; Tacitus, Hist. 5.8-9; Appian, Preface, 9. Ver Doron Mendels, “The Five Empires. A Note on a Hellenistic Topos, “American Journal of Philology 102” (1981), pp. 330-37.
5.    89 J.W. Swain, “The Theory of the Four Monarchies: Opposition History under the Roman Empire”, Classical Philology 35 (1940) 1-21; David Flusser, “The Four Empires in the Fourth Sibyl and in th eBook of Daniel”, Israel Oriental Studies 2 (1972), pp. 148-75.
6.    90 Orac. Sib. 4 también tiene un oráculo contra Roma, pero parece ser una adición redaccional. Ver Collins, “The Place of the Fourth Sibyl en the Development of Jewish Sibyllina”, Journal of Jewish Studies 25 (1974), pp. 365-80.
7.    91 S.K. Eddy, “The King Is Dead. Studies in the Near Eastern Resistance to Hellenism 334-32 a.C. (Lincoln: University of Nebraska Press, 1961), p. 19.
8.    92 Josef Wiesehöfer, “Vom oberen Asien zur gesamten bewohnten Welt. Die hellenistische – römische Weltreiche-Theorie”, en Mariano Delgado, Klaus Koch and Edgar Marsch, eds., Europa Tausendjähriges Reich und Neue Welt. Zwei Jahrtausende Geschichte und Utopie in der Rezeption des Danielbuches” (Freiburg Schweiz: Universitätsverlag, 2003), pp. 66-83. Wiesehöfer disputes the theory of Near Eastern resistence.
9.    93 Collins, “Nebuchadnezzar and the Kingdom of God. Deferred Eschatology in the Jewish Diaspora”, en C. Elsas y H.G. Kippenberg, eds., Loyalitätskonflikte in der Religionsgeschichte. Festschrift für Carsten Colpe”(Würzburg: Königshausen & Newumann, 1990), pp. 252-57, reinpreso en idem, “Seers, Sibyls and Sages in Hellenistic-Roman Judaism (JSPSup 54; Leiden:Brill, 1997), pp. 131-37.
10. 94 Collins, Daniel, 79-89, pp. 112-23.
11. 95 ver G.R. Beasley-Murray, “The Interpretation of Daniel 7”, Catholic Biblical Quarterly 45 (1983), pp. 44-58.
12. 96 ver Collins, “Stirring Up the Great Sea: The Religio-Historical Background of Daniel 7”, en A.S. van der Woude, ed., The Book of Daniel in the Light of New Findings (Bibliotheca Ephemeridum Theologicarum Lovaniensium 106; Leuven: Leuven University Press, 1993), pp. 121-36, reinpreso en Seers, Sibyls and Sages, pp. 139-55.
13. 97 Paul Mosca, “Ugarit and Daniel 7: A Missing Link”, Bblica 67 (1986), pp. 496-517.
14. 98 Ver Collins, “Daniel”, pp. 313-17.
15. 99 Ibid.
16. 100 William Horbury, “Jewish Messianism and the Cult of Christ” (London: SCM, 1998), pp. 36-63.
17. 101 Collins “Messianism and Exegetical Tradition”, en “Jewish Cult and Hellenistic Culture (JSJSup 100; Leiden:Brill, 2005), pp. 58-81.
18. 102 Ver M.A. Knibb, ed., “The Septuagint and Messianism” (BETL 195; Leuven: Peeters, 2006); Johan Lust, “Messianism and the Septuagint: Collected Essays” (BETL 178; Leuven: Peeters, 2004); Joachim Schaper, “Eschatology in the Greek Psalter” (Wissenschaftliche Untersuchungen zum Neuen Testament II/76; Tübingen: Mohr Siebeck, 1995) y Yarbro Collins and Collins, “King and Messiah”, pp. 54-62.
19. 103 Collins, “The Sibylline Oracles of Egyptian Judaism” (Society of Biblical Literature Dissertation Series 13; Missoule:Scholars Press, 1974), pp. 24-33; “The Sibylline Oracles”, en Charlesworth, ed., Old Testament Pseudepigrapha 1.354-61. El estrato más temprano de los Or. Sib., se encuentra en vss. 97-294 y 545-808.
20. 104 A lo largo de gran parte de su reinado Filometor estuvo involucrado en una lucha con su hermano Ptolomeo VIII Evergetes. Gobernaron juntos en 170-164. Evergetes gobernó solo en 164-163. Se retiró a Cirene en el 163 y regresó a Egipto después de la muerte de Filometor en el 145 a.C.
21. 105 Contra Apión, 2.49.
22. 106 Aryeh Kasher, “The Jews in Hellenistic and Roman Egypt” (Tübingen: Mohr-Siebeck, 1985), p. 8.
23. 107 2 Mac. 1:10.
