jueves, 2 de octubre de 2014

MIQUEAS, ELÍAS, Y ELISEO

MIQUEAS, ELÍAS Y ELISEO; LOS PROFETAS Y EL FIN DE LOS REINOS DE ISRAEL Y JUDÁ

1 Reyes 12 – 2 Ryes 25

Las narrativas en 1 Reyes 17-22 y 2 Reyes 1-9 están fuera de su contexto en los libros de los Reyes. Se apartan de las series analísticas de informes sobre los reinados de los reyes y ofrecen narrativas más desarrolladas en las que los caracteres centrales son profetas. Estos relatos probablemente circularon independientemente antes de ser incorporados en la Historia Deuteronómica. La mayoría de estos conciernen a Elijah y Elisha (Elías y Eliseo), los cuales probablemente circularon juntos. Estas son historias altamente legendarias. Aunque se refieren a personajes y eventos históricos conocidos, su carácter milagroso aconseja no tratarlos como fuentes históricas. Son sobretodo de interés por la luz que arrojan sobre el lugar de la profecía en la sociedad Israelita de los reinos divididos.

MICAIAH ben IMLAH
Una impresión de lo que puede ser llamado el contexto normal de la profecía en el antiguo Israel se puede obtener de la historia de Micaiah ben Imlah en 1 Reyes 22, uno de los relatos proféticos que no involucran a Elijah o Elisha. Este relato narra ostensiblemente la muerte del Rey Ahab. Inicialmente, no obstante, el rey de Israel no es identificado, aunque su contraparte, Jehoshaphat de Judá, es mencionado. Sólo en el v.22 se nos dice que el rey es supuestamente Ahab. Posteriormente, es de nuevo anónimo, hasta que el editor se refiere a “El resto de los hechos de Ahab” en v.39. La fórmula expresiva “Ahab reposó con sus antepasados” en v.40, no obstante, implicaría normalmente que su muerte fue normal. Parece, pues, que la historia se refería originalmente a un rey anónimo de Israel, que sólo de manera secundaria fue identificado con el gran Ahab.

El relato es establecido en un tiempo de buenas relaciones entre Israel y Judá, aunque en un tiempo de guerra intermitente entre Israel y Aram (Siria). Los reyes de Israel y Judá se ponen de acuerdo para lanzar una campaña contra la disputada ciudad de Ramot-Gilead. Antes de llevarla acabo el rey de Judá propone “consultar primero la palabra del Señor”. No se menciona a Baal aquí, como se podría esperar de otras narrativas referentes al reinado de Ahab. Se podría explicar esto por la participación del rey de Judá.

En orden a consultar al Señor, el rey de Israel reúne a cuatrocientos profetas. Un número similar de profetas participan en el palacio real en la historia de Elías. La mayoría de los profetas no eran individuos aislados, como se podría pensar por lo libros proféticos canónicos. Eran miembros de cofradías y operaban en grupos. El profeta que seguía su propio camino era la excepción. Una de las funciones de los profetas en el periodo temprano parece haber sido elevar el entusiasmo al comienzo de una campaña. Aquí los profetas realizan una campaña a favor del rey. No sólo afirman que ha de subir, y prometen que Dios le dará la victoria, sino que actúan simbólicamente representado la batalla. Uno de ellos el hijo de Zedekiah de Chenaanah, cuyo nombre indica que era un profeta de Yahvé, se hizo unos cuernos de hierro para ilustrar cómo el rey haría huir a sus enemigos. Todo esto tuvo lugar en la era a la entrada en la puerta de Samaria. Este era un espacio abierto como una especia de plaza, donde tenían lugar las asambleas públicas. Posteriormente, en los libros proféticos, encontramos oráculos contra las naciones proclamando maldiciones contra los enemigos de Israel. El mitin a la entrada de Samaria es el Sitz in Leben de estos oráculos.

Micaiah es identificado desde el comienzo como disidente. “Le detesto”, dice el rey, “pues nunca profetiza nada bueno para mí, sólo desastres”. Las simpatías personales y políticas tenían mucho que ver con el contenido de la profecía. El mensajero que fue a llamar a Micaiah es muy amable: “Los oráculos de los profetas son unánimemente favorables al rey. Que tu oráculo sea como el de cualquiera de ellos y sea favorable lo que anuncies”. Esto equivale a admitir que los profetas como grupo le dicen al rey lo que este quiere oír. Micaiah, inevitablemente, no lo hace así. Dice haber tenido una visión de todo Israel dispersado como ovejas sin pastor. Esto implica que el rey será muerto en combate.

El aspecto más interesante de este relato es como Micaiah explica su desacuerdo con los otros profetas. Se podría haber esperado que los acusara de conspirar, como de hecho lo habrían hecho a la luz del comentario del mensajero. Pero hacer esto habría creado mucho incredulidad en la profecía. Más bien, Micaiah informa de una extraordinaria visión que tuvo. Vio al Señor sentado en su trono. De acuerdo con una tendencia en la tradición Israelita, un ser humano no podía ver a Dios y seguir vivo(cf. Ex. 33:20). Micaiah, no obstante, representa una tradición que se puede ver también en Isaiah 6 y Ezekiel 1, en la cual los profetas afirman haber tenido visiones de Dios. Esta tradición está en la raíz del posterior desarrollo del misticismo Judío. No se puede pasar por alto la similitud entre el Señor, en su trono, rodeado de sus huestes, y los reyes de Israel y Judá en sus tronos en Samaria. Dios es imaginado a semejanza del ser humano, aunque más exaltado. El profeta tiene acceso a las deliberaciones del concejo Ceslestial. El Señor consulta a sus cortesanos, su pregunta es remarcable: “Quién engañará a Ahab para que suba y caiga en Ramoth-Gilead”? El Señor está conduciendo al rey al desastre, como lo había hecho con el faraón en el Éxodo, endureciendo su corazón. La solución la ofrece un “espíritu” que se compromete a ser el espíritu de mentira en las bocas de los profetas. Ya se vio en 1 Samuel cómo el Señor envió un espíritu malo al rey Saú. Aquí pone un espíritu de mentira en la boca de los profetas. Micaiah no niega que sus compañeros profetas estén inspirados. El problema es que el espíritu de inspiración es engañoso.

Los cuatrocientos profetas que profetizaron éxito al rey se basaban en su estado extático como evidencia de su inspiración. Pero la inspiración en sí era falsa, a quién había de creer el rey? Tanto él como Micaiah adoptan una actitud de esperar y ver. El rey no mata a Micaiah en el momento, como podría haberlo hecho, sino que lo encarcela, pendiente del resultado de la batalla. Micaiah acepta que si el rey vuelve del campo de batalla, “el Señor no ha hablado por mi boca”. En este evento, Micaiah es vindicado, aunque es demasiado tarde para que el rey pueda hacer algo por él.

La historia de Micaiah ben Imlah ilustra tanto la manera como operaba la profecía en la sociedad Israelita y los problemas inherentes en esto. Los profetas afirmaban hablar la palabra del Señor, y es esto lo que hacía que sus pronunciamientos fuesen poderosos. Pero algunas veces no se ponían de acuerdo y se contradecían mutuamente. Cómo, entonces, podía uno decidir quién estaba en lo cierto?  Finalmente, la única manera satisfactoria de saber si una profecía era correcta era esperar y ver, aunque esto podía ser demasiado tarde, como es al caso de Ahab. El rey habría sido mejor aconsejado de decidir si ir a la guerra de acuerdo con los méritos del caso: era esta una guerra necesaria como para arriesgar su vida participando en ella? El hecho que los profetas le dijeran que iba a tener éxito(o que sería muerto) no era suficientemente confiable como para ser el fundamento de su decisión.

ELÍAS
La figura de Elijah domina 1 Reyes 17-19, 21, y 2 Reyes 1-2. Los relatos acerca de Elijah están muy de cerca relacionados con los de Elisha. Cada profeta realiza un milagro en beneficio de una viuda haciendo que su reserva de aceite aumente (1 Rey. 17:8-16; 2 Rey. 4:1-7). Los dos resucitan a un niño ya fallecido(1 Rey. 17:17-24; 2 Rey. 4:18-37). Los relatos acerca de Elijah, sin embargo, reflejan un nivel más elevado de interés teológico que los de Elisha. Elijah polemiza contra el culto a Baal, y se alza como campeón de la justicia social, mientras que Elisha es más como un hacedor de milagros. Según esto, algunos estudiosos consideran los relatos sobre Elisha más antiguos que los de Elijah. Hay dudas acerca de la historicidad de Elijah. Su nombre significa “YHWH es mi dios”, y las historias que a él se refieren tienen obviamente significado simbólico. La historicidad de esos relatos no puede ser verificada en ningún caso. Son de interés principalmente por el cuadro que ofrecen de la vida y religión en el reino del norte de Israel.

Hasta qué punto esas historias fueron editadas por el Deuteronomista es algo que está en discusión. Los cargos contra Ahab en los capítulos 17-19 son que “siguió a los Baales”, no que siguió el camino pecaminoso de Jeroboam. Elijah ofrece un sacrificio en el Monte Carmelo, a pesar de la restricción Deuteronómica de sacrificar sólo en Jerusalem. Algunos llegan tan lejos como para sugerir que el ciclo de Elijah fue incorporado en 1 Reyes después de la edición Deuteronómica de la obra. Aunque los Deuteronomistas también condenan el culto a Baal, y el sacrificio en el Monte Carmelo era integral a la obra. En cualquier caso, las historias seguramente se originaron en el norte de Israel antes de la reforma de Josiah. Trozos de cerámica encontrados en Samaria demuestran que “Baal” era un elemento común en los nombres propios, lo que apoya el punto de vista que su culto estaba bien extendido. Queda claro según el profeta Hosea que el culto a Baal continuó floreciendo en el siglo octavo, hasta el fin del reino del norte. El caso más evidente de una inserción Deuteronómica se puede observar en el capítulo 19, cuando Elijah va a “Horeb la montaña de Dios” y toma el carácter de “un profeta como Moisés”(cf. Deut. 18:15).

El conflicto entre el culto a YHWH y el de Baal llega a su máximo en 1 Rey. 17 debido a una sequía, la cual Elijah interpreta como castigo a Ahab debido a su culto a Baal. Baal era un dios de la tormenta, “el que cabalga sobre las nubes”, y como tal se suponía era el que daba la lluvia que hacía posible la fertilidad y la vida. En el ciclo de los mitos de Baal en Ugarit, cuando Baal es tragado por la muerte la tierra se seca y los dioses se lamentan, “Baal está muerto, qué será de las gentes”? Cuando vuelve a la vida, “los cielos derraman aceite, en los ríos corre la miel”. En palabras del profeta Hosea, la disputa en Israel concernía a qué dios producía “el grano, el vino, y el aceite”, YHWH o Baal(cr. Hos. 2:8). Este es también el tema en los relatos de Elijah.

En 1 Reyes 17 Elijah realiza dos milagros que demuestran que es YHWH no Baal el que da la vida. Uno concierne la multiplicación del aceite y la comida. El segundo involucra la resurrección del niño fallecido. En cada caso Elijah enfatiza que actúa mediante el poder de YHWH. Las raíces del conflicto son aclaradas en el capítulo 18. Aquí se dice que Jezebel estaba asesinando a los profetas de YHWH. Mucha gente en el antiguo Israel probablemente no veía conflicto entre el culto a YHWH y Baal. Elijah aparece como zelote, negándose a tolerar el culto a ningún dios excepto YHWH. La historia sugiere que Jezebel puede también haber sido intolerante en su promoción de Baal. Estos conflictos entre cultos rivales eran relativamente raros en la antigüedad. El ejemplo mejor conocido antes de Elijah fue el intento del Faraón Akhenaten de promocionar el culto al dios sol Aten excluyendo a todos los demás dioses. El conflicto tuvo claras implicaciones políticas. Se nos dice que 450 profetas de Baal y cuatrocientos profetas de Asherah comían a la mesa de Jezebel (o sea, eran mantenidos por Jezebel; 18:19). El cuadro de un gran séquito de profetas en la corte real concuerda con el relato de Micaiah ben Imlah. Si el culto de Baal y Asherah requería semejante cortejo, había una razón práctica para excluir un número igual de profetas de YHWH. Desde la perspectiva del rey, Elijah es un “agitador de Israel” dado que está interfiriendo con la política real. Desde la perspectiva del profeta, es Ahab el que crea problemas a Israel mediante su política religiosa que causa la sequía y el desastre.

