martes, 11 de noviembre de 2014

JESÚS Y EL TEMPLO

JESÚS Y EL TEMPLO
Quizá la cuestión de la actividad de Jesús en el Templo sea el punto de comienzo más seguro para una investigación, aunque habría que señalar que la cuestión de Jesús y el templo conlleva una gran cantidad de incertidumbre normal en el estudio de los Evangelios. No hay acuerdo firme acerca de la unidad e integridad de los pasajes básicos concernientes a la “purificación del templo” (Marc. 11:15-19)(1), ni certeza absoluta acerca de la autenticidad de los dichos acerca de la destrucción del templo(Marc. 13:2(2); Mat. 26:61//Marc. 14:58(3)). A pesar de esto, es muy probable que Jesús hiciera algo en el Templo y dijese algo acerca de su destrucción(4). La acusación que Jesús amenazó al templo está reflejada en tres otros pasajes: la escena de la crucifixión(Mat. 27:39; Marc. 15:29); el discurso de Esteban (Hechos 6:13); y, posterior a la interpretación de la Pascua de Resurrección, en Juan 2:18-22. El conflicto sobre el templo parece profundamente implantado en la tradición, y parece indiscutible que dicho conflicto existió(5).

LA PURIFICACIÓN DEL TEMPLO
La comprensión más antigua del evento y la que aún predomina, es que se trata de la “limpieza” del templo. Esto implica una profanación o contaminación prior, y dicha profanación ha sido encontrada en la realización del comercio dentro o alrededor(6) del precinto del templo. Para muchos esto es la degradación de la religión verdadera, y Jesús intentaba purificar el templo de manera que este cumpliese mejor su propósito. Edersheim era de la opinión que “todo este tráfico -cambio de dinero, venta de palomas, y mercado de ovejas y bueyes- era en sí mismo, y según las circunstancias de sus servidores, una terrible profanación”(7). Hay que señalar que Abrahams, en desacuerdo con Edersheim, acepta, no obstante, sus principales premisas: lo externo es malo, y Jesús estaba en lo correcto cuando atacaba esto. Edersheim aceptó el cargo de corrupción (cueva de bandidos, Marc. 11:17) como componente necesario de cualquier tipo de comercio(8). Abrahams afirma en contra con la observación que aunque algunos abusos individuales pueden haber ocurrido, una generalización de esto sería injustificada(9). Aunque él también aprueba el ataque de Jesús contre el “externalismo”. Cuando Jesús tumbó las mesas de los que realizaban el cambio de dinero y expulsó a los vendedores de palomas del Templo, le hizo un gran servicio al Judaísmo(10). Extraña postura para alguien que adopta y argumenta que la compra y venta eran necesarias para la continuación de los sacrificios en el templo(11). Esto muestra la gran influencia de la opinión que Jesús se oponía a lo externo en nombre de la verdadera interioridad religiosa.

Parece ser que la asunción es que Jesús hizo, y quería que aceptaran sus contemporáneos, una distinción entre este tipo de “práctica” y el “verdadero propósito” del Templo. Esto parece que debe más al punto de vista del siglo diecinueve que al punto de vista Judío durante el siglo primero(12). Aquellos que escriben acerca del deseo de Jesús de hacer que el templo cumpliese con su propósito original y verdadero, el culto “puro” de Dios(13), parecen olvidar que la principal función de cualquier templo es servir como lugar de sacrificio, y que los sacrificios requieren del abastecimiento de animales apropiados. En tiempos de Jesús, el Templo era desde hacía tiempo el único lugar en Israel donde se podían ofrecer sacrificios, y esto significa que animales y pájaros debían estar disponibles en el enclave del Templo. No hubo nunca un “tiempo” original en el que el Templo estuviese limpio del comercio que requería el sacrificio de animales. Además, nadie recuerda un tiempo cuando los peregrinos no llevaran monedas diferentes. En el punto de vista de Jesús y sus contemporáneos, el requerimiento del sacrificio debe siempre haber involucrado el abastecimiento de animales sacrificables, su inspección, y el cambio de dinero. Uno se pregunta qué tienen en mente los estudiosos que hablan acerca del deseo de Jesús de acabar con este “uso particular” del Templo. Qué quedaría del servicio si los supuestamente corruptos externalismos de los sacrificios, y el comercio necesario hubieran sido eliminados? Como siempre vemos aquí el fallo en pensar concretamente y una preferencia por las vagas abstracciones religiosas.

El punto más importante a reconocer es  que el requerimiento de presentar una paloma “sin defecto” como sacrificio por ciertas impurezas o trasgresiones era un requerimiento “dado por Dios a Israel a través de Moisés”(14). Los negocios en el Templo eran “necesarios” si se quería cumplir con los mandamientos. Un ataque contra lo que era necesario no es un ataque contra las “prácticas que se llevaban a cabo”.

Si estas eran las circunstancias, había algo relacionado con el Templo que hubiera podido dar lugar a los ataques contra “las prácticas del momento” como distintas a lo que había de ser el servicio mismo? Se conocen ataques basados en una distinción entre “práctica” e “ideal” que tienen como centro la pureza del templo. Ayudará esto a situar a Jesús como reformador religioso, con tendencia a limpiar el Templo? Parece que no. Los ataques se fundan en cargos acerca de los cuales los Evangelios guardan silencio: la idoneidad de los sacerdotes para realizar sus oficios. Estos cargos ya aparecen en el periodo bíblico. Así en Malaquías 3 el “mensajero de la alianza purificará a los hijos de Leví” hasta que presenten “oblaciones legítimas”. Esto puede haber sido tomado en sentido escatológico, aunque el énfasis del capítulo es que los Levitas eran impuros (3:3) y que todo Israel estaba robando a Dios quedándose con porte de los diezmos(3:6-10). Debían cambiar sus conductas o enfrentarse a la destrucción.

Estas acusaciones continuaron en el periodo posterior. En tiempos de los Asmoneos, hubo objeciones a la combinación de los oficios de sacerdote y rey(15) y contra “su usurpación” del sumo sacerdocio(16). El autor(es) de los Salmos de Salomón también objeta contra los sacerdotes contemporáneos debido a que sirven en el Templo en estado de inmoralidad e impureza. Son acusados de cometer adulterio, robo del santuario, y ofrecer sacrificios en estado impuro debido a haber estado en contacto con sangre menstrual(8:9-14). Los Sectarios del Mar Muerto acusaron al “Sacerdote Malvado” de cometer acciones abominables y profanar el Templo (IQpHab 12:8f). También “robaba a los Pobres sus posesiones” (ibid. 12:10; cf. 11:4-7), aunque esto se refiere aparentemente a sus actos en tanto que rey, como queda aclarado en 8:8-11 (cf. 11:4-7). Acusaciones similares pueden observarse en el Documento de Damasco:

“Y ellos también contaminan el Templo pues no mantienen separado de acuerdo con la ley, sino que se acuestan con la que ve la sangre de su flujo menstrual. Y toman por mujer a la hija de su hermano y a la hija de su hermana…..” (CD 5:6-8).

El cargo de impureza en parte refleja disputas haláquicas como la duración de la impureza en una mujer después de su menstruación(17), y otras disputas más. Así, la Secta del Mar Muerte habría seguido un calendario diferente del usado en Jerusalem, con el resultado que todos los sacrificios eran, desde su punto de vista, en el día equivocado (ver de nuevo 1QpHab 2 7)(18). Hay que suponer que los Fariseos también se querellaron con la práctica Saducea debido a desacuerdos haláquicos(19).

La crítica de cualquiera que maneja dinero o mercancías es fácil y obvia tanto más cuando los sacerdotes del segundo Templo eran tenidos aún como deshonestos(20). Muchos estudiosos del Nuevo Testamento suponen que semejantes preocupaciones estaban tras la manifestación de Jesús.

Si Jesús hubiera sido un reformador religioso con tendencia a corregir los “abusos” y las “prácticas del momento”, se deberían oír cargos de inmoralidad, deshonestidad y corrupción “contra los sacerdotes”(21). Pero semejantes cargos están ausentes en los Evangelios (excepto en Marc. 11:17), y este no es el motivo de la acción en el Templo. Al contrario, el ataque era contra el comercio que era necesario para los sacrificios no importa quienes fueran los sacerdotes y sin mención del “halakot” que seguían. Parece, pues, que Jesús se manifestó contra todo lo que los demás habrían considerado necesario para el sistema sacrificial, en lugar de contra la práctica del momento.

Si el dicho en Marcos 11:17 es un comentario original de Jesús sobre por qué “purificó” el Templo, sin embargo, habría que aceptar que era de hecho el comercio y los sacrificios lo que le preocupaba, posiblemente debido a la deshonestidad en ello involucrada(22). En este versículo la cita mezclada de Isa. 56:7 y Jer. 7:11 dice que el Templo debía ser casa de oración(Marcos dice “para todos los/las Gentiles/gentes”), y “vosotros” la habéis convertido en cueva de ladrones. El dicho es rechazado correctamente por la mayoría de los estudiosos como una adición(23). Roloff ve el versículo 17 como un añadido debido a la introducción “Y les enseñaba, diciendo”(24). A.E. Harvey propuso que la cita en Marcos 11:17 no puede representar un dicho de Jesús. “Casa de oración para todos los Gentiles” “difícilmente pudo haber sido extraída de la versión Hebrea que Jesús habría usado”. Añade que “cueva de ladrones” es inapropiado, dado que “ladrón” siempre implica “ataque/invasión”, nunca “timador/estafador”(25). Que estos y otros estudiosos que rechazan el v. 17 piensan que Jesús se oponía a la práctica del momento, no al templo mismo, muestra cuan profundamente arraigado estaba el punto de vista que mantiene que Jesús se opuso al corrupto externalismo. Toman esto como si el mero hecho de comprar y vender, sin ningún cargo de robo, era visto por Jesús como en contradicción con la pureza del templo.

Si uno pasa por alto el “ladronismo” en Marcos 11:17 y se centra en “casa de oración”, uno puede argumentar que Jesús estaba contra el sacrificio mismo. Este punto de vista ha sido ocasionalmente apoyado(26), para ello se ha citado a Os.6:6 en Mat. 9:13 y 12:7, “Misericordia quiero, que no sacrificio”. Pero como Davies señala correctamente descartando este punto de vista, “Mat. 5:23-24 y Hech. 2:46 serían inexplicables si mantenemos este punto de vista acerca de Jesús”(27).

