EL FIN DEL MUNDO III
Pensaba Pablo que el regreso del Señor, la transformación de los vivos y resurrección de los muertos, significaba el fin del mundo? Es posible reconstruir 1 Tesalonicenses 3:13-18 de esta manera: los creyentes transformados se encuentran con el Señor en los aires y permanecen ahí, y el reino está en el cielo. Pero es más probable que Pablo pensara que ascenderían para encontrarse con el Señor para después regresar a la tierra con él. De acuerdo con Filipenses 3:20 “La comunidad Cristiana es del cielo”, y espera la venida del Salvador desde éste”. Viene probablemente con un propósito: establecer su reino en la tierra. De manera similar en 2 Corintios 5:1, Pablo habla de un edificio/morada que es del Cielo/de Dios; o sea que descenderá y absorberá lo que es mortal (“del Cielo” no está claro en la mayoría de las traducciones). Finalmente, hay que señalar que Pablo esperaba que todo el universo físico sería transformado. La creación será liberada de la esclavitud de la corrupción” (Rom. 8:21). Es muy posible, pues, que Pablo aceptara la visión común Cristiana que Jesús establecería su reino en la tierra, pero en una tierra transformada, no más sujeta a la corrupción.
Por otro lado, 1 Corintios 15:24,28 apunta hacia una final disolución del mundo: después que Cristo haya reinado durante un tiempo, y destruido todos los enemigos, entregará el reino a Dios. El Hijo estará sometido a Dios, “para que Dios sea todo en todos” (como traducen correctamente, the New English Bible (NEB), la Biblia de Jerusalén (BJ), la New International Version (NIV) y la New Revised Standard Version (NRSV); e incorrectamente la Revised Standard Version (RSV) que dice “Dios será todo para todos”).
PARA ESTAR CON EL SEÑOR INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE LA MUERTE
Otra dificultad llevó a una formulación diferente de las expectativas de futuro. La dificultad fue el encarcelamiento de Pablo cuando escribió Filipenses. No se sabe cuando o donde tuvo lugar, y no se puede afirmar, por consiguiente, que un desarrollo cronológico había tenido lugar, pero el encarcelamiento hizo que Pablo considerara la posibilidad de su propia muerte antes del regreso del Señor. En cierta manera la esperaba:
“Y aunque mi sangre se derrame como libación sobre el sacrificio y la ofrenda de vuestra fe, me alegro y congratulo con vosotros” (Fil. 2:17).
“Pues para mí la vida es Cristo, y el morir, una ganancia. Pero si el vivir en el cuerpo significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger…. Me siento apremiado por ambos extremos. Por un lado desearía partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otro, quedarme en el cuerpo es más necesario para vosotros. Con esta convicción, sé que me quedaré y seguiré con todos vosotros….”(Fil. 1:21-5).
Aquí se puede ver que Pablo pensaba que si moría “partiría” y “estaría con Cristo”. Conceptualmente, esto es diferente a la expectativa de la transformación o resurrección de todos los creyentes en la Venida del Señor. Se aprecia aquí la idea Griega de la inmortalidad del alma, que es más bien individualista que comunal. Concibe la ascensión del alma de cada persona después de la muerte, en lugar de la transformación de todo el grupo de seguidores, vivos o muertos, al regreso de Cristo. Sin plantearse estas dos concepciones a sí mismo como alternativas, Pablo simplemente acepta ambas. Si muere, estará inmediatamente con Cristo; en el fin el Señor regresará y llevará a los suyos, en un estado transformado, para estar con él.
EL COMIENZO DE LA TRANSFORMACIÓN
En 2 Corintios 3:52-5:50 se ven esfuerzos adicionales para formular como será el estado final de los creyentes. Serán transformados pero Pablo considera que la transformación ya esta teniendo lugar en el presente: “…..Y todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen, cada vez más gloriosos. Así es como actúa el Señor, que es Espíritu” (2 Cor. 3:18); “….. Además, aunque nuestro hombre/naturaleza exterior se va desmoronando, el hombre/naturaleza interior se va renovando día a día” (2 Cor. 4:16). Por un lado la transformación de la antigua a la “nueva creación” ya está en progreso; por el otro el proceso no es visible sino interno.
Pablo regresa a la más pura noción Griega del alma en el cuerpo, de donde escapará: “….Mientras habitamos en el cuerpo, vivimos desterrados lejos del Señor….Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor” (2 Cor. 5:6-8).
Algunos han visto un desarrollo cronológico de la idea Judía de resurrección de cada uno al mismo tiempo hacia la idea “Griega” de la inmortalidad de las almas individuales. Esta, sin embargo, no es la explicación. En 2 Corintios 3-5 encontramos sucesivamente “renovación interior” (3:18), la promesa de resurrección (4:14) y la idea que el individuo, para estar “en casa con el Señor”, ha de estar “fuera del cuerpo” (5:6-8). Las que parecen ser ideas conceptuales diferentes yacen conjuntamente.
La distinción neta entre las categorías “Griega” y “Judía” es probablemente un tanto engañosa. No solo no fueron postuladas como alternativas por Pablo, es bastante posible que algunas Sinagogas de la Diáspora hubiesen combinado desde hacía tiempo inmortalidad y resurrección. En la literatura tardía Judía y Cristiana ambas aparecen explícitamente armonizadas: después de la muerte el alma asciende al cielo, para esperar la resurrección; en la resurrección alma y cuerpo se reúnen.
La expectativa del fin del orden del mundo presente –una de las convicciones centrales de Pablo- aparece en la que parece ser su última carta sobreviviente, Romanos (quizá porque Filipenses y Filemón, las epístolas desde la cárcel, no pueden ser datadas):
“Tened en cuenta el momento en que vivís e id pensando en espabilaros del sueño, pues la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada; el día se acerca…” (Rom. 13:11-12).
Pablo, en la medida que podemos entender su pensamiento, continuaba esperando la Llegada del Señor. Tuvo que alterar aspectos de esta esperanza en ciertas situaciones –la crisis en Tesalónica y la posibilidad de su propia muerte- y también hizo uso de la idea de inmortalidad individual. Pero al final sus convicciones básicas permanecieron.
martes 20 de marzo de 2012
domingo 18 de marzo de 2012
RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS
EL REGRESO DEL SEÑOR Y LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS II
La propia y errónea expectativa de Jesús de que el Reino de Dios estaba a las puertas llevó a sus seguidores a esperar una intervención divina en la historia y el consiguiente establecimiento del gobierno de Dios en el mundo, no sólo en el corazón y mentes de unos cuantos. El retraso de su realización en el tiempo socavó la expectativa de los Discípulos, pero la resurrección los convenció de que su maestro era ahora su Señor y que regresaría para establecer su reino.
Esta era la parte central de la temprana proclamación Cristiana: El Señor regresaría muy pronto para salvar a sus seguidores y establecer su reino. 1 Tesalonicenses deja claro que Pablo enseñó a sus conversos que el Señor regresaría pronto, que vivirían para ver este día, pero se puede ver que esta expectativa también estuvo en contradicción con los eventos.
Es debido a las dificultades que hubo en las iglesias de Pablo que éste se convirtió en “Teólogo”, desarrollando explicaciones racionales para sus creencias religiosas básicas. De las cinco más fundamentales convicciones -(1) Dios ha enviado a su Hijo; (2) éste fue crucificado, pero en beneficio de la humanidad; (3) resucitó de entre los muertos y fue exaltado al cielo; (4) regresará pronto, y aquellos que pertenezcan a él vivirán con él para siempre. El evangelio de Pablo, como los otros, también incluye (5) admoniciones para vivir de acuerdo con los estándares más elevados tanto ética como moralmente: “… que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 5:23)- las dos primeras se convierten en el sujeto del debate o incluso de controversia hostil entre los Cristianos. La implicación de la resurrección es tratada en Corinto; el retraso del Señor dio lugar a dudas en Tesalónica; el significado de “aquellos que tienen fe” llevó a un fiero debate, el cual se puede apreciar en Gálatas directamente y en Romanos más suave y distantemente; los Cristianos incluso no se ponían de acuerdo respecto a la conducta ética.
EL RETORNO DEL SEÑOR Y EL DESTINO DE LOS CRISTIANOS, LOS VIVOS Y LOS MUERTOS
El primer tema que encontramos en la correspondencia de Pablo (cronológicamente hablando) es el regreso del Señor, que es uno de los principales tópicos de 1 Tesalonicenses. Esto llevará a una discusión sobre la naturaleza de la resurrección.
El problema en Tesalónica era que algunos miembros habían muerto, y los que aún vivían estaban muy preocupados acerca de su destino. Esto indica el impulso del mensaje original de Pablo: no que los creyentes serían resucitados, sino más bien que vivirían hasta ser salvados cuando regresara el Señor. No se esperaba la muerte. Pablo escribió para asegurar a los que aún vivían que los muertos no se perderían el regreso del Señor. Esta seguridad, esperaba, impediría que los Cristianos de Tesalónica se entristecieran como hacían otros que no tenían esperanza (1 Tes. 4:13). El fundamento de esta confianza era que “Jesús murió y resucitó”, y por lo tanto aquellos que a él pertenecían, aunque hubiesen muerto, obtendrían la vida con él (4:14).
Pablo da lo que él llama “palabra del Señor”. Los Estudiosos debaten el significado del término, la mayoría piensan que el dicho es una revelación dada a un profeta Cristiano en lugar de una enseñanza del Jesús histórico. Otros se inclinan hacia lo opuesto a esto. Sea como sea, Pablo designa lo que sigue no como su propio punto de vista: “viene del Señor”. Dichos muy similares a “palabra del Señor” también son atribuidos a Jesús en los Evangelios. Si comparamos estos últimos con los de Pablo, y advertimos las circunstancias particulares a las que Pablo necesitaba aplicar el dicho, podremos identificar sus propias modificaciones. O sea, a pesar de su intención de citar una tradición más temprana, la altera para hacerla encajar en las circunstancias presentes. En particular aplicó un dicho que no menciona originalmente los muertos a la preocupación de los Tesalonicenses acerca de lo que les ocurriría a los Cristianos que muriesen antes del regreso del Señor. En la cita que sigue las probables modificaciones de Pablo están subrayadas:
“Os decimos esto como palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor, no nos adelantaremos a los que murieron. El mismo Señor bajará del cielo con clamor, acompañado de una voz de arcángel y del sonido de la trompeta de Dios. Entonces, los que murieron siendo creyentes en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en las nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras. (1 Tes. 4:15-18).
Los dichos atribuidos a Jesús en los Evangelios predicen que, durante la vida de los oyentes, el Hijo del hombre descenderá con los ángeles y el sonido de la trompeta (Mat. 16:27-8; 24:30-1). Así, esta expectativa surgió pronto (como su uso en Tesalonicenses muestra), y muchos Cristianos pensaban que era un dicho del mismo Jesús. La afirmación de Pablo difiere de los pasajes en los Evangelios en que: (1) Pablo escribe en primera persona, “nosotros”, mientras que los dichos en los Evangelios dicen “ustedes”. Este es un mero cambio editorial. (2) Pablo habla del regreso del “Señor” en lugar de la aparición del Hijo del hombre. Esto muestra la asunción Cristiana de que el Hijo del hombre mencionado por Jesús se refería al mismo Jesús. (3) Pablo tiene en cuenta a los que ya han muerto, y dice que precederán a los vivos. Esta es su principal modificación para enfrentar los problemas en Tesalónica. (4) La afirmación que los creyentes encontrarán al Señor en las nubes….. en el aire no tiene paralelo en los Evangelios.
La expectativa de que “nosotros” estaremos aún vivos puede haber sido común en los círculos Cristianos, mientras que la secuencia de “primero los que murieron después los que aún viven” es de Pablo, ideada por Pablo para enfrentar la situación a la que estaba enfrentado. Por lo tanto, cualquiera que sea la historia precisa de esta tradición, la cláusula explícita para los muertos parece ser de Pablo solamente, y fue creada para enfrentar el problema en Tesalónica. Una dificultad concreta dio lugar a un cambio en la tradición.
El cuarto punto distintivo, “en los aires”, lleva a una exploración de lo que Pablo esperaba. Parece que pensaba que tampoco los Cristianos que aún estaban con vida cuando el Señor retornase volarían hacia el cielo en sus cuerpos naturales, ni que sus almas dejarían sus cuerpos atrás. Esto se hace claro en la correspondencia Corintia. Los conversos Corintios, o al menos algunos de ellos, negaban la resurrección futura (ver 1 Cor. 15:12-13). Aparentemente pensaban que los dones espirituales que habían recibido constituían la vida nueva: ya eran “reyes” (1 Cor. 4:8). Pablo enfatizaba que lo más importante estaba aún por llegar. Como en 1 Tesalonicenses, igualaba el futuro estado de los vivos con el de los muertos en Cristo: todos serán transformados.
“Mirad! Os revelo un misterio: No moriremos todos, pero todos seremos transformados. En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final, los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Cor. 15:51-2).
El cambio los haría como el Señor Resucitado. “Y del mismo modo que hemos llevado la imagen del hombre terrestre, llevaremos también la imagen del celeste (Cristo) (1 Cor. 15:49). Pero a que se asemejaría esto? Pablo tenía difícil decir o explicar con precisión como sería el cuerpo transformado. Estaba convencido que había visto al Señor resucitado (1 Cor. 9:1), y por ello se sigue que el “hombre del cielo/celeste” era tanto visible como identificable. Por otro lado, había tenido lugar (y tendría lugar) una transformación real. “La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Cor. 15:50). La principal característica de los cuerpos de carne y sangre es que son perecederos, y lo perecedero no puede heredar lo no es perecedero (15:42-50).
Pablo pensaba al Jesús resucitado no como un cadáver que había recuperado la habilidad de respirar y caminar ni como un fantasma. Veía a Jesús como las “primicia” de la resurrección (1 Cor. 15:20) y pensaba que todos los Cristianos vendrían a ser como él. Negaba que el cuerpo resucitado vendría a ser un “cuerpo natural”, y mantenía que sería un “cuerpo espiritual” (1 Cor. 15:44-6). “No un cuerpo natural” excluye a un cadáver caminante, y un “cuerpo espiritual” excluye a un fantasma (lo que sería llamado en Griego simplemente un “espíritu”, pneuma). Positivamente habría continuidad entre la persona ordinaria y la resucitada, como ocurrió en el caso de Jesús. Para expresar esto, Pablo usó el símil de la semilla, que cuando es sembrada tiene una forma, pero cuando crece tiene otra (1 Cor. 15:36-8).
El grado hasta el cual pensaba la “transformación”, en lugar de la incorporeidad o resucitación, se puede apreciar en su discusión sobre la “puesta en marcha” de la inmortalidad. Pensando acerca de los que aún estarían vivos cuando el Señor regresara, escribió que la “naturaleza corruptible ha de vestirse con la incorruptible”, y lo naturaleza mortal con la inmortal. … Esto cumplirá la Escritura, “La muerte ha sido devorada por la victoria” (1 Cor. 15:53). Usa la misma imaginería en 2 Cor. 5. Los vivos están en la “tienda terrenal”, y desean no estar desnudos sino cubiertos, de manera que “lo que es mortal sea absorbido por la vida” (2 Cor. 5:4). La metáfora cambia de “tienda” a “vestido”, pero el significado está claro. La inmortalidad es “establecida” y reemplaza a la mortalidad. Pablo no pensaba en un alma interior que sale de su envoltura carnal y flota libremente, ni en una nueva vida insuflada en el mismo cuerpo, sino en la transformación, llevada a cabo absorbiendo la mortalidad con la inmortalidad, la cual la devora.
Es posible que si Pablo hubiese tendido conocimiento acerca de los átomos y moléculas, habría expresado todo esto en diferentes términos. Pues lo que afirma y niega está claro: la resurrección significa cuerpo transformado, no cadáver andante o espíritu desencarnado. No se le puede criticar que no fuese capaz de definir el “cuerpo espiritual” de manera más clara. Su información sobre el tópico era más bien derivada completamente de su experiencia y encuentro con el Jesús resucitado –una experiencia que no describe en sus cartas. Esta experiencia le llevó a realizar las afirmaciones que hemos visto, que no llegan ni mucho menos a ser una definición completa. No se puede describir su experiencia en su nombre para mejorar su definición del cuerpo resucitado, hay que conformarse pues con lo que pensaba.
La propia y errónea expectativa de Jesús de que el Reino de Dios estaba a las puertas llevó a sus seguidores a esperar una intervención divina en la historia y el consiguiente establecimiento del gobierno de Dios en el mundo, no sólo en el corazón y mentes de unos cuantos. El retraso de su realización en el tiempo socavó la expectativa de los Discípulos, pero la resurrección los convenció de que su maestro era ahora su Señor y que regresaría para establecer su reino.
Esta era la parte central de la temprana proclamación Cristiana: El Señor regresaría muy pronto para salvar a sus seguidores y establecer su reino. 1 Tesalonicenses deja claro que Pablo enseñó a sus conversos que el Señor regresaría pronto, que vivirían para ver este día, pero se puede ver que esta expectativa también estuvo en contradicción con los eventos.
Es debido a las dificultades que hubo en las iglesias de Pablo que éste se convirtió en “Teólogo”, desarrollando explicaciones racionales para sus creencias religiosas básicas. De las cinco más fundamentales convicciones -(1) Dios ha enviado a su Hijo; (2) éste fue crucificado, pero en beneficio de la humanidad; (3) resucitó de entre los muertos y fue exaltado al cielo; (4) regresará pronto, y aquellos que pertenezcan a él vivirán con él para siempre. El evangelio de Pablo, como los otros, también incluye (5) admoniciones para vivir de acuerdo con los estándares más elevados tanto ética como moralmente: “… que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 5:23)- las dos primeras se convierten en el sujeto del debate o incluso de controversia hostil entre los Cristianos. La implicación de la resurrección es tratada en Corinto; el retraso del Señor dio lugar a dudas en Tesalónica; el significado de “aquellos que tienen fe” llevó a un fiero debate, el cual se puede apreciar en Gálatas directamente y en Romanos más suave y distantemente; los Cristianos incluso no se ponían de acuerdo respecto a la conducta ética.
EL RETORNO DEL SEÑOR Y EL DESTINO DE LOS CRISTIANOS, LOS VIVOS Y LOS MUERTOS
El primer tema que encontramos en la correspondencia de Pablo (cronológicamente hablando) es el regreso del Señor, que es uno de los principales tópicos de 1 Tesalonicenses. Esto llevará a una discusión sobre la naturaleza de la resurrección.
El problema en Tesalónica era que algunos miembros habían muerto, y los que aún vivían estaban muy preocupados acerca de su destino. Esto indica el impulso del mensaje original de Pablo: no que los creyentes serían resucitados, sino más bien que vivirían hasta ser salvados cuando regresara el Señor. No se esperaba la muerte. Pablo escribió para asegurar a los que aún vivían que los muertos no se perderían el regreso del Señor. Esta seguridad, esperaba, impediría que los Cristianos de Tesalónica se entristecieran como hacían otros que no tenían esperanza (1 Tes. 4:13). El fundamento de esta confianza era que “Jesús murió y resucitó”, y por lo tanto aquellos que a él pertenecían, aunque hubiesen muerto, obtendrían la vida con él (4:14).