El enfrentamiento entre Elijah y los profetas de Baal es dramático. El reto que propone Elijah es que “el dios que responda con fuego es el verdadero Dios”. Los profetas de Baal usan varias técnicas para entrar en éxtasis. La práctica de hacerse heridas era también practicada en Israel por algunos profetas. Uno de los últimos pasajes en el corpus profético, Zac. 13:5-6, prevé un tiempo en el que la gente sentirá vergüenza de admitir que son profetas y lo negarán. “Y si alguien le dice: Y esas heridas que hay en tus manos?, responderá: las he recibido en casa de mis amigos”. Estas heridas eran evidentemente una señal de profecía. Elijah se burla de los profetas de Baal y sugiere que su dios está dormido. No todas las oraciones obtienen siempre respuesta. Los devotos de Baal sintieron presumiblemente que sus oraciones obtenían respuesta algunas veces, o de lo contrario no habían seguido rindiéndole culto. El relato bíblico es polémico, no está interesado en una justa representación de los oponentes. La manera como Elijah produce fuego, vertiendo agua sobre la ofrenda y en una zanja, hace suponer que algún truco(que involucraba líquido inflamable) tuvo lugar. Los magos en todo el mundo parecen realizar acciones milagrosas mediante juegos de manos. Aunque en verdad no se sabe si hay algún fundamento histórico para esta historia. El narrador quiere dar la impresión de la realización de una prueba decisiva, que demostraba sin duda alguna que YHWH era Dios. Elijah toma ventaja haciendo degollar a todos los profetas de Baal.

Elijah es guiado por la mano del Señor que le infunde fuerza y le capacita para correr más rápido que los carros del rey. Manifiesta un tipo de religión carismática, similar a la que se puede apreciar en algunas partes del libro de Jueces. La masacre de los profetas está en el espíritu de “herem”, el sacrificio total que era ordenado algunas veces en los libros de Josué y 1 Samuel, y del que presume el rey Moabita Mesha en su inscripción(comparar el juicio sobre el rey Ahab por salvar a Ben-hadad de Damasco en 1 Rey. 20:42). En la tradición posterior Elijah era recordado como un personaje con celo e incluso llegó a identificársele con Phinehas, el paradigmático zelote de Números 25. Esta disposición a sacrificar a los oponentes en el nombre de Dios es muy creíble en el contexto del siglo noveno a.C.(e incluso creíble en nuestro tiempo). Es difícilmente un ideal religioso a imitar en nuestro mundo moderno.

Otro aspecto del enfrentamiento de Elijah es preocupante. Él y los profetas de Baal se ponen de acuerdo en que “el dios que responda con fuego, ese es el Dios”. Pero es este un criterio adecuado para identificar a Dios? YHWH era originalmente adorado como un dios que se manifiesta en el fuego sobre una montaña. Las más tempranas teofanías, o manifestaciones, de YHWH son muy similares a las del dios Cananeo de la tormenta Baal. En la Biblia, no obstante, YHWH difiere de Baal sobretodo por su carácter ético. Esta diferencia no es aparente en el relato de Elijah en el Monte Carmelo en 1 Reyes 18.

Esta historia, sin embargo, es seguida inmediatamente por otra, en el capítulo 19, que sirve de correctivo, y que es al menos en parte la obra de un editor Deuteronómista. Elijah ha de huir de la ira de Jezebel, y se marcha hacia el sur, al desierto. Es milagrosamente alimentado en el desierto, como lo fue Israel durante el éxodo(este motivo es ya anticipado en 17:6, donde es alimentado por cuervos). Entonces se marcha durante cuarenta días y cuarenta noches a “Horeb la montaña de Dios” –el nombre de la montaña donde tuvo lugar la revelación según la tradición del Deuteronomio. Los cuarenta días y noches corresponden a los cuarenta años que pasaron los Israelitas en el desierto. El mismo tema es destacado en el Nuevo Testamento en referencia a las tentaciones de Jesús.

En la montaña Elijah tiene un experiencia similar a la de Moisés en Éxodo 33:21-23. A Moisés no se le permite ver la faz de Dios, aunque sí que pudo ver su espalda. Elijah no ve a Dios en forma humana, aunque sí que experimenta una teofanía. Dios, se nos dice, no estaba en el viento, el terremoto, o el fuego que eran las formas típicas de las teofanías, incluso en el relato de la revelación en el Monte Sinaí en Éxodo 19. Más bien, Dios estaba en “en el susurro de una brisa suave” (“en un sonido de completo silencio, o, Elijah oye la “voz” de este silencio”, es una traducción más difícil)(1 Reyes 19:12). Por supuesto, un sonido del silencio es una contradicción en los términos, aunque el punto que se quiere resaltar elocuentemente es que Dios no ha de ser confundido con las fuerzas de la naturaleza. La palabra traducida como “sonido” también significa “voz”. En la teología Deuteronómica, Israel en Horeb permanece al pie de la montaña mientras esta “ardía en llamas que llegaban hasta el mismo cielo, rodeada de tenebrosa nube y nubarrón. Yahvé os habló de en medio del fuego. Vosotros oíais rumor de palabras, pero no percibíais figura alguna, sino sólo una voz”(Deut. 4:11-12). La teofanía de Elijah en 1 Reyes 19 corrige la impresión que puede haber dado el capítulo 18, de Dios manifestándose primariamente en el fuego o en el poder de la naturaleza. Más bien, el Deuteronomista insiste en que Dios se manifiesta primariamente mediante la voz y las palabras de los mandamientos.

Pero aunque el Deuteronomista corrige la teología del relato tradicional relativizando la importancia del fuego, no corrige la ética de Elijah. La virtud de su zelo (asesino) es afirmada, y se le da una nueva misión, ungir al nuevo rey en Siria y ungir a Jehu como rey de Israel. De hecho es Elisha quien unge a Jehu, aunque Elisha deriva su autoridad de Elías. Como se puede observar en 2 Reyes, Jehu actúa con el mismo celo que Elijah a la hora de masacrar a los enemigos de YHWH. Elijah es también encargado de ungir a Elisha como su sucesor. No se le dice de ordenar al joven profeta, aunque echa sobre él su manto, lo que tiene el mismo efecto. El acto de ungir no ha de ser tomado literalmente. El punto esencial es que confiere la autoridad sobre Elisha y lo nombra para la tarea de profeta.

Una diferente clase de relato acerca de Elijah aparece en 1 Reyes 21. Aquí el tema no es el culto a Baal sino la injusticia social. Ahab quiere la viña de Naboth el Jezrelita, situada detrás de su palacio de verano. Se ofrece para comprarla, pero Naboth se niega, dado que es su herencia ancestral. Ahab se siente frustrado aunque Jezebel entra en acción. Inventa falsas acusaciones contra Naboth y hace que lo apedreen. Ahab toma posesión de la viña. La situación es reminiscente del incidente de David con Bathsheba. Aquí también un rey quiere algo que pertenece a otra persona, y termina recurriendo al asesinato para obtener lo que quiere. Aquí también el rey se ve enfrentado por un profeta. Hay, sin embargo, un marcado contraste entre como actúa Nathan y como lo hace Elijah. Nathan induce a David a condenarse a sí mismo apelando a valores que el rey compartía. Semejante apelación no era posible en el caso de Ahab. En cualquier caso, Elijah no intenta ganarse al rey, sino que pronuncia un juicio, o sea, una maldición, sobre Ahab y Jezebel. De hecho, el golpe que acabó con el linaje de Ahab no tuvo lugar durante su vida sino durante la de su hijo. El Deuteronomista explica esto diciendo que Ahab se humilló a sí mismo y le fue otorgado un respiro.

La confrontación entre Elijah y Ahab, no obstante, establece el patrón que a menudo aparece repetido en los libros de los profetas. Los profetas cuyos oráculos se conservan en esos libros son en la mayoría de los casos “alborotadores de Israel”(al menos hasta el exilio de Babilonia). Sus relaciones con los reyes de Israel y Judá son normalmente de enemistad. El tema de la viña de Naboth también es representativo de las preocupaciones de muchos de aquellos profetas, especialmente aquellos del siglo octavo a.C. Isaiah pronuncia maldiciones contra aquellos que “juntan casa con casa, y anexionan campo a campo”(Is. 5:8), y un tema similar domina el libro de Amos. No solo trata con la posesión de parcelas de terreno particulares sino del carácter de la sociedad Israelita y Judía, donde los dueños independientes de terrenos se veían cada más forzados en la servidumbre mientras la riqueza quedaba concentrada en manos de las clases superiores. Como Elijah, esos profetas insistieron en el culto a YHWH sólo, aunque también señalaron que el culto a YHWH entrañaba una dedicación a la justicia social.

El final de la carrera terrenal de Elijah es descrito en 2 Reyes 2. Su afinidad con Moisés queda reflejada en el incidente cuando divide las aguas del Jordán. Entonces es llevado al cielo en un carro de fuego. Elijah comparte con Enoch la distinción de ser llevado vivo al cielo (de Moisés se creía algunas veces haber sido elevado al cielo. Aunque se dice explícitamente que murió en Deut. 34:5-6, “nadie hasta hoy ha conocido su tumba”). Dado que Elijah no murió, se creía que vendría de regreso a la tierra “antes del día grande y terrible del Señor”(Mal. 4:5). Esta creencia está atestiguada en el libro de Malaquías por vez primera, en el 400 a.C. Estaba ya bien establecida durante el periodo Heleno, como se puede ver en Eclesiástico 48:10 y los Rollos del Mar Muerto(4Q558, y por alusión en 4Q521). Según el Nuevo Testamento(Marc. 9:11; Mat. 17:10), Elijah se supone vendrá antes que el Mesías. En Apocalipsis 11 uno de los dos testigos que aparecen antes del fin del tiempo está basado en Elijah(Tiene el poder de cerrar los cielos e impedir la lluvia). En la tradición Judía hay un lugar para Elijah en la Pascua como anticipación a su regreso.

ELISHA
Elisha hereda una doble porción del espíritu de Elías, y algunas de sus milagrosas acciones son similares a las de su mentor. Sin embargo, las carreras de los dos profetas son muy diferentes. Elisha no entra en conflicto con el culto a Baal, y nunca lucha por la justicia social como lo hizo Elijah en el caso de la viña de Naboth. Algunos de sus milagros son, en el mejor de los casos, amorales. Maldice a unos niños que se mofaban de él, unas osas se los comen(2 Reyes 2:23-25). Hace flotar en el agua un hacha de hierro(6:17). Profetiza que el Señor hará que los reyes de Israel y Judá arrasen Moab, aunque no hay ningún tema moral evidente entre manos. También descubre los planes secretos del rey de Aram y hace varios milagros para ayudar a los Israelitas en la batalla contra él. Estas historias se refieren a manifestaciones de poder sobrenatural con muy poca preocupación por temas morales.