Hay una última posibilidad de ver a Jesús con tendencia hacia la purificación y la reforma: quería eliminar todo comercio fuera del recinto del Templo. El comercio que se realizaba dentro del recinto del Templo se llevaba a cabo en el patio de los Gentiles(28). Acaso difería Jesús de sus contemporáneos al querer expandir la zona santa a todo el recinto? Que se sepa, nadie ha propuesto esta interpretación aunque se podría hacer(29). Este punto de vista podría haber sido sugerido por la última frase en Zacarías 14:20:

“…….Y aquel día no habrá más comerciantes en el templo de Yahvé Sebaot”.

En un contexto en el cual todos los utensilios de cocina en Jerusalem han de ser ritualmente puros, de manera puedan ser usados para preparar la carne del sacrificio, no debía haber comerciantes en el recinto; toda la zona debía ser purificada.

Es muy poco probable que éste sea aquí el motivo detrás de la acción de Jesús. Un pasaje, Marcos 7:1-5, describe a los seguidores de Jesús rechazando la extensión a la gente laica de las leyes de pureza bíblicas que gobernaban al sacerdocio. Dudo de la autenticidad de este disputa, pero en cualquier caso no hay evidencia para atribuir a Jesús la intención de expandir el código de pureza de la forma que deseaba Zacarías.

Esto lleva una vez más a ver que la noción detrás de la discusión sobre la “pureza” a cargo de los estudiosos del Nuevo Testamento es moderna. Los estudiosos del Nuevo Testamento que escriben acerca de la preocupación de Jesús por la pureza del Templo parecen tener en mente una idea familiar a los Protestantes: el culto “puro” consiste en la Palabra, y todo rito externo ha de ser purgado. En el Judaísmo del siglo primero la preocupación por una pureza ampliada seguramente involucraba una expansión de los ritos, como en el caso de las abluciones. Habría que descartar el punto de vista que la acción de Jesús estaba relacionada con la purificación del culto a Dios(30).

No parece que Jesús realizare ningún gesto a favor de incluir a los Gentiles en el reino, aunque puede haber considerado su inclusión en el eschatón. La evidencia muestra que Jesús no estaba directamente interesado en los Gentiles. A la luz de todo esto, el lugar de comercio, y consecuentemente de la acción de Jesús, ha de ser visto como casual y no determinativo para el significado del evento(31). Cualquier acción pública debe haber sido realizada en un lugar en el cual las actividades relacionadas con el Templo eran realizadas y al cual Jesús tenía acceso. En orden a derivar el significado del evento directamente del lugar donde fue llevado a cabo (presumiblemente en el patio de los Gentiles), o de la actividad particular que fue atacada (el comercio necesario preliminar al sacrificio), habría que pensar que Jesús seleccionó el lugar y la actividad de entre varias disponibles. Este, sin embargo, parece no ser el caso. Jesús podía tener acceso al Atrio de los Sacerdotes, y por lo tanto a un lugar más directamente conectado con la preparación de los sacrificios, si hubiera pretendido presentar una ofrenda por pecado o culpa; pero a parte de usar semejante ardid se trataría solamente del comercio en el patio de los Gentiles lo que habría sido atacado.

La propuesta que la acción de Jesús fue a favor de los Gentiles tiene el mérito de entenderla como simbólica.

Hay otra afirmación acerca del significado de la acción de Jesús en el Templo a señalar. Se piensa que Jesús actuó primariamente resentido con la jerarquía del Templo, aquellos que tenían bastante interés en los beneficios derivados de la venta de aves de ofrenda y cambio de dinero. Así, por ejemplo, Trautmann argumenta que Jesús objetó a los Saduceos por combinar políticas y economía con el Templo y también se opuso a su teología de expiación mediante el sacrificio y el culto(32)-como si los demás Judíos no creyeran en la expiación mediante sacrificios. Se ha realizado a menudo una distinción entre el ataque de Jesús a la Ley, que se cree fue dirigido contra los Fariseos y los escribas, y su ataque al comercio del Templo, dirigido contra los sacerdotes y los Saduceos(33). Esta distinción es bastante engañosa. La Ley era generalmente reverenciada, y el Templo era el centro de esperanza y devoción religiosa en todo el Judaísmo. No hay indicación que señale que la acción de Jesús estuviese dirigida solamente contra alguna práctica en particular.

Hay pues buenas razones para dudar de los puntos de vista prevalecientes acerca del evento en la zona del Templo: que la acción fue la de un reformador religioso, con inclinación hacia las prácticas “purificadoras”; que la localización, el patio de los Gentiles, indica que la acción tenía primariamente que ver con abrir el culto del Templo a los no-Judíos; que la acción iba dirigida principalmente contra los dirigentes del Templo y el partido de los Saduceos.

Hay otra interpretación que parece completamente correcta. La acción de Jesús ha de ser vista como una manifestación simbólica(34). La cuestión es qué simbolizaba esta acción. Como bien ha señalado Hengel, cualquier esfuerzo real para acabar con el comercio necesario para el servicio del Templo habría requerido un ejército, y no hay evidencia alguna de conflicto marcial(35). Es razonable pensar que Jesús (y quizá algunos de sus seguidores, aunque ninguno es mencionado) tumbasen algunas mesas como acción demostrativa. Aunque parece que la acción no fue lo suficientemente substancial como para interrumpir la rutina diaria; porque si lo hubiera sido sin duda habría sido arrestado en el lugar. Así que aquellos que hubieran presenciado esto, y aquellos que lo hubieran oído, se habrían dado cuenta que se trataba de un gesto que trataba de señalar una dirección más bien que de obtener un resultado concreto; o sea, habrían visto la acción como simbólica.

La discusión acerca de si Jesús tuvo éxito en interrumpir el funcionamiento del Templo señala en la dirección correcta para ver lo que la acción simbolizaba aunque no cumplía: simbolizaba destrucción. Este es uno de los significados más obvios de la acción. Algunos se dieron cuenta de esto, pero la fuerza de la obviedad de este punto queda oscurecida dado que continuaron pensando que Jesús se estaba manifestando contra el aprovechamiento de los Saduceos y a favor de una purificación del Templo de todo externalismo(36). Si Jesús hubiera querido realizar un gesto que simbolizara purificación, lo habría realizado sin duda. La libación con agua viene a la mente. El tumbar las mesas de los cambistas señala hacia destrucción.

Lo importante para aquellos que presenciaron u oyeron acerca esta acción fue seguramente, o al menos en parte, que Jesús estaba atacando al servicio del Templo ordenado por Dios. No sólo los sacerdotes se habrían sentido ofendidos, sino todos aquellos que creían que el Templo era el lugar donde se les había exigido a todos los Israelitas ofrecer sacrificios, para expiar sus pecados. Además, es difícil imaginar cómo Jesús podría haber visto todo esto si no en esos términos. Hay que suponer que Jesús “sabía lo que estaba haciendo”: como otros muchos, veía los sacrificios como ordenados por Dios, sabía que requerían una cierta cantidad de comercio, y sabía que realizar este gesto hacia la interrupción del comercio representaba un ataque contra los sacrificios ordenados por la divinidad. Por lo tanto la acción simbolizaba finalmente un ataque, y dicho “ataque” no estaba muy lejos de la “destrucción”.

Pero qué significa esto? Sobre qué se fundamentaba Jesús para atacar –y simbolizar la destrucción de- lo que había sido ordenado por Dios? La respuesta obvia es que la destrucción, a su vez, mira hacia la restauración(37).

DICHOS ACERCA DE LA DESTRUCCIÓN DEL TEMPLO
La primera forma que se encuentra en los Evangelios de un dicho acerca de la destrucción del Templo es una de simple “predicción”, sin implicar amenaza:

“Al salir del Templo, uno de sus discípulos exclamó: Maestro, mira qué piedras y qué construcciones. Jesús le dijo: Ves estas grandiosas construcciones? No quedará piedra sobre piedra, ni una que no sea derruida”(Marc. 13:1-2).
                                                                                               
A esta predicción los sinópticos añaden un “pequeño Apocalipsis”. Parece como si la frase fuese originalmente independiente de todo este contexto(tanto la introducción, que, como observa Butlmann, parece concebida para suscitar el dicho(38), y el Apocalipsis adjunto), pero parece que Jesús dijo algo parecido y lo aplicó al Templo. De hecho, otras tradiciones contienen la acusación que “amenazó” al Templo, una de estas es la escena del juicio:

“Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio: Nosotros le oímos decir: Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres”(Marc. 14:57-58)

“Al fin se presentaron dos, que dijeron: Éste dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios y reedificarlo en tres días”(Mat. 26:60-61).

Los informes de lo que se dijo en la escena del juicio son muy difíciles de verificar. De hecho, uno podría preguntarse si o no el “juicio” entero ante el sumo sacerdote y otros no es mayormente ficción. Incluso si la escena entera fue compuesta después de la Pascua, aún parecería que esta acusación específica está basada en una memoria precisa del punto principal en el que Jesús ofendió a muchos de sus contemporáneos. Uno puede imaginarse la consiguiente pluma Cristiana “corrigiendo” la escena en la que Jesús es acusado de blasfemia por afirmar ser el Hijo de Dios(Marc. 14:61-64), aunque cuesta imaginar un origen completamente ficcional de la acusación de haber amenazado de destruir el Templo. Sin duda, esto no lleva a ningún sitio. Según los evangelistas, el testimonio de los testigos de lo que Jesús dijo no concuerda, y la acusación fue aparentemente descartada. Por otro lado, la implicación de insurrección física que parece contener la acusación es algo en lo que difícilmente habría pensado un autor Cristiano. Lucas elimina la acusación de la escena del juicio, y Mateo y Marcos la caracterizan como falsa. El contraste en Marcos “hecho por (manos de) hombres”, “no hecho por (manos de) hombres” puede también ser un intento de anular esta implicación(39).

