La ironía de Jesús como rey del Reino venidero
Jesús creía que habría distintos niveles de recompensa en el futuro Reino de Dios. Pero ¿podría haber algún problema? ¿Algún desorden? ¿Sería necesario imponer disciplina y juzgar a quienes hicieran algo ilícito o perjudicial? ¿Podrían pecar las personas en el Reino de Dios? ¿Lo harían?
Son preguntas difíciles que Jesús nunca aborda directamente en los Evangelios canónicos. Siempre se dado por supuesto que la vida después de la muerte para los salvados sería perfecta en todos los sentidos: que no habría dolor, desdicha ni sufrimiento de ninguna clase; que nadie haría daño a nadie; que no habría pecado ni desobediencia. Un reino de perfección.
Esto es, en efecto, lo que la mayoría de la gente piensa hoy acerca del cielo. Pero, como he subrayado repetidamente, Jesús entendía el «Reino de Dios» de una manera distinta a la de sus seguidores actuales. Para él, no supondría una existencia espiritual de las almas en las regiones celestiales, sino un lugar físico aquí, en la tierra. Llegaría después del Día del Juicio, cuando Dios destruyera a todos los que se oponen a él y estableciera aquí un reino bueno (¡por fin! Buena falta nos haría uno…).
La idea es que Dios creó el mundo para que lo habitaran los seres humanos; pero las cosas se torcieron gravemente, ya fuera por el pecado de Adán o por la caída de Satanás. El mundo se convirtió en un lugar terrible, pero ahora Dios se propone restaurarlo conforme al plan original. Será un regreso al Edén para todos los que siguen a Dios.
Pero ¿será el Edén un lugar perfecto y seguirá siéndolo? Jesús nunca aborda directamente esta cuestión, pero algunos de sus dichos ofrecen indicios de lo que pensaba, aunque algunos de estos indicios parecen contradecirse entre sí.
Para empezar, habría que considerar las posibles implicaciones de un futuro día del juicio y de lo que vendrá después. Si es cierto que todo lo que se opone a Dios será destruido, entonces no habría espacio ni lugar para hacer el mal, ni nadie que pudiera hacerlo. Así que sería un paraíso eterno, ¿verdad?
Por otra parte, antes de la caída de Adán —o de Satanás, o de ambos— tampoco había espacio, lugar ni nadie que pudiera hacer el mal, y, sin embargo, aquí estamos… en este mundo terriblemente imperfecto, lleno de dolor y sufrimiento. ¿Quién asegura que no podría volver a ocurrir con los «cielos nuevos y la tierra nueva»? Si uno piensa —como supongo que les ocurre a muchos— que todos los que entren en el Reino serán incapaces de hacer algo malo o que, a diferencia de Adán y Satanás, carecerán por completo de la voluntad de hacerlo, eso conduciría a una dicha eterna para todos. Pero, si Dios pudiera crear un mundo futuro así, ¿por qué no creó de ese modo el mundo original?
En cuanto a algunos dichos concretos de Jesús, uno que lleva mucho tiempo desconcertando a muchísimos lectores es su afirmación de que, en la resurrección —es decir, cuando los elegidos resuciten de entre los muertos para entrar en el Reino—, «ni se casarán ni serán dados en matrimonio» (Marcos 12:25).
Hay diversas maneras de interpretar esto. Probablemente la más habitual sea que todos vivirán en celibato en el Reino futuro. Sin sexo. A muchos lectores eso no les suena precisamente a un paraíso. Pero a un predicador apocalíptico que considera que este mundo físico está corrompido y que la propia existencia física crea obstáculos para adorar a Dios, una forma distinta de existencia corporal, sin las necesidades y los deseos actuales del cuerpo, bien podría parecerle una especie de mundo perfecto.
Otra manera de entender el versículo es que no se refiere al celibato, sino a la igualdad entre los seres humanos. Jesús hablaba en un contexto de relaciones matrimoniales patriarcales, y en respuesta a una pregunta sobre ellas, en las que el hombre era dueño de la mujer, tras haber adquirido de su padre la propiedad sobre ella, y la mujer actuaba más o menos como una esclava suya, obedeciendo órdenes. Esto no era exclusivo del judaísmo antiguo, sino que ocurría en la mayoría de las culturas del mundo antiguo y, por supuesto, sigue ocurriendo hoy en muchas culturas.
Puede que Jesús esté diciendo que en el Reino no será así. Habrá igualdad. Los hombres no «adquirirán» a una mujer («no se casarán») y las mujeres no serán entregadas a los caprichos, deseos y exigencias de un hombre («no serán dadas en matrimonio»). Eso apuntaría a la liberación, la coexistencia pacífica y la igualdad.
Pero ¿habrá una liberación, una paz y una igualdad completas?
En la tradición cristiana, se considera que Jesús fue el Mesías que murió en su primera venida a la tierra y que reinará sobre todos en su segunda venida, después de regresar para juzgar al mundo. Él mismo parece haberse considerado el «mesías», el futuro rey de los judíos. Sin duda, esa fue la razón por la que lo crucificaron: por afirmar precisamente eso.
Además, Jesús indicó que sus doce discípulos serían gobernantes bajo su autoridad. En un dicho de la fuente Q, Jesús les dice: «En la nueva era, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, vosotros también os sentaréis en doce tronos para gobernar a las doce tribus de Israel» (Mateo 19:28). (Creo que este versículo se remonta sin duda a Jesús; no veo cómo un narrador cristiano podría haberlo inventado y puesto en sus labios: ¡uno de los doce a quienes se dirige es Judas Iscariote, el que más tarde lo traicionó! ¿Quién inventaría la idea de que Jesús incluyó a Judas entre los futuros gobernantes de Israel?).
Así pues, Jesús parece haber pensado que, en el Reino venidero, él mismo sería el Rey y los Doce ejercerían como dirigentes bajo su autoridad.
Pero ¿qué harían? ¿Tiene sentido que hubiera algún tipo de estructura de gobierno en un mundo universalmente utópico? Si no hay pecado, desobediencia ni delincuencia; si todas las personas han alcanzado la perfección y viven en perfecta armonía con Dios y entre sí; si no hay asesinatos, agresiones ni robos; ni opresión, injusticia o extorsión; ni pecado ni sufrimiento, ¿para qué harían falta «gobernantes»? ¿O un «rey»? ¿Con qué fin?
Jesús parece pensar que en el Reino venidero harán falta dirigentes para… dirigir. Jueces para juzgar. Autoridades para hacer cumplir las normas. Disposiciones que deban acatarse.
Esto guarda una estrecha relación con la observación de que Jesús, en otros pasajes, sugiere que habrá desigualdades en el Reino venidero. Algunos tendrán «tesoros»; otros, no. Algunos entrarán en una posición gloriosa; otros, en una inferior, y quizá muy inferior. Pero ¿hasta qué punto? ¿Habrá niveles realmente inferiores, en los que se puedan cometer fechorías? Si no es así, resulta difícil entender por qué habrá un sistema de gobierno y autoridades que ejerzan el poder.