Un rasgo notable de estos relatos es la manera como la gente cruza las fronteras estatales. Elijah había sido encargado de ungir a Hazael como rey de Aram en 1 Reyes 19. Elisha realiza el encargo, o al menos le dice a Hazael que el Señor ha dicho que él ha de ser rey (2 Reyes 8:13). No hay razón moral aparente para elegir a Hazael, quien se envalentona debido al profeta para asesinar al rey convaleciente, Ben-Hadad, y hará mucho daño a Israel. El encuentro con Hazael tiene lugar porque el rey quiere consultar a Elisha. La reputación del profeta como persona con acceso al conocimiento y poder sobrenatural trasciende los límites étnicos y cultuales. Hay varias situaciones en esas historias de gentes que buscan ayuda de los dioses de otros pueblos. Un rey de Israel, Ahaziah, consulta a Baal-zebub, el dios de Ekron (ciudad Filistea) en 2 Reyes 1, y es condenado por Elijah como resultado de esto. La historia más elaborada de una consulta a un dios de otro pueblo es el relato de Naaman el Sirio en 2 Reyes 5. En este caso, el relato alcanza su máximo en la confesión que “no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel”(2 Reyes 5:15). Al mismo tiempo, el relato muestra que la gente que no es Israelita puede beneficiarse del poder de YHWH(comparar la historia de Jesús y la mujer Cananea en Marc. 7:24-30).

Quizá el episodio más remarcable en estos capítulos se encuentre en 2 Reyes 3:26-27. Cuando el rey de Moab vio que estaba perdiendo la batalla con Israel, tomó a su primogénito, que había de sucederle en el trono, y lo ofreció como sacrificio en la muralla de la ciudad. Los sacrificios humanos también se daban en Israel, en circunstancias excepcionales(un ejemplo en 1 Reyes 16:34, donde Hiel de Bethel se dice sacrificó dos de sus hijos como ofrenda fundacional cuando reconstruyó Jericho). El punto extraordinario en el caso del rey de Moab es que el sacrificio fue eficaz, incluso cuando fue ofrecido a un dios pagano. “Una cólera inmensa” se desató sobre los Israelitas, que se retiraron. Es un caso raro donde la Biblia admite, al menos implícitamente, el poder de un dios pagano.

En todas las historias sobre Elisha, y en algunas de Elijah, la acción divina es reconocida especialmente por el poder sobrenatural en ella involucrado. Muestran poco interés por la moral que domina la mayor parte de la Biblia Hebrea. Aunque las historias son legendarias, y su historicidad no puede ser demostrada, ofrecen un fascinante cuadro de religión popular. La gente buscaba a dios y los santos cuando estaba enferma, o se encontraban frente a una crisis debida a la sequía, hambruna, pestilencia, o guerra. Cuando lo hacían se preocupaban más que nada por la reputación del dios o del santo para salvarles. Si el dios, o profeta, de un pueblo vecino tenía fama de poderoso, iban hacia él. Este tipo de religión popular no es muy comentada en la Biblia Hebrea, aunque estaba evidentemente bien viva en tiempos de Jesús, donde la misma mentalidad queda reflejada en los relatos de los milagros en los Evangelios.

EL GOLPE DE JEHU
La carrera de Elisha alcanza su máximo en 2 Reyes 9, en el relato del golpe de Jehu. La historia es memorable primariamente por su carácter sanguinario. El rey Ahaziah de Judá es asesinado igualmente que Joram de Israel. Jezebel encuentra su destino con cierta grandeza, se viste de gala para la ocasión. Su destino es horrible, no obstante. Es arrojada desde una ventana y los perros se comen su cuerpo. A lo largo de esta historia hay un interés en el cumplimiento de la profecía, en este caso la predicción de Elijah en 1 Reyes 21:23. El relato testifica el odio a Jezebel en los círculos que conservaban las historias de Elijah y Elisha. Incluso es más horrible la decapitación de los setenta hijos de Ahab a manos de los líderes de Samaria. Al final, Jehu mata a todos los que quedaron de la casa de Ahab y a todo aquel asociado con la casa real. También masacra a los familiares de Ahaziah de Judá, a los que encuentra en el camino. Finalmente, mata a todo aquel que adora a Baal en Samaria. Este baño de sangre está justificado “conforme a la palabra que Yahvé había comunicado a Elijah”(10:17). A la vista de cómo son justificadas las acciones de Jehu recurriendo a la profecía, parece bastante plausible que los relatos proféticos fueron editados en la corte de uno de sus descendientes(cuatro de sus descendientes reinaron en Samaria, y la dinastía duró cien años). El editor Deuteronomista añadió sólo una nota característica de reprobación: incluso aunque Jehú supuestamente prohibió el culto a Baal, aún caminó en los pecados de Jeroboam, manteniendo lugares de culto fuera de Jerusalem(2 Reyes 10:29). El “pecado de Jeroboam” no es citado en los relatos en 1 Reyes 17 – 2 Ryes 9.

Algunos preguntas acerca de la historicidad del golpe de Jehu han surgido debido a la inscripción de Tel Dan que menciona a la casa de David. La inscripción ha sido reconstruida como sigue: “Maté a Jehoram hijo de [Ahab] rey de Israel, y maté [Ahaz]iahu hijo de [Jehoram re]y de la Casa de David. Y dejé [sus ciudades en ruinas y dejé] sus tierras en [ruinas]”(Finkestein y Silberman, “The Bible Unearthed”, 201 si esta reconstrucción es correcta, parece que el rey Sirio responsable de la inscripción (probablemente Hazael) reclamaba las muertes de los Israelitas y reyes de Judá. Es posible que viese a Jehu como su instrumento, de manera que los relatos no son incompatibles. Hay que señalar que la inscripción es en su mayor parte una reconstrucción, y que las partes entre paréntesis son conjeturales. En cualquier caso, la cuestión de la historicidad no altera significativamente el tema moral que suscita la historia en 2 Reyes.

La dinastía de Jehu rivalizó con la de Omri en cuanto a longevidad. No llegó a alcanzar el mismo nivel de prosperidad, no obstante. Según 2 Reyes 10, el Señor comenzó a reducir el territorio de Israel, mediante el ostigamiento de Hazael de Damasco. Además, Jehu había seriamente roto las relaciones entre Israel y Fenicia al asesinar a Jezebel, y con Judá al asesinar a Ahaziah y sus parientes. Incluso en el norte de Israel, su intento de justificar su golpe sangriento no tuvo completo éxito. Unos cien años después, hacia finales de la dinastía de Jehu, el profeta Hosea anunció que Dios castigaría a la casa de Jehu por el baño de sangre de Jezreel. Este juicio no mostraba simpatía alguna hacia la casa de Omri, aunque reconocía que la manera como Jehu llevo acabo su golpe era digna de condena. Hay un juicio similar contra el imperio Asirio a cargo del profeta Isaiah(Isaías 10). Asiria, según el profeta, era “la vara de la ira de YHWH”. Sin embargo, era culpable por la manera arrogante en la que realizó el juicio divino.

EL FINAL DEL REINO DE ISRAEL
Después del relato del golpe de Jehu, la narrativa de 2 Reyes vuelve al formato de análisis de 1 Reyes(cita de los anales son también intercaladas en las narrativas proféticas, para ofrecer un marco cronológico). La sucesión de los reyes en Judá tuvo lugar normalmente de manera tranquila, debido a la fuerza de la dinastía Davídica. La única excepción se da en un gobernante supremo que fue una reina. Athaliah, madre del asesinado Ahaziah, tomó el trono en Judá(2 Reyes 11) y trató de acabar con todos los rivales. Aunque uno de los hijos de Ahaziah se salvó de la matanza. Después de siete años fue coronado rey en un golpe de palacio, y la reina fue ejecutada. Athaliah era nieta del rey Omri, de Israel (2 Reyes 8:26) y fue por lo tanto el único gobernante no-Davídico de Judá durante el periodo de la dinastía Davídica. Su sucesor, Jehoiada, destruyó un tempo de Baal. Se puede inferir que el culto a Baal había sido introducido en Jerusalem por la reina Omrida.

El periodo de la dinastía de Jehu en el norte de Israel(más o menos desde mediados del siglo noveno a.C. hasta mediados del octavo) fue turbulento debido a las guerras con Siria (Aram). El punto de máximo dominio Sirio tuvo lugar durante la última mitad del siglo noveno, cuando Hazael era rey en Damasco(este es el periodo reflejado en la inscripción de Tel Dan). La suerte de Israel mejoró durante el largo reinado de Jeroboam II(786-746 a.C.). Según 2 Reyes 14:25, Jeroboam restauró las fronteras de Israel, desde el Líbano hasta el Mar Muerto(el mar del Arabah). La afirmación en 14:28, sin embargo, que también “recuperó Damasco y Hamath” parece bastante improbable, y no está apoyada por ninguna otra evidencia. El profeta Amos se dice profetizó durante el reinado de Jeroboam, y sus oráculos arrojan una luz menos favorables sobre su reinado de la que se podría esperar de la breve nota en Reyes.

El reinado de Jeroboam fue paralelo en Judá al de Uzziah o Azariah, quien reinó cincuenta y dos años según 2 Reyes 15:1(La verdadera duración de su reinado es disputada, aunque duró más de cuarenta años). Uzziah vino a ser un leproso y hubo de ceder su trono a su hijo, Jotham. Ambos reyes parecen haber sido eclipsados por sus homólogos del norte. Una inscripción que identifica el lugar de reposo de los huesos de Uzziah ha sobrevivido(Miller and Haves, “History”, 310).

Después de la muerte de Jeroboam, hubo una rápida sucesión de gobernantes en el norte de Israel. Seis reyes gobernaron en el espacio de unos veinte años. Cuatro de ellos fueron asesinados. Zechariah, hijo de Jeroboam, fue asesinado después de unos meses en el trono, y su asesino, Shallum, sobrevivió sólo un mes. Menahem(745-737), hubo de tratar con un nuevo factor en la historia Israelita, la intrusión del Imperio Asirio. Menahem pagó un fuerte tributo al rey Asirio, Tiglath-pileser, y a cambio fue confirmado en el trono(2 Reyes 15:19). El rey Joash, padre de Jeroboam, ya había pagado tributo a Asiria a comienzos del siglo octavo, aunque la amenaza Asiria disminuyó en esa época. El poder Asirio era una mucho más seria amenaza en el 730 de lo que había sido sesenta años antes. El hijo de Menahem, Pekahiah, fue asesinado por un tal Pekah, hijo de Remaliah, mencionado en Isaías 7. La afirmación que Pekah reinó durante veinte años (15:28) ha de ser un error. Los historiadores modernos le acreditan un corto reinado de tres o cuatro años. Durante este reinado, Tiglath-pileser de Asiria capturó el territorio del norte de Israel, en Gilead, Galilea, y Naphtali, y llevó cautivos a Asiria(Damasco fue destruida en esta época). Poco después Pekah fue asesinado por Hoshea, el último rey de Israel. Gobernó nueve años, pagando tributo a Asiria, pero al final cometió el desastroso error de conspirar con Egipto y dejar de pagar el tributo. En el 722 Samaria fue destruida por los Asirios, y fue puesta bajo gobierno directo Asirio.

Hay numerosas inscripciones Asirias de este periodo que mencionan a menudo Israel. Desafortunadamente, no hay textos históricos referentes al rey Asirio Shalmaneser V, que gobernaba cuando se rebeló Hoshea. Sí hay inscripciones de su sucesor, Sargon II, que ofrecen información acerca de Israel después de su destrucción. Sargon informa que Samaria volvió a pagar tributo. Dice: “Sitié y conquisté Samaria, llevándome un botín de 27.290 habitantes”. “La ciudad la reconstruí mejor de lo que estaba antes del asedio y establecí allí gente de países que yo mismo había conquistado. Puse a uno de mis oficiales como gobernador sobre ellos y les impuse un tributo como es costumbre para los ciudadanos Asirios”(ANET, 284-85; Miller and Hayes, “History”, 338).