Más sorprendente es la reaparición del cargo en otras tradiciones. En la escena de la crucifixión Mateo (27:40) y Marcos (15:20)(aunque de nuevo no en Lucas) describen a la muchedumbre llamando a Jesús “aquel que iba a destruir el Templo y reconstruirlo en tres días”. De acuerdo con Hechos 6:14 la acusación contra Esteban era que había dicho –incluso después de la muerte y resurrección de Jesús- que “este Jesús de Nazaret destruirá este lugar”(el Templo). Si se pudiese estar completamente seguro de la historicidad de esta acusación contra Esteban, quedaría claro que Jesús había hablado de manera tan firme que aún los Cristianos continuaban esperando la inminente destrucción del Templo. Hay que señalar que el autor de Hechos dice que la acusación contra Esteban fue realizada por falsos testigos(Hechos 6:13). Esto es más evidencia de la reticencia de los primeros Cristianos en admitir esta acusación, y ayuda a confirmar que Jesús sí dijo algo que fue tomado como amenaza.

Finalmente, hay que citar a Juan 2:18-22:

“Los judíos entonces le dijeron: “Qué signo puedes darnos que justifique que puedes obrar así? Jesús les respondió: “Destruid este santuario y en tres días lo levantaré”. Los judíos le contestaron: Cuarenta y  seis años se ha tardado en construir este santuario, y tú lo vas a levantar en tres días? Pero él hablaba del santuario de su cuerpo. Cuando fue levantado de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de esto que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había pronunciado Jesús”.


En el relato de Juan este intercambio sigue inmediatamente después de la expulsión de los mercaderes del Templo. Este pasaje es bastante sorprendente. Se puede observar aquí la estrategia característica de Juan de hacer que Jesús diga algo que sus interlocutores entienden en un nivel, lo que da la oportunidad al evangelista de explicar el verdadero significado, el cual reside en otro nivel. La afirmación de Juan 2:19 muestra cuan profundamente incrustada en la tradición estaba la amenaza de destruir y la promesa de reconstruir el Templo. Estaba tan firmemente establecida que no fue puesta a un lado, sino más bien interpretada. Juan, deja caer, “Yo destruiré”, y enfatiza la declaración en segunda persona que implica una condición, “(Si) destruyes”. El cambio es necesario para la explicación del evangelista de que el Templo es el cuerpo de Cristo. Jesús no pudo haber dicho que iba a destruir su propio cuerpo(40). Es razonable ver el cambio de sujeto como obra de Juan y suponer que Juan tenía la tradición contenida en Marcos 14:58, Mat. 26:61, Marc. 15:29, Mat. 27:40, y Hechos 6:14: Jesús amenazó con la destrucción del Templo (y quizá predijo su reconstrucción en tres días).

Parece que se trata de una tradición histórica bien establecida, aunque hay incertidumbre acerca de qué es lo que es esta tradición. Predijo Jesús la destrucción del Templo (Marc. 13:1) o “amenazó” con ello (Marc. 14:58)?(41). Mencionó la destrucción-reconstrucción, o solamente la primera? El uso cristológico de la predicción que sería reconstruido después de tres días es evidente, aunque incluso así Jesús puede haber predicho sólo esto, pues la aplicación a la resurrección no siempre es explícita(Marc. 15:29). Si Jesús amenazó o predijo la destrucción del Templo y su reconstrucción después de tres días, o sea, si el dicho en cualquiera de sus formas es siquiera aproximadamente auténtico, su significado estaría claro: predijo la aparición inminente del juicio y de la nueva era.

El dicho y la acción se corresponden. Ambos señalan hacia la destrucción del orden presente y la aparición de uno nuevo. Habría que pensar probablemente que esta expectativa era la de un Templo nuevo que sería dado por Dios desde el cielo, una expectativa que no es desconocida durante el periodo, incluso aunque no fuera universal. En este caso la caracterización del Templo “no hecho por manos humanas” podría ser original, en lugar de una interpretación espiritualizante. Pero si (siguiendo Marc. 13:1; Hech. 6:14) no había predicción de reconstrucción, el significado sería sólo un poco menos concreto. Jesús sea amenazó o predijo que Dios pondría fin al Templo presente: o sea, el fin estaba cerca. Si dijo “destruiré”, se vio a sí mismo como agente de Dios. Difícil es determinar con certeza la forma original del dicho. Se pueden excluir, no obstante, algunas posibilidades. Hay que observar primero que la existencia de la forma de amenaza(“Destruiré”, Marc 14:58; implicada por Marc. 15:29 y Hech. 6:14, y quizá Juan. 2:19) hace virtualmente increíble que el dicho pueda ser un vaticinio “ex eventu”, una profecía después del evento.

Después que el Templo fuese destruido por los Romanos en el año 70, los Cristianos no habrían compuesto una amenaza de Jesús de destruirlo, ni habrían convertido una profecía existente de que el Templo sería destruido en semejante amenaza. Si sólo tuviéramos las predicciones, se podría creer que es un “vaticinium”, aunque quizá no uno muy probable(42), aunque no se puede explicar el origen de la doble forma de esta manera. Uno tendría que suponer que la predicción fue compuesta después que fue cumplida en el 70, que un evangelista o alguien en la tradición pre-Evangélica convirtió creativamente la predicción en una amenaza e hizo de esta el objeto de un cargo ante el sumo sacerdote que fracasó por falta de acuerdo en el testimonio, que una de las fuentes de Lucas en los primeros capítulos de Hechos llegó al mismo cargo independientemente(difícilmente Lucas pudo haber compuesto esto, habiéndolo descartado en los Evangelios), y que el cuarto evangelista entendió que la forma de amenaza del dicho era tan bien conocida que tuvo que tenerla en cuenta. Es mejor, no obstante, creer que Jesús dijo algo que está detrás de las tradiciones. Pero predijo él un desastre militar? No es inconcebible que en tanto que persona sagaz viese a donde el zelotismo llevaría a la nación una generación más tarde, aunque no hay razón para pensar que este tipo de observación esté detrás de la doble tradición de predicción y amenaza tal como la tenemos.

Sea lo que sea lo que Jesús dijo, de una manera u otra se hizo público. Marcos presenta la predicción de destrucción siendo realizada a un discípulo(13:1), mientras Mateo tiene “a sus discípulos”(24:1). Lucas le da al dicho un escenario más amplio(21:5). Aquí como en otros partes hay que suponer que el escenario es secundario. La naturaleza pública de la afirmación está implicada al ser usada en cargos contra Jesús y Esteban.

Se puede concluir que Jesús predijo o amenazó públicamente la destrucción del Templo, que esta declaración era un reflejo de su expectativa de la llegada del “eschaton”, que probablemente también esperaba un nuevo Templo dado por Dios desde el cielo, y que hizo una demostración que simbolizaba proféticamente el evento venidero.

Bornkamm, dice que la “limpieza” del Templo es “más que un acto de reforma para restaurar el servicio del Templo a su pureza original. Jesús también “limpió el Santuario para la inminente llegada del Reino de Dios”(43). Aquí la amenaza de destrucción es puesta de lado al igual que la conexión radical con la escatología.

Según esta hipótesis  la acción y el dicho forman una unidad. Jesús predijo (o amenazó) la destrucción del Templo y realizó una acción simbólica de su destrucción manifestándose contra la realización de sacrificios. No quería purificar el Templo, ni de un comercio deshonesto ni del comercio contrastándolo con el culto “puro”. Ni se oponía a los sacrificios del Templo que Dios ordenó a Israel. Trataba, más bien, de indicar que el fin estaba cerca y que el Templo sería destruido, de manera que pudiese surgir un Templo nuevo y perfecto(44).