Pablo da lo que él llama “palabra del Señor”. Los Estudiosos debaten el significado del término, la mayoría piensan que el dicho es una revelación dada a un profeta Cristiano en lugar de una enseñanza del Jesús histórico. Otros se inclinan hacia lo opuesto a esto. Sea como sea, Pablo designa lo que sigue no como su propio punto de vista: “viene del Señor”. Dichos muy similares a “palabra del Señor” también son atribuidos a Jesús en los Evangelios. Si comparamos estos últimos con los de Pablo, y advertimos las circunstancias particulares a las que Pablo necesitaba aplicar el dicho, podremos identificar sus propias modificaciones. O sea, a pesar de su intención de citar una tradición más temprana, la altera para hacerla encajar en las circunstancias presentes. En particular aplicó un dicho que no menciona originalmente los muertos a la preocupación de los Tesalonicenses acerca de lo que les ocurriría a los Cristianos que muriesen antes del regreso del Señor. En la cita que sigue las probables modificaciones de Pablo están subrayadas:
“Os decimos esto como palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor, no nos adelantaremos a los que murieron. El mismo Señor bajará del cielo con clamor, acompañado de una voz de arcángel y del sonido de la trompeta de Dios. Entonces, los que murieron siendo creyentes en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en las nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras. (1 Tes. 4:15-18).
Los dichos atribuidos a Jesús en los Evangelios predicen que, durante la vida de los oyentes, el Hijo del hombre descenderá con los ángeles y el sonido de la trompeta (Mat. 16:27-8; 24:30-1). Así, esta expectativa surgió pronto (como su uso en Tesalonicenses muestra), y muchos Cristianos pensaban que era un dicho del mismo Jesús. La afirmación de Pablo difiere de los pasajes en los Evangelios en que: (1) Pablo escribe en primera persona, “nosotros”, mientras que los dichos en los Evangelios dicen “ustedes”. Este es un mero cambio editorial. (2) Pablo habla del regreso del “Señor” en lugar de la aparición del Hijo del hombre. Esto muestra la asunción Cristiana de que el Hijo del hombre mencionado por Jesús se refería al mismo Jesús. (3) Pablo tiene en cuenta a los que ya han muerto, y dice que precederán a los vivos. Esta es su principal modificación para enfrentar los problemas en Tesalónica. (4) La afirmación que los creyentes encontrarán al Señor en las nubes….. en el aire no tiene paralelo en los Evangelios.
La expectativa de que “nosotros” estaremos aún vivos puede haber sido común en los círculos Cristianos, mientras que la secuencia de “primero los que murieron después los que aún viven” es de Pablo, ideada por Pablo para enfrentar la situación a la que estaba enfrentado. Por lo tanto, cualquiera que sea la historia precisa de esta tradición, la cláusula explícita para los muertos parece ser de Pablo solamente, y fue creada para enfrentar el problema en Tesalónica. Una dificultad concreta dio lugar a un cambio en la tradición.
El cuarto punto distintivo, “en los aires”, lleva a una exploración de lo que Pablo esperaba. Parece que pensaba que tampoco los Cristianos que aún estaban con vida cuando el Señor retornase volarían hacia el cielo en sus cuerpos naturales, ni que sus almas dejarían sus cuerpos atrás. Esto se hace claro en la correspondencia Corintia. Los conversos Corintios, o al menos algunos de ellos, negaban la resurrección futura (ver 1 Cor. 15:12-13). Aparentemente pensaban que los dones espirituales que habían recibido constituían la vida nueva: ya eran “reyes” (1 Cor. 4:8). Pablo enfatizaba que lo más importante estaba aún por llegar. Como en 1 Tesalonicenses, igualaba el futuro estado de los vivos con el de los muertos en Cristo: todos serán transformados.
“Mirad! Os revelo un misterio: No moriremos todos, pero todos seremos transformados. En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final, los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Cor. 15:51-2).
El cambio los haría como el Señor Resucitado. “Y del mismo modo que hemos llevado la imagen del hombre terrestre, llevaremos también la imagen del celeste (Cristo) (1 Cor. 15:49). Pero a que se asemejaría esto? Pablo tenía difícil decir o explicar con precisión como sería el cuerpo transformado. Estaba convencido que había visto al Señor resucitado (1 Cor. 9:1), y por ello se sigue que el “hombre del cielo/celeste” era tanto visible como identificable. Por otro lado, había tenido lugar (y tendría lugar) una transformación real. “La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Cor. 15:50). La principal característica de los cuerpos de carne y sangre es que son perecederos, y lo perecedero no puede heredar lo no es perecedero (15:42-50).
Pablo pensaba al Jesús resucitado no como un cadáver que había recuperado la habilidad de respirar y caminar ni como un fantasma. Veía a Jesús como las “primicia” de la resurrección (1 Cor. 15:20) y pensaba que todos los Cristianos vendrían a ser como él. Negaba que el cuerpo resucitado vendría a ser un “cuerpo natural”, y mantenía que sería un “cuerpo espiritual” (1 Cor. 15:44-6). “No un cuerpo natural” excluye a un cadáver caminante, y un “cuerpo espiritual” excluye a un fantasma (lo que sería llamado en Griego simplemente un “espíritu”, pneuma). Positivamente habría continuidad entre la persona ordinaria y la resucitada, como ocurrió en el caso de Jesús. Para expresar esto, Pablo usó el símil de la semilla, que cuando es sembrada tiene una forma, pero cuando crece tiene otra (1 Cor. 15:36-8).
El grado hasta el cual pensaba la “transformación”, en lugar de la incorporeidad o resucitación, se puede apreciar en su discusión sobre la “puesta en marcha” de la inmortalidad. Pensando acerca de los que aún estarían vivos cuando el Señor regresara, escribió que la “naturaleza corruptible ha de vestirse con la incorruptible”, y lo naturaleza mortal con la inmortal. … Esto cumplirá la Escritura, “La muerte ha sido devorada por la victoria” (1 Cor. 15:53). Usa la misma imaginería en 2 Cor. 5. Los vivos están en la “tienda terrenal”, y desean no estar desnudos sino cubiertos, de manera que “lo que es mortal sea absorbido por la vida” (2 Cor. 5:4). La metáfora cambia de “tienda” a “vestido”, pero el significado está claro. La inmortalidad es “establecida” y reemplaza a la mortalidad. Pablo no pensaba en un alma interior que sale de su envoltura carnal y flota libremente, ni en una nueva vida insuflada en el mismo cuerpo, sino en la transformación, llevada a cabo absorbiendo la mortalidad con la inmortalidad, la cual la devora.
Es posible que si Pablo hubiese tendido conocimiento acerca de los átomos y moléculas, habría expresado todo esto en diferentes términos. Pues lo que afirma y niega está claro: la resurrección significa cuerpo transformado, no cadáver andante o espíritu desencarnado. No se le puede criticar que no fuese capaz de definir el “cuerpo espiritual” de manera más clara. Su información sobre el tópico era más bien derivada completamente de su experiencia y encuentro con el Jesús resucitado –una experiencia que no describe en sus cartas. Esta experiencia le llevó a realizar las afirmaciones que hemos visto, que no llegan ni mucho menos a ser una definición completa. No se puede describir su experiencia en su nombre para mejorar su definición del cuerpo resucitado, hay que conformarse pues con lo que pensaba.
martes 13 de marzo de 2012
PABLO, MONOTEÍSMO Y PROVIDENCIA
MONOTEÍSMO Y PROVIDENCIA I
Antes que se puedan comprender las principales disputas en las que Pablo estuvo involucrado, y su respuesta a estas, es necesario explicar las presuposiciones que Pablo aportó al debate, presuposiciones que sus contemporáneos Judíos, tanto amigos como enemigos, compartían generalmente. Pablo heredó del Judaísmo dos puntos de vista teológicos principales: solo hay un Dios; Dios controla el mundo. Estos dos puntos de vista parecen hacer de la historia un teatro de marionetas, pero no eran tan simplemente postulados. La mayoría de los Judíos consideraban otros poderes actuando en el mundo además de Dios, y pensaban que los humanos podía ejercer libertad de elección. El control o dominio de Dios era visto normalmente como ejercido en una escala muy grande: al final, el mundo se convertiría en lo que Dios quería. En general los Judíos no negaban que Dios pudiera intervenir en los asuntos diarios, pero no atribuían eventos menores a su Voluntad.
Todos estos puntos pueden ser observados en las cartas de Pablo: él creía en un Dios; pensaba que Dios estaba llevando a cabo un gran plan en la historia; y pensaba que los individuos podían decidir estar con él o contra él.
EL DIOS ÚNICO Y LOS PODERES ENEMIGOS
En 1 Corintios 8 Pablo considera si los Cristianos han de comer comida que ha sido ofrecida a un ídolo. Algunos de los Cristianos Corintios deseaban hacerlo argumentando que los ídolos no eran reales. Aceptaban un monoteísmo más radical que el de Pablo. Él les replicó que aunque los ídolos no existían realmente y aunque sólo hay un Dios, sin embargo hay muchos denominados dioses y señores. Los Corintios no han de comer comida ofrecida a los ídolos porque pueden ser malentendidos como si creyeran en los ídolos. Aunque parezca que Pablo acepta el monoteísmo radical, en el capítulo 10 retoma el tema: “ No penséis que estoy insinuando que lo inmolado a los ídolos es algo… Lo que inmolan los gentiles lo inmolan a los demonios, y no a Dios” (1 Cor. 10:19).
Por lo tanto no hay otros dioses, pero sí hay demonios. Los “llamados dioses y señores” en 1 Corintios 8:4-6 no son verdaderos Dioses y Señores, pero son algo. Pablo habla de ellos de otra manera: “seres que por naturaleza no son dioses” (como bien traduce la NRSV versión de la Biblia, una frase difícil en Gal. 4:8); Satán, se disfraza como “ángel de luz” (2 Cor. 11:14); otro dios, el “de este mundo” (2 Cor. 4:4); gobernantes de “este mundo” (1 Cor. 2:6); “principados” y “poderes” (Rom. 8:38), o “principados, dominaciones, y potestades” (1 Cor. 15:24). Había también rodillas que debían doblarse no sólo en la tierra, sino arriba y debajo de ésta (Filp. 2:10). Al final Cristo triunfará (Rom. 8:38; 1 Cor. 15:24-6; Filp. 2:9-22), pero mientras tanto, esos seres pueden crear muchos problemas.
Hay que poner especial atención al grado en el cual el Pecado es tratado en Pablo en tanto que poder enemigo. Esto está más claramente expresado cuando el nombre “amarrita”, pecado, es sujeto de un verbo distinto al verbo “ser”, como se da en Romanos 5-7. De acuerdo con Romanos 5:12, “el Pecado entró en el mundo”; después uno lee que “el Pecado reinó para traer la muerte”(5:21); que el Pecado “reina en nuestro cuerpo mortal”(6:12) o “para dominarnos”(6:14); que “el Pecado, aprovechándose del precepto, suscitó en mí toda suerte d concupiscencias”(7:8); que “revivió” (7:9); “que el Pecado, aprovechándose del precepto me sedujo, y por él me dio muerte” (7:11); y “que el Pecado se sirvió de una cosa buena para procurarme la muerte” (7:13). “El Pecado en tanto que poder nos hace esclavos” (6:16-18), “y así esclaviza” (6:20). O sea, el Pecado es una “ley que está en nuestros miembros y nos impide cumplir la ley de Dios (7:17-23). La única manera de escapar es abandonar la “Carne” (8:8), el dominio del Pecado, compartiendo la muerte de Cristo. Los Cristianos han muerto con Cristo y por lo tanto al Pecado (6:21), y han escapado no sólo al Pecado sino también a la ley (que condena) y a la “Carne”, el estado de enemistad hacia Dios (7:4-6).
Ahora unas palabras para explicar el término “la Carne”. Pablo algunas veces lo usa para dar a entender “el cuerpo físico”, pero en esta sección de romanos se refiere a menudo al estado de la humanidad cuando se opone a Dios. Así, sorprendentemente, Romanos 7:5: “…cuando nos dejábamos guiar por la carne”…., “Ahora, sin embargo, hemos quedado emancipados de la ley”…. “de modo que no podamos servir según un Espíritu nuevo, ni según un código anticuado”. El “nosotros” se refiere a Pablo y los demás Cristianos. Ya no están “en la Carne”, aunque estén aún en el cuerpo. Como dice en Romanos 8:9, “..vosotros no vivís según la Carne, sino según el Espíritu…”, continuando con el contraste entre Carne y Espíritu (8:9-13). Quizá ésta es la explicación de por qué Pablo usa “Carne” para significar la “humanidad” en el estado de oposición al Dios; es la palabra opuesta a “Espíritu”, que a su vez denota el poder divino. Esta es, de cualquier forma, la mejor manera de decidir cuando capitalizar Carne, de manera que señale no a la humanidad físicamente hablando, sino a la humanidad bajo un poder enemigo. Es esto último cuando hay un contraste claro entre esta y el Espíritu de Dios. Entonces carne se convierte en Carne.
En esta sección de Romanos Pablo trata el Pecado como un poder que no sólo es alienado respecto a Dios sino que es muy poderoso; de hecho, a veces gana en la lucha. Es importante señalar que Pablo no ofrece ninguna explicación antropológica, teológica, o cosmológica de este concepto de Pecado. El punto de vista Judío, es que Dios ha creado el mundo y lo ha declarado bueno, una enseñanza que no es fácilmente reconciliable con la visión del Pecado como poder lo suficientemente fuerte como para luchar contra la ley controlada por Dios o hacer de a los humanos seres incapaces de realizar lo que es bueno (Rom. 7:11,19).
Hay dos pasajes principales que llevan a, aunque no dan cuenta de, el punto de vista que toda la humanidad, Cristo aparte, está bajo el poder del Pecado. En Romanos 1-2 tanto los Gentiles como los Judíos son acusados de grandes transgresiones (homosexualidad y todo tipo de maldades de parte de los Gentiles, y del robo de templos y adulterio por parte de los Judíos), y Pablo saca la conclusión de que todos, “tanto Judíos como Griegos, están bajo el dominio del pecado” (Rom. 3:9). La acusación no se refiere a que la gente peque, sino a que están todos bajo el dominio del Pecado. Los cargos de horribles inmoralidades, no cuentan, para la conclusión de Pablo de que todos están bajo el poder del Pecado. Esto es en parte porque sus acusaciones son exageradas. Tanto los Gentiles como los Judíos tenían “santos”, gente cuyas vidas eran irreprochables. No es probable que el punto de vista de Pablo sobre el pecado universal esté fundamentada en una observación empírica. Además, a pesar de su catálogo de cargos Pablo admite que algunos Gentiles, aunque no observan la ley, “hacen, no obstante, por naturaleza lo que la Ley requiere”, y éstos serán justificados por sus obras en el juicio (Rom. 2:13-14). La conclusión en 3:9 no se corresponde en nada con esto: los cargos en los capítulos 1-2 exageran el caso y la conclusión es contradicha por 2:13-14. Lo que esto significa es que la conclusión de Pablo, que todos estamos bajo el Pecado, no se deriva de la línea de observación y razonamiento que él presenta en los dos capítulos previos.
Lo mismo es verdad para Romanos 5, donde Pablo argumenta a favor de la universalidad del pecado. Adán, dice, pecó, e introdujo el pecado y la muerte consiguiente en el mundo; “y así la muerte alcanzó a todos los hombres, puesto que todos pecaron” (Rom. 5:12). A esto le siguen las afirmaciones que “no hay Pecado donde no hay ley” y que “la muerte reinó desde Adán a Moisés aún sobre aquellos que no cometieron un pecado semejante al de Adán” (5:13-14). En orden a hacer el dominio del pecado universal, Pablo quiso hacer instrumental a Adán. Pero tenía ahí dos problemas: las transgresiones de la ley anteriores a todo esto no contaban; no todos pecaron, como hizo Adán, rebelándose contra el mandamiento de Dios. A pesar de estos problemas afirmó las consecuencias: “por la desobediencia de un hombre muchos fueron hechos pecadores” (5:19). Su antropología (diferente de la de Agustín) no incluía la concepción de pecado heredado, y no tenía, por lo tanto, manera lógica de “demostrar” la condenación universal apelando a Adán. Simplemente lo afirmó, mientras él mismo citaba puntos que contradecía esto. Lo que se ve en ambos casos es una conclusión que es independiente del argumento que le precede. El pecado de Adán no demuestra, según la propia afirmación de Pablo, que toda la humanidad es pecadora y está condenada. Los horribles pecados de algunos Griegos y Judíos no llevan, incluso en la propia presentación que de ellos hace Pablo, a la visión que todos los humanos están esclavizados por el Pecado. Esto significa que mantenía esta conclusión como punto de vista fijo y trató de avanzar argumentos a favor de ésta, aunque sin éxito lógico. La conclusión, en otras palabras, no solo es independiente de los argumentos sino que es incluso más importante.
Si la consideración expuesta en Romanos 1-2 y 5 no explica el origen de la concepción de Pablo acerca del Pecado, se podría decir de dónde viene? Hay dos posibilidades. Una es que Pablo no llegó al Cristianismo con una preconcebida concepción de la condición pecaminosa de la humanidad, sino que más bien dedujo esta condición de la solución. Una vez hubo aceptado como revelación que Dios deseaba salvar al mundo entero enviando a su Hijo, naturalmente tuvo que pensar que el mundo entero necesitaba ser salvado, y que, por lo tanto, estaba completamente dominado por el Pecado. Su soteriología es más consistente y abierta que su concepción de la condición humana. Parece que su punto de vista fijo acerca de la salvación lo forzó a ir en busca de argumentos a favor del pecado universal. Esto explica por qué Romanos 1-2 y 5 es tan débil en tanto que argumentos razonables que llevan a semejante conclusión definitiva. La conclusión que todos necesitan ser salvados por Cristo, dado que Pablo la recibió como revelación, no podía ser cuestionada; los argumentos a favor del dominio universal del Pecado, son, pues, esfuerzos para una racionalización.
Esta es una explicación. La segunda es que Pablo había mezclado aspectos de una visión dualista del mundo, de acuerdo con la cual el orden creado está al menos en parte bajo control del dios de las tinieblas. El dualismo Iraní (Zoroastriano) había penetrado el Mediterráneo, y se puede ver esto en los Rollos del Mar Muerto, por ejemplo, cuando distinguen entre el ángel de las tinieblas y el ángel de luz, los hijos de las tinieblas y los hijos de la luz (por ejemplo, “Regla de la Comunidad” 3:17 – 4:1). Hay ecos de esta terminología en Pablo. En 2 Corintios 11:14, donde Satán se dice se disfraza de “ángel de luz”, Satán es, en efecto, el “ángel de las tinieblas”.