El relato en 2 Reyes 17:5-6, 24 está esencialmente en consonancia con esto, aunque es muy breve desde un punto de vista histórico. Quizá, no había crónica Israelita de esos eventos. Los Deuteronomistas que escribieron en el sur un siglo más tarde, estaban más que nada interesados en una explicación teológica de los eventos: “Esto sucedió porque los israelitas habían pecado contra Yahvé, su dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, sustrayéndolos a la mano del faraón, rey de Egipto”(2 Reyes 17:7). El pueblo de Israel había pecado al dar culto a otros dioses y teniendo en los altos columnas y palos(Asheras). Sobretodo, “Jeroboan provocó que Israel se alejara de Yahvé y cometiera un grave pecado”(17:21) promoviendo el culto sacrificial fuera de Jerusalem. El desastre ya había sido anunciado por los profetas. Cualquier cosa que se piense de las prácticas cultuales en el norte de Israel, la explicación Deuteronomista de la destrucción de este reino es simplista. Hubo muchos otros factores involucrados, principalmente el expansionismo Asirio y su poder militar. Los problemas internos en Israel contribuyeron al problema, aunque estos también eran más complejos que el fallo en implementar la reforma de Josiah y la ley Deuteronómica.

El relato bíblico y los registros Asirios concuerdan en que gente de otros lugares fueron establecidas en Samaria. Según 2 Reyes 17, los nuevos colonos encontraron problemas (el Señor les envió leones) que atribuyen al dios del país, cuyo culto había sido olvidado. Así pues, un sacerdote de YHWH fue enviado de vuelta. Vivía en Bethel y enseñó al pueblo cómo habían de dar culto al Señor. Según 17:33, “Daban culto a Yahvé y servían a la vez a sus dioses, según las costumbres de las naciones de las que habían sido deportados”. Todo esto lleva directamente a la caracterización de la gente que vivía en Samaria cuando fue copilada la Historia Deuteronomista. A pesar de la admisión que adoraban al Señor además de a sus dioses extranjeros, los editores insisten: “No rinden culto a Yahvé y no siguen sus preceptos y sus ritos, la Doctrina y la Instrucción que Yahvé mandó a los hijos de Jacob”(17:34). O sea, su manera de dar culto al Señor no era satisfactoria. Desde el punto de vista de los editores Deuteronomistas, los nuevos habitantes de Samaria no eran descendientes legítimos del antiguo Israel, y no compartían el culto a Yahvé. Este juicio al pueblo de Samaria vendría a ser una fuente de conflicto después del exilio en Babilonia, en la época de Ezra y Nehemiah, y complicaría las relaciones entre Judíos y Samaritanos en el periodo del Segundo Templo y posteriormente.

JUDÁ EN LA CRISIS ASIRIA
En Judá, la época Asiria tuvo lugar durante el reinado Hezekiah, el primer rey que obtuvo la no-cualificada aprobación de los Deuteronomistas. Hezekiah llevó a cabo una reforma similar a la que posteriormente realizó Josiah. Eliminó los lugares altos, destruyó los pilares, y cortó los palos sagrados. Incluso destruyó la serpiente de bronce, Nehushtan, que supuestamente Moisés había hecho en el desierto(Núm. 21:6-9). Es difícil juzgar la amplitud de la reforma de Hezekiah, o hasta que punto tuvo lugar. Según 2 Reyes 18:1, Hezekiah comenzó a reinar en el tercer año de Hoshea, Samaria cayó en el año sexto de su reinado. Esto requeriría una fecha cercana al 727 a.C. para su ascenso al trono. Aunque la invasión de Sanaquerib, conocida por haber tenido lugar en el 701, se dice ocurrió en el año catorce de Hezekiah(18:13). Esto situaría su ascensión al trono en el 715. Además, se dice que tenía veinticinco años de edad cuando comenzó a reinar(18:2), aunque su padre, Ahaz, se dice murió a la edad de treinta y seis, por lo que tendría once años cuando nació Hezekiah! Alguna de estas fechas está evidentemente equivocada.

Se sabe por la arqueología que el tamaño de Jerusalem se expandió ampliamente durante el reinado de Hezekiah. Seguramente tuvo lugar un influjo de refugiados procedentes del norte. La supresión de los lugares altos puede ser entendida como parte de una estrategia de centralización y control del diezmo debido a la amenaza Asiria. Hay un relato mucho más elaborado acerca de las reformas de Hezekiah en 2 Crónicas 29-32, aunque el valor de Crónicas en tanto que fuente histórica es controversial.

Si de hecho Hezekiah intentó suprimir los altos y el culto a dioses extranjeros, tuvo poco éxito. Todos estos cultos florecían un siglo más tarde cuando Josiah realizó su reforma. Quizá tuvo lugar una recaída en tiempos del sucesor de Hezekiah, Manasseh, o puede ser que Hezekiah no fue muy estricto a la hora de realizar su reforma.

LA INVASIÓN DE SANAQUERIB
No es seguro si Hezekiah estaba ya en el trono cuanto tuvo lugar la destrucción de Samaria. Jerusalem pudo evitar la destrucción esta vez, quizá debido al pago del correspondiente tributo. Sargón II repobló Samaria y afirma en una inscripción que “subyugó al país de Judá que está muy lejos” (ANET, 287). La principal narrativa en 2 Reyes trata de eventos que tuvieron lugar después de la muerte de Sargón en el 705 a.C. Hezekiah había hecho preparativos para rebelarse. Estos incluían la construcción del túnel de Siloam, para traer agua desde la fuente de Gihon a un lugar más seguro(la construcción del túnel es mencionada en una famosa inscripción, ANET, 321). También realizó una alianza con otros reyes de la zona. Inevitablemente, los rebeldes confiaban mucho en el apoyo Egipcio. El nuevo rey Asirio, Sanaquerib, tuvo que sofocar rebeliones en varias zonas, incluyendo Babilonia, pero en el 701 puso su atención en Siria-Palestina. La campaña es descrita en sus inscripciones(ANET, 287-88) y en 2 Reyes 18-19. El relato en Reyes es repetido en Isaiah 36-37. El primer parágrafo del relato en Reyes(2 Reyes 18:13-16), donde Sanaquerib describe sus tratos con Hezekiah, no se encuentra en Isaiah.

El tributo incluía treinta talentos de oro, ochocientos talentos de plata, y las hijas de Hezekiah, concubinas, y músicos/as. El relato bíblico dice que Hezekiah pagó treinta talentos de plata(2 Reyes 18:14)(los registros Asirios son jactanciosos con tendencia a exagerar). Aunque el relato  bíblico dice que Hezekiah le dio a los Asirios toda la plata que había en la casa del Señor y en su palacio, y que desmontó el oro de las puertas y jambas del Templo. Hay, pues, una correspondencia razonable entre el relato Asirio y 2 Reyes 18:14-16. Los registros Asirios también confirman que Hezekiah no fue ni muerto ni depuesto, y Jerusalem no fue destruida.

El relato bíblico continúa con una narrativa pintoresca y problemática. Los emisarios Asirios llegan a Jerusalem desde Lachish y se mofan del rey. Su discurso es seguramente una composición Judía, probablemente Deuteronómica, aunque arroja luz sobre las percepciones antiguas de la guerra. La lucha entre naciones es una lucha entre sus dioses. El poder del dios de Asiria se hace evidente por la derrota de una larga lista de naciones, incluyendo el Israel del norte. Estos pueblos, sin embargo, pueden explicar el curso de los eventos de manera diferente. Los Israelitas podía decir que su Dios estaba enfadado y no les defendía. Era difícil, no obstante, refutar la afirmación Asiria que su Dios no era capaz de liberarlos. Además, los Asirios argumentan que Yahvé quizá estaba descontento con Hezekiah por haber destruido los lugares altos. Los Deuteronomistas afirmaban lo contrario. Era verdad que los Judíos tenían poca esperanza fuera de la intervención divina. Egipto era una caña rota, siempre incitaba a los pequeños estados en Siria-Palestina a resistir a los poderes Mesopotamios, aunque nunca hicieron nada para ayudarles en la práctica. Hezekiah no tenía el poder militar para enfrentarse a los Asirios.

Dos otros rasgos del discurso Asirio son importantes. Primero, el Arameo era ya el lenguaje común en el Cercano Oriente, y los oficiales de Hezekiah podían hablarlo. Segundo, la apelación Asiria a los soldados de Judá muestra una fina ironía: promete llevarlos a “una tierra como la vuestra, tierra de trigo y mosto, de pan y de vino, de aceite y de miel, para que viváis y no muráis”(2 Reyes 18:32). Sin duda, esta es una visión optimista del exilio Asirio! Una elección similar entre la vida y la muerte es presentada al pueblo durante la crisis Babilonia un siglo después, en Jer. 21:8-9, otro pasaje probablemente editado por el Deuteronomista.

De cara a la humillación y el desastre, Hezekiah consulta al profeta Isaiah. Esta es una rara mención de un profeta canónico en los libros históricos(Jonah es mencionado brevemente en 2 Reyes 14:25). Dado que este material se repite en el libro de Isaiah, hay que discutir la respuesta de Isaiah en este contexto, a la luz de toda la carrera de Isaiah. De momento es suficiente señalar que Isaiah le dice al rey que no tenga miedo, y predice que Dios liberará a Jerusalem por causa de su siervo David. Hay que señalar que el profeta también dice que los Judíos tendrán que comer “lo que rebrote, lo que nazca de sí al año siguiente. Al año tercero sembrad y segad”.

La manera como se realiza la liberación es milagrosa. El ángel del Señor acabó con 185.000 en el campamento Asirio. Sanaquerib no tuvo otra elección sino regresar a casa.

Es ciertamente sorprendente que Sanaquerib no destruyese Jerusalem. Hay varias explicaciones posibles. Una epidemia en el campamento Asirio puede haber dado lugar a la tradición que el ángel del Señor intervino. Hay un informe en Herodoto(2.141) de que el ejército Asirio fue devastado por una plaga de ratones en la frontera de Egipto, aunque el informe de Herodoto es también bastante fantástico y no inspira mucha confianza. Según 2 Reyes 19:9, Sanaquerib tuvo noticias de que el “Rey Tirhakah de Etiopía” había salido a su encuentro(Tirhakah se convirtió en faraón de Egipto sólo cerca del 690 a.C., aunque fue general el ejército Egipcio bastante antes de esto). Sanaquerib proclamó la victoria en esta batalla(ANET, 287), aunque la victoria puede haber sido mucho menos decisiva de lo que afirmaba. Otra posibilidad la sugiere las palabras de Isaiah en 2 Reyes 19:7: “Infundiré en él un espíritu que le hará oír ciertos rumores, y entonces se volverá a su tierra”. Sin duda, Sanaquerib podría haber conquistado Jerusalem aunque le habría llevado tiempo. Quizá tenía asuntos urgentes pendientes en su país. Una oportuna sumisión de Hezekiah pueda haber salvado la ciudad y su propia vida.

El relato en 2 Reyes, sin embargo, presenta dos diferentes resultados del episodio. En el primero, Hezekiah tiene que quitar el oro del templo para pagar a los Asirios. En el segundo, el ejército Asirio es devastado y regresa a casa derrotado. Algunos estudiosos han argumentado que Sanaquerib invadió Judá dos veces. La mención de Tirhakah como rey, lo que tuvo lugar en el 690 a.C., apoya en cierto sentido este punto de vista, aunque no lo suficiente. No hay otra evidencia arqueológica o histórica de una segunda campaña. Así es más probable que tengamos dos informes del mismo incidente, desde diferentes puntos de vista.