La pregunta que aún sigue en pié es si los contemporáneos de Jesús habrían bien comprendido el simbolismo de la profecía. Seguramente los Judíos piadosos, no sólo los aprovechados de la clase sacerdotal, se habrían sentido ofendidos por esta acción en el Templo. Esto se sigue tanto de la posibilidad intrínseca como de la consecuencia –Jesús fue condenado a muerte, aparentemente con la aprobación de muchos en Jerusalem. Pero habría la muchedumbre entendido sin ambigüedad que Jesús trataba de simbolizar la inminente intervención escatológica de Dios? A esta pregunta no se le puede dar respuesta cierta(45). Había en ciertos círculos una expectativa de destrucción y reconstrucción del Templo. Parece pues razonable que la intención de la acción de Jesús estaba clara para sus contemporáneos. Incluso si era entendido, la acción y el dicho continuaban siendo ofensivo. Jesús atacó el funcionamiento del Templo, donde eran expiados los pecados de Israel, y la muchedumbre pudo simplemente haber desconfiado de su predicción escatológica o resentido su auto-afirmación personal. Intentar obtener una respuesta real a todo esto sería llevar una reconstrucción hipotética demasiado lejos. Es dudoso que se pueda saber con total seguridad cuan bien era comprendido Jesús y por cuantos de sus contemporáneos.                                                                                    
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1.      Bultmann (History) p. 36; Marc. 11:15, 18 vienen del editor; v. 17 es un añadido que ha reemplazado a otro, que quizá esté conservado en Juan 2:16. Se puede conjeturar que 11:17-33 seguía inmediatamente a 11:16, aunque probablemente no como parte de la misma unidad. Roloff (Der irdische Jesus), p. 93: la forma más antigua de la narrativa era Marcos 11:15, 18a, 28-33. Vincent Taylor (The Gospel According to St. Mark, 1959) p. 461: la unidad original es 11:15b-17. Marcos añadió vv. 15a, 18f. Boismard (Synopse des quatre Évangiles en Français II: Commentaire, 1972), pp. 334-6: Marcos 11:27-33 originalmente seguía la escena de la “purificación”. Los versículos 17f., 19 son inserciones posteriores. La expulsión de los mercaderes (11:15) era originalmente seguida por un dicho mejor conservado en Juan 2:16b.  Hay que señalar que Marcos 11:16, ausente tanto en Mateo como en Lucas, juega un papel muy pequeño en estos análisis. Esta especie de prohibición general (ver I. Abrahams, “Studies in Pharisaism and the Gospels I”, 1917), pp. 84f., no encaja bien con el vuelco de las mesas y es probablemente una adición posterior, aunque pasa normalmente inadvertida. Se puede dudar también que la admonición sea apropiada para el templo de Jerusalem, a la vista de la situación de las puertas. En cualquier caso, no juega papel alguno en este análisis. 
2.      Para una lista de estudiosos respecto a Marcos 13:2 como inauténtico, ver G.R. Beasley-Murray, “A Commentary on Mark Thirteen”, 1957, p. 23. El pasaje es aceptado a menudo como auténtico, de hecho el templo fue destruido por el fuego (ver Taylor, “St. Mark”, p. 501). Lloyd Gaston (“No Stone on Another”, 1970, pp. 12f., 65, 244, 424f.) ha señalado correctamente que sólo el marco redaccional de Marcos 13:2 y paralelos menciona el templo, y propone que la profecía de destrucción se encuentra en su forma original en Lucas 19:44, donde se refiere a la destrucción de Jerusalem. Ofrece en p. 65n.I una bibliografía de estudiosos que combinan Marcos 13:2 con 14:58 y 15:29 y considera que Jesús sí predijo o amenazó con la destrucción del templo.
3.      Para la visión que Marcos 14:58 es tanto auténtico como inauténtico, ver Taylor, “St. Mark”, p. 566. Taylor ve el pasaje como auténtico.
4.      M. Goguel, “Jesus and the Origins of Christianity”, vol. 1, “The Life of Jesus”, pp. 412-15, argumenta que el acto y el dicho no forman una unidad (cf. N. 1), aunque propone que el dicho contra la profanación del templo era auténtico y que el acto de tumbar las mesas no es histórico y había sido creado sobre la base del dicho. Los estudiosos no han seguido la propuesta de Goguel. La acción contra los cambistas y las frecuentes acusaciones en que Jesús amenazó con destruir el templo se apoyan mutuamente.
5.      Ver el examen de opiniones a cargo de W.D. Davies, “The Gospel and the Land. Early Christianity and Jewish Territorial Doctrine”, 1974, pp. 349-52.
6.      Hay cierto debate acerca de lo que tenía lugar dentro del precinto del Templo y lo que fue relegado a la zona exterior. Según J. Klausner (“Jesus of Nazareth”, p. 314), los Fariseos no habrían permitido ventas o cambio de dinero en el Templo, aunque los Saduceos, entonces en control, pueden haberlo permitido en el patio exterior. Ver Abrahams, “Studies”, pp. 86: los cambistas no habrían sido permitidos en el precinto del Templo, aunque los que daban los beneficios al Templo habrían sido permitidos dentro durante una semana, desde el 25 de Adar al 1 de Nisan. La compra-venta de animales para sacrificio normalmente tenía lugar fuera. No se puede establecer la localización precisa, pero se puede asumir que el comercio era permitido solamente en el patio de los Gentiles, si es que lo era en algún lugar dentro del Templo. Jeremías ha explicado mejor la mishnah que se aplica a los visitantes de la zona del Templo (turistas y otros), a los que se les prohíbe llevar dinero, no a los que vienen a ofrecer un sacrificio. Ver J. Jermías, “Zwei Miszellen:1. Antik-Jüdische Münzdeutungen. 2. Zur Geschichtlichkeit der Tempelreinigung”, NTS 23, 1977, pp. 179f.
7.      Edersheim, “The Life and times of Jesus the Messiah I”, 1936, p. 370.
8.      Ibid.: “La mayoría de la transacciones impropias eran realizadas para aprovecharse de los pobres”.
9.      Abraham, “Studies I”, p. 87.
10.    Ibid., p. 88.
11.    Ibid., p. 84.
12.    Ver el argumento de Robert Banks “Jesus and the Law in the Synoptic Tradition”, 1975, p. 208. Según el cual una distinción interno/externo es anacrónica (discutiendo Mat. 5:17).
13.    Más explícitamente, Bornkamm habla de la acción como “más que un acto de reforma para restaurar el servicio del Templo a su pureza original”, “Jesus of Nazareth”, pp. 158., aunque también trataba esto.
14.    Hirsch, “Sacrifice”, JE 10, p. 617, resume el uso de palomas y tórtolas en los sacrificios así: “servían como holocausto y ofrendas por los pecados en casos de lustraciones. También servían como holocausto privado, y eran aceptadas como ofrendas por los pecados de los más pobres y como ofrendas de purificación…..” Josefo, Anti. Jud. III. 230. Se requerían muchos pájaros sin defecto.
15.    Salmos de Salomón 17:6-8. Ver Adolf Büchler, “Types of Jewish-Palestinian Piety from 70 a.C. to 70 d.C.”, 1922, pp. 170-4.
16.    Testamento de Moisés 6:1; Büchler, ibid.
17.    CD 5:7; Salm. Salom. 8:13; cf. Niddah 4:2. Ver “Paul and Palestinian Judaism”, p. 404.
18.    Para una crítica del culto sobre el fundamento de una diferente halakah, ver Yigael Yadin, “The Scroll of the War of the Sons of Light Against the Sons of Darkness”, 1962, pp. 198f.
19.    Yoma 19b; “Paul and Palestinian Judaism”, p. 151.
20.    Nahman Avigad, comentando sobre un descubrimiento de lo que cree fue una tienda que suplía de incienso y semejantes al Templo, describe al dueño habiendo “usurpado” el privilegio para su propio beneficio. Esta información no viene de la arqueología, sino de aplicar una generalización a una persona particular. Los sacerdotes en general, escribe “abusaban de su posición…….. mediante el nepotismo y la opresión” (Discovering Jerusalem), 1983, pp. 130.
21.    Gaston “No Stone on Another”, p. 85, ofrece una bibliografía de aquellos que ven a Jesús como reformador religioso y comenta propiamente: “En contraste con la manera como los Esenios habrían limpiado el Templo, comenzando con el Sumo Sacerdote y continuando con una reforma de todo el culto, Jesús no puede ser visto como reformador religioso, limpiando el templo de abusos”.
22.    Albert Nolan, “Jesus before Christianity”, 1980, p. 102; el tema era solamente el “abuso del dinero y comercio”. Nolan continúa afirmando que hay evidencia de fraude y robo, citando a Jeremías, “Jerusalem in the Time of Jesus”, pp. 33. Sin embargo esas páginas no contienen semejante evidencia.
23.    La autenticidad de Marcos 11:17 es puesta en duda también por Georg Klinzing, “Die Umdeuteung des Kultus in der Qumrangemeinde und im Neuen Testament”, 1971, p. 209. Ver también Maria Trautmann, “Zeichenchafte Handlungen Jesu”, 1980. No duda nunca que “purificar” es el término correcto, aunque argumenta persuasivamente contra la autenticidad de Marc. 11:17(pp. 87-90).
24.    Roloff, “Der irdische Jesus”, p. 93.
25.    Harvey, “Constraints”, p. 132 y notas.
26.    ver W.D. Davies, “The Gospel and the Land”, p. 349. Ver el trato sensitivo a cargo de Moule, “Birth”, pp. 21-5.
27.    Davies, loc. Cit.
28.    En beneficio del argumento se acepta el punto de vista que el comercio, o parte de este, se realizaba en el patio de los Gentiles. Devies defiende esta localización, “The Gospel and the Land”, pp. 350.
29.    Comparar el argumento de J.D. M. Derrett, “The Zeal of thy House and the Cleansing of the Temple”, Downside Review 95, 1977, pp. 79-94. Propone que la expulsión de los mercaderes es algo que ya contemplaban los profetas, ver Zac. 14:21 y otros pasajes que no parecen ser muy relevantes.
30.    Uno puede concebir que Jesús quería purificar el Templo, y simultáneamente redefinir lo que es la pureza de manera tal a eliminar los estándares de distinción entre lo sagrado y lo profano. La redefinición involucraría purgar lo externo (sacrificios) a favor de lo interno (oración). Se puede pensar, por ejemplo, en el punto de vista de Käsemann de que esto es lo que Jesús hizo en Marc. 7:15: “no es la comida lo que hace impuro, sino lo que sale del corazón”.
31.    Gaston “No Stone on Another”, p. 87. Objeta fuertemente a sacar demasiadas conclusiones sobre la posibilidad que la “purificación/limpieza” tuviese lugar en el patio de los Gentiles.
32.    Trautmann, “Zeichenhafte Handlungen”, pp. 120-22.
33.    Ver Jeremías, “Proclamation”, p. 145; Meyer, “Aims”, p.238; H.W. Bartsch, “Jesus. Prophet und Messias aus Galiläa”, 1970, p. 48; Boismard, “Synopse II”, p. 408: era la casta sacerdotal la que estaba exasperada al ver a Jesús posar como reformador religioso respecto a la práctica del culto.
34.    Por ejemplo, Roloff, “Der irdische Jesus”, p. 95; Brandon, “Jesus and the Zealots”, p. 338; cf. Meyer, “Aims”, p. 170: La acción de Jesús estaba cargada de simbolismo; Gaston, “No Stone on Another”, p. 86: La acción era simbólica.
35.    (58)Hengel, “Was Jesus a Revolutionist?”, pp. 16f. Cf. Dodd, “Founder”, pp. 144. La fuerza que efectuó esto era simplemente la autoridad personal con la que Jesús se enfrentó a la muchedumbre.
36.    Ver la siguiente nota.
37.    A favor de esta interpretación, ver R.J. McKelvey, “The New Temple. The Church in the New Testament”, 1969, p. 66 (señala la venida del reino de Dios); pp. 71 (La nueva era tendrá su templo……); James D.G. Dunn, “Unity and Diversity in the New Testament”, 1977, p. 324(Los discípulos de Jesús entendieron la acción como señal de una renovación escatológica centrada en el Monte Sión y en un Templo escatológicamente renovado o reconstruido);Trautmann, “Zeichenhafte Handlungen”, pp. 124, 126, 129, 386. En la página 130 argumenta que la acción no era “profética”, dado que no se invoca al Señor. Su posición es interesante, dado que mantiene que Jesús intentó purificar el Templo de las prácticas corruptas del momento, aunque posteriormente ve en ello que la acción apunta hacia un nuevo Templo. La fuerza real de un evento es más aguda en su manifestación cuando no es confundida con otra interpretación que compita con ella.
38.    Bultmann, “History”, p. 36.
39.    La principal alternativa para comprender el significado en Marcos ha sido bien argumentada por Donald Juel, “Messiah and Temple: The Trial of Jesus in the Gospel of Mark”, 1977. Su principal conclusión es que el autor de Marcos tenía en mente a la comunidad Cristiana en tanto que Templo no hecho por hombres. Ver también Dodd, “Founder”, pp. 89.; Klinzing, “Umdeutung”, pp. 202. Klinzing (p. 204) también argumenta que las frases “hecho por hombres” y “no hecho por hombres”, no aparece en Mateo, serían una adición secundaria.
40.    Cf. Gaston, “No Stone on Another”, p. 71.
41.    Bultmann: Un dicho acerca del Templo se remonta a Jesús, pero hay que permanecer en la incertidumbre acerca de la forma (History, pp. 120; Ergäzungsheft, pp. 46, con bibliografía). En el Ergänzungsheft corrige su primer punto de vista de que el dicho tiene una base mitológica y lo sitúa correctamente en el marco de lo apocalíptico Judío(en el sentido de la escatología). Dieter Lührmann trata el dicho de manera instructiva. Dice que Marcos veía la amenaza en Marcos 14:58 como no auténtica, aunque aceptó la predicción de 13:2. Se puede estar seguro que hubo un dicho y sospechar que la versión en 14:58 está más cerca del original. Ver Lührmann, “Markus 14:55-64. Christologie und Zerstörung des Tempels im Markusevangelium”, NTS 27, 1981, pp. 457-74.
42.    Gaston (No Stone on Another, p. 45) cita un verdadero “vaticinium ex eventu” sobre la destrucción de Jerusalem de Lactantius, “Divine Institutions IV.21”. es mucho más explícito y detallado que cualquier otro en los Evangelios.
43.    Bornkamm, “Jesus of Nazareth”, pp. 158.
44.    El punto de vista que Jesús esperaba un Templo nuevo para el fin de los tiempos, no es de ninguna manera único, aunque está a menudo mezclado con la interpretación de la acción como limpieza(Trautmann y otros. Para el punto de vista que Jesús esperaba un nuevo Templo, ver Klinzing, “Umdeutung”, p. 205; Meyer, “Aims”, pp. 168-70; 181-5; 197.
45.    Harvey, “Constraints”, pp. 133, propone que la acción no fue entendida inmediatamente, sino que habría sido entendida como una afirmación de su autoridad.   
 