24. 108 La distinción del centro y su datación en el siglo dos a.C. ha sido disputada de diferentes maneras por Erich Gruen, “Heritage and Hellenism. The Reinvention of Jewish Tradition” (Berkeley, CA: University of California, 1998), pp. 271-83, y Rieuwerd Buitenwerf, Book III of the Sibylline Oracles and Its Social Settings (SVTP 17; Leiden:Brill, 2003), pp. 126-30.
25. 109 Valentin Nikiprowetzky, “La Troisième Sibylle” (Paris: Mouton, 1970), p. 133; Arnaldo Momigliano, “La Portata Storica dei Vaticini sul Settimo Re nel Terzo Libro degli Oracoli Sibillini”, en Forma Futuri. Studi in Onore del Cardinale Michele Pellegrino (Turin: Erasmo, 1975), p. 1081; Schürer, “History”, 2.517; James Carleton Paget, “Egypt”, en Bockmuehl and Paget, Redemption and Resistance, pp. 183-97, específicamente p. 185. Buitenwerf, “Book III of the Sibylline Oracles”, p. 275, identifica al rey del sol con el rey de Asia mencionado en las líneas 611-15.
26. 110 Para el texto ver Ludwig Koenen, “Die Prophezeiungen des Töpfers”, Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik 2 (1968), pp. 178-209. Koenen identifica dos recensiones, que data poco después del 129 y 116 a.C. respectivamente, pero ninguna de las dos representa la forma original del oráculo. Ver J.J. Collins, “The Sibyl and the Poter”, en L. Bormann, K. Del Tredici, y A. Standhartinger, eds., Religious Propaganda and Missionary Competition in the New Testament World. Essays in Honor of Dieter Georgi (Leiden: Brill, 1994), pp. 57-69, reinpreso en Seers, Sibyls and Sages, pp. 199-210.
27. 111 Ver F. Dunand, “L´Oracle du Potier et la formation de l´apocalyptique en Égypte”, en F. Raphael, ed., L´Apocalyptique (Paris: Geuthner, 1977), pp. 39-67; J. Gwyn Griffiths, “Apocalyptic in the Hellenistic Era”, en D. Hellholm, ed., Apocalypticism in the Mediterranean World and the Near East (Tübingen: Mohr-Siebeck, 1983), pp. 273-93; A. Blasius and B.U. Schipper, eds., Apokalyptik und Ägypten (Orientalia Lovaniensia Analecta 107; Leuven: Peeters, 2002).
28. 112 Ludwig Koenen, “Die Adaptation Ägyptischer Königsideologie am Ptolemäerhof”, en W. Paremans, ed., Egypt and the Hellenistic World (Studia Hellenistica 27; Leuven: Leuven University Press, 1983), pp. 152-70.
29. 113 Griffiths, “Apocalyptic in the Hellenistic Era”, p. 289.
30. 114 Ver Lawrence M. Wills, “The Jew in the Court of the Foreign King” (Harvard Dissertations in Religion 26; Minneapolis: Fortress, 1990). Wills habla de una “perspectiva ética controlada”.
31. 115 Louis H. Feldman, “Jew and Gentile in the Ancient World” (Princeton: Princeton Universtiy Press, 1993), p. 106, habla de una “alianza vertical” entre Judíos y gobiernos extranjeros.
32. 116 Ver Doron Mendels, “The Rise and Fall of Jewish Nationalism” (New York: Doubleday, 1992), pp. 55-79.
33. 117 Ver los comentarios de Jonathan Z. Smith, “A Pearl of Great Price and a Cargo of Yams: A Study in Situational Incongruity”, History of Religions 16 (1976), pp. 1-19.
34. 118 Grayson, “Babylonian Historical-Literary Texts”, p. 17.
35. 119 F. Hesse, “Chrio, etc.,” en G. Friedrich, ed., Theological Dictionary of the New Testament (1974) 9.509.
36. 120 Joachim Becker, “Messiaserwartung im Alten Testament (Stuttgarter Bibelstudien 83; Stuttgart: Katholisches Bibelwerk, 1977), p. 74, habla del “das messianologische Vakuum” en The Second Temple period, exemplified by the work of the Chronicler.
37. 121 el iluminador estudio de David Frankfurter, “Lest Egypt´s City Be Deserted: Religion and Ideology en the Egyptian Response to the Jewish Revolt (116-117 d.C.)”, Journal of Jewish Studies 43 (1992), pp. 203-20, y más generalmente, S. Trump, ed., Millennial Dreams in Action (The Hague: Mouton, 1962); Victor Turner, Dramas, Fields, Mataphors (Ithaca, NY: Cornell University Press, 1974); Bruce Lincoln, Discourse and the Construction of Society (New York: Oxford University Press, 1989), pp. 15-50.  