No hay duda que Judá fue puesto de rodillas por los Asirios. Para los habitantes en Jerusalem, no obstante, el punto más importante era que la ciudad no había sido destruida. Esta inesperada liberación es celebrada en el relato sobre el ángel del Señor. Contribuyó al mito de la inviolabilidad de Sión, que está conectado con la ideología del templo. Según Salmo 46:5, “Dios está en medio de la ciudad, no vacila, Dios la socorre al despuntar el alba”. Salmo 48 cuenta cómo los reyes que vinieron contra Jerusalem fueron presa del pánico y huyeron. Es posible que esos Salmos estuviesen inspirados por el hecho que Sanaquerib no destruyó Jerusalem. Más probable, la creencia que la ciudad estaba protegida por Yahvé era más antigua, aunque fue reforzada por esta liberación. Un siglo más tarde, la confianza inspirada por este mito demostró ser falsa cuando los Babilonios destruyeron la ciudad.

EL FIN DEL REINO DE JUDÁ
El “buen” rey Hezekiah es seguido en 2 Reyes 21 por Manasseh, quien reinó cincuenta y cinco años e hizo “estos actos abominables, superando todo el mal que cometieron los Amorreos antes de él”(21:11). Manasseh hace todo lo que el Deuteronomista desaprueba, restaurando los lugares altos que Hezekiah había destruido, erigiendo altares a Baal, e incluso haciendo “pasar por el fuego” a sus hijos como ofrenda. También se dice que practicó la adivinación y trató con médiums. Cuán tradicionales eran esas prácticas en Judá, y hasta dónde fueron introducidas por Manasseh bajo la influencia Asiria, es algo en lo que no hay acuerdo. Al menos los altos y el culto a Baal eran tradicionales, aunque el culto a Baal no estaba tan extendido en Judá como lo estaba en el norte de Israel. El Deuteronomista pinta a Manasseh en colores estridentes, en parte para explicar por qué había tanto abuso cuando Josiah subió al trono, y en parte para explicar el destino que cayó sobre Judá, a pesar de las reformas de Hezekiah y Josiah. Según 21:10-15, es debido a los pecados del Manasseh que el Señor resuelve destruir Jerusalem.

El relato de las reformas de Josiah en conexión con el libro del Deuteronomio ofrece indirectamente un vívido cuadro de la religión en Judá antes de la reforma, con un culto a Baal y Asherah muy extendido. Las reformas representan el punto máximo de la Historia Deuteronómica. La primera edición de la obra fue probablemente promulgada durante el reinado de Josiah. Se podría esperar que la reforma le otorgaría a Judah un respiro a los ojos del Señor, pero no es esto lo que ocurrió. Cuando el faraón va a encontrarse con el rey de Asiria en el Éufrates, Josiah va a encontrarse con él en Megiddo, y, se nos cuenta, que el faraón lo asesinó. El relato paralelo en 2 Crónicas 35:20-24 deja claro que Josiah fue a luchar contra el faraón, aunque no está claro por qué hizo esto. Las Crónicas explican que Josiah fue muerto por arqueros en la batalla. El relato en Reyes es ambiguo. El faraón puede haber hecho ejecutar a Josiah por cualquier razón. En cualquier caso, la muerte prematura del rey reformador confunde las expectativas de la teología Deuteronómica. Los editores, sin embargo, ofrecen una explicación. En 2 Reyes 22:20 el Señor le dice a Josiah: “Te reuniré con tus antepasados y serás enterrado en paz en tu sepulcro; tus ojos no verán todo el desastre que yo acarrearé sobre este lugar”. Josiah se salvará de la destrucción de Jerusalem por los Babilonios. El problema con esta explicación es que la muerte a manos del faraón no fue de ninguna manera una muerte pacífica.

“Año 7, mes de Kislimu: El rey de Akkad dirigió su ejército hacia el país de Haddi, sitió la ciudad de Judah, y el rey tomó la ciudad  el segundo día del mes de Addaru. Puso en ella un(nuevo) rey de su gusto, tomó un gran botín y lo llevó a Babilonia”(Crónica Babilonia, trad. A. Leo Oppenheim, ANET, 564).

El relato de la destrucción de Jerusalem es bastante escueto. Babilonia ahora reemplaza a Asiria como poder invasor, bajo el liderazgo de Nabucodonosor II. El hijo de Josiah Jehoiakim se sometió durante un tiempo, pero terminó rebelándose. Murió antes que pudiera haber sido castigado. Su hijo Johoiachin se rindió pronto, y fue llevado prisionero a Babilonia en el 597 a.C., junto con miles de gente de clase alta de la sociedad Judía. El tío de Jehoiachin, Zedekiah, fue hecho rey en su lugar. Sirvió a Babilonia durante un tiempo, pero al final sucumbió a la tentación de rebelarse. Su castigo fue brutal. Sus hijos fueron muertos ante sus ojos, y le sacaron sus ojos. Jerusalem fue destruida y el templo quemado. Los Babilonios supuestamente se llevaron al exilio “al resto de la población” excepto algunos de los más pobres, que se quedaron “para cultivar las viñas y los campos”(25:12).

La explicación Deuteronómica de estos desastrosos eventos es simple, incluso simplista: “Esto le ocurrió a Judá por orden de Yahvé, que la echó de su presencia por los pecados cometidos por Manasseh”, (24:3). La asunción es que el curso de la historia está controlado por Yahvé, cualquier cosa que ocurra refleja su voluntad. Aunque también se asume que el curso de la historia está determinado por la conducta de Israel y Judá. La política Babilonia y del Cercano Oriente no cuentan. Es debido al mérito de esta explicación que los Judíos buscaron en ellos mismos las causas de sus desgracias, en lugar de sentirse víctimas de la historia. Finalmente, esta explicación de la historia demostró no ser satisfactoria. Culpaba demasiado a las víctimas. Algunas de las voces más creativas y poderosas en la Biblia Hebrea(el profeta llamado Segundo Isaías, Job) pondrán en duda y minarán esta teología de la historia.

La Historia Deuteronómica, no obstante, termina con una nota positiva. Después de treinta y siete años de exilio, el Rey Jehoiachin fue puesto en libertad y tratado con respeto por el rey de Babilonia. La vida continúa. Los exiliados Judíos regresarán a Jerusalem. La destrucción de Israel y Judá establecerá la base para la emergencia del Judaísmo como religión mundial.
------------------------                  
REFERENCIAS
Cogan, Mordechai, and Hayim Tadmor. “II Kings. AB 11”. New York: Doubleday, 1988. Buen comentario histórico y filológico.

Fritz, Vokmar. “1 y 2 Kings”. Trad. A. Hagedron. Minnepolis: Fortress Press, 2003. Comentario Académico que pone énfasis en los detalles históricos y geográficos.

Hobbs, T.R. “2 Kings. WBC 12”. Waco, Tex.: Word, 1985. Buena discusión literaria e histórica”.

Long, Burke O. “2 Kings. FOTL 10”. Grand Rapids: Eerdmans, 1991. Comentario Crítico. Clarifica la estructura literaria.

Finkelstein, Israel, and Neil Asher Silberman. “The Bible Unearthed: Archaeology´s New Vision of Ancient Israel and the Origino f Its Sacred Texts”. New York: Free Press, 2001(206-25, 229-959. Información arqueológica actualizada.

Sweeney, Marvin A. King. “Josiah of Judah: The Lost Messiah of Israel”. New York: Oxford Univ. Press, 2001. Un intento especulativo en reconstruir los objetivos de Josiah, basándose en las fuentes proféticas y 2 Reyes.                       


viernes, 12 de septiembre de 2014

SALOMÓN

SALOMÓN Y LA MONARQUÍA DIVIDIDA
La historia del Deuteronomista continua en los libros de los Reyes. Aquí de nuevo la división entre los libros es artificial y tardía. Primera de Reyes comienza con la época antigua y la muerte de David, la cual concluye la historia de David, comenzada en 1 Samuel. El reinado de Ahaziah en el norte de Israel marca la división entre 1 y 2 Reyes. Los primeros once capítulos de 1 Reyes tratan con la ascensión y reinado de Salomón. Por lo tanto 1 y 2 Reyes hace una crónica de las historias paralelas del reino del norte de Israel y el reino del Sur de Judá.

Un número de fuentes están explícitamente identificadas en los libros de Reyes. Primera Reyes 11:41 remite al lector al “libro de los hechos de Salomón”. Hay varias referencias al “libro de los anales de los reyes de Judá”(14:29; 15:7; 23, etc.) y los anales correspondientes de los reyes de Israel(14:19; 15:31; 16:5, 14, etc.) ninguno de estos libros-fuente ha sobrevivido. Es posible que sean completamente ficticios, mencionados para darle un áurea de autenticidad al relato, aunque parece probable que el autor tuvo algunos registros de los reyes de Israel y Judá a su disposición. Se ha asumido ampliamente que se mantenían crónicas en las cortes reales de Israel y Judá, al igual que lo eran en Egipto y Mesopotamia (ver ANET, 265-317). El ejemplo mejor conocido de una crónica real semejante es la Crónica Babilonia, la cual puede ser más o menos contemporánea con la Historia Deuteronómica. Las listas de reyes eran recopiladas en Mesopotamia desde tiempos antiguos. La información histórica también era registrada en las inscripciones reales. Los relatos en el Cercano Oriente son presentados generalmente como listas de eventos, con muy poca elaboración narrativa. Los libros de Reyes tienen una narrativa mucho más desarrollada que las Crónicas Mesopotamias, aunque generalmente son menos expansivas que los relatos en los libros de Samuel. Los libros de Reyes también tienen como referencia algunas fuentes de carácter diferente, la mayoría notablemente en las leyendas acerca de los profetas Elías y Eliseo, que probablemente circularon independientes antes de ser incorporadas a la Historia Deuteronómica.

La mano de los editores Deuteronomistas es más obvia en los libros de Reyes que en los de Samuel. Los reinados de los diferentes reyes son redactados usando el mismo patrón. Una introducción típica a un rey de Israel lee: “En el año x de x, rey de Judá, x hijo de x, etc…. Hizo lo malo a los ojos de Yahvé”. Las introducciones a los reyes de Judá añaden normalmente la edad del rey, cuándo ascendió al trono y el nombre de su madre. Las diferencias entre las fórmulas en los dos reinos apoyan el punto de vista que el Deuteronomista está adaptando documentos fuente. El final del reinado de un rey también es expresado usando la misma fórmula: “El resto de los hechos de X, todo cuanto hizo, está escrito, como se sabe, en el libro de los Anales de los reyes de Israel. X reposó con sus antepasados y su hijo ocupó su trono”. El Deuteronomista admite que algunos reyes de Judá (Hezekiah, Josiah) hicieron lo bueno a los ojos de Yahvé, aunque son claramente una excepción. La uniforme evaluación teológica de los reyes es una característica del Deuteronomista. También los son los criterios para la evaluación –primero si un rey dado permitió culto sacrificial fuera del Templo de Jerusalem. El primer rey del norte de Israel, Jeroboam, estableció templos en Bethel y Dan como rivales al de Jerusalem, y todos los reyes del norte promovieron el culto fuera de Jerusalem. Por lo tanto se dijo de ellos que “caminaron en el pecado de Jeroboam”. Otros temas importantes Deuteronómicos en los libros de los Reyes son la teología del templo expuesta por Salomón en su oración en 1 Reyes 8, y la continuidad de la dinastía Davídica en el reino del Sur.