Es probable que Pablo pudo haber sido influenciado por el dualismo, especialmente dado que consideraba que todo el orden creado necesitaba redención (Rom. 8:19-23), aunque éste no fuese culpable de transgresión. Pero aquí también se puede ver que a pesar de algunas influencias dualistas, Pablo no era un dualista. Pablo proponía que era Dios mismo quien había sometido la creación a la “futilidad”, y que lo había hecho “con esperanza”, planeando su redención. No hay admisión formal en Romanos 8 de un segundo poder, mucho menos de un segundo dios. Pero Pablo sí creía en las fuerzas espirituales malas que llamaba con varios nombres, como está señalado más arriba. Estos no-dioses podía cegar (2 Cor. 4:4) y esclavizar (Gal. 4:8), en el Pecado (Rom. 6:6).
Si hay alguna verdad en la sugerencia que Pablo fue influenciado por el pensamiento dualista, hay aún más en el punto de vista que sus discusiones acerca del pecado son el reflejo de su soteriología. Se puede apreciar la fuerza de ésta última más completamente cuando se considera su punto de vista acerca del trabajo de Dios en la historia, que se puede muy bien llamar “Providencia”, y después uno se puede preguntar acerca de la relación entre providencia y pecado.
Antes que se puedan comprender las principales disputas en las que Pablo estuvo involucrado, y su respuesta a estas, es necesario explicar las presuposiciones que Pablo aportó al debate, presuposiciones que sus contemporáneos Judíos, tanto amigos como enemigos, compartían generalmente. Pablo heredó del Judaísmo dos puntos de vista teológicos principales: solo hay un Dios; Dios controla el mundo. Estos dos puntos de vista parecen hacer de la historia un teatro de marionetas, pero no eran tan simplemente postulados. La mayoría de los Judíos consideraban otros poderes actuando en el mundo además de Dios, y pensaban que los humanos podía ejercer libertad de elección. El control o dominio de Dios era visto normalmente como ejercido en una escala muy grande: al final, el mundo se convertiría en lo que Dios quería. En general los Judíos no negaban que Dios pudiera intervenir en los asuntos diarios, pero no atribuían eventos menores a su Voluntad.
Todos estos puntos pueden ser observados en las cartas de Pablo: él creía en un Dios; pensaba que Dios estaba llevando a cabo un gran plan en la historia; y pensaba que los individuos podían decidir estar con él o contra él.
EL DIOS ÚNICO Y LOS PODERES ENEMIGOS
En 1 Corintios 8 Pablo considera si los Cristianos han de comer comida que ha sido ofrecida a un ídolo. Algunos de los Cristianos Corintios deseaban hacerlo argumentando que los ídolos no eran reales. Aceptaban un monoteísmo más radical que el de Pablo. Él les replicó que aunque los ídolos no existían realmente y aunque sólo hay un Dios, sin embargo hay muchos denominados dioses y señores. Los Corintios no han de comer comida ofrecida a los ídolos porque pueden ser malentendidos como si creyeran en los ídolos. Aunque parezca que Pablo acepta el monoteísmo radical, en el capítulo 10 retoma el tema: “ No penséis que estoy insinuando que lo inmolado a los ídolos es algo… Lo que inmolan los gentiles lo inmolan a los demonios, y no a Dios” (1 Cor. 10:19).
Por lo tanto no hay otros dioses, pero sí hay demonios. Los “llamados dioses y señores” en 1 Corintios 8:4-6 no son verdaderos Dioses y Señores, pero son algo. Pablo habla de ellos de otra manera: “seres que por naturaleza no son dioses” (como bien traduce la NRSV versión de la Biblia, una frase difícil en Gal. 4:8); Satán, se disfraza como “ángel de luz” (2 Cor. 11:14); otro dios, el “de este mundo” (2 Cor. 4:4); gobernantes de “este mundo” (1 Cor. 2:6); “principados” y “poderes” (Rom. 8:38), o “principados, dominaciones, y potestades” (1 Cor. 15:24). Había también rodillas que debían doblarse no sólo en la tierra, sino arriba y debajo de ésta (Filp. 2:10). Al final Cristo triunfará (Rom. 8:38; 1 Cor. 15:24-6; Filp. 2:9-22), pero mientras tanto, esos seres pueden crear muchos problemas.
Hay que poner especial atención al grado en el cual el Pecado es tratado en Pablo en tanto que poder enemigo. Esto está más claramente expresado cuando el nombre “amarrita”, pecado, es sujeto de un verbo distinto al verbo “ser”, como se da en Romanos 5-7. De acuerdo con Romanos 5:12, “el Pecado entró en el mundo”; después uno lee que “el Pecado reinó para traer la muerte”(5:21); que el Pecado “reina en nuestro cuerpo mortal”(6:12) o “para dominarnos”(6:14); que “el Pecado, aprovechándose del precepto, suscitó en mí toda suerte d concupiscencias”(7:8); que “revivió” (7:9); “que el Pecado, aprovechándose del precepto me sedujo, y por él me dio muerte” (7:11); y “que el Pecado se sirvió de una cosa buena para procurarme la muerte” (7:13). “El Pecado en tanto que poder nos hace esclavos” (6:16-18), “y así esclaviza” (6:20). O sea, el Pecado es una “ley que está en nuestros miembros y nos impide cumplir la ley de Dios (7:17-23). La única manera de escapar es abandonar la “Carne” (8:8), el dominio del Pecado, compartiendo la muerte de Cristo. Los Cristianos han muerto con Cristo y por lo tanto al Pecado (6:21), y han escapado no sólo al Pecado sino también a la ley (que condena) y a la “Carne”, el estado de enemistad hacia Dios (7:4-6).
Ahora unas palabras para explicar el término “la Carne”. Pablo algunas veces lo usa para dar a entender “el cuerpo físico”, pero en esta sección de romanos se refiere a menudo al estado de la humanidad cuando se opone a Dios. Así, sorprendentemente, Romanos 7:5: “…cuando nos dejábamos guiar por la carne”…., “Ahora, sin embargo, hemos quedado emancipados de la ley”…. “de modo que no podamos servir según un Espíritu nuevo, ni según un código anticuado”. El “nosotros” se refiere a Pablo y los demás Cristianos. Ya no están “en la Carne”, aunque estén aún en el cuerpo. Como dice en Romanos 8:9, “..vosotros no vivís según la Carne, sino según el Espíritu…”, continuando con el contraste entre Carne y Espíritu (8:9-13). Quizá ésta es la explicación de por qué Pablo usa “Carne” para significar la “humanidad” en el estado de oposición al Dios; es la palabra opuesta a “Espíritu”, que a su vez denota el poder divino. Esta es, de cualquier forma, la mejor manera de decidir cuando capitalizar Carne, de manera que señale no a la humanidad físicamente hablando, sino a la humanidad bajo un poder enemigo. Es esto último cuando hay un contraste claro entre esta y el Espíritu de Dios. Entonces carne se convierte en Carne.
En esta sección de Romanos Pablo trata el Pecado como un poder que no sólo es alienado respecto a Dios sino que es muy poderoso; de hecho, a veces gana en la lucha. Es importante señalar que Pablo no ofrece ninguna explicación antropológica, teológica, o cosmológica de este concepto de Pecado. El punto de vista Judío, es que Dios ha creado el mundo y lo ha declarado bueno, una enseñanza que no es fácilmente reconciliable con la visión del Pecado como poder lo suficientemente fuerte como para luchar contra la ley controlada por Dios o hacer de a los humanos seres incapaces de realizar lo que es bueno (Rom. 7:11,19).
Hay dos pasajes principales que llevan a, aunque no dan cuenta de, el punto de vista que toda la humanidad, Cristo aparte, está bajo el poder del Pecado. En Romanos 1-2 tanto los Gentiles como los Judíos son acusados de grandes transgresiones (homosexualidad y todo tipo de maldades de parte de los Gentiles, y del robo de templos y adulterio por parte de los Judíos), y Pablo saca la conclusión de que todos, “tanto Judíos como Griegos, están bajo el dominio del pecado” (Rom. 3:9). La acusación no se refiere a que la gente peque, sino a que están todos bajo el dominio del Pecado. Los cargos de horribles inmoralidades, no cuentan, para la conclusión de Pablo de que todos están bajo el poder del Pecado. Esto es en parte porque sus acusaciones son exageradas. Tanto los Gentiles como los Judíos tenían “santos”, gente cuyas vidas eran irreprochables. No es probable que el punto de vista de Pablo sobre el pecado universal esté fundamentada en una observación empírica. Además, a pesar de su catálogo de cargos Pablo admite que algunos Gentiles, aunque no observan la ley, “hacen, no obstante, por naturaleza lo que la Ley requiere”, y éstos serán justificados por sus obras en el juicio (Rom. 2:13-14). La conclusión en 3:9 no se corresponde en nada con esto: los cargos en los capítulos 1-2 exageran el caso y la conclusión es contradicha por 2:13-14. Lo que esto significa es que la conclusión de Pablo, que todos estamos bajo el Pecado, no se deriva de la línea de observación y razonamiento que él presenta en los dos capítulos previos.
Lo mismo es verdad para Romanos 5, donde Pablo argumenta a favor de la universalidad del pecado. Adán, dice, pecó, e introdujo el pecado y la muerte consiguiente en el mundo; “y así la muerte alcanzó a todos los hombres, puesto que todos pecaron” (Rom. 5:12). A esto le siguen las afirmaciones que “no hay Pecado donde no hay ley” y que “la muerte reinó desde Adán a Moisés aún sobre aquellos que no cometieron un pecado semejante al de Adán” (5:13-14). En orden a hacer el dominio del pecado universal, Pablo quiso hacer instrumental a Adán. Pero tenía ahí dos problemas: las transgresiones de la ley anteriores a todo esto no contaban; no todos pecaron, como hizo Adán, rebelándose contra el mandamiento de Dios. A pesar de estos problemas afirmó las consecuencias: “por la desobediencia de un hombre muchos fueron hechos pecadores” (5:19). Su antropología (diferente de la de Agustín) no incluía la concepción de pecado heredado, y no tenía, por lo tanto, manera lógica de “demostrar” la condenación universal apelando a Adán. Simplemente lo afirmó, mientras él mismo citaba puntos que contradecía esto. Lo que se ve en ambos casos es una conclusión que es independiente del argumento que le precede. El pecado de Adán no demuestra, según la propia afirmación de Pablo, que toda la humanidad es pecadora y está condenada. Los horribles pecados de algunos Griegos y Judíos no llevan, incluso en la propia presentación que de ellos hace Pablo, a la visión que todos los humanos están esclavizados por el Pecado. Esto significa que mantenía esta conclusión como punto de vista fijo y trató de avanzar argumentos a favor de ésta, aunque sin éxito lógico. La conclusión, en otras palabras, no solo es independiente de los argumentos sino que es incluso más importante.
Si la consideración expuesta en Romanos 1-2 y 5 no explica el origen de la concepción de Pablo acerca del Pecado, se podría decir de dónde viene? Hay dos posibilidades. Una es que Pablo no llegó al Cristianismo con una preconcebida concepción de la condición pecaminosa de la humanidad, sino que más bien dedujo esta condición de la solución. Una vez hubo aceptado como revelación que Dios deseaba salvar al mundo entero enviando a su Hijo, naturalmente tuvo que pensar que el mundo entero necesitaba ser salvado, y que, por lo tanto, estaba completamente dominado por el Pecado. Su soteriología es más consistente y abierta que su concepción de la condición humana. Parece que su punto de vista fijo acerca de la salvación lo forzó a ir en busca de argumentos a favor del pecado universal. Esto explica por qué Romanos 1-2 y 5 es tan débil en tanto que argumentos razonables que llevan a semejante conclusión definitiva. La conclusión que todos necesitan ser salvados por Cristo, dado que Pablo la recibió como revelación, no podía ser cuestionada; los argumentos a favor del dominio universal del Pecado, son, pues, esfuerzos para una racionalización.
Esta es una explicación. La segunda es que Pablo había mezclado aspectos de una visión dualista del mundo, de acuerdo con la cual el orden creado está al menos en parte bajo control del dios de las tinieblas. El dualismo Iraní (Zoroastriano) había penetrado el Mediterráneo, y se puede ver esto en los Rollos del Mar Muerto, por ejemplo, cuando distinguen entre el ángel de las tinieblas y el ángel de luz, los hijos de las tinieblas y los hijos de la luz (por ejemplo, “Regla de la Comunidad” 3:17 – 4:1). Hay ecos de esta terminología en Pablo. En 2 Corintios 11:14, donde Satán se dice se disfraza de “ángel de luz”, Satán es, en efecto, el “ángel de las tinieblas”.
Es probable que Pablo pudo haber sido influenciado por el dualismo, especialmente dado que consideraba que todo el orden creado necesitaba redención (Rom. 8:19-23), aunque éste no fuese culpable de transgresión. Pero aquí también se puede ver que a pesar de algunas influencias dualistas, Pablo no era un dualista. Pablo proponía que era Dios mismo quien había sometido la creación a la “futilidad”, y que lo había hecho “con esperanza”, planeando su redención. No hay admisión formal en Romanos 8 de un segundo poder, mucho menos de un segundo dios. Pero Pablo sí creía en las fuerzas espirituales malas que llamaba con varios nombres, como está señalado más arriba. Estos no-dioses podía cegar (2 Cor. 4:4) y esclavizar (Gal. 4:8), en el Pecado (Rom. 6:6).
Si hay alguna verdad en la sugerencia que Pablo fue influenciado por el pensamiento dualista, hay aún más en el punto de vista que sus discusiones acerca del pecado son el reflejo de su soteriología. Se puede apreciar la fuerza de ésta última más completamente cuando se considera su punto de vista acerca del trabajo de Dios en la historia, que se puede muy bien llamar “Providencia”, y después uno se puede preguntar acerca de la relación entre providencia y pecado.
domingo 4 de marzo de 2012
PERSECUCIÓN DURANTE LOS SIGLOS XI Y XII
PARTE III, PERSECUCIÓN DURANTE LOS SIGLOS XI Y XII
Las, no muy numerosas, ejecuciones de herejes durante los siglos XI y XII fueron, en su mayor parte realizadas por las autoridades seculares o por la turba. El clero, aunque interesado en la eliminación de las herejías, generalmente usaba la persuasión y era renuente a la hora de aplicar el uso de la fuerza. Pero hubo excepciones. En 1025 Gerardo, obispo de Cambrai, estaba visitando su diócesis. En Arras un grupo de heréticos le fue denunciado. Hizo que se torturara a este grupo y, cuando se mostraron dispuestos a hacer penitencia, los reconcilió con la Iglesia. En 1035 a Heriberto, arzobispo de Milán, unos heréticos le fueron denunciados en Monteforte. Habiéndolos interrogado y encontrándolos impenitentes, los hizo quemar vivos. Cuando Gerardo III, obispo de Cambrai, pasaba por un pequeño pueblo realizando una visita en 1077, un hereje llamado Rhamird le fue denunciado. Después de un interrogatorio Rhamird también fue quemado.
Estos son ejemplos tempranos del tipo de procedimiento legal que los profesionales en derecho e historiadores jurídicos llaman “inquisitorial”, que estuvo en acentuado contraste con el tipo de procedimiento acusatorio que era la norma en la Edad Media. Mientras que bajo la norma del procedimiento acusatorio la iniciativa a la hora de realizar un cargo estaba a cargo de un individuo, bajo el procedimiento inquisitorial estaba a cargo de las autoridades. Las autoridades eran responsables de obtener, del público, información acerca de los criminales. Esto significaba que dependían de las denuncias. Una vez tenían información suficiente, el juez mismo procedía a una investigación, o “inquisición”, del sospechoso.
El comienzo de este tipo de procedimiento se puede trazar hacia atrás hasta la ley Romana tal y como existía bajo el Imperio. En la ley Romana, como en la Germana, la norma era el procedimiento acusatorio –pero, había excepciones. Sobretodo en casos de “crimen laesae majestatis” las autoridades requerían iniciar una investigación, e individuos privados eran requeridos para realizar las denuncias. Algo de esta actitud pasó al canon de la ley de la iglesia medieval. Desde una fecha muy temprana el disidente religioso tendía a ser visto como infractor contra la divina majestad, y es significativo que todos los ejemplos tempranos del procedimiento inquisitorial tuvieron lugar en el contexto de la lucha contra la disidencia religiosa.
A medida que se extendía la disidencia religiosa se introdujo legislación para combatirla. En el Sínodo de Verona en 1184 el Papa Lucio III y el Emperador Federico I decretaron la excomunión de los herejes, los herejes que se negaran a retractarse, o que una vez retractados recayeran, habían de ser entregados a los poderes civiles para ser castigados. En respuesta a los decretos del cuarto Concilio de Letrán en 1215, varios gobernantes decretaron la pena de muerte para la herejía obstinada. En 1231 el Papa Gregorio IX y el Emperador Federico II, actuando coordinadamente, establecieron una legislación coherente contra herejes en el Imperio. Por vez primera las diferentes penas por herejía –incluida la muerte- fueron claramente formuladas.
Mientras tanto el procedimiento inquisitorial iba siendo poco a poco institucionalizado. A comienzos del siglo XIII el gran administrador Papa Inocencio III lo estableció como la manera normal de proceder contra los clérigos. Un clérigo no podía ser juzgado excepto por un tribunal eclesiástico, ni podía, bajo la ley canóniga, ser acusado por un clérigo de rango inferior. En la práctica esto significaba que los obispos, abades y similares estaban más bien exentos de sanciones legales. Así, el procedimiento Inquisitorial capacitaba a las autoridades eclesiásticas, cuando lo considerasen apropiado, iniciar procesos contra los clérigos de más alto rango. Esta fue sin duda una encomiable reforma, pero tomó un nuevo significado bajo el mandato de la Inquisición.
La Inquisición toma su nombre del procedimiento inquisitorial y no, como se ha asumido a menudo, viceversa: llevaba a cabo inquisiciones, o indagaciones oficiales, y realizaba “juicios inquisitoriales”. Pero, en tanto que institución, adaptó el procedimiento inquisitorial a sus propósitos, que eran la erradicación de la herejía. Tal y como lo usaba la Inquisición el proceso era extremadamente injusto para el acusado. No tenía derecho a un abogado y cuando tenía uno, éste estaba más preocupado en hacerle confesar que en defenderlo. Cualquier prisionero que insistiera en su inocencia podía ser encarcelado de por vida. Un prisionero que confesase sería llamado tres días después para confirmar su confesión, tenía que reconocer explícitamente que había confesado por “propia voluntad”, y no “a causa del miedo a la tortura”. Si esto era realizado satisfactoriamente era reconciliado con la Iglesia y había de realizar algún tipo de penitencia o sufrir algún castigo, unas veces suaves otras muy duro. Si a alguno se le ocurría retractarse de su confesión –por ejemplo, debido a que esta había sido extraída mediante tortura- era considerado hereje reincidente y (como no se le permitía matar a la Iglesia) era entregado al poder secular para ser quemado vivo. El procedimiento perfeccionado y sistematizado por la Inquisición era un instrumento con terribles potencialidades.