jueves, 7 de junio de 2012

UN MESÍAS GENTIL


UN MESÍAS GENTIL II

No todo profeta del periodo exílico soñaba con un retoño de David. El profeta anónimo que conocemos como Segundo Isaías transfirió las promesas de David a todo el pueblo Judío: “Haré con vosotros una alianza eterna: las fieles promesas hechas a David. Le nombré testigo de las naciones, caudillo y legislador de los pueblos. Llamarás a un pueblo que no conocías, un pueblo que no te conocía a ti correrá…” (Isa. 55:3-5)(1). Para el Segundo Isaías, Israel es el siervo del Señor, la luz de las naciones (Isa. 49:1-6)(2). El profeta que celebró la liberación de Israel por los Persas no tenía papel alguno para un rey Davídico.

Sí tiene, sin embargo, un papel como “Señor ungido”. El ungido en cuestión era Ciro, rey de Persia: “Esto dice Yahvé a su Ungido Ciro, a quien he tomado de la diestra para someter ante él a las naciones…”(Isa. 45:1)(3). Ciro es también llamado “mi pastor”, una metáfora tradicional para rey, la cual tendrá en el futuro, un matiz mesiánico en Ezequiel 34:23 (“Yo suscitaré un sólo pastor que las guíe y las apaciente: a mi siervo David”)(4). Ciro es, pues, retratado en términos reminiscentes de la ideología real Israelita. No es, sin embargo, descrito como heredero de la promesa Davídica. En palabras de Antti Laato, “Isa. 40-55 no pone sobre Ciro todas sus esperanzas mesiánicas”(5). El pueblo Judío era, o más bien el remanente que quedaba de fieles, heredero de la alianza con David. No obstante, a Ciro le fue otorgado un papel crucial en la restauración Judía. Este hecho puede ser atribuido a las realidades políticas de la época. Fue Ciro quien permitió e hizo posible el retorno de los exiliados a su país de origen cuando conquistó Babilonia en el 539 a.C.

Ciro no fue el único rey Gentil elegido por Yahvé, según los profetas del periodo exílico. Jeremías 27:6 designa a Nabucodonosor de Babilonia, destructor de Jerusalem, como “mi siervo”, y declara que todas las naciones han de servirle(6). Este pasaje, también, está moldeado por el realismo político. Nabucodonosor, de hecho, tuvo la soberanía de todo el Cercano Oriente. En Deutero-Isaías, sin embargo, Ciro tiene un papel más positivo: “Él reconstruirá mi ciudad y enviará a mis deportados sin rescate….”(Isa. 45:13). Es presentado como libertador de Israel. Este papel es excepcional en un monarca Gentil y es remarcable tanto por su confianza en la benevolencia del rey Persa como por su aceptación de la dependencia Judía de un poder extranjero. Encontraremos un ejemplo similar de esperanza en un rey Gentil, en la Diáspora Helena, en el testimonio de los “Oráculos Sibilinos”.

UN MOVIMIENTO MESIÁNICO EN EL PERIODO PERSA?

La imagen del retoño aparece de nuevo en el libro de Zacarías. En este caso tenemos una visión bastante más clara del contexto de la que es el caso en los textos de Jeremías. Ageo y Zacarías estuvieron activos en Jerusalem cerca del 520 a.C., y fueron instrumentales en la construcción del Segundo Templo. Era este un periodo de inestabilidad en el imperio Persa entre la muerte de Cambises en el 522 a.C. y la consolidación del poder de Darío I, y hubo un número de levantamientos, sobretodo uno a cargo de un pretendiente real, Nabucodonosor IV, en Babilonia. La atmósfera de malestar está bien captada al final del libro de Ageo, en un oráculo dirigido a Zorobabel, gobernador de Judá:

Voy a sacudir los cielos y la tierra. Volcaré los tronos de los reyes y destruiré el poder de los reinos paganos……Aquel día –oráculo de Yahvé- te tomaré a ti, Zorobabel, hijo de Sealtiel, siervo mío –oráculo de Yahvé-, y te haré mi anillo de sello, pues tú eres mi elegido –oráculo de Yahvé Sebaot-(Ag. 2:21-24).

Zorobabel (“descendiente de Babilonia” o “semilla de Babilonia”) era de descendencia Davídica, al ser nieto del rey Joaquin (1 Cro. 3:16-19)(7). La referencia al anillo-sello sugiere que sería el representante autorizado del Señor(8). La analogía del anillo-sello es usada en referencia al Rey Joaquín en Jer. 22:24-30. La elección de Zorobabel implica seguramente para Ageo la inminente restauración de la monarquía Davídica(9). Su subida al trono será seguida por la caída de los reinos Gentiles, para así entrar en una nueva era.

Zorobabel también figura prominentemente en las profecías de Zacarías. Le es otorgado un papel clave en la reconstrucción del templo, y le es dicho que ante él una montaña se convertirá en explanada(4:7). Zacarías también reconforta al Sumo Sacerdote Josué prometiéndole que “He decidido traer a mi siervo la Rama(3:8). El término Rama/retoño/brote es una alusión a la profecía de Jeremías y ha de ser comprendido en tanto que mesiánico, en el sentido que ésta implica la restauración de la línea Davídica. En tiempos de Zacarías, las esperanzas de una restauración tal estaban en Zorobabel(10). La objeción de que había sido designado al cargo por los Persas, y que un retorno a la realeza era muy improbable bajo el dominio Persa(11), va más allá del punto. El texto no habla de Zorobabel, sino de un profeta que era un visionario, no un realista político. Por supuesto, no hay evidencia de que Zorobabel cumpliese el papel que Ageo y Zacarías le habían profetizado, pero los textos proféticos dan testimonio de las esperanzas que pueden ser razonablemente llamadas mesiánicas. Éstas entrañarían el cumplimiento de la promesa a David y el amanecer de una nueva y utópica era.