LA SUCESIÓN A DAVID (1 Reyes 1-2)
Los capítulos de apertura de 1 Reyes son vistos a menudo como conclusión de la Narrativa de la Corte o Documento de Sucesión en 2 Samuel. Más específicamente son una apología a favor de la sucesión de Salomón al trono. Dado que es el hermano menor su sucesión no está fundamentada en ningún derecho establecido. Más bien es realizada a base de intrigas de palacio. Adonijah, de quien se podría pensar tenía más derecho al trono que Salomón, hace una salida en falso haciéndose proclamar rey sin la aprobación de David. Salomón, no obstante, tiene el apoyo de su madre Betsabé y del profeta Nathan. El apoyo de David es decisivo. Salomón es aceptado por el pueblo como rey legítimo.

El entrenamiento de un nuevo rey era a menudo la ocasión de un baño de sangre en el mundo antiguo, y también en tiempos posteriores. Salomón actúa de manera despiadada para eliminar a cualquiera que pueda considerar una amenaza. Adonijah, el general de Joab que le apoyó, y Shimei, que había maldecido a David, todos fueron pasado por la espada. La narrativa ofrece una apología para las acciones de Salomón tratando de prevenir las críticas. Salomón, se nos cuenta, llegó a ser rey debido a que esta era la voluntad de David (aunque el rey era evidentemente anciano y estaba muy debilitado). Además, David le había específicamente aconsejado que eliminase a Joab y Shimei. David le dice que “actúe con la sabiduría que está en ti”. Salomón viene a ser legendario por su sabiduría. En este caso, no obstante, su sabiduría es una especie astucia callejera que le lleva a matar a sus enemigos antes que estos le maten a él. Joab, se nos cuenta, merece morir por la manera como mató a otros generales, aunque no sufrió las consecuencias de estas acciones mientras estuvo al servicio de David. Adonijah habría salvado su vida si se hubiese abstenido de más agitación, al pedir la concubina de David. Hasta Shimei se habría salvado si hubiera cumplido las condiciones que le ofreció Salomón. No obstante la crueldad de las acciones de Salomón es alta y bien clara. Saca a Adonijah y Joab de los altares donde había buscado refugio. Le promete a Bathsheba que cumplirá su petición a favor de Adonija, aunque cambia de parecer cuando esta le dice lo que quiere. A la luz de esta realpolitik sin escrúpulos, el comienzo de la despedida de David en 1 Reyes 2 es irónico: “Guarda lo que Yahvé tu Dios manda guardar, siguiendo sus caminos, observando sus preceptos, órdenes, sentencias e instrucciones, según está escrito en la Ley de Moisés”(1 Reyes 2:3). Este es el ideal Deuteronómico para un rey. Según 1 Reyes 2:4, la promesa de una dinastía eterna es condicional a la obediencia de los herederos de Salomón. Es evidente, sin embargo, que el Deuteronomista tenía una fuente, o tradiciones, acerca de Salomón que mostraban que no le preocupaba mucho la Ley de Moisés. Estaba mucho más interesado en eliminar a cualquiera que fuese una amenaza para su reinado.

EL REINADO DE SALOMÓN (1 Reyes 3-11)   
El reinado de Salomón es descrito en 1 Reyes como una época de oro. “Judá e Israel era tan numerosa como la arena del mar; comían y bebían y eran felices”. “Salomón era soberano de todos los reinos desde el Éufrates hasta el país de los Filisteos, e incluso hasta la frontera de Egipto; todos pagaron tributo y estuvieron sometidos a Salomón todos los días de su vida”(1 Reyes 4:20-21) O: “El rey Salomón superó a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría. Todo el mundo quería ver personalmente a Salomón para escuchar la sabiduría con la que Dios había dotado su mente. Y cada cual aportaba su presente, año tras año: objetos en plata y oro, vestiduras, aromas y perfumes, caballos y mulos”(10:23-25). Se dice que realizó alianzas de casamientos con todos los pueblos vecinos, Moabitas, Amonitas, Edomitas, Sidonios, e Hititas e incluso recibió una hija del faraón en casamiento. Realizó grandes construcciones en Jerusalem, incluyendo su propio palacio, una casa para la hija del Faraón, y, la más famosa, el Templo. Se le acredita la construcción de Hazor, Megiddo, y Gezer. Comerció internacionalmente e importó oro de Ophir(posiblemente en el sur de Arabia) y de Tarshish (España?). La Reina de Sheba (Yemen?) vino a visitarle cargada de objetos preciosos.

Los historiadores modernos son escépticos acerca de este relato sobre la grandeza de Salomón. La arqueología ha mostrado que Jerusalem era un lugar muy pequeño hasta finales del siglo octavo a.C., cuando se expandió súbitamente, seguramente debido a la caída del reino del norte a manos de los Asirios. Antes de esta fecha Jerusalem no era más que una jefatura local, no diferente de los estados-ciudad Cananeos. La afirmación que todo el territorio desde la frontera de Egipto al Éufrates pagaba tributo a Salomón corresponde a la promesa hecha a Abraham en Génesis 15 (ver también las referencias a los Amoritas, Hititas, Perizitas, Hivitas, y Jebusitas en 1 Rey. 9:20; y Gén. 15:19). Los estudiosos de la generación anterior aceptaron la historicidad del imperio de Salomón y argumentaron que la promesa en Génesis 15 fue formulada después de estos hechos, y podía por lo tanto ser datada en el reinado de Salomón. Los estudiosos más recientes son escépticos. La promesa puede solo reflejar las aspiraciones de los reyes de Judá, y las afirmaciones a favor de Salomón pueden haber sido inferidas de la promesa. La gran riqueza de la que supuestamente disfrutó Salomón(1 Rey. 10:14) no ha dejado señal alguna en los restos materiales. El fabuloso imperio de Salomón es visto hoy día por muchos estudiosos como  una ficción, un sueño de gloria de un tiempo posterior.

El tema, no obstante, es controversial, y parece que seguirá siéndolo. Parte del problema es que el lugar donde estuvo el palacio de Salomón y el Templo están en el sitio donde posteriormente se construyó el Templo de Herodes. Este Templo del Monte es uno de los lugares más santos para el Judaísmo y el Islam. Es imposible excavar el lugar hoy día, y es pues imposible verificar las afirmaciones de los proyectos de construcción de Salomón en Jerusalem. Aparte de Jerusalem, Hazor, Megiddo, y Gezer han sido ampliamente excavadas. En cada uno de estos lugares, los arqueólogos identificaron un estrato Salomónico. Las características de este estrato eran enormes portales con seis cámaras. Algunas estructuras también fueron identificadas como establos. Algunos estudiosos recientes, sin embargo, han cuestionado la fecha de estos portales y estructuras, argumentando que pertenecen al siglo nueve no al décimo. Todo este tema está aún en disputa. En parte depende de si los arqueólogos están dispuestos a usar el relato bíblico como llave para interpretar sus descubrimientos.

Aquellos que defienden la historicidad del esplendor de Salomón argumentan que los críticos argumentan desde el silencio. Semejantes argumentos son arriesgados, especialmente cuando un lugar importante como el Templo del Monte está fuera del límite de los arqueólogos. Quizá surja nueva evidencia que pueda apoyar la historicidad del relato bíblico. En 1993 y 1994, se encontraron fragmentos de una inscripción en Arameo en Tel Dan al norte de Galilea, que hacía mención a “Beth David”, la casa de David. Se sabe que el reino del norte de Israel era conocido como “la casa de Omri” y el reino de Damasco como “la casa de Hazael”. Esta inscripción, que data de la segunda mitad del siglo noveno a.C., confirma que el reino de Judá era conocido como “la casa de David”. Los críticos más escépticos, que incluso llegan a cuestionar la existencia de David y Salomón y la existencia en algún momento de la historia de una monarquía unida, han realizado varios intentos para cuestionar la autenticidad de esta inscripción o la interpretación de las palabras. A los ojos de la mayoría de estudiosos, no obstante, esta inscripción es una verdadera advertencia de los peligros de argumentar desde el silencio.

Los estudiosos que defienden la historicidad del relato del reinado de Salomón también señalan algunos rasgos de la narrativa que sugieren que el autor o editor tenía a mano algunas buenas fuentes históricas. Hay una lista de los principales funcionarios de Salomón en 1 Rey. 4:2-6(cf. Lista de funcionarios de David en 2 Sam. 23:8-39). Primera de Reyes 4:9-19 lista a los doce principales funcionarios de Salomón y sus distritos. El relato de las actividades constructoras del rey en 9:15-18 también aparece en forma de lista. Estas listas reflejan el tipo de registros producidos por los escribas como parte de la administración de un reino. Es por supuesto posible que un escriba posterior inventase semejantes listas para dar la impresión de autenticidad histórica, aunque no es aparente que sirvieran a ningún propósito ideológico para el Deuteronomista. Además, hay algunas tensiones en la narrativa que sugieren que los editores heredaron un retrato de Salomón con el que no se sentían confortables. Se puede notar en 1 Reyes 4:6 que uno de los funcionarios de Salomón estaba a cargo de los trabajos forzados. En 9:20-22 el editor afirma cuidadosamente que Salomón reclutó a la fuerza a los Amoritas y otros no-Israelitas que fueron dejados en el país, “aunque de los Israelitas Salomón no hizo esclavos”. Es aparente, sin embargo, por la revuelta de los Israelitas después de la muerte de Salomón que no fue así. El intento del editor de glosar acerca del uso que hizo Salomón de la fuerza de trabajo Israelita muestra que hubo una tradición sobre el asunto que había que ser tratada. También hay tensión entre el retrato de Salomón como rey sabio que amaba al Señor y los informes de sus sacrificios y culto a otros dioses(1 Rey. 3:3). El Deuteronomista no inventó el relato sobre el reinado de Salomón fuera de todo el entramado. Este relato alaba a Salomón a pesar de que algunas de sus prácticas estaban en flagrante violación de la ley Deuteronómica. Por supuesto, de esto no sigue que el retrato pre-Deuteronómico de Salomón debe ser históricamente confiable, pero al menos ha de ser relativamente antiguo, ciertamente pre-exílico, un producto de la corte real en Jerusalem.

Tres aspectos del relato de Salomón requieren más comentarios. Son su sabiduría, la construcción del Templo, y su culto a dioses extranjeros.

LA SABIDURÍA DE SALOMÓN
La sabiduría de Salomón es proverbial. El libro de Proverbios le es atribuido, al menos en parte, al igual que lo es el deuterocanónico (o apócrifo) “Sabiduría de Salomón”, que fue escrito en Griego en Alejandría cerca de comienzos de nuestra era. Los reyes se suponía, habían de ser sabios, aunque ningún otro rey es acreditado con la sabiduría en semejante grado. La literatura Sapiencial estuvo asociada especialmente a los escribas y la corte real. Es posible que Salomón estableciera una escuela de escribas en Jerusalem. Si en realidad gobernó un imperio, como se dice en 1 Reyes, habría necesitado escribas para la administración. Otros reinos, especialmente el Egipto de los faraones, tenían una gran cantidad de escribas. La hipótesis que estableció una escuela de escribas explicaría esta fuerte asociación con la sabiduría. No hay, sin embargo, evidencia que apoye esto, y nada se dice acerca de semejante escuela en el texto bíblico. Algunos estudiosos piensan que Jerusalem era una ciudad demasiado pequeña en el siglo décimo como para necesitar una escuela de escribas, y que la necesidad de escribas habría surgido en tiempos de Hezekiah, unos dos siglos después.

Los estudiosos de la generación anterior atribuyeron una gran cantidad de actividad literaria a la corte de Salomón. El Yahvista se supone compuso la fuente J del Pentateuco allí, describiendo el reino de Salomón como el cumplimiento de la promesa hecha a Abraham. El estudioso Alemán Gerhard von Rad, a mediados del siglo veinte, habla de una ilustración Salomónica, estimulada por la nueva riqueza adquirida y por las relaciones internacionales. Sin embargo, una fecha tan temprana para la fuente J es ampliamente rechazada hoy día. El debate a comienzos del siglo XXI no es si se puede hablar de una ilustración en el reinado de Salomón, sino si se puede asumir mucha actividad literaria en Jerusalem en esta temprana época.