La Inquisición quedó completamente organizada solo en la segunda mitad del siglo XIII, pero ya en 1231, después del acuerdo entre Gregorio IX y Federico II, el arzobispo de Mainz nombró a un tal Conrad de Marburg inquisidor de su amplia sede. Fue un nombramiento desafortunado, pues el hombre resultó ser un completo fanático. Además, no había ningún tipo de procedimiento establecido para parar su fanatismo. El procedimiento posteriormente desarrollado por la Inquisición, injusto y perverso, no obstante, era menos arbitrario que el procedimiento elaborado por este pionero amateur(1).
Parece ser que Conrad era de descendencia aristocrática y había pertenecido anteriormente a la orden monástica de los Premonstratenses, aunque era un simple sacerdote secular. Tenía una educación universitaria, probablemente en Paris, y era conocido por sus conocimientos, pero fue más famoso por su formidable personalidad y vida austera. Delgado por los ayunos, y de semblante sombrío y amenazante era seco y temido. Completamente incorruptible, aunque pasó bastantes años en la corte del Conde de Turingia, y ejerció gran influencia, se negó a recibir beneficios y quiso seguir siendo un simple sacerdote. Era terriblemente severo. Como confesor de la condesa –hoy Santa Elizabet de Turingia- trataba a su penitente con una dureza extraordinaria incluso para las costumbres de le época. Por ejemplo, embaucaba a esta viuda de veintiún años con cualquier pequeña falta o desobediencia para después hacer que ella y sus doncellas fueran azotadas tan severamente que las cicatrices eran aún visibles semanas después.
Los Papas estaban acostumbrados a confiar en Conrad la defensa de la fe. En 1215 y, de nuevo, en 1227, mientras se hacían planes para una nueva Cruzada contra el Islam, Conrad fue nombrado para predicar la Cruzada. Se desplazaba de un lugar a otro montado en un burro, en imitación de Jesús –le seguía una multitud de clérigos y laicos, hombres y mujeres, cuando se acercaba a un pueblo los habitantes salían en procesión a su encuentro, con velas, banderas e incienso. Su éxito como predicador de la Cruzada le hizo famoso.
Conrad también tenía mucha experiencia en la defensa de la fe contra enemigos internos. Insistía en que los obispos estaban obligados, bajo pena de expulsión, de perseguir y castigar a los herejes en sus diócesis, el Concilio de Letrán de 1215 animó a los informadores. Aquellos a los que les consumía la urgencia de exterminar a todos los herejes se apresuraron con denuncias. Entre ellos Conrad se distinguió, su celo no pasó inadvertido. En 1227 el Papa le encargó la tarea de preparar informes sobre la base de cuales denuncias formales podían ser presentadas con los obispos. En 1229 Conrad predicó contra los herejes en Estrasburgo, con tanta eficacia que dos personas fueron quemadas. Su nombramiento en 1231 como primer oficial inquisidor en Alemania era la culminación apropiada para su carrera.
Pero ya había una pareja de inquisidores no oficiales, por su cuenta. Uno era un hermano laico de la Orden Dominicana llamado Conrad Torso, el otro, vizco, un granuja armado llamado Johannes, de ambos se decía que anteriormente habían sido herejes. Deben haber adquirido de alguna manera el prestigio del que, en aquellos tiempos, disfrutaban los hombres santos, pues tenían el apoyo del populacho, lo que les capacitaba para intimidar a los magistrados para que quemaran a quienquiera ellos designaran. Los frailes, Dominicanos y Franciscanos igualmente, también cumplían sus órdenes y les ayudaban en las quemas.
Conrad Torso y Johannes comenzaron descubriendo a algunos herejes genuinos –gente que no solo admitían sus creencias sino que persistían impenitentemente en ellas. Estos fueron debidamente juzgados, condenados y llevados ante la justicia secular para ser ejecutados. Pero pronto los dos se mostraron mucho menos discriminatorios. Afirmaban detectar los herejes según su apariencia, y a medida iban de pueblo en pueblo y ciudad en ciudad denunciaban a la gente basados en meros fundamentos intuitivos. Los quemados ahora incluían a Católicos perfectamente ortodoxos, quienes desde las llamas invocaban a Jesús, María y los Santos. “De buena gana quemaríamos a cientos, decían los inquisidores amateurs, aunque hubiese entre ellos un solo culpable”(2).
Primeramente encontraron sus víctimas entre los pobres, pero esto no les satisfacía, y pronto idearon un mecanismo para poner a los ricos a merced de ellos. El rey Germano, Enrique VII, había promulgado un decreto referente a la posesión de la propiedad de cualquier ciudadano condenado por herejía. Parte de la propiedad iba al Señor Feudal, pero otra parte pasaba a sus herederos. Los inquisidores propusieron un nuevo arreglo: cuando un rico fuese quemado/a bajo su acusación, toda la propiedad debía ser confiscada y dividida entre todos los Señores, incluído el Rey. Los herederos no recibirían nada en absoluto. Parece que durante algún tiempo la propuesta cumplió su objetivo, los inquisidores recibieron el apoyo de los estratos altos de la sociedad.
Estos dos sombríos caracteres, Conrad Torso y Johannes se unieron al verdaderamente fanático Conrad de Marburg, y el resultado demostró ser verdaderamente poderoso. Vastas áreas fueron sujetas a sus arbitrarias y despóticas voluntades. Esos jueces no temían a nadie, y sus juicios alcanzaban indiscriminadamente a campesinos y burgueses, clérigos y caballeros. A quienquiera que eligiesen acusar no le era dado tiempo para pensar en preparar su defensa sino que era juzgado en el momento. Si era condenado no se le permitía ni siquiera ver a su confesor sino que era ejecutado tan pronto como posible, a menudo el mismo día de su arresto. Solo había una manera de escapar a la condena y ejecución: el acusado debía confesar ser hereje. Después se exigía prueba de arrepentimiento: el acusado debía afeitarse la cabeza, como signo externo de vergüenza, pero aún más importante era que debía dar el nombre de compañeros herejes y especificar la “escuela herética” donde había sido instruido. Si no podía ofrecer información satisfactoria por sí mismo, Conrad de Marburg y sus compañeros le ayudaban. Le ofrecían los nombres de nobles –sobre lo cual el acusado daba a menudo su conformidad: “Esta gente son tan culpables como yo, estábamos en la misma escuela juntos”. Algunos hicieron esto en orden a salvar a sus familiares de la expropiación y la pobreza, pero la mayoría lo hizo por miedo a ser quemado vivo. El terror alcanzó tal nivel que hermano denunciaría a hermano, esposa a esposo, el señor a sus campesinos y los campesinos a su señor.
Conrad también confió mucho en las denuncias de anteriores herejes que habían vuelto a la Iglesia. Cualquier cosa que éstos le dijeran él la aceptaba ciegamente, sin preocuparse en verificarlo, esta manera de proceder llevó a múltiples abusos. Los verdaderos herejes explotaban su ingenuidad en su propio beneficio. Amañaban la conversión de algunos de los suyos para poder de esta manera denuncia a los buenos Católicos como herejes –en parte para vengar a sus seguidores que habían perecido en las llamas y en parte para desviar la atención de sus miembros aún con vida. El aparato persecutorio también podía ser usado para propósitos de venganzas personales. Una joven llamada Adelaida se presentó voluntariamente como hereje arrepentida con el único propósito de denunciar a sus familiares, que estaban tratando de quitarle una herencia. Conrad los quemó a todos(3).
La actividad de Conrad como inquisidor duró aproximadamente un año y medio y abarcó lugares tan lejanos como Erfurt, Marburg, y el las ciudades del Rin Mainz, Bingen, y Worms. Es imposible decir incluso aproximadamente cuanta gente quemó, pero todas las fuentes contemporáneas están de acuerdo que fueron muy numerosas. Obviamente la atmósfera de incertidumbre, ansiedad, más la ola de falsas denuncias y falsas confesiones, dieron lugar a bastante inquietud en la población.
El alto clero estaba horrorizado. Los superiores de Conrad, el Arzobispo Siegfried III de Mainz, se unió a los Arzobispos de Colonia y Tréveris para pedir al fanático sacerdote moderación. Un Sínodo que tuvo lugar en Mainz el 25 de Junio de 1223 trató de introducir un procedimiento más ordenado para la instrucción y conversión de los herejes en lugar de su destrucción física(4). Entre los más notables eclesiásticos, sólo uno apoyó al inquisidor –el obispo de Hildesheim, quien era él mismo un fanático. El resto todos aconsejaron moderación, pero este consejo solo consiguió aumentar la furia de Conrad y llevarlo a cometer mayores excesos. Al final comenzó a acusar a gente que eran de alta alcurnia y notable piedad, esto le llevó a la perdición.
El Conde Henry de Sayn era un gran señor que poseía muchas tierras a lo largo del Rin y en Hesse. También era un devoto Católico, que no solo había donado monasterios e iglesias sino que incluso había participado en una Cruzada. Conrad los citó a presentarse bajo cargos de herejía, pues tenía testigos que habían visto al Conde -presumiblemente en una orgía nocturna. El Arzobispo de Mainz arregló prudentemente el caso para que fuese auditado en una asamblea de los estados del Imperio, que tuvo lugar en Mainz inmediatamente después del Sínodo. El conde y el inquisidor aparecieron ambos con sus testigos, y mientras que los testigos del Conde afirmaban su ortodoxia y piedad, los de Conrad se retractaron todos, algunos admitiendo que había denunciado al Conde solo para salvar sus vidas, otros que lo habían hecho por malicia personal. El clero presente estaba unánimemente convencido de la inocencia del Conde, y así lo promulgó. Fue una aplastante derrota para Conrad.
Amargado y furioso, Conrad comenzó a predicar públicamente contra otros nobles personajes a los que acusó de herejía, y entonces se dispuso a regresar de Mainz a su nativa Marburg. Cegado por su cólera y demasiado confiado en la santidad de su oficio, rechazó la escolta que el rey y el arzobispo le ofrecieron. El 30 de Julio de 1233 fue asesinado en el camino, sea por vasallos del Conde Sayn o por nobles a los que estaba atacando.
En todas las regiones donde Conrad estuvo activo las noticias de su asesinato fueron recibidas con gran alegría. Su final fue visto como un juicio de Dios, y le fue asignado un lugar con los condenados en el infierno. Respecto a sus cómplices las cosas también fueron mal: Conrad Torso fue apuñalado de muerte, y Johannes fue colgado, los falsos testigos contra el Conde Sayn fueron encarcelados por el arzobispo de Mainz. Aunque las leyes contra la herejía permanecieron siguieron vigentes, no hubo mayores persecuciones “durante este periodo”. Como bien comenta un cronista, fue el final de una persecución nunca antes vista desde la persecución de los primeros Cristianos, ahora los tiempos eran algo más benignos y más apacibles(5).
Pero no todo el mundo estaba contento. En una carta circular al clero Germano, el Papa Gregorio expresó su enfado y consternación(6). Conrad de Marburg, decía, había sido un siervo de la luz, un campeón de la fe Cristiana, el novio de la Iglesia….. Las noticias de su asesinato había herido a la iglesia como un rayo. Sus criminales eran hombres sangrientos e hijos de la oscuridad, no era posible imaginar ningún castigo terreno que pudiese igualar este crimen. Por lo tanto, era el deber del papa demostrar que no empuñaba la espada de Pedro en vano, y el de asegurarse que los criminales no se jactasen de su crimen. Así, decretó que el clero debía excomulgar a los asesinos y sus cómplices, prohibir que nadie tuviese trato con ellos, y prohibir que ningún pueblo, ciudad, o castillo les diese alojamiento, hasta que los culpables vinieran a Roma y suplicaran su absolución. Gregorio hizo también otras propuestas. En carta al arzobispo de Mainz y al obispo de Hildesheim trató de relanzar la campaña contra los herejes en Alemania, proponiendo incluso que aquellos que tomasen parte en esta campaña tuviesen garantizadas las mismas indulgencias que aquellos que fueran a una Cruzada a Tierra Santa.
Durante el año siguiente el abismo que separaba al papa del clero Alemán y la gente se hizo más profundo. En una asamblea de los estados del Imperio, mantenida en Frankfurt en Febrero 1234, muchos de los que habían sido acusados y despojados por Conrad aparecieron en procesión, llevando cruces, y quejándose amargamente del trato recibido. Una gran ola de indignación sacudió la asamblea, se oyó incluso decir a un obispo príncipe, “el Maestro Conrad merece ser desenterrado y quemado como hereje”(7). El Conde Henry de Sayn apareció y fue oficialmente limpiado de herejía. Otra de las víctimas de Conrad, el Conde Henry de Solms, declaró en lágrimas que confesó ser hereje para no ser quemado vivo, también él fu absuelto. Finalmente seis de los involucrados en el crimen de Conrad confesaron y fueron tratados benignamente. Excepto el antiguo aliado de Conrad, el obispo de Hildesheim, nadie mostró ningún interés por una reanudación de la caza de herejes. En Abril el arzobispo de Mainz, en representación del clero Germano, escribió al papa explicándole las terribles ilegalidades cometidas por Conrad en sus actividades(8). Por otro lado, nada de esto impresionó al Papa Gregorio, que continuó acusando a los asesinos de Conrad –y también al clero Alemán por protegerlos.
El papa en Roma tenía una idea muy diferente de Conrad y su papel respecto a la realidad de su conducta, uno se pregunta por qué. Conrad no fue nombrado por el papa ni fue considerado como una imposición papal que infringía la jurisdicción tradicional de los obispos. Conrad fue nombrado por su superior, el arzobispo de Mainz(9). La explicación de esta discrepancia está en otra parte. Conrad era un fanático cuyas actividades persecutorias estaban inspiradas no solo por una detestación de la herejía sino por fantasías demonológicas acerca de los herejes. Los obispos Alemanes en general no compartían esas fantasías, pero el papa sí –y seguramente fue Conrad quien las implantó en la mente del papa.
En 1233 el Papa Gregorio IX promulgó una bula, conocida como “Voz in Rama” que contenía todos los cuentos difamatorios arriba examinados. La bula papal describe lo que ocurre cuando un novicio es recibido en una secta herética. “Primero aparece un sapo, que el novicio ha de besar sea en la boca o en el trasero (culo), aunque a veces la creatura puede ser un ganso o un pato. Después aparece un hombre, con los ojos pintados con carbón negro y una extraña complexión, tan delgado que parece solo tener piel y huesos. El novicio le besa etc………”
Este informe continua con lo que pretende ser un sumario de la doctrina herética. Dios, según esta herejía, actuó contra toda justicia cuando arrojó a Lucifer al infierno. Lucifer es el verdadero creador del cielo, y un día expulsará a Dios para retomar su glorioso lugar en el cielo. Así, los herejes esperan alcanzar la bendición eterna en él y con él. Para ello deben evitar alabar a Dios y han de hacer todo lo que le es odioso. Este sumario doctrinal confirma lo que uno habría en cualquier caso asumido -que el sapo, el gato, etc. el hombre pálido y el hombre mitad radiante mitad negro son disfraces de Satán o Lucifer.
Vox in Rama estaba dirigida específicamente contra los herejes en Alemania. Estaba dirigida al arzobispo de Mainz, como primado de Germania, pero también, con su nombre, a Conrad de Marburg y su obispo aliado de Hildesheim. Está de hecho basada en un informe que estos habían previamente enviado al papa, referente a los herejes del Rin. Este informe se ha perdido, pero hay poca duda que era, si no en parte, en su totalidad, obra de Conrad de Marburg. Cuando después de la muerte de Conrad, el arzobispo de Mainz escribió su carta de protesta al papa, se quejaba que el inquisidor había forzado a sus víctimas para que confesaran haber besado al sapo, al gato, al hombre pálido y otros monstruos(10).
Conrad de Marburg fue un hombre impulsado por necesidades internas intensas. Era su propia personalidad la que posibilitó e impulsó a este sacerdote solitario, sin apoyo de ninguna orden monástica, a aterrorizar la sociedad Alemana desde los de arriba hasta los de abajo. Su ímpetu en la persecución venía de él mismo en lugar de la situación real: aunque sí es cierto que había herejes en el país, eran mucho menos numerosos y poderosos de lo imaginado.
De todas maneras, este episodio tuvo una importancia crucial. Por primera vez las fantasías demonológicas tradicionales figuraron no simplemente como resultado de la persecución sino como estimulo para ella. Por vez primera el mismo papa se había dejado llevar por esas fantasías: Vox in Rama transformó meros cuentos en verdades establecidas. Estos eran importantes precedentes. En los dos siglos siguientes otras persecuciones fueron estimuladas de la misma manera, también con la aprobación y apoyo de las altas autoridades. Cada nueva persecución otorgaba más credibilidad y autoridad a las fantasías que la estimulaban y legitimaban, hasta que vinieron a ser aceptadas como evidentemente verdaderas –primero por muchos educados, después por el conjunto de la sociedad.
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1. Sobre Conrad de Marburg y sus actividades: “Gesta Treverorum, Continuatio IV”, en MGSS vol. XXIV, pp. 400-2; “Chronica Albrici Monachi Trium Fontium”, en MGSS vol. XXIII, pp. 931-2; “Anales Wormatienses”, en MGSS vol. XVII, p. s. 39. Para un buen relato moderno: P. Braun, “Der Beichtvater der reiligen Elisabeth und Deutsche Inquisitor Konrad von Marburg”, en Beiträge zur hessischen Kirchengeschichte (ed. Diehl y Koehler), Neue Folge, Ergänzungsband IV, Darmstadt, 1911, pp. 248-300, 331-63. Sobre la probable descendencia aristocrática de Conrad, y conexiones con los Premonstratenses, ver K.H. May, “Zur Geschichte Konrads von Marburg”, en Hessisches Jahrbuch für Landesgeschichte, vol. I Marburg, 1951.
2. Annales Wormatienses, loc. cit.
3. Chronica Albrici, p. 931.
4. H. Finke, “Konzilienstudien zur Geschichte des 13 Jahrhunderts”, Münster, 1891, pp. 30.
5. Gesta Treverorum, Contin, IV, p. 402.
6. MGH, Epistolae Saeculi XIII e regestis Pontificum, vol. I, Nº 560, pp. 453-55.
7. Annales Erphordenses Fratrum Praedicatorum, in Scriptores Rerum Germanicarum: Monumenta Erphesfurtensia”, Ed. O. Holder-Egger, Hanover, 1899, p. 86.
