domingo, 4 de octubre de 2026

PABLO Y LA TRAICIÓN DE JUDAS

Durante muchos años pensé que Pablo conocía la traición de Judas Iscariote a Jesús. Y tenía buenas razones: parece referirse a ella en 1 Corintios 11:23-24: «Porque yo recibí del Señor lo que también os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que fue traicionado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que es por vosotros. Haced esto en memoria de mí”» (NRSV).

Puesto que Pablo indica que la Última Cena tuvo lugar la noche en que Jesús fue traicionado, eso zanja la cuestión, ¿verdad? De ser así, sería un dato relativamente importante, entre otras razones porque, por lo demás, Pablo apenas dice nada sobre los acontecimientos de la vida de Jesús. A mucha gente le resulta extraño, pero basta con leer todas sus cartas. Pablo nunca menciona que Jesús curara a alguien, expulsara un demonio, realizara algún otro milagro, discutiera con los fariseos u otros dirigentes, enseñara a las multitudes, siquiera contara una parábola, fuera bautizado, se transfigurara, fuera a Jerusalén, fuera arrestado, sometido a juicio, declarado culpable de blasfemia, compareciera ante Poncio Pilato acusado de proclamarse rey de los judíos, fuera azotado, etcétera, etcétera, etcétera. La lista de cosas que no nos cuenta es larguísima. Y plantea una pregunta muy interesante: ¿POR QUÉ?

Hay varias explicaciones que he explorado anteriormente en el blog, pero ahora no quiero entrar en la cuestión del porqué, sino en la de qué nos cuenta.

En concreto, una de las cosas que Pablo no nos cuenta es que Judas traicionó a Jesús. Pero ¿alude a ello en este pasaje? Siempre lo pensé así, durante años y años. Hasta que investigué el asunto y leí lo que otros estudiosos habían dicho al respecto. Me convencieron. No creo que esto sea una referencia a la traición de Judas.

Pero ¿por qué no? El pasaje dice expresamente que Jesús celebró su última cena «la noche en que fue traicionado». Así que Pablo se refiere a la traición de Judas, ¿verdad? Pues probablemente no. «Fue traicionado» es, casi con toda seguridad, una traducción incorrecta del griego de este pasaje.

El término griego que Pablo emplea aquí es PARADIDOMI. Esa palabra significa literalmente «entregar».

Es una palabra relativamente frecuente en Pablo: la utiliza quince veces en las epístolas de autoría indiscutida. De hecho, la emplea otra vez en este mismo versículo: «lo que también os transmití [PARADIDOMI]». También la utiliza antes, en el mismo capítulo, en 11:2: «Os transmití [PARADIDOMI] las tradiciones que recibisteis». Evidentemente, en ninguno de estos casos significa «traicionar». Y lo mismo ocurre con las demás apariciones de la palabra en las cartas de Pablo.

Pero ¿podría tener ese significado cuando se trata de la entrega de «Jesús»? Es posible, por supuesto; sin embargo, la otra ocasión en que Pablo utiliza PARADIDOMI con Jesús como objeto se refiere a cómo Dios «entregó» a Jesús a su destino (Romanos 4:25; claramente, no lo «traicionó»).

Lo más probable, por tanto, es que eso sea también lo que Pablo quiere decir en 1 Corintios 11:23. No se refiere a la noche en que Judas «traicionó» a Jesús —para lo cual probablemente habría utilizado PRODIDOMI—, sino a la noche en que Dios entregó a Jesús a su destino. Así pues, probablemente no se trate de una referencia a la traición de Judas Iscariote.

De hecho, hay otro pasaje de Pablo que podría sugerir que ni siquiera conocía la tradición de la traición de Judas. En 1 Corintios 15, Pablo se propone explicar por qué los creyentes en Jesús resucitarán físicamente al final de los tiempos; su argumento se basa en gran medida en que el propio Jesús resucitó físicamente de entre los muertos. La resurrección que experimentó Jesús no fue una especie de resurrección espiritual, incorpórea, sino corporal, física. La prueba es que después Jesús se apareció realmente, en persona y corporalmente, a distintas personas.

Pablo ofrece una lista de personas (1 Corintios 15:5-8): primero se apareció a Cefas, después a los Doce, luego a más de quinientas personas, después se apareció… etcétera. Pero un momento. ¿Por qué dice Pablo que se apareció a «los Doce»? En los Evangelios, Jesús se aparece únicamente a «los Once». Judas ya no estaba con ellos: había abandonado el grupo —y, en Mateo, se había suicidado—. Pablo, sin embargo, dice que se apareció a los doce. ¿Acaso no sabe lo de Judas?

Hay dos interpretaciones habituales de esta cuestión. Una sostiene que Pablo utiliza aquí «los Doce» como una denominación técnica de «los discípulos más cercanos a Jesús», conocidos como «los Doce», independientemente de que fueran realmente doce. Probablemente sea la interpretación más común. Si parece extraño, pensemos que a veces hacemos algo parecido: empleamos una cifra que no es exacta para designar a un grupo. Por ejemplo, quienes sois aficionados al fútbol americano universitario conocéis muy bien la conferencia llamada The Big Ten —«los Diez Grandes»—, que, en fin, tiene dieciocho equipos.

La otra interpretación del pasaje quizá sea más plausible: Pablo habla de Jesús apareciéndose a «los Doce» porque cree que efectivamente se apareció a los doce discípulos, que seguían siendo fieles a él. Si fuera así, Pablo no conocería ninguna traición de Judas Iscariote a Jesús.

Tal vez os preguntéis cómo podía no saberlo. ¡Yo también! Quizá sí lo sabía. Pero quizá no. Si no lo sabía, podría deberse sencillamente a que conocía pocos detalles sobre la vida y la muerte de Jesús. La razón por la que esto parece inverosímil a muchos historiadores que han estudiado la cuestión es que sabemos que Pablo pasó dos semanas reuniéndose con Pedro, discípulo de Jesús, durante una estancia en Jerusalén, tres años después de su propia conversión (véase Gálatas 1). Seguramente Pedro le contó muchas cosas sobre la muerte de Jesús. Y sobre su vida. ¿No? Desde luego, no estarían hablando solamente del tiempo.

Es razonable pensarlo. Por otra parte, puede que Pablo y Pedro estuvieran muy ocupados hablando de otras cuestiones, como la manera de convertir a los gentiles a la nueva fe —la principal preocupación de Pablo— y si esos conversos tendrían que comenzar a observar la ley judía. Pablo pensaba: «¡En absoluto!». La mayoría de los demás apóstoles pensaban: «¡Por supuesto que sí!». ¡Pedro y Pablo tenían muchas cosas de las que hablar! Aun así, cabría pensar que Pedro mencionaría los acontecimientos importantes que rodearon la muerte de Jesús. Pero nunca lo sabremos.

Lo que sí podemos afirmar con certeza es que, si Pablo conocía a Judas Iscariote, no dice nada sobre él en sus escritos. Y en el único pasaje que parece referirse a él, resulta que no lo hace. Entonces, ¿lo sabía o no? Si no lo sabía, ¿cómo podía ignorarlo? Si lo sabía, ¿por qué nunca lo menciona ni siquiera alude a ello?

¡Ojalá lo supiera!


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