jueves, 6 de noviembre de 2014

AMOS

AMOS
La palabra “profecía” viene del Griego “prophetes”, “el que proclama/anuncia”, y se refiere a alguien que habla en nombre de un dios o diosa. El papel de estos  profetas o profetisas varía según la cultura, y se usan varios términos para describirlos. En la Biblia Hebrea el término más frecuentemente usado para nombrar a estos intermediarios es “nabi´”. Sobre la etimología de esta palabra no hay acuerdo, aunque probablemente signifique “el que es llamado/alguien que es llamado”(del verbo “bo´”, “venir”). Otros personajes que también son llamados “videntes”(ro´eh, hozeh) que significa “hombres de Dios”, también entran en esta categoría de la profecía. En general, la profecía se distingue de la adivinación, la cual intenta conocer la voluntad del dios mediante varios medios, como el examen del hígado de la víctima sacrificada o mediante la observación del vuelo de los pájaros. De todas formas, la línea divisoria entre profecía y adivinación no es siempre clara. El libro del Deuteronomio condena toda práctica de la adivinación: “No ha de haber en medio de ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, que practique la adivinación, la astrología, la hechicería o la magia, ningún encantador, ni quien consulte espectros o adivinos, ni evocador de muertos”(Deut. 18:10-11). Es fácil inferir que todas estas prácticas eran normales en la antigua Judá antes de la reforma de Josíah. Además, algunas formas de adivinación eran aceptadas en Israel, sobretodo el uso de los Urim y Thummim (probablemente algún tipo de guijarros/chinos o varillas) por los sacerdotes(ver Núm. 27:21; Deut. 33:8). La adivinación de este tipo era una función sacerdotal no profética, y las principales referencias a esta están en 1 Samuel en relatos acerca de Saúl y David(ej., 1 Sam. 14:18-19; 23:9-12). Comenzando con David y Nathan, los reyes de Israel y Judah buscaban conocer la voluntad del Señor consultando los profetas en lugar de la adivinación.

LOS PROFETAS
Aunque la profecía ha sido vista a menudo como un fenómeno Israelita, ésta estaba ampliamente extendida en el antiguo Medio Oriente, aunque la forma de profecía variaba de una sociedad a otra. Una importante fuente de información se encuentra en los archivos reales de Mari en el Éufrates, al norte de Mesopotamia, desde el siglo dieciocho a.C. La actividad profética es mencionada en unas cincuenta cartas (un corpus de unas ocho mil) y en doce textos administrativos y económicos(unas doce mil). Aunque la proporción de los textos que se refieren a la actividad profética es pequeña, los textos en cuestión vienen de una amplia zona que va desde Siria a Babilonia. Los profetas, tanto varones como hembras, son principalmente llamados “apilu/apiltu”, “respondedores”, o “mahhû/muhhûtu” “extáticos”; aunque algunos otros términos, incluyendo “nabû”(emparentado con el Hebreo “nabi”), también se usan. La forma en la que estos personajes recibían los mensajes de la deidad no so nos explica siempre. Algunos recibían la revelación en sueños. Otros en los templos. El “mahhûtu” se come un cordero crudo en público, y a continuación da el mensaje. Debido a la naturaleza de los archivos de Mari, los oráculos de estos personajes tratan más que nada con los asuntos del rey. Normalmente le aseguran el éxito al rey, o le advierten de los peligros. Algunas veces advierten que se han olvidado de realizar los actos cultuales. Unas cuantas cartas recuerdan al rey su obligación de vigilar para que se haga justicia. Los mensajes son presentados como de interés para el rey. Aunque estas profecías eran tomadas en serio, parece ser eran vistas como inferiores a la técnica de adivinación, y estaban sujetas a confirmación por la corte de adivinos.

Otra fuente importante de información acerca de la profecía en el Medio Oriente la encontramos en los archivos Asirios del siglo séptimo a.C. Aquí los títulos más comunes son “mahhû/mahhûtu”, extático(una variante de los títulos en las cartas de Mari), y “raggimu/raggimtu”, “proclamador”. Aquí de nuevo, los textos vienen de los archivos reales y tratan sobretodo de los asuntos del rey. Ofrecen seguridad del apoyo divino en tiempos de crisis(ej. Para aplastar una rebelión), diciéndole a menudo al rey que “no tenga miedo”. A diferencia de la situación en Mari, los profetas Asirios no parecen haber estado sujetos a verificación. Son presentados y aparentemente aceptados, como si fuesen las palabras de un dios o diosa: “Ishtar de Arbela ha dicho……” o “la palabra de Ishtar de Arbela….” No hay que pensar, no obstante, que todos los oráculos Asirios eran favorables al rey o aceptados como auténticos. Uno de los textos de los tratados del Rey Esarhaddon requiere al vasallo informe al rey de cualquier pronunciación negativa de un “proclamador, extático, o inquiridor” los reyes Asirios no parecen permitir la posibilidad que un oráculo negativo pueda ser auténtico.

Un rasgo importante de los oráculos Asirios es que más de dos tercios de ellos han sido conservados en colecciones de tablillas. Los oráculos eran copiados para la posteridad por los escribas, que identificaban a los proclamadores proféticos, aunque creían evidentemente que las palabras conservaban validez más allá de las situaciones originales. Esas colecciones de oráculos ofrecen una importante analogía respecto a los libros proféticos bíblicos, los cuales igualmente conservan para las generaciones posteriores palabras que fueron pronunciadas en situaciones específicas. En el caso de los oráculos Asirios, la conservación puede haber sido motivada por el deseo de recordar a la gente las promesas de apoyo divino que habían sido dadas a la dinastía gobernante.

A parte de esos archivos Mesopotamios, la evidencia de profecía antigua en el Cercano Oriente es escasa, aunque es suficiente para atestiguar que el fenómeno existió. El relato del Egipcio Wen-Amon, del siglo once a.C., informa de un caso de profecía extática en la ciudad costera Cananea o Fenicia de Biblos(ANET, 26). Ya se encuentran profetas de Baal y Asherah en los libros de los Reyes. Una inscripción en yeso en Tell Deir ´Alla en Jordania, de aproximadamente el 700 a.C., se refiere a Balaam, hijo de Beor, un “vidente de los dioses”(cf. Números 22-24). Una inscripción en Siria del 800 a.C. aproximadamente informa cómo el Rey Zakkur de Hamath oró a Baal-shamayn durante el asedio, y Baal le respondió mediante los visionarios, y le dijo “no tengas miedo”. La parquedad de esta evidencia refleja la escasez de material de Siria y Canán. Sin embargo, la evidencia que ha sobrevivido es suficiente para mostrar que la profecía era un fenómeno ampliamente extendido a lo largo del antiguo Cercano Oriente.

LA PROFECÍA EN ISRAEL
El estudio de la profecía en el antiguo Israel se ha centrado normalmente en las grandes personalidades de los profetas cuyos oráculos se conservan en los libros que llevan sus nombres. Max Weber definió al profeta como “un individuo puramente carismático, quien en virtud de su misión proclama una doctrina religiosa o mandamiento divino”(M. Weber, “Economy and Society”[Ed. G. Roth and C. Wittich; 2 vols.] 1:439). La etiqueta “individuo puramente” es errónea, sin embargo. Como ya se ha visto en los relatos de los profetas en los libros de los Reyes, los profetas en el antiguo Israel pertenecían típicamente a cofradías o grupos, y eran a menudo mantenidos y apoyados por la casa real(algunos profetas pueden haber estado ligados a los templos). Los profetas que dan su nombre a los libros bíblicos eran excepcionales, desde el momento que estuvieron apartados de esas cofradías(ej. Amos) y algunas veces entraban en conflicto con ellas(ej. Jeremías). La definición de Weber, por supuesto, estaba basada en estos profetas bíblicos, no en el fenómeno histórico en el antiguo Israel. Incluso los profetas bíblicos, sin embargo, no pueden ser descritos como “individuos puramente”. Algunos, como Isaías trabajaron en relación cercana con la corte real y el templo. Todos operaron dentro de las convenciones de la sociedad Israelita, y las tradiciones presupuestas que eran compartidas por sus audiencias. Todos estuvieron apasionadamente comprometidos con los eventos de su época. Ningún profeta podía funcionar aislado de la sociedad. La efectividad de su mensaje requería una audiencia que aceptase la legitimidad de la profecía y que compartiese al menos algunas de sus convicciones básicas.