Primera de Reyes trata con la sabiduría de Salomón en el capítulo 3, y de nuevo en 5:10-14 (TM 4:29-34). Primera de Reyes 3:5-14 informa de un sueño en el cual el Señor invita a Salomón a “pídeme lo que crees debo darte”. Salomón pide un corazón atento para juzgar al pueblo. El Señor le garantiza su deseo y también le garantiza cosas que no ha pedido, riqueza y honor toda su vida. Estas cosas se suponía eran los dones de la sabiduría en cualquier caso: “En su mano derecha hay larga vida, en su izquierda, riqueza y gloria”(Prov. 3:16). El relato del sueño de Salomón es claramente una composición Deuteronómica. Concluye con una promesa condicional: “Si caminas por mis sendas, guardando mis preceptos y mandamientos, como hizo David, tu padre, prolongaré los días de tu vida”(1 Rey. 3:14).

El relato del sueño de Salomón continúa mediante una ilustración de su sabiduría en el juicio de las dos mujeres que reclaman un niño como suyo. La sabiduría de la solución no dejará pasmado a ningún lector. Depende de la asunción que la mujer que no era la verdadera madre dejaría matar al niño. Pero en cualquier caso, el relato resalta un aspecto de la supuesta sabiduría del rey –su habilidad de realizar un juicio con criterio.

Un diferente tipo de sabiduría es resaltado en el capítulo 5. Aquí la sabiduría es enciclopédica. Consiste en un conocimiento de los proverbios y canciones, y también de un exhaustivo conocimiento de la naturaleza. El pasaje muestra una clase de material que era valorado como sabiduría en el temprano Israel. Este tipo de conocimiento enciclopédico no es especialmente prominente en los libros sapienciales bíblicos, aunque sí está implícito en algunos pasajes en el libro de Job(Job 28:38-39). No hay nada característico Israelita en esta sabiduría. Salomón es comparado con otros hombres sabios legendarios del mundo antiguo. La Reina de Sheba pudo apreciar esta sabiduría cuando vino a visitarle. El libro de los Proverbios fue influenciado por la sabiduría Egipcia en algunos puntos. La Sabiduría era un fenómeno internacional, fomentado especialmente en las cortes reales.

EL TEMPLO
Probablemente la realización más importante atribuida a Salomón fue la construcción del Templo. Los materiales para el Templo se obtuvieron en el Líbano, y al menos algunos trabajos fueron realizados por los artesanos Fenicios(1 Rey. 7:13-47 describe el trabajo de un tal Hiram de Tiro, que era también el nombre del rey de Tiro). El precio de la ayuda Fenicia fue bastante substancial. Según 1 Reyes 9:11 Salomón cedió veinte ciudades en Galilea a Tiro, en un trueque de tierra-por-oro. El hecho que Salomón necesitase realizar esto da lugar a algunas cuestiones acerca de su fabulosa riqueza.

No es sorprendente que el Templo se conformase al típico esquema de los templos en Siria-Palestina. El esquema básico del Templo era un rectángulo, 100 codos de largo y 50 codos de ancho. Había tres secciones principales: el “`Ulam” o vestíbulo, el “hekal” o nave principal(la misma palabra se usa para el Templo como un todo), y el “debîr” o santuario interior (El Santo de los Santos). Había puertas para entrar en las cámaras segunda y tercera. Varias pequeñas habitaciones estaban localizadas a lo largo del templo. Dos columnas de bronce, llamadas “Jachin” y “Boaz”, estaban a la entrada del Templo. También había un mar de bronce, que era un objeto circular, que reposaba sobre doce bueyes. El simbolismo de estos objetos no es explicado, aunque el mar recuerda la prominencia de Yamm (Mar) en los mitos Ugaríticos. En el santuario interior había dos enormes querubines, hechos de madera de olivo. Esos también estaban sobre el Arca, que representaba la presencia de Dios, el cual, se decía, estaba entronizado sobre los Querubines. Los Querubines criaturas híbridas-aladas, con rasgos de varios animales. Estas criaturas híbridas eran popular en el Oriente Cercano, especialmente en el arte Asirio.

En el mundo antiguo, un Templo se suponía era la casa del dios o diosa, y la deidad se suponía vivía allí. Mientras el dios o la diosa estaban presentes en el templo, ningún daño podía ocurrirle a la ciudad. El Lamento por la Destrucción de Ur a comienzos del segundo milenio a.C., se queja de que los dioses han abandonado sus templos (ANET, 455-63). Posteriormente Ezekiel tiene una visión de la gloria del Señor dejando Jerusalem antes de ser destruida por los Babilonios. La teología asociada con el Templo de Salomón en el periodo pre-exílico puede apreciarse en los Salmos. No se sabe cuan desarrollada estuvo esta teología en tiempos de Salomón, o cuan consistentemente fue mantenida. En la medida en que coincidía con la teología del templo común en el Cercano Oriente, se puede asumir que también era típica del Templo de Jerusalem.

Los salmistas algunas veces hablan abiertamente acerca del templo como el lugar donde habita Yahvé. “qué amables son tus moradas, Yahvé Sebaot! Mi ser languidece anhelando los atrios de Yahvé”(Sal. 84:1-2). Este Salmo también señala pintorescamente que los pájaros construyen sus nidos en el Templo. Según el Salmo 46, Jerusalem es “la ciudad de Dios, la santa morada del Altísimo. Dios está en ella, no será eliminada”. La presencia del Señor es fuente de gran seguridad: “Por eso no tememos si se altera la tierra, si los montes vacilan en el fondo del mar”(46:3). De nuevo, el Monte Sión se dice es la santa montaña de Dios “en el norte”(el Monte Sión no estaba en realidad en el norte, pero tradicionalmente la montaña sagrada de Baal, el Monte Zaphon, estaba asociado con el norte). El salmista supone que cualquier enemigo que ataque Jerusalem huirá presa del pánico. Quizá este salmo estuvo inspirado por el hecho que Jerusalem no fue destruida por los Asirios, como lo fue Samaria(ver 2 Rey. 18-19), aunque también es posible que esta creencia en “la inviolabilidad de Sión” fuese más antigua. La importancia del templo para el pueblo de Judá es ampliamente evidente en los Salmos: “Vale más un día en tus atrios que mil en mis mansiones, pisar el umbral de la Casa de mi dios que habitar en la tienda del malvado”(84:11).

Comparada con la teología del templo que se encuentra en los Salmos, la teología atribuida a Salomón en 1 Reyes es más bien modesta. La principal articulación de esta teología se encuentra en su oración en 1 Reyes 8, que es claramente obra del escritor Deuteronómico. Salomón recuerda la promesa a David, aunque la entiende como condicional: “Nunca te faltará uno de los tuyos en mi presencia que se siente en el trono de Israel, siempre que tus hijos guarden su camino, procediendo ante mí como tú has procedido”(8:25). Reflexiona a continuación sobre el problema básico del Templo: “Habitará Dios con los hombres en la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, cuánto menos este Templo que yo te he construido!”(8:27). Este dilema es resuelto mediante el compromiso Deuteronómico: Dios hace que su nombre habite ahí. El nombre aún representa la presencia de Dios, aunque no llega a decir que Dios en realidad habita en el Templo, protegiendo así la trascendencia de Dios. Salomón explica el Templo como lugar donde el pueblo puede tener acceso a Dios, para realizar sus peticiones y expiar los pecados. Posiblemente era también posible orar a Dios en otros sitios, pero el Templo ofrecía un punto o foco que era de ayuda para el pueblo. Nada se dice que sugiera que la ciudad está protegida por la presencia de Dios en el Templo. El Templo se ha convertido en una casa de oración, más cerca de la comprensión de la posterior sinagoga que de la antigua comprensión como casa donde habita Dios.

La oración de Salomón en la consagración del Templo puede haber sido escrita en el exilio Babilonio o posteriormente, cuando el mito de la inviolabilidad de Sión desapareció. El Templo, no obstante, permaneció como punto central del culto Judío a lo largo del periodo Bíblico. Aunque el Deuteronomio desmitifica el Templo cuando dice que el “nombre” de Dios vive ahí, en lugar del Dios mismo, aumenta la centralidad del Templo declarándolo único lugar válido para el culto sacrificial.

SALOMÓN IDÓLATRA
El Deuteronomista se enorgullece del legendario esplendor, aunque una parte de la tradición Salomónica era ofensiva para los editores. No sólo ofreció Salomón sacrificios en los altos(1 Reyes 3:3), sino que “amó a muchas mujeres extranjeras” de las naciones con las que el Señor había prohibido el matrimonio. Además, también sucumbió al culto a sus dioses y diosas(11:5-8). La conducta de Salomón tiene sentido si estuvo involucrado en asuntos internacionales. Una de las formas en las que los reyes en la antigüedad cimentaban alianzas era dando y tomando a sus hijas en casamiento. La afirmación que Salomón tuvo setecientas princesas entre sus esposas es un tributo no a su energía sexual sino a sus diplomacia. El éxito de esta estrategia requiría que las esposas se sintiesen felices, y que se les facilitara el culto a sus dioses y diosas. Por ello se nos dice que Salomón construyó templos a los dioses Moabitas y Amonitas. Hay un paralelo entre el curso de Salomón a este respecto en el reinado de Herodes el Grande, unos mil años después. Herodes también fue un gran constructor, y tuvo poco escrúpulo a la hora de construir santuarios a los dioses paganos, aunque tuvo buen cuidado de no hacerlo en Jerusalem. Se puede confiar en que la tradición del culto de Salomón a dioses paganos no fue invento del Deuteronomista. Si es o no un reflejo exacto del reinado de Salomón, demuestra que hubo una tradición de tolerancia en Jerusalem hacia los dioses y diosas de los pueblos vecinos, antes de la reforma de Josías. Esto no ha de sorprender a nadie, dado el fondo Cananeo de Jerusalem y la tradición según la cual sus reyes eran “según el orden de Mequisedec”.

Aunque es poco probable que los Deuteronomistas hayan inventado el culto de Salomón a dioses extranjeros, sí pudieron usarlo para sus propósitos. Fue debido a esto, se nos dice, que Dios hizo surgir enemigos contra Salomón, como es el caso de Hadad el Edomita(11:14). Más importante aún, es la razón por la que el Reino Unido no perduró. Diez tribus se separaron bajo el liderazgo de Jeroboam el hijo de Nebat porque Salomón adoró a Astarté, diosa de los Sidonios, Chemosh dios de Moab y Milcom dios de los Amonitas(11:33). No obstante, el reino no le es quitado completamente a Salomón y sus herederos. La promesa a David permanece, a pesar de las faltas de Salomón en observar las leyes. Es un tanto irónico que la única tribu que permaneció unida a Judá fue la de Benjamín, la tribu de Saúl.

LA DIVISIÓN DEL REINO
La explicación Deuteronómica de la división del reino es puesta en boca del profeta, Ahijah el Silonita, que realiza una acción simbólica desgarrando su túnica en doce piezas dándosela a Jeroboam(1 Reyes 11:30-31). A partir de aquí los profetas tienen un papel más prominente en la historia. Una de sus funciones es nombrar o destituir reyes. Hay vario ejemplos de acciones simbólicas en los libros de los profetas, sobretodo en Oseas, Isaías, Jeremías y Ezekiel. Las acciones simbólicas de los profetas han sido descritas como una especie de teatro callejero, una vívida forma de comunicación que algunas veces era más efectiva que las palabras.