Zorobabel y el Sumo Sacerdote Josué son los “dos hijos del aceite” representados por las dos ramas de olivo en 4:12(12). Otra referencia en el capítulo 6 es problemática. Se le dice al profeta: “Tomas la plata y el oro, haces una corona, la pones en la cabeza del sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac, y le hablas de esta manera: Así dice Yahvé Sebaot: Éste es el hombre llamado Germen: debajo de él habrá germinación y edificará el templo de Yahvé” (6:11-12). El pasaje continua “Habrá un sacerdote a su derecha, y un consejo de paz entre ambos”. La Rama, pues, no es un sacerdote, y no puede ser identificada con Josué, a pesar de la coronación de éste último en el v. 11. Aquí de nuevo no hay duda que se ha de identificar con Zorobabel, el heredero de la línea Davídica. De hecho, el TM de 6:11 lee el plural “coronas”; las versiones leen el singular “corona”. Si el TM es correcto, entonces presumiblemente las coronas eran concebidas para ambos Josué y Zorobabel(13). Si una sola corona era original, debe haber sido para Zorobabel(14). O bien el texto sufrió corrupción, o, más probablemente, un editor eliminó la coronación de Zorobabel debido a sus implicaciones revolucionarias(15). Hay bastante razones, pues, para mantener que Ageo y Zacarías veían a Zorobabel como figura mesiánica.

A pesar del relativamente alto número de textos que pueden ser interpretados en sentido mesiánico, sólo muy raramente encontramos una figura histórica en quien son puestas estas esperanzas. Ciro de Persia es llamado “su ungido” en Isa. 45:1. Aunque no se pensaba que fuese a restaurar el reino Davídico, sí era visto como agente de liberación para el pueblo Judío. Zorobabel es el único mesías potencial Judío de quien oímos hablar en el periodo Persa. Para llegar a otra figura Judía de quien se afirmase estatus mesiánico tenemos que esperar hasta la era Romana.

Las profecías de Zacarías son notables en otros aspectos. Hablan de dos “hijos del aceite”, y conciben un liderazgo dual de sacerdote y rey. Esta calificación de la monarquía no era sin precedente. Deut. 17:18 especifica claramente que el rey ha de tener una copia de le Ley “escrita para él en presencia de los sacerdotes levíticos”, implicando que está sujeto a la interpretación de los sacerdotes. Jer. 33:14-26 reafirma no solo la alianza con David sino también “mi alianza con los Levitas mis servidores” (33:21)(16). Los sacerdotes Zadokitas son tan prominentes como el príncipe en Ezequiel 40-48. La formulación de Zacarías, sin embargo, está determinada no tanto por el precedente escritural como por la estructura social de la comunidad temprana pos-exílica, en la cual el Sumo Sacerdote no era menos importante que el gobernador. De hecho la prominencia del sacerdocio fue más duradera que la de la línea Davídica en el periodo del Segundo Templo. Como hemos señalado, los dos oficios ungidos parecen haber colapsado en Zac. 6:12. Durante la mayor parte del periodo pos-exílico, con excepción de la época de Esdras y Nehemías, el Sumo Sacerdote era el único líder en Judá(17).

LA AUSENCIA DE MESIANISMO EN EL PERIODO DEL SEGUNDO TEMPLO

Después del tiempo de Zorobabel, el mesiánismo no figura prominentemente en el Judaísmo del Segundo Templo, aunque pasajes proféticos como Jer. 3:17-22 pueden muy bien datar del periodo Persa(18).

Algunos pasajes en Zacarías 9-14 requieren comentario(19). El primero es Zacarías 9:9-10:

“Exulta sin freno, Sión, grita de alegría, Jerusalem! Que vienen a ti tu rey: justo y victoriosos, humilde y montado en un asno, en una cría de asna. Suprimirá los carros de Efarín y los caballos de Jerusalem; será suprimido el arco de guerra, y él proclamará la paz a las naciones. Su dominio alcanzará de mar a mar, desde el Río al confín de la tierra”

Como en muchos de los pasajes ya considerados, la monarquía es aquí castigada y es, en cierto aspecto, un retroceso al periodo de los Jueces. Comparar Jueces 5:10: “Los que cabalgáis en blancas asnas”; también el oráculo “mesiánico” en Gén. 49:8-12 (“el que ata a la vid su borrico y a la cepa el pollino de su asna”). La proclamación de la paz y destrucción de las armas de guerra recuerda a Isa. 2:1-4; 11:1-9; Miq. 5:2-5, etc. No obstante, el estatus real de este personaje es explícito, y le es dado poder universal de mar a mar.