Es la esencia de la profecía el que los profetas tratasen situaciones específicas en términos altamente concretos. Su mensaje no puede ser apreciado sin tener en cuenta su contexto histórico. Sin embargo, como muchas de las profecías Asirias, los oráculos bíblicos nos llegan integrados en colecciones que fueron hechas para generaciones posteriores. Además, los libros proféticos bíblicos están a menudo editados con situaciones posteriores en mente. Hay una inevitable tensión entre las palabras de los profetas y su contexto original, y la “forma canónica” dada a sus oráculos por los posteriores editores. Gran parte de la historia de la erudición en los doscientos últimos años ha estado ocupada principalmente con las palabras originales de los profetas. En los últimos años el péndulo se ha desplazado hacia el enfoque de la forma final de los libros proféticos, en su contexto canónico. Ambos intereses son legítimos, e incluso necesarios, aunque es importante reconocer la tensión entre ellos. Los profetas históricos cuyos oráculos se conservan en esos libros eran a menudo muy críticos con la clase dirigente tanto política como religiosa de su época. Los escribas que editaron sus libros, no obstante, formaban parte de la clase dirigente de las generaciones posteriores. Por consiguiente, trataron a menudo de situar los oráculos más antiguos en el contexto de una tradición autoritativa. En algunos casos, esto tiene un efecto moderador sobre los oráculos que puede parecer muy alejado de su contexto histórico. En otros casos, el proceso editorial parece se sitúa al borde de oráculos proféticos suavizando su efecto. La preferencia de un intérprete por los profetas originales o por los editores canónicos refleja a menudo su confianza o desconfianza en las instituciones políticas y religiosas en general.

Habrá que tratar de hacer justicia tanto a los profetas históricos como a sus posteriores editores.

AMOS
El prefacio del libro de Amos le identifica como pastor de Tekoa, y data su profecía en el periodo del Rey Jeroboam hijo de Joash(785-745 a.C) de Israel, más o menos contemporáneo del Rey Uzziah de Judá. Tekoa está en Judá, a unos quince kilómetros al sur de Jerusalem. Pero Amos parece haber profetizado en Bethel, que era uno de los santuarios reales del reino del norte. Bethel estaba al sur en la frontera del reino del norte, a unos catorce kilómetros al norte de Jerusalem, así Amos no tenía que viajar lejos para predicar ahí. Sin embargo, la geografía da lugar a dudas sobre la lealtad política de Amos. Veía él la frontera entre Israel y Judá como algo insignificante, dado que todos eran un pueblo de Yavhé? O era un leal Davídico, crítico con el culto en Bethel dada la separación del reino del norte de Jerusalem? No hay duda que el libro fue editado en el reino del sur, y presenta la perspectiva de Judá en su forma canónica. Esta perspectiva queda clara en la introducción, cuando dice en 1:1(“ …. Ruge Yahvé desde Sión…”; cf. Joel 3:16) y en la concluyente promesa que el Señor levantará “la cabaña ruinosa de David”(Amos 9:11-15). No está del todo claro, sin embargo, que el profeta del siglo octavo Amos estuviera promoviendo el gobierno Davídico, o que estuviera interesado en las relaciones entre los dos reinos. También criticó a “aquellos que se sienten seguros en Sión”(6:1). Habría sido bastante más difícil para un hombre de Tekoa predicar en Jerusalem, cerca del rey, que en Bethel, donde estaba a cierta distancia de la corte real.

La fecha asignada a Amos da lugar a otra intrigante pregunta. Amos profetizó la destrucción del reino del norte. Su profecía quedó finalmente cumplida con la destrucción de Samaria a manos de los Asirios en el 722 a.C. Aunque la amenaza Asiria no era evidente durante el reinado de Jeroboam, y se desarrolló solamente en el reinado de Tiglath-pileser III, cuyo reinado comenzó aproximadamente cuando tuvo lugar la muerte de Jeroboam. Amos nunca menciona Asiria en sus oráculos, aunque algunos pasajes se refieren al castigo del exilio, que era una política típica Asiria(5:5-27). Siempre los vencedores tomaban cautivos en la guerra, desde tiempos muy antiguos, para su uso o para venderlos como esclavos. La innovación de los Asirios fue la deportación en masa, como manera de someter una zona repoblándola. Al menos algunos pasajes en Amos como 5:27, parece referirse a la deportación en masa. Esos oráculos son más fácilmente explicables si se los fecha un poco más tarde, cuando Asiria era una amenaza para Israel. Amos 6:2, que invita a la comparación de Israel con Calnó, Hamat y Gat ha de ser interpretado a la luz de la conquista Asiria de esas regiones en el 730 a.C. Alternativamente, las alusiones a eventos posteriores y a la práctica específicamente Asiria de la deportación en masa pueden haber sido añadidas posteriormente, en el curso de la transmisión del libro.

La profecía de Amos también está fechada “dos años antes del terremoto”. Este terremoto es también mencionado en Zacarías 14:5, aunque no puede ser fechado con precisión. Esta fecha sugiere que la carrera profética de Amos fue bastante corta, quizá no más de una sola estación. Alternativamente, esta fecha puede indicar sólo el comienzo de la carrera del profeta.

A parte del prefacio introductorio, hay sólo una cita Biográfica en el libro de Amos. Se encuentra en 7:10-14, y relata un encuentro entre Amos y el sacerdote de Bethel. La situación de esta cita se debe probablemente al hecho que la historia fue transmitida en conexión con las visiones de Amos en Bethel. Algunos estudiosos ven un paralelo entre este incidente y la confrontación entre un profeta anónimo de Judá y Jeroboam I en el altar de Bethel en 1 Reyes 13. Si el episodio en Amos fue inventado basándose en el modelo de este pasaje, habría que esperar que el profeta se dirigiese al rey directamente. El relato del reinado de Jeroboam II en 2 Reyes no menciona a Amos, y ofrece un relato relativamente benigno de Jeroboam.

Sea cual sea el origen, la historia del encuentro con el sacerdote de Bethel es remarcable en varios aspectos. Amos predicaba que el castigo divino iba a caer sobre el Reino de Israel. El sacerdote Amaziah, estaba comprensiblemente nervioso por esto, y preocupado porque el rey creyese que apoyaba el mensaje de Amos y que era parte de la conspiración. Estaba irritado además por el hecho que Amos era de Judá. Por lo tanto le dice que vuelva al lugar de donde viene, pues Bethel es un santuario real leal a Jeroboam. La respuesta de Amos ha dado lugar a muchos comentarios: “Yo no era profeta, ni el hijo de un profeta”. En Hebreo se lee literalmente: “No profeta yo”(el término para profeta es “nabi”). Algunos estudiosos traducen, “Yo no era profeta”, dado que Amos dice que era vaquero y picador de sicómoros hasta que el Señor le llamó. Pero Amos no dice que se hizo “nabi”; y Amaziah no le llama “nabi”; sino “hozeh”(vidente). El punto es que Amos no es miembro de una cofradía de profetas, de los “hijos de los profetas” que comen en la mesa del rey(como se puede ver en la historia de Micaiah ben Imlah en 1 Reyes 22). Es uno que trabaja por cuenta propia, por así decirlo, y por lo tanto no está ligado al rey, y no le importa que Bethel sea un templo real. Probablemente era una persona independiente. No se sabe cuán grande era su rebaño o sus árboles, aunque no está al servicio de nadie, y parece estar bien informado de los asuntos de Israel, y en cierta medida de los eventos internacionales. La traducción “No soy un profeta” es en cierto sentido engañosa. Amos afirma ser un portavoz de Yahvé. El tema es qué clase de profeta es.

El estilo de la profecía de Amos está en la tradición de Elías más que en la de Nathan. Busca el enfrentamiento y es brusco. No intenta vencer a la gente que condena. La profecía que la esposa de Amaziah se convertirá en prostituta sólo podía enfurecer al sacerdote. Podría también haber funcionado como maldición que intentaba no sólo predecir sino hacer que se cumpliera lo predicho. No sabemos qué le ocurrió a Amaziah. No es muy probable que viviese lo suficiente como para ser llevado al exilio. Jeroboam no murió por la espada. El que esta profecía no se cumpliese argumenta fuertemente contra su autenticidad. Por qué un editor posterior habría adjudicado a Amos una profecía que era manifiestamente incorrecta? Los editores pueden haber entendido, no obstante, que las profecías de Amos quedaron substancialmente cumplidas con la conquista Asiria, y pueden haber añadido las referencias al exilio de Israel para aclarar el punto, e interpretarlo a la luz de esto.

LOS ORÁCULOS DE AMOS
El libro de Amos puede ser dividido en tres partes. Después de los versículos introductorios, el libro comienza con una serie de oráculos contra varias naciones, concluyendo con Israel(1:3-2:16). La parte media del libro(caps. 3-6) contiene una colección de cortos oráculos. La última parte(caps. 7-9) consiste de una serie de visiones, con el relato de la confrontación con Amaziah.

LOS ORÁCULOS CONTRA LAS NACIONES
Oráculos contra las naciones extranjeras eran el repertorio de los antiguos profetas Israelitas. Tenemos una ilustración de la situación en la que estos oráculos pueden ser proferidos en el relato de Micaiah ben Imlah en 1 Reyes 22, donde los profetas realizan un mitin virtual antes del comienzo de una campaña militar. Hay largas secciones de estos oráculos en otros libros proféticos(ej., Isaiah 13-19; Jeremiah 46-51). Las naciones mencionadas aquí son los inmediatos vecinos de Israel. La lista se ha ampliado en el curso de la transmisión. La adición más obvia es el oráculo contra Judah. El enfoque en “la ley del Señor” es Deuteronómico, contrasta bastante con los cargos específicos en los otros oráculos(ej., “Venden a los justos por plata y a los necesitados por un par de sandalias”). Los oráculos contra Tiro repiten el lenguaje de los oráculos previos). A pesar del número de naciones incluidas, la estructura de esta sección está clara. Los profetas Israelitas habían de denunciar a las naciones extranjeras. La sorpresa llega cuando Amos denuncia a Israel al igual que las otras naciones.

Los oráculos contienen una fórmula(“Por tres transgresiones y por cuatro” es un modismo para “las numerosas transgresiones”). Los motivos para las denuncias son generalmente humanistas. Damasco trituró con trillos de hierro Galaad(en Transjordania). Gaza vendió comunidades enteras como esclavos a Edom. Los Amonitas abrieron en canal a las mujeres embarazadas en Galaad. Cada uno  de esos casos podía ser leído como instancias de agresiones contra Israel, aunque el interés de Amos no es nacionalista. Condena a Moab “por haber quemado hasta calcinar los huesos del rey de Edom”(2:1). Este es un crimen de un Gentil contra otro, sólo puede ser visto como un crimen contra la humanidad. Amos opera con un concepto de justicia universal, como el que encontramos a menudo en la literatura sapiencial. Su horizonte es más amplio que la revelación específica a Israel.