Está claro según la narrativa, sin embargo, que las tribus que se separaron del hijo de Salomón Rehoboam no estaban motivadas por preocupaciones relacionadas al culto de otros dioses. El tema que dio lugar a la revuelta fue la práctica opresiva de los trabajos forzados introducidos por Salomón. Los ancianos de su séquito aconsejaron a Rehoboam que suavizara la carga  sobre el pueblo, mientras que los jóvenes le dijeron que la aumentara. Eligió la última opción, lo que dio lugar al cisma. Jeroboam había estado encargado de toda la fuerza laboral de la casa de José. Cuando se rebeló, con el apoyo del profeta, huyó a Egipto. Hay aquí un claro paralelo entre los trabajos forzados de Salomón y la opresión de los Israelitas en Egipto en el relato del Éxodo. La misma palabra Hebrea, “mas” o “missîm”, se usa para referirse a los trabajos forzados en ambos relatos. Después de la muerte de Salomón, Jeroboam regresó de Egipto. Cuando se convierte en rey, hace del recuerdo del Éxodo el centro del culto en los santuarios reales en Bethel y Dan(12:28). Jeroboam puede haber trazado un paralelo con la tradición más antigua acerca del Éxodo para otorgar legitimidad a su revuelta, aunque también es posible que la celebración del Éxodo viniese a ser central al culto de Yahvé sólo en este tiempo.

También es aparente que las tribus del norte, o al menos algunas de estas, viesen a Judá como un cuerpo extraño. El grito de guerra de Jeroboam(“qué parte tenemos con David”) se hace eco del de Sheba hijo de Bichri, en 2 Samuel 20:1. Así, las tribus del norte constituirían el Reino de Israel. Puede ser significativo que la rebelión tuviera lugar en el antiguo centro de Siquem, en lugar de Hebrón, donde David fue coronado. El reino del norte permaneció más cerca al tipo de liderazgo carismático que se puede observar en Jueces que la dinastía del Sur. Hubo frecuentes golpes y alzamientos. El reino del norte tomó de manera clara el Éxodo como mito nacional y lo celebraba en el culto. En Judá, en contraste, poca atención se le da al Éxodo hasta la reforma de Josías.

Jeroboam construyó Siquem como primera capital del reino del norte. El gobierno se instaló en Tirzah al comienzo de la monarquía. La acción que más preocupó al Deuteronomista, sin embargo, fue la construcción de dos santuarios, uno en Bethel, justo al norte de la frontera y no muy lejos de Jerusalem, y el otro en Dan en el norte del país. Estos lugares fuero elegidos por razones geográficas. Bethel estaba asociado a Jacob, quien le había supuestamente dado el nombre, “Casa de Dios”. Si Jeroboam estaba basándose en una antigua tradición acerca de la sacralidad de Bethel, o si la historia de Jacob fue inventada para dar legitimidad al sitio, es algo que no se sabe.

El relato de las acciones de Jeroboam lleva el sello del Deuteronomista, y es sin duda antipático para con el líder del norte. Este es virtualmente acusado de idolatría cuando estableció los dos becerros de oro(el relato del Becerro de Oro en Éxodo 32 fue sin duda una polémica contra el culto establecido por Jeroboam, aunque este relato es complicado por el hecho que el culpable es Aaron, el ancestro del sacerdocio en Jerusalem). Es poco probable que Jeroboam fuese culpable de idolatría. La deidad puede haber sido concebida estando en los becerros, igual que era concebida estando sobre los Querubines en el culto en Jerusalem. El crimen de Jeroboam era, a los ojos del Deuteronomista, el haber promovido un culto sacrificial fuera de Jerusalem. Esto es lo que es llamado, en el relato, el pecado de Jeroboam. De hecho, Jeroboam estuvo más conectado a las tradiciones de las tribus de lo que lo estuvo Rehoboam, cuya capital había sido una plaza fuerte Jebusita poco más de una generación antes.

El Deuteronomista ofrece un juicio explícito sobre Jeroboam en 1 Reyes 13, donde se dice que un hombre de Dios profetizó que un rey Davídico llamado Josías destruiría un día el altar en Bethel. La mención explícita de Josías aquí no deja duda que la reforma de este rey es el punto culminante del relato. Este episodio es seguido por una extraña leyenda sobre como el hombre de Dios fue devorado por un león, después de haber sido engañado para desobedecer sus órdenes. Este relato probablemente se originó como leyenda popular. El Deuteronomista lo utiliza para demostrar los peligros de la desobediencia de manera pintoresca. Un juicio incluso más explícito aparece en el capítulo 14 realizado por Ahijah el Shilonita. Jeroboam no tendrá descendencia masculina, ostensiblemente debido a su promoción del culto fuera de Jerusalem. Cualquiera que haya leído los libros de Samuel puede apreciar la ironía cuando se le dice a Jeroboam que no había sido como “mi siervo David, que guardó mis mandamientos y me siguió con todo su corazón, haciendo sólo lo que considero recto”(1 Reyes 14:8). La ambigüedad moral que enriqueció el retrato de David en los primeros libros se ha perdido aquí. Ahijah profetiza la destrucción del reino del norte y el exilio de su gente “más allá del Éufrates” debido al pecado de Jeroboam(14:15-16). En este punto, la historia del Deuteronomista tiende a reducirlo todo a una causa y se hace simplista. Se puede realizar un análisis más complejo y convincente de los problemas del norte de Israel en los profetas del siglo octavo.

Todos los reyes de Judá no lo hicieron mucho mejor que los del reino del Norte según el juicio del Deuteronomista. Rehoboam desiste inicialmente de pelear contra Jeroboam debido a las palabras de un profeta(12:24). Aunque se nos informa posteriormente que hubo guerra continua entre Rehoboam y Jeroboam(14:30), que continuó a lo largo de los reinados de sus sucesores inmediatos. El Deuteronomista se mueve rápidamente a lo largo de varios reinados. Aquí parece como si los editores hubiesen adaptado una crónica que daba información básica acerca de cada rey, e inserta juicios basados en el criterio del Deuteronomista. La campaña del Faraón Shishak (14:25-26) también es conocida por las fuentes Egipcias. Su inclusión aquí no tiene un fin teológico, apoya más bien el punto de vista que los editores Deuteronómicos tenían a mano antiguos anales. Los juicios editoriales sobre los reyes son un tanto duros. Entre los primeros reyes, solo Asa de Judá obtiene una nota positiva por suprimir algunas prácticas cultuales, aunque no suprimió los altos. La sucesión de reyes Davídicos tiene lugar suavemente, de acuerdo con la promesa divina. En el reino del norte, sin embargo, tiene lugar un golpe en la segunda generación, en cumplimiento del juicio contra la casa de Jeroboam, y otras dos generaciones más tarde, debido a que Baasha “caminó por los caminos de Jeroboam”. Zimri, usurpa el trono y mata al hijo de Baasha, reinando sólo siete días. La primera dinastía real en el norte de Israel es establecida por Omri(16:16-17) en el 885 a.C. aproximadamente.

Omri es el primer rey de Israel que deja huella en las fuentes no-Bíblicas. La Estela de Moab, descubierta en 1868, habla del conflicto entre Mesha rey de Moab, y Omri, quien dominó a Moab durante muchos años aunque al final fue derrotado(ANET, 321). La inscripción es remarcable por la similitud que muestra entre la religión de Moab y la de Israel. Mesha actúa a petición de su dios Chemosh, igual que los Israelitas actuaban a petición de su dios Yahvé. Lo más interesante es que Mesha presume de haber acabado con todo hombre, mujer, y niño en Nebo, “pues los destruí en devoción (al dios) Ashtar-Chemosh”. El hijo de Omri, Ahab, es mencionado en la Inscripción en el Monolito del rey Asirio Shalmaneser por haber contribuido con dos mil carros y diez mil soldados de infantería a una coalición Aramea que impidió un avance Asirio (ANET, 279). Los registros Asirios se refieren continuamente a Israel como “la casa de Omri” mucho después que los descendientes de Omri ya habían dejado de gobernar. Omri y Ahab fueron reyes a tener en cuenta. Hay mucha más evidencia fuera de la Biblia de su poder e influencia de la que hay respecto a Salomón.

Fue Omri quien compró y fortificó la colina de Samaria, que siguió siendo la capital de Israel desde entonces. La arqueología ha demostrado que fue una ciudad espléndida. La acrópolis real era un gran recinto rectangular que ocupaba un área de cuatro acres, el tamaño de una ciudad típica de la época. Estaba pavimentada y rodeada por un muro. Uno de los edificios de la acrópolis contenía marfiles tallados, la colección más importante de arte del antiguo Israel. La dinastía de los Omridas también construyó o expandió Hazor y Meggido, y las fortificó con grandes murallas. Grandes y adornadas columnas y capiteles al estilo proto-Aeolico, se han encontrado en Samaria, Hazor, y Meggido.

El editor Deuteronómico del sur desestima a Omri: “Omri hizo lo que Yahvé detesta, actuando peor que cuantos le precedieron”(16:26). Su hijo Ahab aparece como un carácter más colorido: “No le bastó con seguir los pecados de Jeroboan, hijo de Nabat, sino que, además, tomó por mujer a Jezebel, hija de Ethbaal, rey de los sidonios”(16:31). La llegada de Ahab y Jezebel establece el marco para una confrontación mayor entre los devotos de Yahvé y el culto a Baal, y el primer debate mantenida sobre la profecía en la Biblia Hebrea.                                            
------------------------                          
REFERENCIAS

Comentarios:
Cogan, Mordechai, “1 Kings. AB 10” New York: Doubleday, 2000. Comentario histórico y filológico.

De Vries, Simon J. “1 Reyes. WBC 12”. Waco, Tex.: Word, 1985. Discusión de los textos y composición.

Seow, C.L., “The First and Second Books of Kings”. En NIB 3:1-269. Comentario muy académico y conciso.

Walsh, Jerome T. “1 Kings”. BerO. Collegeville, Minn.: Liturgical, 1996. Se centra en temas literarios.

Finkelstein, Israel, and Neil Asher Silberman. “The Bible Unearthed: Archaeology´s New Vision of Ancient Israel and the Origin of Its Sacred Texts”. New York: Free Press, 2001(169-205). Punto de vista Escéptico sobre el reinado de Salomón. Argumenta que es posible que las ciudades atribuidas a Salomón fueron construidas en un periodo posterior.

Mazar, Amihai. “Archaeology of the Land of The bible, 10.000-586 A.C”. ABRL. New York: Doubleday, 1993(375-402). Apoya el punto de vista tradicional de la evidencia arqueológica perteneciente al reinado de Salomón.

Miller, J. Mexwell, and John H. Hayes, “A History of Ancient Israel and Judah”. Philadelphia: Westminster, 1986 (189-286). Citas muy importantes de evidencias no-bíblicas.

Na´aman, Nadav. “Cow Town or Royal Capital? Evidence for Iron Age Jerusalem”. BAR 23/4(1997)43-47. Trata del estatus de Jerusalem en los siglos noveno y décimo a.C.

Knoppers, Gary N. “Two Nations under God: The Deuteronomistic History of Solomon and the dual Monarchies”. Vol. 1: “The Reign of Solomon and the Rise of Jeroboam”. HSM 52. Atlanta: Scholars, 1993. Elaboración de la doble redacción en la Historia Deuteronómica.

Levenson, Jon D. “Sinai and Zion: An Entry into the Jewish Bible”. Minneapolis: Winston, 1985(89-184). Lúcida exposición de la teología de Sión.

Wilson, Robert R. “Unity and Diversity in the Book of Kings”. En “A Wise and Discerning Heart: Essays in Honor of Burke O. Long”, editado por S.M. Olyan y R.C. Culley, 293-310. Brown Judaic Studies 325. Providence: Brown Univ. Press, 2000. Discusión sobre los problemas literarios de los libros de los Reyes.