8. Texto en “Chronica Albrici”, pp. 931-2.
9. Förg, op. Cit., pp. 79,91.
10. Chronica Albricie, p. 931.
Las, no muy numerosas, ejecuciones de herejes durante los siglos XI y XII fueron, en su mayor parte realizadas por las autoridades seculares o por la turba. El clero, aunque interesado en la eliminación de las herejías, generalmente usaba la persuasión y era renuente a la hora de aplicar el uso de la fuerza. Pero hubo excepciones. En 1025 Gerardo, obispo de Cambrai, estaba visitando su diócesis. En Arras un grupo de heréticos le fue denunciado. Hizo que se torturara a este grupo y, cuando se mostraron dispuestos a hacer penitencia, los reconcilió con la Iglesia. En 1035 a Heriberto, arzobispo de Milán, unos heréticos le fueron denunciados en Monteforte. Habiéndolos interrogado y encontrándolos impenitentes, los hizo quemar vivos. Cuando Gerardo III, obispo de Cambrai, pasaba por un pequeño pueblo realizando una visita en 1077, un hereje llamado Rhamird le fue denunciado. Después de un interrogatorio Rhamird también fue quemado.
Estos son ejemplos tempranos del tipo de procedimiento legal que los profesionales en derecho e historiadores jurídicos llaman “inquisitorial”, que estuvo en acentuado contraste con el tipo de procedimiento acusatorio que era la norma en la Edad Media. Mientras que bajo la norma del procedimiento acusatorio la iniciativa a la hora de realizar un cargo estaba a cargo de un individuo, bajo el procedimiento inquisitorial estaba a cargo de las autoridades. Las autoridades eran responsables de obtener, del público, información acerca de los criminales. Esto significaba que dependían de las denuncias. Una vez tenían información suficiente, el juez mismo procedía a una investigación, o “inquisición”, del sospechoso.
El comienzo de este tipo de procedimiento se puede trazar hacia atrás hasta la ley Romana tal y como existía bajo el Imperio. En la ley Romana, como en la Germana, la norma era el procedimiento acusatorio –pero, había excepciones. Sobretodo en casos de “crimen laesae majestatis” las autoridades requerían iniciar una investigación, e individuos privados eran requeridos para realizar las denuncias. Algo de esta actitud pasó al canon de la ley de la iglesia medieval. Desde una fecha muy temprana el disidente religioso tendía a ser visto como infractor contra la divina majestad, y es significativo que todos los ejemplos tempranos del procedimiento inquisitorial tuvieron lugar en el contexto de la lucha contra la disidencia religiosa.
A medida que se extendía la disidencia religiosa se introdujo legislación para combatirla. En el Sínodo de Verona en 1184 el Papa Lucio III y el Emperador Federico I decretaron la excomunión de los herejes, los herejes que se negaran a retractarse, o que una vez retractados recayeran, habían de ser entregados a los poderes civiles para ser castigados. En respuesta a los decretos del cuarto Concilio de Letrán en 1215, varios gobernantes decretaron la pena de muerte para la herejía obstinada. En 1231 el Papa Gregorio IX y el Emperador Federico II, actuando coordinadamente, establecieron una legislación coherente contra herejes en el Imperio. Por vez primera las diferentes penas por herejía –incluida la muerte- fueron claramente formuladas.
Mientras tanto el procedimiento inquisitorial iba siendo poco a poco institucionalizado. A comienzos del siglo XIII el gran administrador Papa Inocencio III lo estableció como la manera normal de proceder contra los clérigos. Un clérigo no podía ser juzgado excepto por un tribunal eclesiástico, ni podía, bajo la ley canóniga, ser acusado por un clérigo de rango inferior. En la práctica esto significaba que los obispos, abades y similares estaban más bien exentos de sanciones legales. Así, el procedimiento Inquisitorial capacitaba a las autoridades eclesiásticas, cuando lo considerasen apropiado, iniciar procesos contra los clérigos de más alto rango. Esta fue sin duda una encomiable reforma, pero tomó un nuevo significado bajo el mandato de la Inquisición.
La Inquisición toma su nombre del procedimiento inquisitorial y no, como se ha asumido a menudo, viceversa: llevaba a cabo inquisiciones, o indagaciones oficiales, y realizaba “juicios inquisitoriales”. Pero, en tanto que institución, adaptó el procedimiento inquisitorial a sus propósitos, que eran la erradicación de la herejía. Tal y como lo usaba la Inquisición el proceso era extremadamente injusto para el acusado. No tenía derecho a un abogado y cuando tenía uno, éste estaba más preocupado en hacerle confesar que en defenderlo. Cualquier prisionero que insistiera en su inocencia podía ser encarcelado de por vida. Un prisionero que confesase sería llamado tres días después para confirmar su confesión, tenía que reconocer explícitamente que había confesado por “propia voluntad”, y no “a causa del miedo a la tortura”. Si esto era realizado satisfactoriamente era reconciliado con la Iglesia y había de realizar algún tipo de penitencia o sufrir algún castigo, unas veces suaves otras muy duro. Si a alguno se le ocurría retractarse de su confesión –por ejemplo, debido a que esta había sido extraída mediante tortura- era considerado hereje reincidente y (como no se le permitía matar a la Iglesia) era entregado al poder secular para ser quemado vivo. El procedimiento perfeccionado y sistematizado por la Inquisición era un instrumento con terribles potencialidades.
La Inquisición quedó completamente organizada solo en la segunda mitad del siglo XIII, pero ya en 1231, después del acuerdo entre Gregorio IX y Federico II, el arzobispo de Mainz nombró a un tal Conrad de Marburg inquisidor de su amplia sede. Fue un nombramiento desafortunado, pues el hombre resultó ser un completo fanático. Además, no había ningún tipo de procedimiento establecido para parar su fanatismo. El procedimiento posteriormente desarrollado por la Inquisición, injusto y perverso, no obstante, era menos arbitrario que el procedimiento elaborado por este pionero amateur(1).
Parece ser que Conrad era de descendencia aristocrática y había pertenecido anteriormente a la orden monástica de los Premonstratenses, aunque era un simple sacerdote secular. Tenía una educación universitaria, probablemente en Paris, y era conocido por sus conocimientos, pero fue más famoso por su formidable personalidad y vida austera. Delgado por los ayunos, y de semblante sombrío y amenazante era seco y temido. Completamente incorruptible, aunque pasó bastantes años en la corte del Conde de Turingia, y ejerció gran influencia, se negó a recibir beneficios y quiso seguir siendo un simple sacerdote. Era terriblemente severo. Como confesor de la condesa –hoy Santa Elizabet de Turingia- trataba a su penitente con una dureza extraordinaria incluso para las costumbres de le época. Por ejemplo, embaucaba a esta viuda de veintiún años con cualquier pequeña falta o desobediencia para después hacer que ella y sus doncellas fueran azotadas tan severamente que las cicatrices eran aún visibles semanas después.
Los Papas estaban acostumbrados a confiar en Conrad la defensa de la fe. En 1215 y, de nuevo, en 1227, mientras se hacían planes para una nueva Cruzada contra el Islam, Conrad fue nombrado para predicar la Cruzada. Se desplazaba de un lugar a otro montado en un burro, en imitación de Jesús –le seguía una multitud de clérigos y laicos, hombres y mujeres, cuando se acercaba a un pueblo los habitantes salían en procesión a su encuentro, con velas, banderas e incienso. Su éxito como predicador de la Cruzada le hizo famoso.
Conrad también tenía mucha experiencia en la defensa de la fe contra enemigos internos. Insistía en que los obispos estaban obligados, bajo pena de expulsión, de perseguir y castigar a los herejes en sus diócesis, el Concilio de Letrán de 1215 animó a los informadores. Aquellos a los que les consumía la urgencia de exterminar a todos los herejes se apresuraron con denuncias. Entre ellos Conrad se distinguió, su celo no pasó inadvertido. En 1227 el Papa le encargó la tarea de preparar informes sobre la base de cuales denuncias formales podían ser presentadas con los obispos. En 1229 Conrad predicó contra los herejes en Estrasburgo, con tanta eficacia que dos personas fueron quemadas. Su nombramiento en 1231 como primer oficial inquisidor en Alemania era la culminación apropiada para su carrera.
Pero ya había una pareja de inquisidores no oficiales, por su cuenta. Uno era un hermano laico de la Orden Dominicana llamado Conrad Torso, el otro, vizco, un granuja armado llamado Johannes, de ambos se decía que anteriormente habían sido herejes. Deben haber adquirido de alguna manera el prestigio del que, en aquellos tiempos, disfrutaban los hombres santos, pues tenían el apoyo del populacho, lo que les capacitaba para intimidar a los magistrados para que quemaran a quienquiera ellos designaran. Los frailes, Dominicanos y Franciscanos igualmente, también cumplían sus órdenes y les ayudaban en las quemas.
Conrad Torso y Johannes comenzaron descubriendo a algunos herejes genuinos –gente que no solo admitían sus creencias sino que persistían impenitentemente en ellas. Estos fueron debidamente juzgados, condenados y llevados ante la justicia secular para ser ejecutados. Pero pronto los dos se mostraron mucho menos discriminatorios. Afirmaban detectar los herejes según su apariencia, y a medida iban de pueblo en pueblo y ciudad en ciudad denunciaban a la gente basados en meros fundamentos intuitivos. Los quemados ahora incluían a Católicos perfectamente ortodoxos, quienes desde las llamas invocaban a Jesús, María y los Santos. “De buena gana quemaríamos a cientos, decían los inquisidores amateurs, aunque hubiese entre ellos un solo culpable”(2).
Primeramente encontraron sus víctimas entre los pobres, pero esto no les satisfacía, y pronto idearon un mecanismo para poner a los ricos a merced de ellos. El rey Germano, Enrique VII, había promulgado un decreto referente a la posesión de la propiedad de cualquier ciudadano condenado por herejía. Parte de la propiedad iba al Señor Feudal, pero otra parte pasaba a sus herederos. Los inquisidores propusieron un nuevo arreglo: cuando un rico fuese quemado/a bajo su acusación, toda la propiedad debía ser confiscada y dividida entre todos los Señores, incluído el Rey. Los herederos no recibirían nada en absoluto. Parece que durante algún tiempo la propuesta cumplió su objetivo, los inquisidores recibieron el apoyo de los estratos altos de la sociedad.
Estos dos sombríos caracteres, Conrad Torso y Johannes se unieron al verdaderamente fanático Conrad de Marburg, y el resultado demostró ser verdaderamente poderoso. Vastas áreas fueron sujetas a sus arbitrarias y despóticas voluntades. Esos jueces no temían a nadie, y sus juicios alcanzaban indiscriminadamente a campesinos y burgueses, clérigos y caballeros. A quienquiera que eligiesen acusar no le era dado tiempo para pensar en preparar su defensa sino que era juzgado en el momento. Si era condenado no se le permitía ni siquiera ver a su confesor sino que era ejecutado tan pronto como posible, a menudo el mismo día de su arresto. Solo había una manera de escapar a la condena y ejecución: el acusado debía confesar ser hereje. Después se exigía prueba de arrepentimiento: el acusado debía afeitarse la cabeza, como signo externo de vergüenza, pero aún más importante era que debía dar el nombre de compañeros herejes y especificar la “escuela herética” donde había sido instruido. Si no podía ofrecer información satisfactoria por sí mismo, Conrad de Marburg y sus compañeros le ayudaban. Le ofrecían los nombres de nobles –sobre lo cual el acusado daba a menudo su conformidad: “Esta gente son tan culpables como yo, estábamos en la misma escuela juntos”. Algunos hicieron esto en orden a salvar a sus familiares de la expropiación y la pobreza, pero la mayoría lo hizo por miedo a ser quemado vivo. El terror alcanzó tal nivel que hermano denunciaría a hermano, esposa a esposo, el señor a sus campesinos y los campesinos a su señor.
Conrad también confió mucho en las denuncias de anteriores herejes que habían vuelto a la Iglesia. Cualquier cosa que éstos le dijeran él la aceptaba ciegamente, sin preocuparse en verificarlo, esta manera de proceder llevó a múltiples abusos. Los verdaderos herejes explotaban su ingenuidad en su propio beneficio. Amañaban la conversión de algunos de los suyos para poder de esta manera denuncia a los buenos Católicos como herejes –en parte para vengar a sus seguidores que habían perecido en las llamas y en parte para desviar la atención de sus miembros aún con vida. El aparato persecutorio también podía ser usado para propósitos de venganzas personales. Una joven llamada Adelaida se presentó voluntariamente como hereje arrepentida con el único propósito de denunciar a sus familiares, que estaban tratando de quitarle una herencia. Conrad los quemó a todos(3).
La actividad de Conrad como inquisidor duró aproximadamente un año y medio y abarcó lugares tan lejanos como Erfurt, Marburg, y el las ciudades del Rin Mainz, Bingen, y Worms. Es imposible decir incluso aproximadamente cuanta gente quemó, pero todas las fuentes contemporáneas están de acuerdo que fueron muy numerosas. Obviamente la atmósfera de incertidumbre, ansiedad, más la ola de falsas denuncias y falsas confesiones, dieron lugar a bastante inquietud en la población.
El alto clero estaba horrorizado. Los superiores de Conrad, el Arzobispo Siegfried III de Mainz, se unió a los Arzobispos de Colonia y Tréveris para pedir al fanático sacerdote moderación. Un Sínodo que tuvo lugar en Mainz el 25 de Junio de 1223 trató de introducir un procedimiento más ordenado para la instrucción y conversión de los herejes en lugar de su destrucción física(4). Entre los más notables eclesiásticos, sólo uno apoyó al inquisidor –el obispo de Hildesheim, quien era él mismo un fanático. El resto todos aconsejaron moderación, pero este consejo solo consiguió aumentar la furia de Conrad y llevarlo a cometer mayores excesos. Al final comenzó a acusar a gente que eran de alta alcurnia y notable piedad, esto le llevó a la perdición.
El Conde Henry de Sayn era un gran señor que poseía muchas tierras a lo largo del Rin y en Hesse. También era un devoto Católico, que no solo había donado monasterios e iglesias sino que incluso había participado en una Cruzada. Conrad los citó a presentarse bajo cargos de herejía, pues tenía testigos que habían visto al Conde -presumiblemente en una orgía nocturna. El Arzobispo de Mainz arregló prudentemente el caso para que fuese auditado en una asamblea de los estados del Imperio, que tuvo lugar en Mainz inmediatamente después del Sínodo. El conde y el inquisidor aparecieron ambos con sus testigos, y mientras que los testigos del Conde afirmaban su ortodoxia y piedad, los de Conrad se retractaron todos, algunos admitiendo que había denunciado al Conde solo para salvar sus vidas, otros que lo habían hecho por malicia personal. El clero presente estaba unánimemente convencido de la inocencia del Conde, y así lo promulgó. Fue una aplastante derrota para Conrad.
Amargado y furioso, Conrad comenzó a predicar públicamente contra otros nobles personajes a los que acusó de herejía, y entonces se dispuso a regresar de Mainz a su nativa Marburg. Cegado por su cólera y demasiado confiado en la santidad de su oficio, rechazó la escolta que el rey y el arzobispo le ofrecieron. El 30 de Julio de 1233 fue asesinado en el camino, sea por vasallos del Conde Sayn o por nobles a los que estaba atacando.
En todas las regiones donde Conrad estuvo activo las noticias de su asesinato fueron recibidas con gran alegría. Su final fue visto como un juicio de Dios, y le fue asignado un lugar con los condenados en el infierno. Respecto a sus cómplices las cosas también fueron mal: Conrad Torso fue apuñalado de muerte, y Johannes fue colgado, los falsos testigos contra el Conde Sayn fueron encarcelados por el arzobispo de Mainz. Aunque las leyes contra la herejía permanecieron siguieron vigentes, no hubo mayores persecuciones “durante este periodo”. Como bien comenta un cronista, fue el final de una persecución nunca antes vista desde la persecución de los primeros Cristianos, ahora los tiempos eran algo más benignos y más apacibles(5).
Pero no todo el mundo estaba contento. En una carta circular al clero Germano, el Papa Gregorio expresó su enfado y consternación(6). Conrad de Marburg, decía, había sido un siervo de la luz, un campeón de la fe Cristiana, el novio de la Iglesia….. Las noticias de su asesinato había herido a la iglesia como un rayo. Sus criminales eran hombres sangrientos e hijos de la oscuridad, no era posible imaginar ningún castigo terreno que pudiese igualar este crimen. Por lo tanto, era el deber del papa demostrar que no empuñaba la espada de Pedro en vano, y el de asegurarse que los criminales no se jactasen de su crimen. Así, decretó que el clero debía excomulgar a los asesinos y sus cómplices, prohibir que nadie tuviese trato con ellos, y prohibir que ningún pueblo, ciudad, o castillo les diese alojamiento, hasta que los culpables vinieran a Roma y suplicaran su absolución. Gregorio hizo también otras propuestas. En carta al arzobispo de Mainz y al obispo de Hildesheim trató de relanzar la campaña contra los herejes en Alemania, proponiendo incluso que aquellos que tomasen parte en esta campaña tuviesen garantizadas las mismas indulgencias que aquellos que fueran a una Cruzada a Tierra Santa.
Durante el año siguiente el abismo que separaba al papa del clero Alemán y la gente se hizo más profundo. En una asamblea de los estados del Imperio, mantenida en Frankfurt en Febrero 1234, muchos de los que habían sido acusados y despojados por Conrad aparecieron en procesión, llevando cruces, y quejándose amargamente del trato recibido. Una gran ola de indignación sacudió la asamblea, se oyó incluso decir a un obispo príncipe, “el Maestro Conrad merece ser desenterrado y quemado como hereje”(7). El Conde Henry de Sayn apareció y fue oficialmente limpiado de herejía. Otra de las víctimas de Conrad, el Conde Henry de Solms, declaró en lágrimas que confesó ser hereje para no ser quemado vivo, también él fu absuelto. Finalmente seis de los involucrados en el crimen de Conrad confesaron y fueron tratados benignamente. Excepto el antiguo aliado de Conrad, el obispo de Hildesheim, nadie mostró ningún interés por una reanudación de la caza de herejes. En Abril el arzobispo de Mainz, en representación del clero Germano, escribió al papa explicándole las terribles ilegalidades cometidas por Conrad en sus actividades(8). Por otro lado, nada de esto impresionó al Papa Gregorio, que continuó acusando a los asesinos de Conrad –y también al clero Alemán por protegerlos.
El papa en Roma tenía una idea muy diferente de Conrad y su papel respecto a la realidad de su conducta, uno se pregunta por qué. Conrad no fue nombrado por el papa ni fue considerado como una imposición papal que infringía la jurisdicción tradicional de los obispos. Conrad fue nombrado por su superior, el arzobispo de Mainz(9). La explicación de esta discrepancia está en otra parte. Conrad era un fanático cuyas actividades persecutorias estaban inspiradas no solo por una detestación de la herejía sino por fantasías demonológicas acerca de los herejes. Los obispos Alemanes en general no compartían esas fantasías, pero el papa sí –y seguramente fue Conrad quien las implantó en la mente del papa.