La proveniencia de éste oráculo es bastante incierta. Zacarías 9 es a menudo relacionado con la campaña de Alejandro Magno en el 333 a.C.(20). Esta datación está influenciada por Zacarías 9:13: “Voy a incitar a tus hijos, Sión, contra tus hijos, Grecia”. Esta lectura, sin embargo, es sospechosa en el terreno textual. Parece intrusiva en el terreno de la métrica y paralelismo, y puede ser fácilmente explicada como resultante de la repetición de textos(21). Aunque estos argumentos no son conclusivos, dan lugar a dudas acerca de la datación Griega. Roberts argumenta que el oráculo contiene un número de elementos que sugieren fuertemente un contexto original del siglo VIII(22). Si la referencia a Grecia es original, el oráculo podría ser tanto anterior como posterior a Alejandro. Los Griegos estuvieron activos a lo largo de la costa Sirio-Palestina a lo largo del periodo Persa. No sabemos virtualmente nada de la reacción Judía ante Alejandro(23) ni tenemos indicación independiente de ningún sentimiento mesiánico en esta época. Si la referencia a Grecia no es original, no debería ser ignorada aún así como si fuese un simple error. Como sea que fuese introducida, la referencia tenía completamente sentido en el periodo Heleno, cuando los Griegos vinieron a ser el poder dominante en la zona(24). Quizá tengamos aquí un caso de un antiguo oráculo actualizado para que encajase en las nuevas circunstancias.

Quizá sea también una reflexión de esperanza mesiánica en Zacarías 11-13(25). Estos oráculos son extremadamente oscuros, y no hay consenso acerca de su situación histórica. Zac. 12:8, sin embargo, miran hacia delante cuando un día la casa de David será como dios y como un ángel del Señor, y Zac. 13:1 habla del día cuando “habrá una fuente a disposición de la casa de David y de los habitantes de Jerusalem, para lavar el pecado y la impureza”. Gran parte del material en estos capítulos indica descontento con los “pastores”, que eran evidentemente los gobernantes del momento, fuesen sacerdotes o laicos(26). El pasaje habla de la casa de David en conjunción con los habitantes de Jerusalem, en una forma que sugiere que tenían necesidad de purificación. Si se refiere aquí al linaje real, se requeriría probablemente una fecha más temprana durante el periodo Persa, dado que no tenemos registros del linaje davídico posteriormente. El texto deja de hablar explícitamente de restauración de la monarquía.

Una afirmación particularmente intrigante se encuentra en Zac. 12:10:

“Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalem un espíritu de gracia y de oración; y mirarán hacia mí. En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán duelo por él como se llora a un hijo única, y le llorarán amargamente como se llora a un primogénito”.

El “que traspasaron” ha sido identificado con varias figuras históricas desde Josías hasta Simón el Macabeo(27). Quizá se refiera a algún incidente que no conocemos, cerca de la época de la composición del texto(28). Inevitablemente, también ha sido interpretado en sentido mesiánico. Algunos estudiosos encuentran en este pasaje “el martirio del buen pastor escatológico o rey Davídico”(29). No hay nada en el texto, no obstante, que confirme que el que fue traspasado era rey. Dado que no hay paralelo para semejante noción de martirio mesiánico en el Judaísmo del Segundo Templo, no parece adecuado derivarlo de un texto tan críptico y controversial como es Zac. 12:10.

Total, tenemos muy poca evidencia de mesianismo en el Judaísmo del periodo que va del 500 al 200 a.C. Los intentos de encontrar expectativas mesiánicas en Crónicas no son convincentes(30).

Tenemos mucha mejor documentación para el periodo del 200 al 100 a.C. Una indicación de creencias populares Judías de a comienzos del siglo II a.C. la ofrece el libro de Sirac. Sirac escribió antes de la revuelta Macabea, y tiene poco interés en ningún tipo de escatología. La oración para la intervención divina en Sir. 36:1-17 es tan diferente en tono del resto del libro que su autenticidad ha de ser cuestionada. Pero ni aún aquí hay referencia alguna al mesías. Ben Sira alaba a David hasta cierto punto (47:1-11) aunque no aprovecha la ocasión para hablar de la restauración de su linaje. La afirmación que Dios exaltó su poder (cuerno) para siempre (47:11) no implica necesariamente que la dinastía duraría para siempre. En 49:4-5 Sirac afirma el “poder” (cuerno) de los reyes Davídicos fue dado a otros porque todos menos tres fueron pecadores. Sólo en el salmo Hebreo insertado en el capítulo 51, entre vv. 12 y 13 encontramos esperanza de restauración del linaje Davídico (línea h: “Dad gracias a Él, que hace brotar el cuerno para la casa de David”), pero esta salmo es sin duda una adición posterior de incierta procedencia. Para Sirach, la gloria de David pertenece al pasado. Además, Sir. 45:25 contrasta la alianza Davídica con la de Aaron y sugiere que es inferior en algunos aspectos. La alianza con Aaron es elaborada con más detalles y es más extensa que la de David(45:6-22). No hay duda que Sirac veía al Sumo Sacerdote Simón como el principal mediador para obtener la bendición de Dios en sus días (50:1-21). La falta de interés del Sabio en el mesianismo Davídico es consecuencia de sus satisfacción con el régimen teocrático sacerdotal(31).