Las acusaciones contra Israel son igualmente de naturaleza humanista: “pisan contra el polvo de la tierra la cabeza de los débiles”(2:7). También evocan la leyes del Pentateuco; específicamente, la referencia a ropa empeñada (2:8) recuerda Éxod. 22:25 y Deut. 24:17. La condena del padre e hijo que duermen con la misma doncella(2:7) está al menos de acuerdo con el espíritu de las leyes en Levítico 20. Toda la condena de Israel ha sido leída como ejemplo de un “juicio de la alianza” o “rîb” (la palabra Hebrea para disputa). Yahvé recuerda a los Israelitas los favores que les ha hecho(“Destruí a los Amoritas ante ellos”), y amenaza con castigarles debido a su desobediencia. La estructura del argumento, apela tanto al recuerdo de la historia como a las consecuencias de la obediencia y desobediencia, es similar a la “formula de alianza” derivada de los tratados antiguos en el Medio Oriente, especialmente en el libro del Deuteronomio. Algunos estudiosos sospechan que la similitud con el Deuteronomio es debida a los editores Deuteronómicos. El interés en los profetas y nazireos en vv. 11-12 parece fuera de contexto en Amos. El oráculo contra Israel es similar a aquellos contra las otras naciones excepto para los vv.9-12, precisamente los versículos que le dan al pasaje un sabor conveniamental-Deuteronómico.

El tema aquí tratado es importante para la comprensión de la ética de un profeta como Amos, y su lugar en la historia de la religión Israelita. Una visión del tema considera la “alianza” como fundacional, y asume que esta alianza ya era conocida en los comienzos de Israel, antes de la monarquía. De acuerdo con esta visión, profetas como Amos eran tradicionalistas, llamando a Israel para que volviera a la observancia de sus normas originales. Esta visión ha sido generalmente favorecida entre los escolares Americanos, bajo la influencia de la escuela de Albright. Otro punto de vista ve la alianza fundamentada en el Deuteronomio como un desarrollo tardío, influenciado por la predicación de los profetas. Según esta visión, los profetas eran personajes altamente originales que cambiaron la naturaleza de la religión Israelita e influenciaron su final formulación en la Biblia. Esta visión ha sido apoyada por muchos (no por todos) estudiosos Alemanes, desde los tiempos de Wellhausen. Esta segunda visión no niega que el Éxodo era celebrado en el culto Israelita antes del surgimiento de los profetas, o que había un concepto de la elección de Israel desde los primeros tiempos. El tema es si este concepto de elección entrañaba obligación moral, o estaba ligado a un corpus de leyes en el periodo temprano. La originalidad de los profetas no ha de ser exagerada en ningún caso. Los conceptos de justicia y rectitud estaban bien establecidos a lo largo del antiguo Oriente Próximo mucho antes del surgimiento de Israel(cf. El Código de Hammurabi). El mensaje de los profetas sin duda estaba basado en la tradición antigua. La cuestión es si esas tradiciones fueron formuladas de manera similar a lo que hoy encontramos en el libro del Deuteronomio.

Las fuentes del pensamiento de Amos siguen siendo controversiales, aunque se puede al menos obtener un cierto sentido de sus oráculos sobre la naturaleza del culto en Bethel, el cual él critica fuertemente, y de la comprensión popular de la tradición del Éxodo en el reino del Norte. Está claro que Amos difería ampliamente de sus contemporáneos en lo que concierne al papel y naturaleza del culto, y en las implicaciones de la elección de Israel. El pueblo de Israel a mediados del siglo octavo a.C. no compartía la comprensión del Éxodo y de la alianza que se encuentra en Deuteronomio. Si había una tradición de la Alianza más antigua, esta había sido perdida de vista. La predicación de Amos puede ser comprendida más bien como dándole forma al desarrollo de la tradición de la Alianza que evocando una tradición que había sido olvidada.

LOS ORÁCULOS CENTRALES. La comprensión del Éxodo y la elección de Israel son traídas al primer plano en Amos 3:2: “Solamente a vosotros conocí entre todas las familias de la tierra; por eso, os visitaré por todas vuestras culpas”. Este breve oráculo podría ser leído como una demanda de la alianza abreviada: “Solamente a vosotros conocí; por lo tanto deberíais haber guardado los mandamientos, pero dado que no lo hicisteis, os castigaré”. Es más probable, no obstante, que Amos esté aludiendo y subvirtiendo la comprensión común que tenían los Israelitas del Éxodo. Si Yahvé sólo ha conocido a Israel, ésta debería ser una buena noticia. Debería llevar a una promesa de bendición y apoyo divino, como la que fue otorgada a Abraham y David. Como en la serie de oráculos contra las naciones, Amos subvierte las expectativas de sus oyentes. No hay duda que el Éxodo había sido celebrado en Bethel desde los tiempos de Jeroboam I. Amos no disputa que Yahvé sacó a Israel de Egipto, sino que cuestiona el significado que se le da a esto. Para él, la elección sólo significa más responsabilidad. Israel tiene menos excusa de su mala conducta que otros pueblos.

Los dichos en Amos 3:3-8 son una reflexión rara casi filosófica sobre las premisas de las profecías. Amos no dice que su revelación sale de la nada o que le esté diciendo a su audiencia lo que no sabían ellos mismos. El razonamiento es parecido a lo que a menudo encontramos en la literatura Sapiencial del Medio Oriente, que también se encuentra en el libro de Proverbios. Las cosas no ocurren al azar. Las acciones tienen unas predecibles consecuencias. Consecuentemente, el desastre no cae sobre una ciudad “sin que la haya provocado Yahvé”(3:6). En el contexto no hay referencia a ningún desastre específico pero el comentario es ominoso. El desastre caerá sin duda sobre Samaria y todo el reino de Israel. Es la convicción de Amos que esto puede ocurrir sólo debido al Señor, presumiblemente como castigo. Amos puede ser descrito como un mono-Yahvista o como un estricto monoteísta. Cree que todo lo que ocurre puede ser atribuido al Señor. No reconoce otras fuerzas que puedan ser responsables. El pasaje también ofrece un breve aunque evocativo comentario sobre la compulsión que le llevó a la profecía: “así como uno no puede evitar sentir miedo cuando ruge el león, igualmente uno no puede evitar profetizar cuando habla el Señor”(3:8). Hay un caso de compulsión similar en Jeremías.

Dos temas predominan en los oráculos centrales de Amos. Uno es la injusticia social, un tópico ya mencionado en la condena de Israel en el capítulo 2. Ejemplos pintorescos se encuentran en 4:1-3, donde caricaturiza a las mujeres de Samaria como “Vacas de Bashan”(Bashan era una zona muy fértil en Transjordania), y en 6:4-7, donde se mofa de “los que se tumban en camas de marfil y los que beben vino en anchas copas”. El último pasaje describe una institución llamada “marzeah”(una forma de esta palabra se encuentra en Amos 6:7, traducida como juerga/parranda en la NRSV). Esta era una antigua institución Cananea, conocida en Ugarit ya en el siglo catorce a.C. Comprendía un banquete que duraba varios días, con copiosa bebida de vino. Al menos en algunos contextos, la ocasión era la conmemoración de los muertos y posiblemente la comunión con ellos. Estas celebraciones involucraban bastantes gastos. La lujuria de Samaria es confirmada por la arqueología. Uno de los hallazgos más importantes es una colección de marfil procedente de las fornituras, procedentes de incrustaciones en las paredes del palacio real (cf. Las camas de marfil de Amos 6:4). Amos llega a condenar incluso la música como parte de excesiva lujuria. Aquellos que se sentían cómodos, fuese en Sion o Samaria, disfrutaban de su ocio a expensa de los pobres, los cuales se veían forzados a la esclavitud cuando no podían pagar sus deudas. Hay que señalar que la objeción de Amos a la “marzeah” no estaba basada en su origen Cananeo, aunque sí en la extravagancia e indulgencia con esta asociada.

Otro tema recurrente es la condena del culto, especialmente en Bethel. “Id a Bethel a rebelaros, multiplicad en Guilgal vuestras rebeldías”(4:4). Es posible leer esta frase desde una perspectiva Deuteronómica: el culto en Bethel era inherentemente pecaminoso, dado que no se realizaba en Jerusalem. Sin duda, así es como era leído el pasaje por muchos después de la reforma de Josiah. La preocupación original de Amos era diferente. Ésta surge claramente en 5:18-27. Este famoso pasaje pronuncia calamidades contra aquellos que “Ansían del día del Señor”(5:18). Ha habido mucho debate sobre qué significa “el Día del Señor”. En tiempos posteriores vino a significar el día del juicio. Ya en tiempos de Amos podía referirse a un día de intervención divina en la batalla. En este contexto se refiere claramente a una celebración cultual, quizá el Festival de los Tabernáculos o Sukkoth, conocido como “la fiesta de Yahvé” en tiempos posteriores. Los Tabernáculos eran celebrados al final de la cosecha de la uva. Era una fiesta de alegría, donde se bebía mucho vino. “El día de Yahvé” era también una celebración de las bendiciones de Israel.

Amos no se tomaba las celebraciones a la ligera. Para él el Día del Señor era oscuridad y no luz, gris sin brillo. La fiesta no era ocasión de alegría, y en tanto evocaba la presencia del Señor esta debía comprender premoniciones de juicio en lugar de confianza de salvación. Amos es radical en su rechazo del culto sacrificial, en todos sus aspectos. Rechaza las ofrendas de grano así como los sacrificios de animales, y descarta la música Litúrgica como mero ruido. En lugar de todo esto pide que “la justicia fluya como las aguas”.