En 1233 el Papa Gregorio IX promulgó una bula, conocida como “Voz in Rama” que contenía todos los cuentos difamatorios arriba examinados. La bula papal describe lo que ocurre cuando un novicio es recibido en una secta herética. “Primero aparece un sapo, que el novicio ha de besar sea en la boca o en el trasero (culo), aunque a veces la creatura puede ser un ganso o un pato. Después aparece un hombre, con los ojos pintados con carbón negro y una extraña complexión, tan delgado que parece solo tener piel y huesos. El novicio le besa etc………”
Este informe continua con lo que pretende ser un sumario de la doctrina herética. Dios, según esta herejía, actuó contra toda justicia cuando arrojó a Lucifer al infierno. Lucifer es el verdadero creador del cielo, y un día expulsará a Dios para retomar su glorioso lugar en el cielo. Así, los herejes esperan alcanzar la bendición eterna en él y con él. Para ello deben evitar alabar a Dios y han de hacer todo lo que le es odioso. Este sumario doctrinal confirma lo que uno habría en cualquier caso asumido -que el sapo, el gato, etc. el hombre pálido y el hombre mitad radiante mitad negro son disfraces de Satán o Lucifer.
Vox in Rama estaba dirigida específicamente contra los herejes en Alemania. Estaba dirigida al arzobispo de Mainz, como primado de Germania, pero también, con su nombre, a Conrad de Marburg y su obispo aliado de Hildesheim. Está de hecho basada en un informe que estos habían previamente enviado al papa, referente a los herejes del Rin. Este informe se ha perdido, pero hay poca duda que era, si no en parte, en su totalidad, obra de Conrad de Marburg. Cuando después de la muerte de Conrad, el arzobispo de Mainz escribió su carta de protesta al papa, se quejaba que el inquisidor había forzado a sus víctimas para que confesaran haber besado al sapo, al gato, al hombre pálido y otros monstruos(10).
Conrad de Marburg fue un hombre impulsado por necesidades internas intensas. Era su propia personalidad la que posibilitó e impulsó a este sacerdote solitario, sin apoyo de ninguna orden monástica, a aterrorizar la sociedad Alemana desde los de arriba hasta los de abajo. Su ímpetu en la persecución venía de él mismo en lugar de la situación real: aunque sí es cierto que había herejes en el país, eran mucho menos numerosos y poderosos de lo imaginado.
De todas maneras, este episodio tuvo una importancia crucial. Por primera vez las fantasías demonológicas tradicionales figuraron no simplemente como resultado de la persecución sino como estimulo para ella. Por vez primera el mismo papa se había dejado llevar por esas fantasías: Vox in Rama transformó meros cuentos en verdades establecidas. Estos eran importantes precedentes. En los dos siglos siguientes otras persecuciones fueron estimuladas de la misma manera, también con la aprobación y apoyo de las altas autoridades. Cada nueva persecución otorgaba más credibilidad y autoridad a las fantasías que la estimulaban y legitimaban, hasta que vinieron a ser aceptadas como evidentemente verdaderas –primero por muchos educados, después por el conjunto de la sociedad.
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1. Sobre Conrad de Marburg y sus actividades: “Gesta Treverorum, Continuatio IV”, en MGSS vol. XXIV, pp. 400-2; “Chronica Albrici Monachi Trium Fontium”, en MGSS vol. XXIII, pp. 931-2; “Anales Wormatienses”, en MGSS vol. XVII, p. s. 39. Para un buen relato moderno: P. Braun, “Der Beichtvater der reiligen Elisabeth und Deutsche Inquisitor Konrad von Marburg”, en Beiträge zur hessischen Kirchengeschichte (ed. Diehl y Koehler), Neue Folge, Ergänzungsband IV, Darmstadt, 1911, pp. 248-300, 331-63. Sobre la probable descendencia aristocrática de Conrad, y conexiones con los Premonstratenses, ver K.H. May, “Zur Geschichte Konrads von Marburg”, en Hessisches Jahrbuch für Landesgeschichte, vol. I Marburg, 1951.
2. Annales Wormatienses, loc. cit.
3. Chronica Albrici, p. 931.
4. H. Finke, “Konzilienstudien zur Geschichte des 13 Jahrhunderts”, Münster, 1891, pp. 30.
5. Gesta Treverorum, Contin, IV, p. 402.
6. MGH, Epistolae Saeculi XIII e regestis Pontificum, vol. I, Nº 560, pp. 453-55.
7. Annales Erphordenses Fratrum Praedicatorum, in Scriptores Rerum Germanicarum: Monumenta Erphesfurtensia”, Ed. O. Holder-Egger, Hanover, 1899, p. 86.
8. Texto en “Chronica Albrici”, pp. 931-2.
9. Förg, op. Cit., pp. 79,91.
10. Chronica Albricie, p. 931.
martes 28 de febrero de 2012
DEMONIZACIÓN DE LOS HEREJES MEDIEVALES
PARTE II: DEMONIZACIÓN DE LOS HEREJES MEDIEVALES
Desde comienzos del siglo tercero los Cristianos gradualmente comenzaron a dejar de ser vistos, y de verse ellos mismos, como grupo militante. El proceso de integración en y acomodación con, la sociedad Greco-Romana había comenzado. Pero no todos los Cristianos se adaptaron a las circunstancias cambiantes. En el Este, tanto el compromiso con el mundo como el institucionalismo dentro de la Iglesia fueron cuestionados por un renacimiento religioso conocido como Montanismo (de su fundador, Montanus). Localizado en las remotas profundidadesde Frigia, en Asia Menor, el Montanismo involucraba por encima de todo una revuelta contra la vida fácil del Cristianismo en las ciudades y pueblos Griegos. Con su arrolladora sed de martirio y urgentes profecías sobre el Fin del Milenio, la secta se hizo oír a finales del siglo II. Pero sobrevivió varios siglos más, y cuando ya el Cristianismo se había convertido en la religión oficial del Imperio, esta reliquia de los primeros tiempos era vista con gran suspicacia.
Entre mediados de los siglos IV y V, varios representantes Cristianos insinuaban que esas intransigentes atrasadas gentes de los bosques practicaban el canibalismo. Filastrio, obispo de Brescia, dijo de ellos: “La gente dice que durante la Pascua mezclan la sangre de un niño con sus ofrendas y envían trozos de esta ofrenda a sus perniciosos seguidores en todas partes(1). Epifanio también tenía a los Montanistas en mente cuando dijo que algunos sectarios “pinchan a un niño por todo el cuerpo con agujas de bronce para obtener sangre para su ofrenda”(2). Incluso el gran Agustín informa acerca de esos Frigios: “La gente dice que tienen unos sacramentos lamentables. Se dice que toman la sangre de un niño de un año, la obtienen mediante pequeños cortes en su cuerpo, y al mismo tiempo producen su Eucaristía, mezclando esta sangre con la comida, hasta hacen el pan mezclado con esta. Si el niño muere, lo tratan como un mártir, pero si vive, lo tratan como un sumo sacerdote(3). Los Montanistas reaccionaron a estas acusaciones igual que los Cristianos del siglo II –rechazaron esos cuentos como malignas calumnias(4). Sabían que eran inocentes –incluso algunos líderes de la Iglesia lo admitían(5).
San Agustín también señaló extrañas costumbres entre los Maniqueos. En su tiempo la religión Maniquea se expandía desde su lugar de origen, Persia, penetrando profundamente en el mundo Greco-Romano. A medida que avanzaba vino a estar más y más bajo la influencia de la Cristiandad. En África del Norte en particular tomó la apariencia de una versión más racional del Cristianismo, sin ser estorbada por el Antiguo Testamento, y vino a ser un serio rival del Catolicismo entre los educados. Agustín mismo fue miembro de la iglesia Maniquea durante nueve años, antes de su conversión al Catolicismo. Pero fue solamente “auditor”, o Maniqueo secular. El relato que cuenta se refiere a los “electi” que eran virtuosos religiosos.
De acuerdo con Agustín, en su época Maniquea una mujer se quejó a él que durante una ceremonia religiosa, estando sentada junto a otras mujeres, “algunos de los elegidos se le acercaron, uno de ellos apagó la lámpara, mientras que otro, que no pudo reconocer, la abrazó, intentando forzarla a pecar si no hubiera gritado y escapado. Esto ocurrió la noche cuando la fiesta de las vigilias(6). Agustín, aunque reconoció que no se puedo descubrir al agresor, comenta que estas prácticas deben haber sido muy comunes. Uno debería preguntarse por qué, si así era, él, Agustín, nunca fue testigo de nada semejante durante todos los años que fue miembro. La verdad es que los “electi” o “perfecti” Maniqueos tenían fama, incluso entre sus enemigos, por su absoluta castidad y ascetismo riguroso, y hay razón para pensar que esta poco probable historia no fuese sino una versión desacreditadora de aquellas orgiásticas fantasías con las que los paganos Romanos acusaron a su vez el “Agape Cristiano”.
Siglos después estos cuentos de erotismo libertino, infanticidio y canibalismo fueron reavivados y aplicados a varios grupos religiosos en el Cristianismo Medieval. En el proceso vinieron a estar cada vez más firmemente integradas en el corpus de la demonología Cristiana. A los ojos de los paganos Greco-Romanos, la gente que se consentía en orgías promiscuas y devoraban niños eran enemigos de la sociedad y de la humanidad. A los ojos de los Cristianos Medievales eran además enemigos de Dios y siervos de Satán, sus terribles acciones eran inspiradas por Satán y sus demonios y servían sus intereses. A medida que pasaron los siglos los poderes de las tinieblas aparecían más y más en esos cuentos, hasta que llegaron a ocupar el centro el escenario. La permisividad erótica, el infanticidio y canibalismo tomaron gradualmente un nuevo sentido, como manifestaciones de un culto religioso a Satán y expresiones de culto al Diablo. Finalmente las orgías nocturnas fueron “imaginadas” teniendo lugar bajo la directa supervisión de un demonio, que las presidía en forma material.
Estas transformaciones pueden ser observadas bastante claramente si uno traza, en orden cronológico, las acusaciones contra ciertas sectas disidentes en la Cristiandad tanto oriental como occidental. Un ejemplo es la secta de los Paulicianos, que en el siglo VIII floreció en el sureste de Armenia, fuera de las fronteras del Imperio y fuera del control la iglesia Armenia. En el 719 el jefe de esta iglesia, San Juan IV de Ojun (Yovhannes Ojneçi), conocido como el Filósofo, convocó un gran sínodo que condenó a esa gente como “hijos de Satán”, él mismo produjo una octavilla que mostraba claramente lo que quería decir con ello(7). Los Paulicianos, se quejaba, se reúnen en la oscuridad de la noche, y en sus reuniones a escondidas cometen incesto con sus propias madres. Si de ello nace un niño, se lo lanzan uno a otro hasta que muere, y aquel en cuyas manos muere es elevado al liderazgo de la secta. La sangre de esos infantes es mezclada con harina para hacer la Eucaristía. Esa gente sobrepasa en glotonería a los cerdos que devoran a su propia descendencia. De esta manera Juan de Ojun puso en relación lógica, la una con la otra, las dos “fantasías” originalmente independientes, la de la orgía erótica y la de la “fiesta Tiesteana”, estableciendo el modelo para las generaciones siguientes. Pero esto no fue todo –también describió como los Paulicianos adoraban al Diablo, inclinándose y echando espuma por la boca. Esta idea también fue incorporada en los estereotipos tradicionales.
En otro caso posterior en el Este el papel de Satán y sus demonios es más explícito. Cerca del 1050 Michael Constantino Psellos, que era a su vez un famoso filósofo y un hombre de estado Bizantino, escribió un diálogo en Griego “Sobre la operación de los demonios”, e incluyó en este un par de parágrafos acerca de la secta de los Bogomilos –los llama Mesalianos. Juan de Ojun también se refirió a los Mesalianos en conexión con los Paulicianos-. Psellos vivió y escribió en Constantinopla, y los Bogomilos se encontraban en la distante Tracia. Es pues según el relato de un visitante Tracio que Psellos ofrece su informe. Se trata del “Sacrificio Místico” que el Tracio decía haber presenciado, en persona, durante la Pascua:
“Cuando se hace de noche se encienden las velas, y cuando nosotros celebramos la Pasión del Señor, ellos se reúnen en una casa y traen a jóvenes muchachas que han iniciado en sus ritos. Apagan las velas, y se entregan a actos lascivos con las jóvenes… Una vez finalizado el rito, se van a sus casas y esperan durante nueve meses hasta que nazcan los niños ilegítimos. Se reúnen de nuevo en el mismo lugar. Después al tercer o cuarto día del nacimiento le quitan los niños a sus madres de sus brazos. Cortan su carne y recogen los chorros de sangre en recipientes. Tiran los niños aún llorando al fuego. Después recogen las cenizas y las mezclan con la sangre y hace una abominable bebida con la que impregnan su comida y bebida. ……”(8)
El Tracio tiene claro el propósito detrás de estos ritos. Las almas de los que participan en ellos es purgada de cualquier rastro de influencia divina y se convierten en lugar donde habitan los demonios. La venida del Anticristo está cerca, surgirán monstruosas doctrinas y prácticas ilegítimas. Las acciones de Saturno y Tiestes y Tántalo, cuando devoraron a sus hijos, de Oedipo cuando se unió a su propia madre, de Cinirias, cuando copuló con sus hijas –todas esas abominaciones se están repitiendo ahora, como signos de la llegada de los Últimos Días. En otras palabras, son manifestaciones del fin, un esfuerzo desesperado de las huestes demoníacas en su lucha contra Dios.
Hasta el siglo XI el Cristianismo Occidental no había tenido ninguno de esos problemas provocados por disidentes religiosos. Pero en la época en la que Psellos escribía contra los Bogomilos (=amigos de Dios), Occidente comenzó a descubrir la presencia de heréticos. Las autoridades, eclesiásticas y seculares, reaccionaron fuertemente contra estas poco conocidas situaciones: los herejes no solo fueron quemados vivos, fueron también difamados. La primera ejecución tuvo lugar en Orleans en 1022. Y en conexión con este mismo incidente se relataron cuentos de incestos y canibalismo por vez primera en Europa occidental, por vez primera desde la Gran Ejecución de “Cristianos” a manos de paganos en Lyon, más de ocho siglos antes.
Este grupo hereje consistía en mayor parte de canónigos de la colegiata de Orleans –hombres cultos y piadosos, uno de los cuales había sido confesor de la reina. También incluía algunos laicos aristócratas, y algunas monjas y otras mujeres. El tono era de piedad profunda –los líderes no solo predicaban sino que también vivía una vida santa y simple, y esto fue lo que atrajo a tantos seguidores. Esa gente no tenía miedo de confesar sus creencias, pues estaban convencidos que el Espíritu Santo les protegería, y al final fueron a la hoguera riendo. La evidencia que ofrecían, cuando eran interrogados en presencia del rey y la reina y los obispos, era completamente confiable. Habían rechazado mucho de lo que era aceptado en la doctrina Cristiana: no creían que Cristo nació de una Virgen, o que sufrió a manos de los hombres, o que resucitó de entre los muertos. No estaban persuadidos de la eficacia sobrenatural del bautismo, o de la Eucaristía, o de las oraciones a los Santos. Al mismo tiempo eran místicos. Creían que cada hombre había recibido el Espíritu Santo, que habita en sus corazones y los guía en todos sus caminos.
Su doctrina no era muy distinta de, o más siniestra que, la doctrina que la Sociedad de Amigos profesaría bastantes siglos después. Pero estos sectarios también hablaban acerca de una cierta “comida celestial”, y esto puso a funcionar las imaginaciones. Un cronista contemporáneo, Adhemar de Chabannes, describe como esa gente había sido engañada por un ignorante analfabeto, que les dio de comer las cenizas de un niño, atándolos así a su secta. Una vez iniciados, el Diablo se les aparecía, algunas veces como un Negro y otras como un ángel de luz. Cada día les otorgaría cantidades de dinero, y en contrapartida se les exigía negar a Cristo en sus corazones, aunque en público aparecieran como verdaderos seguidores de Cristo. Y el Diablo les instruiría también para realizar en secreto todo tipo de vicios(9).
Un par de generaciones posteriores, cerca del 1090, un monje de Chartres llamado Pablo (Paul) ofreció un relato más elaborado del tema. “Se reúnen determinadas noches a una hora concreta, escribe, cada uno lleva una lámpara. Y recitan los nombres de los demonios en letanía, hasta que de pronto ven al Diablo descender disfrazado de animal o de otra manera. Tan pronto como la visión comienza se apagan las luces….” El monje sigue fielmente a sus precursores, especialmente a Adhémar de Chabannes y Psellos. Después de relatar la correspondiente promiscue e incestuosa orgía, la quema de los niños, la elaboración en secreto de la esclavizante poción diabólica, concluye, “que esto sea suficiente para advertir a los Cristianos para que estén vigilantes contra esta mala obra…”(10).
Cien años más tarde era común creer que el Diablo, o algún demonio a él subordinado, presidía las orgías nocturnas de los herejes en forma de animal, normalmente un gato. Esto no pertenecía al folklore de la mayoría analfabeta, sino al punto de vista de la élite intelectual. Clérigos cultos que dirigían los principales asuntos estaban convencidos de todo esto. El Inglés Walter Map, por ejemplo, no solo era un eclesiástico importante sino que fue varias veces juez y oficial en la corte de Enrique II. También era un talento, a quien el Conde de Champagne se complació en entretener en su corte, cuando Map viajaba a Roma para asistir a un concilio ecuménico. Este altamente educado y experimentado hombre describió las reuniones de los herejes en términos tan fantásticos que parecía que estaba bromeando, si no hubiera sido por el contexto que es perfectamente serio. En su libro “De nugis curialium” (entretenimientos de los cortesanos) informa lo que algunos herejes Franceses, que habían abandonado la herejía y regresado al Catolicismo, se supone le dijeron sobre sus prácticas. “…… Se apagaban las luces y los herejes murmuraban sus himnos (como para no atraer la atención de extraños), agrupados alrededor de su amo el gato. En la oscuridad trataban de encontrar al animal demoníaco, y a medida que cada uno lo encontraba, lo besaba en la parte que consideraba oportuna para colmar su deseo de degradación: los pies, genitales, bajo la cola, en el ano (en los primeros tiempos del Cristianismo se decía que los Cristianos adoraban los genitales del sacerdote que presidía la ceremonia!). Solamente después de todo esto, estimulados por ello, los herejes comenzaban su usual orgía promiscua(11).