Los comienzos del siglo dos era un periodo de gran agitación, que dio lugar a lo que Martin Hengel ha llamado “el primer apogeo de la apocalíptica Judía”(32). La expectativa mesiánica, sin embargo, en el sentido de esperanza para la restauración del linaje Davídico, está ausente en los Apocalipsis tempranos. El Apocalipsis Animal en 1 Enoch 85-90 es excepcional entre los Apocalipsis en su aparente apoyo de la rebelión armada de los Macabeos. (Judas Macabeo es alegorizado como un carnero con “un gran cuerno”)(33). También concibe una especie de líder en el periodo escatológico, aunque no está claro a que tipo de líder se refiere debido al lenguaje alegórico. Después que los enemigos de las “ovejas” han sido derrotados, y se ha construido una gran casa, el visionario continúa: “Vi que nacía un toro blanco de grandes cuernos y cómo todas las bestias del campo y las aves del cielo to temían y suplicaban en todo momento” (I Enoch 90:37). Se ha sugerido que el “toro” es un mesías Davídico, sobre la base que “su persona y aquella de los ángeles pastores negligentes del rebaño de Dios en 1 Enoch 89:59—90:25 están derivadas de Ezequiel 34, donde David gobernará sobre el Pueblo Elegido después que Dios lo libere del mal”(34). Pero esto es muy simple, no obstante. La imaginería del Apocalipsis Animal no está simplemente derivada de Ezequiel 34, o cualquier otra fuente(35). En 1 Enoch 85, Adán y los patriarcas anteriores al Diluvio están representados como toros blancos(36). Todo lo que se dice del “toro” en 90:37 es que todos los animales salvajes y pájaros le tenían miedo y le suplicaban. No está claro que esto represente al rey. De hecho, todas las ovejas son transformadas en toros blancos en 1 Enoch 90:38. Además, este “toro” no es el agente de salvación. Este papel lo realiza Judas Macabeo (“ese Carnero”, 90:13), con ayuda divina y angélica(37). Hay pues, poco sitio para el papel de un mesías en este Apocalipsis.                                      
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1.    Ver Richard J. Clifford, “Fair Spoken and Persuading. An Interpretation of Second Isaiah” (New York: Paulist, 1984), p. 192.
2.    A pesar de la identificación explícita de Israel como siervo en Isa. 49-55, especialmente en las llamadas “Canciones del Siervo” (Isa. 42:1-4; 49:1-7; 50:4-9; 52:13-53:12). Isa. 49:6 parece distinguir entre Israel y el siervo. No obstante, se está de acuerdo en que “es generalmente el Israel representado por el “remanente” de la diáspora el Siervo de Yahvé” (Blenkinsopp. “A History”, p. 190). J.A. Blenkinsopp, “Isaiah 40-55” (Anchor Bible 19ª; New York: Doubleday, 2000), pp. 118, toma a Ciro como el siervo en Isaías 42:1-4, a pesar de las 12 menciones restantes como Jacob, antepasado y representante de Israel. Klaus Baltzer, “Deutero-Isaiah” (Hermeneia; Minneapolis: Fortress, 2001), p. 42, argumenta que el siervo es identificado con Moisés, lo que es poco probable.
3.    R. G. Kratz, “Kyros im Deuterojesaja-Buch” (Tübingen: Mohr-Siebeck, 1991), pp. 25-33, argumenta que la última parte del versículo, que comienza con las palabras “a Ciro”, es parte de una expansión redaccional. La mención de Ciro en Isa. 44:28 también es asignada a esta etapa redaccional. En los oráculos originales, Ciro era el instrumento de Dios para juzgar a las naciones. En la etapa redaccional es el agente de salvación de Israel. Kratz data la etapa redaccional en la época de reconstrucción del Templo bajo Darío I, y sugiere que se intentaba, en parte, contrarrestar las esperanzas mesiánicas centradas en Zorobabel (pp. 183-91). La metodología de Kratz exponiendo de manera rutinaria los cambios de énfasis en el texto mediante distinciones redaccionales, es muy dudosa.
4.    Ver Antti Laato, “The Servant of YHWH and Cyrus” (Stockholm: Almqvist & Wiksell, 1992), p. 181.
5.    Laato, “The Servant of YHWH and Cyrus”, p. 244.
6.    En Griego este pasaje está basado en el capítulo 34. La designación “siervo” falta, pero la subyugación de todas las naciones por Nabucodonosor sí está atestiguada.