La crítica del culto sacrificial es tema prominente en los profetas del siglo octavo a.C., y estaba dirigida contra el culto en Jerusalem así como en Bethel(cf. Isa. 1:12-17; Mic. 6:6-8; Os. 6:6). El debate se ha centrado en la cuestión de si los profetas querían abolir el culto completamente o sólo reformarlo. Es difícil imaginar que cualquiera en la antigüedad pudiese concebir el culto a un dios sin un culto organizado, o sin ofrendas de algún tipo. Aunque los profetas no están tratando el problema de manera abstracta. Están reaccionando al culto tal como lo conocían. En el caso de Amos, el rechazo es inequívoco. No dice que el sacrificio sería aceptable si la gente practicaba justicia. La pregunta retórica, “Acaso me hicisteis sacrificios y ofrendas durante los cuarenta años en el desierto?” implica claramente la respuesta no. Amos presumiblemente no conocía las leyes sacerdotales del Levítico, que conciben un culto elaborado en el desierto. La cuestión implica más fundamentalmente que el pueblo podía servir a Dios satisfactoriamente sin sacrificios u ofrendas. Esto no quiere decir que Amos habría objetado a cualquier forma de culto sino que consideraba el culto practicado en Israel ofensivo a los ojos del Señor.

La crítica del culto pone de relieve la cuestión de qué es importante en la religión. Para muchos, tanto en los tiempos antiguos como los modernos, la práctica de una religión significa ir al templo o la iglesia y participar en los rituales. Para Amos servir a Dios es practicar la justicia. El sacrificio de animales, y las fiestas y celebraciones que acompañaban al sacrificio, no contribuían a esto. Al contrario, le daba a la gente un falso sentido de seguridad, dado que sentían que estaban cumpliendo sus obligaciones para con su dios cuando de hecho no lo estaban haciendo. Por esta razón los sacrificios, incluso si eran costosos, no sólo eran irrelevantes para con el servicio a Dios, sino un impedimento. La llamada a la reforma del culto puede aún dar la impresión que era importante y perpetuaba los desplazados valores de la sociedad Israelita. Consiguientemente, Amos es radical en este rechazo. El servicio a Dios está relacionado con la justicia. No se refiere a ofrendas de ningún tipo.

LAS VISIONES. Los capítulos 7-9 informan de una serie de cinco visiones, cada una advirtiendo de un juicio venidero. En el caso de las dos primeras visiones (langostas y fuego), el profeta apela a favor de “Jacob”(Israel) porque “es tan pequeño”. Las langostas, dice, se comerán “el forraje que sale tras la siega del rey” –la parte de la cosecha que era dejada para el consumo del pueblo una vez pagados los impuestos del rey. La predicación de Amos está dirigida contra las clases altas, debido a su explotación de los pobres. Los pobres sufrirán, incluso más que los ricos, un castigo que va a ser infligido a Israel como un todo. Pero aunque el Señor se retracta en dos casos, no lo hace siempre, y el profeta eventualmente asiente. En 7:8-9, sin embargo, pone énfasis en aquellos elementos en Israel que él hace responsables del desastre que viene sobre Israel –los santuarios que serán desolados y la casa de Jeroboam. Jeroboam no caerá por la espada, su hijo Zechariah fue asesinado, y el reino permaneció en desorden durante el corto tiempo que sobrevivió.

El mensaje de Amos es resumido concisamente en 8:1-2. La visión involucra un juego de palabras en Hebreo. Él ve “una canasta de fruta madura/de verano”(en Hebreo = “qays”), y le es dicho que “la madurez/fin (Hebreo = qes) ha llegado para Israel(la raíz Hebrea, “qasas” significa “cortar”). La expectativa del “final” es asociada posteriormente con la literatura apocalíptica, como en el libro de Daniel. La palabra “escatología”, la doctrina de los últimos tiempos, deriva del Griego (“final/fin”, “eschaton”. Eventualmente significa el fin del mundo. En Amos significa el final de Israel. De hecho, unas décadas después que Amos hubiese hablado, el reino del Norte de Israel llegó a su fin debido a los Asirios y nunca más fue reconstruido.

Las razones para este juicio sobre Israel son conocidas. Los líderes de Israel pisotean a los necesitados y llevan a los pobres a la ruina. En gran medida, Israel es definido por su clase gobernante. Esos son aquellos que se identifican a ellos mismos como Israel y celebran el estatus especial de Israel en el culto. Amos no los acusa de irregularidades cultuales. Observan la luna nueva y el Sabbath, aunque lo hagan de manera impaciente. Sus crímenes son cometidos en el mercado, donde engañan, y en sus tratos con los pobres. Para Amos el mercado en lugar del Templo es el lugar donde se prueba el servicio a Dios. La idea que el país está afectado por el pecado de sus habitantes se encuentra en posteriores profetas.

La visión final concierne a la destrucción del Templo en Bethel. Según Amos, el Señor atacará a su pueblo en el mismo lugar donde se reunían para rendirle culto de manera equivocada. El pasaje más sorprendente en este capítulo se encuentra en 9:7-8: “No sois para mí como los cusitas, oh hijos de Israel?” El culto en Bethel involucraba claramente la celebración del Éxodo como experiencia que definía a Israel. El pueblo que celebraba esto no pensaba que ello entrañaba obligaciones de acuerdo con la alianza o para nada lo tenían en cuenta. El significado del Éxodo era lo que marcaba a Israel como pueblo especial de Yahvé, que les garantizaría el bienestar. Amos no cuestiona la tradición que dice que Dios sacó a Israel de Egipto, sino que cuestiona de manera radical su significado. Era el mismo Dios el que trajo a los Filisteo desde Caphtor (Creta) y a los Arameos desde Kir (localización desconocida, aunque cf. Amos 1:5; 2 Reyes 16:9, ambas citas se refieren a Sirios llevados cautivos a Kir). Para Amos, Yahvé es el Dios de todos los pueblos y responsable de todo lo que ocurre, bueno y malo. Los movimientos de los Arameos y Filisteos eran tan providenciales como los de los Israelitas. A los ojos de Dios. Israel no es diferente de los Etíopes.

La palabra final de Amos se encuentra en 9:8a-b: “Los ojos del Señor Yahvé vigilan al reino pecador; voy a exterminarlo de la faz de la tierra”. Es impensable que el profeta de Tekoa hubiese añadido “aunque no exterminaré del todo a la casa de Jacob”. Hacerlo habría eliminado el aguijón del oráculo de juicio. Para un editor posterior, sin embargo, la adición era necesaria. Después de todo, Judá también era parte de la casa de Jacob. Amos no diluía sus oráculos de juicio con ningún tipo de esperanza. En esto era excepcional. La mayoría de los profetas alternaban la condena con la consolación. Los oráculos de Amos, sin embargo, eran como el Día del Señor, oscuridad sin brillo alguno.

LA EDICIÓN DE AMOS EN JUEDEA
Amos encontró poca aceptación de parte de los líderes políticos y sacerdotales del Reino del Norte, como es natural. Sus oráculos se conservaron en Judá. Sin duda, la gente estaba impresionada ante el hecho que la destrucción que había predicho llegase con los Asirios, una generación más tarde. La edición final del libro tuvo lugar probablemente después del exilio en Babilonia. Unos cuantos pasajes aparecen como marcadores editoriales. Estos incluyen el sobrescrito en 1:1, explicando quién era Amos, y el versículo afirmando la prioridad de Jerusalem como residencia de Dios en 1:2. El oráculo contra Judá, “por haber despreciado la ley de Yahvé”(2:4), traiciona la influencia de la reforma Deuteronómica. El libro está puntuado con doxologías, cortos pasajes dando alabanzas y gloria a Dios(4:13; 5:8-9; 9:5-6). Quizá la adición editorial más notable se encuentre en 9:11-15, donde se promete que “En aquel día” el Señor levantará la cabaña ruinosa de David. La frase “en aquél día” indica a menudo una inserción editorial en los libros proféticos. Estos pasajes le dan a todo el libro una aspecto escatológico, desde el momento en que se proponen hablar acerca de un tiempo en el futuro indefinido cuando las condiciones de la historia serán radicalmente alteradas. Que la tienda de David se dice está caída indica que este pasaje data de un tiempo posterior al exilio de Babilonia, cuando la dinastía Davídica ya había llegado a su fin. Este pasaje es correctamente considerado mesiánico. Busca una restauración de la realeza en Jerusalem bajo el linaje Davídico, y espera que esta restauración estará acompañada por una transformación de la naturaleza(de las montañas brotará vino dulce). Una transformación similar de la naturaleza es predicha en otro oráculo mesiánico en Isaías 11.

El oráculo contra Judá en Amos 2 ofrece una buena indicación de cómo el libro era leído en la tradición Deuteronómica. Amos habló de situaciones específicas en el reino del Norte, aunque sobretodo estableció el principio que las malas acciones son castigadas por el Señor. El destino de Israel era un ejemplo para Judá, un ejemplo que fue más apreciado después que Judá fue destruida por los Babilonios. Pero a diferencia del profeta original, los editores acaban con una nota de esperanza. Judá, después de todo, sobrevivió a su destrucción, y permaneció la esperanza que Yahvé cumpliría su promesa a David.

Una modificación interesante del mensaje profético se encuentra en 9:9-10, donde dice que sólo “todos los pecadores de mi pueblo” a espada morirán. Amos no hizo tal discriminación, mucho menos los Asirios. En tiempos del cautiverio en Babilonia, no obstante, se le dio más consideración a los méritos del individuo, como se puede ver especialmente en Ezequiel 18. En el periodo pos-exílico, el destino de Israel vino a ser un ejemplo no sólo para el pueblo como un todo sino también para todo individuo Judíos.                                                                 
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REFERENCIAS
Jeremias, Jörg, “The Book of Amos”. Trad. D. W. Scott. OTL. Louisville: Westminster John Knox, 1998. Comentario con énfasis en la composición del libro.

King, Philip J. “Amos, Hosea, Micah: An Archaeological Commentary”. Philadelphia: Westminster John Knox, 1988. Buen sumario de la evidencia arqueológica pertinente.

Mays, James Luther, “Amos: a Commentary” OTL. Philadelphia: Westminster, 1969. Comentario conciso y claro.

Paul, Shalom M. “Amos”. Hermeneia. Minneapolis: Fortress Press, 1991. Comentario filológico detallado.

Sweeney, Marvin A. “The Twelve Prophets”. BerO. Collegevilla, Minn.: Liturgical, 2000 (1.189-276). Comentario exegético interesante.

Wolff, Hans Walter. “Amos the Prophet”. Trad. F.R. McCurley. Philadelphia: Fortress Press, 1973. Asocia a Amos con círculos Sapienciales.


Joel and Amos. Trad. W. Janzen, S. D. McBride, y C.A. Muenchow. Hermeneia. Philadelphia: Fortress Press, 1977. Comentario redacción-crítica influyente.