En la época en la que Map escribió este relato, cerca del 1180, estas ideas ya habían entrado en el pensamiento incluso de los filósofos y teólogos. El Francés Alain de Lille, cuya reputación como hombre culto era tal que le llamaban “Doctor Universalis”, creía también en todo esto. Cuando escribió su tratado “Contra los herejes de su tiempo”, entre 1179 y 1202, tuvo que explicar por qué una de las más importantes sectas era llamada Cátaros. Dio la respuestas correcta: el nombre viene del Griego “Katharoi”, “los puros”, pero se sintió obligado a ofrecer una etimología alternativa –del Latín “cattus”, “gato”, porque es en esta forma que Lucifer se les aparece y recibe sus obscenos besos(12). El eminente Escolástico Guillaume d´Auvergne, obispo de Paris, creía igualmente. Escribe que “Lucifer” “tiene el permiso de Dios para aparecerse a sus seguidores en la forma de gato negro o sapo y pedirles besos, como gato, bajo la cola, en el ano, como sapo, en la boca”(13).
La atmósfera estaba cambiando. Las fantasías que en la temprana Edad Media eran desconocidas en Europa Occidental se convirtieron en creencias comunes. Como siempre ocurre, mediante la repetición las ficciones se convierten en verdades aceptadas como hechos.
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1. Filastrio, “Diversarum hereseon”, xlix, 3.
2. Epifanio, “Panarion”, xlviii, 4
3. Agustín, “De haeresibus”, xxvi
4. Theodoret, “Haereticarum fabularum compendium”, iii, 2
5. Jerónimo, “Epistola” xli, 4
6. Agustín, “De moribus Ecclesiae Catholicae et de moribus Manichaeorum”, Lib. II, cap. vii
7. Texto, en traducción en Latín, in F.C. Conybeare, “The Key of Truth, a manual of the Paulician Church in Armenia”, Oxford, 1899, pp. 152-4.
8. Michael Psellos, “Peri energeias daimonon”, cap. v. Svoboda, “La démonologie de Michel Psellos”, Brno, 1927.
9. Adhémar de Chabannes, “Historia Francorum”, lib. III, cap. 59.
10. Pablo, monje de Saint-Père de Chartres, “Liber Aganonis”, en Cartulaire de l´abbaye de Saint-Père de Chartres, ed. M. Guérard, vol. 1, Paris, 1840, p. 112. Los estudiosos modernos, que se basan en la edición del siglo XVIII del Liber Aganonis en Bouquet, vol. X, consideran que este documento contiene el primer relato real del Sabbat contemporáneo con los eventos en Orleans, i.e. como fechado cerca del 1022. Pero esto está equivocado. Ver la introducción de Guérard, p. 276, Nota 2.
11. Walter Map, “De nugis curialium”, Distinctio 1, cap. xxx (Camden Society, vol. 50, London, 1850, p. 61.
12. Alain de Lille, “De FIDE católica contra haereticos sui temporis”, lib. 1, cap. LXIII. Map puede muy bien haber oído la historia de Alain de Lille, ambos estuvieron en el concilio de Letrán en Roma en 1179. La derivación de “Cátaro” de “cattus” fue ampliamente aceptada. Para un ejemplo ver I. Von Döllinger”, Beiträge zur Sektengeschichte”, vol. II, Munich, 1890, p. 293.
13. Gulielmus Alvernus, “Tractatus de legibus”, cap. XXVI, en “Opera Omnia”, Orléans 1674, vol. I, p. 83.
Desde comienzos del siglo tercero los Cristianos gradualmente comenzaron a dejar de ser vistos, y de verse ellos mismos, como grupo militante. El proceso de integración en y acomodación con, la sociedad Greco-Romana había comenzado. Pero no todos los Cristianos se adaptaron a las circunstancias cambiantes. En el Este, tanto el compromiso con el mundo como el institucionalismo dentro de la Iglesia fueron cuestionados por un renacimiento religioso conocido como Montanismo (de su fundador, Montanus). Localizado en las remotas profundidadesde Frigia, en Asia Menor, el Montanismo involucraba por encima de todo una revuelta contra la vida fácil del Cristianismo en las ciudades y pueblos Griegos. Con su arrolladora sed de martirio y urgentes profecías sobre el Fin del Milenio, la secta se hizo oír a finales del siglo II. Pero sobrevivió varios siglos más, y cuando ya el Cristianismo se había convertido en la religión oficial del Imperio, esta reliquia de los primeros tiempos era vista con gran suspicacia.
Entre mediados de los siglos IV y V, varios representantes Cristianos insinuaban que esas intransigentes atrasadas gentes de los bosques practicaban el canibalismo. Filastrio, obispo de Brescia, dijo de ellos: “La gente dice que durante la Pascua mezclan la sangre de un niño con sus ofrendas y envían trozos de esta ofrenda a sus perniciosos seguidores en todas partes(1). Epifanio también tenía a los Montanistas en mente cuando dijo que algunos sectarios “pinchan a un niño por todo el cuerpo con agujas de bronce para obtener sangre para su ofrenda”(2). Incluso el gran Agustín informa acerca de esos Frigios: “La gente dice que tienen unos sacramentos lamentables. Se dice que toman la sangre de un niño de un año, la obtienen mediante pequeños cortes en su cuerpo, y al mismo tiempo producen su Eucaristía, mezclando esta sangre con la comida, hasta hacen el pan mezclado con esta. Si el niño muere, lo tratan como un mártir, pero si vive, lo tratan como un sumo sacerdote(3). Los Montanistas reaccionaron a estas acusaciones igual que los Cristianos del siglo II –rechazaron esos cuentos como malignas calumnias(4). Sabían que eran inocentes –incluso algunos líderes de la Iglesia lo admitían(5).
San Agustín también señaló extrañas costumbres entre los Maniqueos. En su tiempo la religión Maniquea se expandía desde su lugar de origen, Persia, penetrando profundamente en el mundo Greco-Romano. A medida que avanzaba vino a estar más y más bajo la influencia de la Cristiandad. En África del Norte en particular tomó la apariencia de una versión más racional del Cristianismo, sin ser estorbada por el Antiguo Testamento, y vino a ser un serio rival del Catolicismo entre los educados. Agustín mismo fue miembro de la iglesia Maniquea durante nueve años, antes de su conversión al Catolicismo. Pero fue solamente “auditor”, o Maniqueo secular. El relato que cuenta se refiere a los “electi” que eran virtuosos religiosos.
De acuerdo con Agustín, en su época Maniquea una mujer se quejó a él que durante una ceremonia religiosa, estando sentada junto a otras mujeres, “algunos de los elegidos se le acercaron, uno de ellos apagó la lámpara, mientras que otro, que no pudo reconocer, la abrazó, intentando forzarla a pecar si no hubiera gritado y escapado. Esto ocurrió la noche cuando la fiesta de las vigilias(6). Agustín, aunque reconoció que no se puedo descubrir al agresor, comenta que estas prácticas deben haber sido muy comunes. Uno debería preguntarse por qué, si así era, él, Agustín, nunca fue testigo de nada semejante durante todos los años que fue miembro. La verdad es que los “electi” o “perfecti” Maniqueos tenían fama, incluso entre sus enemigos, por su absoluta castidad y ascetismo riguroso, y hay razón para pensar que esta poco probable historia no fuese sino una versión desacreditadora de aquellas orgiásticas fantasías con las que los paganos Romanos acusaron a su vez el “Agape Cristiano”.
Siglos después estos cuentos de erotismo libertino, infanticidio y canibalismo fueron reavivados y aplicados a varios grupos religiosos en el Cristianismo Medieval. En el proceso vinieron a estar cada vez más firmemente integradas en el corpus de la demonología Cristiana. A los ojos de los paganos Greco-Romanos, la gente que se consentía en orgías promiscuas y devoraban niños eran enemigos de la sociedad y de la humanidad. A los ojos de los Cristianos Medievales eran además enemigos de Dios y siervos de Satán, sus terribles acciones eran inspiradas por Satán y sus demonios y servían sus intereses. A medida que pasaron los siglos los poderes de las tinieblas aparecían más y más en esos cuentos, hasta que llegaron a ocupar el centro el escenario. La permisividad erótica, el infanticidio y canibalismo tomaron gradualmente un nuevo sentido, como manifestaciones de un culto religioso a Satán y expresiones de culto al Diablo. Finalmente las orgías nocturnas fueron “imaginadas” teniendo lugar bajo la directa supervisión de un demonio, que las presidía en forma material.
Estas transformaciones pueden ser observadas bastante claramente si uno traza, en orden cronológico, las acusaciones contra ciertas sectas disidentes en la Cristiandad tanto oriental como occidental. Un ejemplo es la secta de los Paulicianos, que en el siglo VIII floreció en el sureste de Armenia, fuera de las fronteras del Imperio y fuera del control la iglesia Armenia. En el 719 el jefe de esta iglesia, San Juan IV de Ojun (Yovhannes Ojneçi), conocido como el Filósofo, convocó un gran sínodo que condenó a esa gente como “hijos de Satán”, él mismo produjo una octavilla que mostraba claramente lo que quería decir con ello(7). Los Paulicianos, se quejaba, se reúnen en la oscuridad de la noche, y en sus reuniones a escondidas cometen incesto con sus propias madres. Si de ello nace un niño, se lo lanzan uno a otro hasta que muere, y aquel en cuyas manos muere es elevado al liderazgo de la secta. La sangre de esos infantes es mezclada con harina para hacer la Eucaristía. Esa gente sobrepasa en glotonería a los cerdos que devoran a su propia descendencia. De esta manera Juan de Ojun puso en relación lógica, la una con la otra, las dos “fantasías” originalmente independientes, la de la orgía erótica y la de la “fiesta Tiesteana”, estableciendo el modelo para las generaciones siguientes. Pero esto no fue todo –también describió como los Paulicianos adoraban al Diablo, inclinándose y echando espuma por la boca. Esta idea también fue incorporada en los estereotipos tradicionales.
En otro caso posterior en el Este el papel de Satán y sus demonios es más explícito. Cerca del 1050 Michael Constantino Psellos, que era a su vez un famoso filósofo y un hombre de estado Bizantino, escribió un diálogo en Griego “Sobre la operación de los demonios”, e incluyó en este un par de parágrafos acerca de la secta de los Bogomilos –los llama Mesalianos. Juan de Ojun también se refirió a los Mesalianos en conexión con los Paulicianos-. Psellos vivió y escribió en Constantinopla, y los Bogomilos se encontraban en la distante Tracia. Es pues según el relato de un visitante Tracio que Psellos ofrece su informe. Se trata del “Sacrificio Místico” que el Tracio decía haber presenciado, en persona, durante la Pascua:
“Cuando se hace de noche se encienden las velas, y cuando nosotros celebramos la Pasión del Señor, ellos se reúnen en una casa y traen a jóvenes muchachas que han iniciado en sus ritos. Apagan las velas, y se entregan a actos lascivos con las jóvenes… Una vez finalizado el rito, se van a sus casas y esperan durante nueve meses hasta que nazcan los niños ilegítimos. Se reúnen de nuevo en el mismo lugar. Después al tercer o cuarto día del nacimiento le quitan los niños a sus madres de sus brazos. Cortan su carne y recogen los chorros de sangre en recipientes. Tiran los niños aún llorando al fuego. Después recogen las cenizas y las mezclan con la sangre y hace una abominable bebida con la que impregnan su comida y bebida. ……”(8)
El Tracio tiene claro el propósito detrás de estos ritos. Las almas de los que participan en ellos es purgada de cualquier rastro de influencia divina y se convierten en lugar donde habitan los demonios. La venida del Anticristo está cerca, surgirán monstruosas doctrinas y prácticas ilegítimas. Las acciones de Saturno y Tiestes y Tántalo, cuando devoraron a sus hijos, de Oedipo cuando se unió a su propia madre, de Cinirias, cuando copuló con sus hijas –todas esas abominaciones se están repitiendo ahora, como signos de la llegada de los Últimos Días. En otras palabras, son manifestaciones del fin, un esfuerzo desesperado de las huestes demoníacas en su lucha contra Dios.
Hasta el siglo XI el Cristianismo Occidental no había tenido ninguno de esos problemas provocados por disidentes religiosos. Pero en la época en la que Psellos escribía contra los Bogomilos (=amigos de Dios), Occidente comenzó a descubrir la presencia de heréticos. Las autoridades, eclesiásticas y seculares, reaccionaron fuertemente contra estas poco conocidas situaciones: los herejes no solo fueron quemados vivos, fueron también difamados. La primera ejecución tuvo lugar en Orleans en 1022. Y en conexión con este mismo incidente se relataron cuentos de incestos y canibalismo por vez primera en Europa occidental, por vez primera desde la Gran Ejecución de “Cristianos” a manos de paganos en Lyon, más de ocho siglos antes.
Este grupo hereje consistía en mayor parte de canónigos de la colegiata de Orleans –hombres cultos y piadosos, uno de los cuales había sido confesor de la reina. También incluía algunos laicos aristócratas, y algunas monjas y otras mujeres. El tono era de piedad profunda –los líderes no solo predicaban sino que también vivía una vida santa y simple, y esto fue lo que atrajo a tantos seguidores. Esa gente no tenía miedo de confesar sus creencias, pues estaban convencidos que el Espíritu Santo les protegería, y al final fueron a la hoguera riendo. La evidencia que ofrecían, cuando eran interrogados en presencia del rey y la reina y los obispos, era completamente confiable. Habían rechazado mucho de lo que era aceptado en la doctrina Cristiana: no creían que Cristo nació de una Virgen, o que sufrió a manos de los hombres, o que resucitó de entre los muertos. No estaban persuadidos de la eficacia sobrenatural del bautismo, o de la Eucaristía, o de las oraciones a los Santos. Al mismo tiempo eran místicos. Creían que cada hombre había recibido el Espíritu Santo, que habita en sus corazones y los guía en todos sus caminos.
Su doctrina no era muy distinta de, o más siniestra que, la doctrina que la Sociedad de Amigos profesaría bastantes siglos después. Pero estos sectarios también hablaban acerca de una cierta “comida celestial”, y esto puso a funcionar las imaginaciones. Un cronista contemporáneo, Adhemar de Chabannes, describe como esa gente había sido engañada por un ignorante analfabeto, que les dio de comer las cenizas de un niño, atándolos así a su secta. Una vez iniciados, el Diablo se les aparecía, algunas veces como un Negro y otras como un ángel de luz. Cada día les otorgaría cantidades de dinero, y en contrapartida se les exigía negar a Cristo en sus corazones, aunque en público aparecieran como verdaderos seguidores de Cristo. Y el Diablo les instruiría también para realizar en secreto todo tipo de vicios(9).
Un par de generaciones posteriores, cerca del 1090, un monje de Chartres llamado Pablo (Paul) ofreció un relato más elaborado del tema. “Se reúnen determinadas noches a una hora concreta, escribe, cada uno lleva una lámpara. Y recitan los nombres de los demonios en letanía, hasta que de pronto ven al Diablo descender disfrazado de animal o de otra manera. Tan pronto como la visión comienza se apagan las luces….” El monje sigue fielmente a sus precursores, especialmente a Adhémar de Chabannes y Psellos. Después de relatar la correspondiente promiscue e incestuosa orgía, la quema de los niños, la elaboración en secreto de la esclavizante poción diabólica, concluye, “que esto sea suficiente para advertir a los Cristianos para que estén vigilantes contra esta mala obra…”(10).
Cien años más tarde era común creer que el Diablo, o algún demonio a él subordinado, presidía las orgías nocturnas de los herejes en forma de animal, normalmente un gato. Esto no pertenecía al folklore de la mayoría analfabeta, sino al punto de vista de la élite intelectual. Clérigos cultos que dirigían los principales asuntos estaban convencidos de todo esto. El Inglés Walter Map, por ejemplo, no solo era un eclesiástico importante sino que fue varias veces juez y oficial en la corte de Enrique II. También era un talento, a quien el Conde de Champagne se complació en entretener en su corte, cuando Map viajaba a Roma para asistir a un concilio ecuménico. Este altamente educado y experimentado hombre describió las reuniones de los herejes en términos tan fantásticos que parecía que estaba bromeando, si no hubiera sido por el contexto que es perfectamente serio. En su libro “De nugis curialium” (entretenimientos de los cortesanos) informa lo que algunos herejes Franceses, que habían abandonado la herejía y regresado al Catolicismo, se supone le dijeron sobre sus prácticas. “…… Se apagaban las luces y los herejes murmuraban sus himnos (como para no atraer la atención de extraños), agrupados alrededor de su amo el gato. En la oscuridad trataban de encontrar al animal demoníaco, y a medida que cada uno lo encontraba, lo besaba en la parte que consideraba oportuna para colmar su deseo de degradación: los pies, genitales, bajo la cola, en el ano (en los primeros tiempos del Cristianismo se decía que los Cristianos adoraban los genitales del sacerdote que presidía la ceremonia!). Solamente después de todo esto, estimulados por ello, los herejes comenzaban su usual orgía promiscua(11).
En la época en la que Map escribió este relato, cerca del 1180, estas ideas ya habían entrado en el pensamiento incluso de los filósofos y teólogos. El Francés Alain de Lille, cuya reputación como hombre culto era tal que le llamaban “Doctor Universalis”, creía también en todo esto. Cuando escribió su tratado “Contra los herejes de su tiempo”, entre 1179 y 1202, tuvo que explicar por qué una de las más importantes sectas era llamada Cátaros. Dio la respuestas correcta: el nombre viene del Griego “Katharoi”, “los puros”, pero se sintió obligado a ofrecer una etimología alternativa –del Latín “cattus”, “gato”, porque es en esta forma que Lucifer se les aparece y recibe sus obscenos besos(12). El eminente Escolástico Guillaume d´Auvergne, obispo de Paris, creía igualmente. Escribe que “Lucifer” “tiene el permiso de Dios para aparecerse a sus seguidores en la forma de gato negro o sapo y pedirles besos, como gato, bajo la cola, en el ano, como sapo, en la boca”(13).
La atmósfera estaba cambiando. Las fantasías que en la temprana Edad Media eran desconocidas en Europa Occidental se convirtieron en creencias comunes. Como siempre ocurre, mediante la repetición las ficciones se convierten en verdades aceptadas como hechos.
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1. Filastrio, “Diversarum hereseon”, xlix, 3.
2. Epifanio, “Panarion”, xlviii, 4
3. Agustín, “De haeresibus”, xxvi
4. Theodoret, “Haereticarum fabularum compendium”, iii, 2
5. Jerónimo, “Epistola” xli, 4
6. Agustín, “De moribus Ecclesiae Catholicae et de moribus Manichaeorum”, Lib. II, cap. vii
7. Texto, en traducción en Latín, in F.C. Conybeare, “The Key of Truth, a manual of the Paulician Church in Armenia”, Oxford, 1899, pp. 152-4.
8. Michael Psellos, “Peri energeias daimonon”, cap. v. Svoboda, “La démonologie de Michel Psellos”, Brno, 1927.
9. Adhémar de Chabannes, “Historia Francorum”, lib. III, cap. 59.
10. Pablo, monje de Saint-Père de Chartres, “Liber Aganonis”, en Cartulaire de l´abbaye de Saint-Père de Chartres, ed. M. Guérard, vol. 1, Paris, 1840, p. 112. Los estudiosos modernos, que se basan en la edición del siglo XVIII del Liber Aganonis en Bouquet, vol. X, consideran que este documento contiene el primer relato real del Sabbat contemporáneo con los eventos en Orleans, i.e. como fechado cerca del 1022. Pero esto está equivocado. Ver la introducción de Guérard, p. 276, Nota 2.