7.    C.L. y E.M. Meyers, “Haggai, Zechariah 1-8” (Anchor Bible 25B; Garden City: Doubleday, 1987), p. 9. Para un sumario reciente de la discusión ver también Janet E. Tollington, “Tradition and Innovation in Haggai and Zechariah 1-8” (Journal for the Study of the Old Testament, 1993), pp. 133-34. Ver también Laato, “A Star Is Raising”, pp. 195-207. Pomykala, “The Davidic Dynasty Tradition”, 45-60, disputa de manera no convincente las asociaciones Davídicas de Zorobabel.
8.    Meyers and Meyers, “Haggai, Zechariah 1-8, 69”: El uso de semejante sello era la manera de expresar la autoridad de la persona a quien le pertenecía el sello”. Tollington, “Tradition and Innovation”, p. 141.
9.    Blenkinsopp, “A History of Prophecy”, p. 203, habla de “un movimiento mesiánico”. Joachim Schaper, “The Persian period”, en Markus Bockmuehl y James Carleton Paget, eds., “Redemption and Resistence. The Messianic Hopes of Jews and Christians in Antiquity” (London/New York: Continuum, 2007) 7, dice que “la esperanza puesta en Zorobabel es un caso “clásico” de expectativa mesiánica”. Tollington, “Tradition and Innovation”, 136, enfatiza que la restauración no se realiza mediante la acción militar, sino por sus implicaciones políticas que no son menos importantes para ésta.
10. D. Petersen, “Haggai and Zechariah 1-8” (Philadelphia: Westminster, 1984), p. 210.
11. Meyers and Meyers, “Haggai, Zecheriah 1-8”, p. 203.
12. Collins, “The Eschatology of Zechariah”, en L.L. Grabbe y R.D. Haak, “Knowing the End from the Beginning” (JSPSup 46; New York: Continuum, 2003), pp. 74-84. “Sonso f oil” indica seguramente que estaban ungidos, a pesar de Petersen, “Haggai and Zechariah 1-8”, p. 231.
13. Petersen, “Haggai and Zechariah 1-8”, p. 275.
14. Blenkinsopp, “A History of Prophecy”, pp. 207-8. Esta interpretación se retrae hasta Wellhausen.
15. Meyers and Meyers, “Haggai, Zechariah 1-8”, pp. 350-57, defiende el TM ampliamente. Según ellos, sólo Josué es coronado y la Rama no es Zorobabel sino un personaje Davídico en un futuro indefinido. La profecía, así entendida, conllevaría la inadecuación de Zorobabel. Este punto de vista es difícil de reconciliar con el explícito entusiasmo del profeta para con Zorobabel en el capítulo 4.
16. Roberts, “The Old Testament´s Contribution”, p. 50.
17. Contrariamente a lo que a menudo se ha afirmado (ej. K. Koch, “Ezra and the Origins of Judaism”, Journal of Semitic Stdies 19 [1974], pp. 190-93), Esdras no era Sumo Sacerdote en Jerusalem. Ver Esdras 8:33 donde Esdras defiende a Meremot, hijo de Urias, el sacerdote.
18. Schaper, “The Persian Period”, 10, argumenta sobre los intereses mesiánicos en la edición del Salterio en este periodo, siguiendo a Erich Zenger, “Es sollen sich niederwerfen vor ihm all Könige” (Sal. 72:11: Redaktionsgeschichtliche Beobachtungen zu Psalm 72 und zum Programm des messianischen Psalters Ps 2-89”, in Otto and Zenger, eds., “Mein Sohn bist du” (Ps 2,7), pp. 66-93, aunque el argumento es poco convincente.
19. Laato, “A Star Is Raising”, pp. 208-18.
20. Blenkinsopp, “A History of Prophecy”, p. 231.
21. Paul d. Hanson, “Zechariah 9 and an Ancient Ritual Pattern”, Journal of Biblical Literature, 92 (1973), p. 45. “Your sons, O Greece”, le falta sólo una letra respecto a “Your sons, O Zion”. Carol L. Meyers y Eric M. Meyers, “Zechariah 9-14” (Anchor Bible 25C; New York: Doubleday, 1993), p. 148, defiende la lectura “Greece” y argumenta a favor de una fecha a mediados del siglo V a.C.
22. Roberts, “The Old Testament´s Contribution”, 44. La asociación de las ciudades de Hadrach, Damasco, Israel, Hamat, y Fenicia (Zac. 9:1-2) recuerda la campaña de Tiglath-pileser en el 738 a.C. Comparar Abraham Malamat, “The Historical Setting of Two Biblical Prophecies on the Nations (Zac. 9:1-6, Jer. 47)”, Israel Exploration Journal 1 (1951), pp. 149-59. En contraste, Seebass, “Herrscherverheissungen, 65”, argumenta a favor de una fecha pos-exílica, pero sus argumentos son impresionistas.
23. El relato de la visita de Alejandro a Jerusalem (Antiguedades 11.317-47) es lengadaria.
24. H. Gese, “Anfang und Ende der Apokalyptik, dargestellt am Sacharjabuch”, Zeitschrift für Theologie und Kirche 70 (1973), pp. 20-49, argumenta que en la redacción final de Zacarías, la campaña de Alejandro en el capítulo 9 marca el comienzo del fin del tiempo. la secuancia de eventos en Zacarías 9-14 es demasiado poco clara para apoyar una interpretación de semejante largo alcance.
25. Ver Mark J. Boda, “Figuring the Future: The Prophets and the Messiah”, en Stanley E. Porter, ed., The Messiah in the Old Testaments(Grand Rapids: Eerdmans, 2007), pp. 35-74, específicamente 59-65.
26. Paul Redditt, “Israel´s Shepherds: Hope and Pessimism in Zechariah 9-14”, Catholic Biblical Quarterly 51” (1989), pp. 631-42. Stephen L. Cook, “The Metamorphosis of a Shepherd: The Tradition History of Zechariah 11:17+13:7-9”, Catholic Biblical Quarterly 55(1993), 453-66, mantiene que “los pastores del Deutero-Zacarías representan a líderes civiles, no religiosos”, p. 457.
27. Blenkinsopp, “A History of Prophecy, 234”. Meyers and Meyers, “Zechariah 9-14”, pp. 337-40, relaciona el versículo no con un incidente específico sino a la oposición que encontraron los profetas.
28. Otto Ploeger, “Theocracy and Eschatology” (Richmond: Knox, 1968),p. 85: “Uno tiene la impresión que hay un evento histórico definitivo detrás de esta descripción misteriosa”. Cita un incidente de Josefo (Antiguedades 11.7.1.-297-301) donde un Sumo Sacerdote Juan asesinó a su hermano Jesús en el precinto del Templo en el periodo Persa, como posible fondo de la profecía de Zacarías.
29. Cook, “The Metamorphosis of a Shepherd”, p. 462. Cook lee Zac. 13:7-9 (“Despierta, espada, contra mi pastor”) en conjunción con 12:10 como referencia a este supuesto martirio. Ver también P. Lamarche, “Zacharie IX-XIV: Structure littéraire et messianisme” (Paris:Gabalda, 1961), p. 108; Gese, “Anfang und Ende de Apokalyptik”, pp. 44-48. Gese habla del mesías martirizado como “Josías redivivus”.
30. Schaper, “The Persian Period”, 11-13. Schaper también sugiere que Nehemías era un centro de expectativa mesiánica, p. 11.
31. “Jewish Wisdom in the Hellenistic Age” (Louisville: Westminster, 1997), pp. 108-9. Una buena discusión se encuentra en Pomykala, “The Davidic Dynasty Tradition”, pp. 131-52.
32. Martin Hengel, “Judaism and Hellenism” (Philadelphia: Fortress, 1974), 1.175.
33. Patrick A. Tiller, “A Commentary on the Animal Apocalypse of 1 Enoch” (Atlanta: Scholars Press, 1993), pp. 101-26; G.W.E. Nickelsbrug, “1 Enoch 1” (Hermeneia; Minneapolis: Fortress, 2001), pp. 396-98, argumenta que las referencias a las guerras Macabeas son inserción. Daniel Assefa, “L´Apocalypse des animaux (Hen 85-90): une propagande militaire” (JSPSup 120; Leiden: Brill, 2007) niega que la obra sea pro-Macabea y considera la referencia a Judas como una inserción pro-Macabea, p. 332.
34. Jonathan A. Goldstein, “How the Authors of 1 and 2 Maccabees Treated the Messianic Promises”, en J. Neusner, W.S. Green y E.S. Frerichs, eds., “Judaisms and Their Messiahs” (Cambridge: Cambridge University Press, 1987), p. 72. R.H. Charles, “Th eBook of Enoch, or 1 Enoch” (Oxford: Clarendon, 1912), pp. 215-16, también identifica al toro con el mesías.
35. J.C. VanderKam, “Enoch and the Growth o fan Apocalyptic Tradition” (Catholic Biblical Quarterly Monograph Series 16”; Washington, D.C.: Catholic Biblical Association, 1984), pp. 164-67, argumenta que la fuente más importante es Jeremías 25. En el contexto más amplio de las “matáforas-raices” de ovejas y predadores, ver Paul A. Porter, “Metaphors and Monsters. A Literary-Critical Study of Daniel 7 and 8” (Lund: Gleerup, 1983), pp. 46-60.
36. Sobre el toro blanco como nuevo Adán, ver Tiller, “A Commentary on the Animal Apocalypse”, pp, 20, 384; Nickelsburg, 1 Enoch 1, 407.
37. G.W. Nickelsburg, “Salvation without and with a Messiah”, en Neusner et al., eds., “Judaisms and Their Messiahs”, pp. 55-56.