11. Walter Map, “De nugis curialium”, Distinctio 1, cap. xxx (Camden Society, vol. 50, London, 1850, p. 61.
12. Alain de Lille, “De FIDE católica contra haereticos sui temporis”, lib. 1, cap. LXIII. Map puede muy bien haber oído la historia de Alain de Lille, ambos estuvieron en el concilio de Letrán en Roma en 1179. La derivación de “Cátaro” de “cattus” fue ampliamente aceptada. Para un ejemplo ver I. Von Döllinger”, Beiträge zur Sektengeschichte”, vol. II, Munich, 1890, p. 293.
13. Gulielmus Alvernus, “Tractatus de legibus”, cap. XXVI, en “Opera Omnia”, Orléans 1674, vol. I, p. 83.
viernes 24 de febrero de 2012
SATANÁS Y EL CONCEPTO DEL MAL I
PARTE I: EL DIABLO Y SUS PODERES
1. El Antiguo Testamento dice muy poco acerca del Diablo y ni siquiera apunta a una conspiración de los seres humanos bajo la dirección del Diablo.
Para los Hebreos primitivos Yahvé era un dios tribal, y pensaban a los dioses de los pueblos vecinos como antagonistas a ellos y a Yahvé, y no necesitaban ninguna otra grandiosa encarnación del mal. Más tarde la religión tribal se desarrolló en un monoteísmo ; pero entonces el monoteísmo era tan absoluto, la omnipotencia y omnipresencia de Dios eran tan constantemente afirmadas, que los poderes del mal parecían insignificantes en comparación. El demonio del desierto Azazel en Levítico, el demonio nocturno Lilith y los demonios machos cabríos en Isaías –son todos residuos de la religión pre-Yavista y permanecen fuera de los límites de la religión de Yahvé; difícilmente entran en relación con Dios y no son en absoluto poderes que se enfrentan a Dios. Como ocurre con el dragón que aparece en el Antiguo Testamento bajo los nombres de Rahab, Leviatán, y Tehom Rabbah- que son tomados de los mitos de creación del Cercano Oriente y simbolizan el caos primordial en lugar del mal actuando en el mundo creado. Tampoco el Antiguo Testamento sabe nada sobre Satán en tanto que gran oponente de Dios y suprema encarnación del mal. Estamos acostumbrados a ver la serpiente, que engaño a Eva en el Jardín del Edén, como Satán en guerra con Dios; pero no hay garantía alguna de nada de esto en el texto. Al contrario, en las pocas ocasiones cuando Satán aparece en el Antiguo Testamento, figura menos como antagonista de Yahvé que como cómplice.
Satán, de hecho, se desarrolló partiendo del mismo Yahvé, en respuesta a ideas cambiantes acerca de la naturaleza de Dios(1). Cuando Yahvé dejó de ser un dios tribal y se convirtió en Dios del universo, fue visto al comienzo como autor de todo lo que ocurría, bueno y malo. Así leemos en Amos (siglo VIII a.C.): “…….. Sobreviene una desgracia a una ciudad sin que la haya provocado Yahvé?”(2). Incluso el Deutero-Isaías (siglo VI a.C.) hace decir a Yahvé: “Yo modelo la luz y creo la tiniebla, yo hago la dicha y creo la desgracia, y soy Yahvé, el que hago todo esto”(3). Pero gradualmente la conciencia religiosa cambió hasta que se llegó a considerar una incongruencia que Dios fuese el responsable directo del mal. En este punto las funciones amenazantes y dañinas de Dios se separan de éste y son personificadas en Satán(4).
En el prólogo del libro de Job (probablemente siglo V a.C.) Satán aparece como cortesano en la corte de Dios, y el hecho notable es que induce a Dios a infligir sufrimiento sobre un hombre inocente. En épocas más tempranas, Dios podría haber sido perfectamente capaz de realizar esto sin ser inducido, y es que la misma idea que Dios puede ser inducido o influenciado a hacer algo habría sido teológicamente intolerable. Esta visión más antigua, pues, impregna todo el relato de Job en oposición al prólogo; en este antiguo cuento popular Job no duda en adscribir su desgracia a Yahvé, y no sabe absolutamente nada de Satán. Un desarrollo similar se puede observar si uno contrasta un relato del Libro Segundo de Samuel, que puede datar del siglo X a.C., con la misma historia relatada en el Libro de las Crónicas, no más antiguo del siglo IV a.C. 2 Samuel 24 relata como el Señor tentó a David para hacer un censo del pueblo, y con que consecuencias. Cualquier censo era visto como una violación del poder divino porque hacía a los seres humanos conscientes de su poder. Por lo tanto, para castigar a David por realizar el censo, el Señor envió una plaga para reducir la población; después de lo cual el Señor “se arrepintió”. Seis o siete siglos más tarde semejante conducta era vista como incompatible con la naturaleza divina. En 1 Crónicas 21, el mismo relato es narrado, y con las mismas palabras, excepto una diferencia vital: la responsabilidad de tentar a David es transferida de Dios a Satán.
Ésta historia en Crónicas parece ser un ejemplo en todo el Antiguo Testamento que sugiere que Satán existe como principio del mal; también es el ejemplo donde el nombre “Satán” –que significa “adversario”- es usado sin el artículo, de manera que se convierte en nombre propio. Ya no es un función de la personalidad de Dios, Satán surge aquí como ser autónomo, un poder que tiente a los hombres a pecar contra Dios. Este un momento crucial; pues durante los tres siglos siguientes los Judíos produjeron una demonología nueve, compleja y de gran amplitud. Desde el siglo II a.C. hasta el fin del siglo I d.C. apareció un nuevo cuerpo de literatura comúnmente conocida como apocalíptica, porque está llena de revelaciones supuestamente sobrenaturales acerca del futuro. Esta literatura abunda en referencias a los malos espíritus trabajando para impedir el plan de Dios para el mundo(5).
Aunque esta noción es bastante extraña al Antiguo Testamento, había, en cierto sentido, sido aprobada por la autoridad del Antiguo Testamento. Esto se llevó a cabo invocando un par de frases de Génesis 6: “… vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran atractivas, y tomaron por mujeres a las que prefirieron de entre todas ellas…..Los nefilim (Gigantes) aparecieron en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y éstas les dieron hijos; estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos”. Este misterioso pasaje parece reflejar una leyenda popular referente a los gigantes y su origen; y y se debe haber requerido una considerable ingenuidad para relacionarlos con los malos espíritus y su origen. Pero los Apocalipsis se las arreglan pare ello.
El Libro de Enoch, o I Enoch, relata como los ángeles, liderados por Semjaza y Azazael, cayeron del cielo debido a su lujuria para con las hijas de los hombres; de este cruce de razas viene el mal y la impiedad de la destructiva raza de los Gigantes se extendió a lo largo de la tierra hasta que, en un esfuerzo para restaurar el orden, Dios envió el Diluvio para destruir la mayor parte de la humanidad y encadenó a los ángeles en lugares oscuros de la tierra hasta el Juicio Final, cuando serán echados al Fuego Eterno(6). Pero los Gigantes permanecieron en la tierra, y dieron lugar a los malos espíritus. Cómo ocurrió esto no está claro, pero el punto es inmaterial; lo que importa es que los malos espíritus “se levantaron contra los hijos de los hombres y contra las mujeres”(7). En otras palabras, son demonios, que atormentan a los seres humanos. También los extravían haciendo que ofrezcan sacrificios a los dioses paganos(8) –un papel que existiendo bajo el Cristianismo, como una de las actividades principales y más siniestras de los demonios.
Este relato en I Enoch data del siglo II a.C., y los Apocalipsis posteriores se basaron en éste. Muchos de ellos tratan de esos demonios y las nefastas actividades que llevan a cabo bajo el mandato de su líder, llamado Mastema, o Belial, o Beliar, o Satán. En el “Libro de los Jubileos” (135-105 a.C.) Mastema está al mando de una décima parte de los malos espíritus, las otras nueve décimas partes permanecen confinadas en “el lugar de la condenación”. Dentro de los límites prescritos por Dios los malos espíritus o demonios llevan a cabo la destrucción en la tierra –aunque también se dedican a seducir, tentar a los seres humanos con todo tipo de pecados(9). Todo esto está más claro en el “Testamento de los Doce Patriarcas” (109-106 a.C.). Aquí el jefe de los ángeles caídos, Belial, emerge como antagonista y rival de Dios, con quien compite para obtener la alianza de los hombres: “Elijes las tinieblas o la luz, la ley del Señor o las obras de Belial?(10). Sus subordinados tientan a los hombres para que forniquen, con celos, envidia, enfado, crimen –y también idolatría, o culto a los dioses paganos.
Algunos de los Rollos del Mar Muerto presenta un cuadro muy similar. En algunos de sus escritos se encuentra la idea que iba a sufrir un espectacular desarrollo en siglos posteriores: la idea que el Diablo (Beliar, Satán, etc.) tiene sus siervos entre hombres y mujeres vivientes –colaboradores humanos de las huestes de malos espíritus. En el documento conocido como “La guerra de los Hijos de la Luz y los Hijos de las Tinieblas” que data aproximadamente de los tiempos de Jesús, la secta espera una guerra de cincuenta años donde sus miembros, como “hijos de la luz”, exterminarán a los “hijos de las tinieblas”, los “hijos de Belial”. Este será un tiempo de salvación para la gente de Dios, una época de dominio para todos los miembros de Su compañía, y de total destrucción para toda la compañía de Satán.
2. La demonología que figura en algunos Apocalipsis y algunos de los Rollos del Mar Muerto también está presente, modificada, claro, en el Nuevo Testamento(11). Al contrario de Yahvé en el Antiguo Testamento, Dios, en el Nuevo Testamento, tiene a un formidables antagonista en Satán y sus huestes de demonios subordinados; los Evangelios, Hechos, Epístolas Paulinas, y Libro del Apocalipsis, están llenos de referencias a esta prodigiosa lucha. Satán lucha para impedir la expansión del Cristianismo.
Hay que admitir cierta incertidumbre referente a la etapa precisa alcanzada en la lucha entre Jesús y Satán. Algunas veces parece que la crucifixión de Jesús ha definitivamente expulsado a Satán. Juan pone en boca de Jesús poco antes de su muerte, “el príncipe de este mundo ya está juzgado”(12); Pablo mantiene que mediante su muerte Jesús ha destruido el poder del Diablo(13). Pero en otros pasajes Satán aparece completamente activo: “…vuestro adversario, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar”(14). Y el libro del Apocalipsis deja claro que la lucha nunca pude ser decidida definitivamente hasta la segunda Venida de Cristo; solo en el Juicio Final Satán será “arrojado al lago de fuego y azufre…..”(15). Aunque estas aparentes inconsistencias son meras diferencias en énfasis; no pueden oscurecerle gran optimismo y certeza de victoria que inspiraba a los Cristianos del siglo I.
3. Aunque en la historia de la primera Iglesia Satán y sus demonios era imaginado como lo es en el NT, gradualmente fue siendo integrado en la doctrina Central del Cristianismo, la doctrina la caída del hombre, pecado original, y la redención de la humanidad mediante al crucifixión de Cristo.
Ya en siglo I a.C., el Libro de Enoch señalaba que fue uno de los muchos Satanes menores seguidores de Satán el que extravió a Eva(16). En el primer siglo d.C., Satán estaba, al menos explícitamente, en relación con la serpiente en el Jardín del Edén. Sea la serpiente era Satán disfrazado, o Satán actuó a través de la serpiente. La conexión fue claramente establecida en un número de Apocalipsis del siglo primero, todos de origen Cristiano o con tendencias Cristianas. En particular el “Libro de Adán y Eva”, que fue compuesto en el último cuarto de siglo, elaborado sobre el papel jugado por Satán en la caída. Para extraviar a Eva se colgó de los muros del Paraíso, apareciendo como un ángel y cantando himnos como un ángel; también persuadió a la serpiente para que ésta le dejase hablar por su boca(17). Este mismo Satán fue una vez uno de esos ángeles de Dios, pero desobedeció el mandamiento de Dios y llevó a la desobediencia a otros ángeles, con el resultado que él y sus seguidores fueron expulsados del cielo.
Este punto de vista acerca de la caída de Satán y la caída del hombre fue adoptado por los Padres de la Iglesia, desde el siglo II d.C. el apologista Justino Mártir en adelante. El único punto en disputa concernía a la caída, no a Satán mismo, sino a los ángeles inferiores. Cualquier cosa que sea lo que quiere decir el Libro de Adán y Eva, la mayoría de los Padres no podían pasar por alto la doctrina de fuentes más venerables. El Libro de Enoch, como hemos visto, mantenía que esos ángeles habían caído porque desearon a las hijas de los hombres; de lo que sigue que, diferente a Satán, estos no había caído hasta bien después de la caída del hombre. Pero en el siglo III esta dificultad fue evadida por el preeminente teólogo Orígenes. Éste proclamó que el pasaje en Génesis referente a los hijos de Dios y las hijas de los hombres había de ser tomado alegóricamente; la verdadera caída de los ángeles tuvo lugar antes de la creación del hombre, es más, antes de la creación del mundo. la Iglesia Griega siguió a Orígenes; un tiempo después San Jerónimo (c. 340-420) y San Agustín de Hipona (354-430) implantaron la misma idea en la Iglesia Latina. A finales del siglo IV se aceptaba generalmente en el Este y el Oeste que la caída del hombre era parte de una prodigiosa lucha cósmica que había comenzado cuando algunas de las huestes celestiales se habían revelado contra Dios y habían sido expulsadas del cielo. Mientras que los ángeles habitan el alto cielo, cerca del Trono de Dios, los demonios estaban confinados al aire oscuro inmediatamente sobre la tierra. Este es el significado original de la famosa frase de Pablo acerca de la “maldad espiritual en las alturas”(18), los Padres compartían este punto de vista. Agustín, por ejemplo, mantenía que “el Diablo fue expulsado, junto con sus ángeles, de la alta esfera de los ángeles, y fue arrojado a las tinieblas, o sea en nuestra atmósfera, donde están encarcelados(19). También se estaba de acuerdo en que dado que los ángeles poseían cuerpos etéreos, compuestos de aire y luz, los demonios han de estar igualmente equipados. De acuerdo con Agustín, esos cuerpos etéreos le otorgaban a los demonios tremendo poder y percepción y les posibilitaba transportarse a través del aire a extraordinaria velocidad(20).
Desde su habitat en el aire Satán y sus demonios mantienen una guerra incesante contra los Cristianos. Así es como Pablo los imagina(21). Y los Padres se explayan ampliamente sobre las diferentes maneras mediante las cuales estos persiguen a la nueva fe y a sus adherentes. Pues el Diablo, que no conoce paz alguna, no puede dejar en paz a los hombres(22), junto con sus demonios causa tanto la enfermedad individual(23) como los desastres colectivos tales como la sequía, malas cosechas, epidemias entre los hombres y las bestias(24). Además, los demonios han ideado nuevas métodos para afligir a la Iglesia. Por un lado inspiran a las autoridades Romanas para que persigan a los Cristianos(25), por otro seducen a los Cristianos para que abandonen la verdadera fe, para caer en el cisma y la herejía(26). San Cipriano mantenía incluso que respecto a la actividad de los diablos no habría ni herejía ni cisma alguno(27).
Para Pablo como para los Padres, los demonios están presentes en los dioses del mundo antiguo. Si un Cristiano se atreve a criticar nuevas prácticas o creencias, después que éstas hayan sido aprobadas por la Iglesia, esto debe estar instigado por un dios pagano, operando como demonio. Cuando un monje llamado Vigilantius escribió contra le creciente culto a los huesos de los mártires, Jerónimo le contesta: “El espíritu impuro que te hace escribir esto ha sido a menudo atormentado por este humilde polvo (de los huesos de los mártires)…. Este mi consejo. Vete y confiesa, que lo que ahora niegas, es Mercurio quien habla a través de la boca de Vigilantius”(28). La prueba más segura de la verdad del Cristianismo está en la habilidad de los Cristianos para exorcizar los demonios de los seres humanos a los que han poseído. Pues cada exorcismo representa una victoria de Cristo sobre un dios pagano. Este es el punto de vista de Tertuliano y Cipriano a comienzos del siglo III(29), y era también el punto de vista de Sulpicio Severus en su vida de San Martín de Tours, escrita a comienzos del siglo V: “Cada vez que Martín venía a la iglesia, los demoniacos que estaban presentes aullaban y temblaban como los criminales cuando llega el juez…. Cuando Martín exorcizaba los demonios…. Los miserables demonios expresaban de diferentes maneras los apuros en los que se encontraban… uno admitía que era Júpiter, otro Mercurio….. (30).
La más grande ofensa de Satán, de hecho, está en la persistencia de la religión pagana. Todos lo que a ésta se adherían estaban adorando a demonios. Esta interpretación del ritual de la religión Greco-Romana es como un anticipo de aquellas fantasías del culto a Satán que los clérigos medievales blandirían para tratar con las actividades de las sectas discrepantes, mil años después.
Sin embargo, las similitudes entre el Cristianismo temprano y las actitudes del Cristianismo medieval no han de ser exageradas. La atmósfera de mórbida fascinación que llenaba las descripciones medievales está ausente en las polémicas de los primeros Padres; es fácil ver por qué. En los días de los Padres la Iglesia estaba llena de optimismo, todavía segura de su fe y del triunfo de esta fe. Satán podía ser fuerte, pero estaba dentro del poder de cualquier Cristiano resistirle. La obra conocida como “El Pastor de Hermas”, que data de la primera mitad del siglo II, es empático en un punto: el que teme a Dios no puede ser afectado por ningún Diablo. Satán huye cuando se enfrenta a una fuerte resistencia, por ellos sólo aquellos sin fe Cristiana han de temerle(31). En la segunda mitad del siglo II Ireneo afirmaba que el Diablo huye ante las oraciones de los Cristianos(32), y Tertuliano estaba convencido que es suficiente con pronunciar el nombre de Cristo(33). Si Dios permite que los demonios tienten a los Cristianos, es en orden a que los Cristianos pueden avergonzarlo y al mismo tiempo fortalezcan su propia fe. Desde el punto de vista de Orígenes el poder de Satán y sus huestes ya estaba declinando. Cada vez que un demonio es resistido con éxito por un Cristiano, es arrojado al infierno y pierde el poder de tentar de nuevo. Como resultado el número de demonios en servicio activo está disminuyendo, el poder de los dioses paganos mengua, y a los paganos se les hace cada vez más fácil convertirse en Cristianos(34).
Esta sublime confianza aún inspiraba a la Iglesia cuando cristianizó a los pueblos Germanos y Celtas de Europa. Pero gradualmente a lo largo de los siglos nuevas y terribles ansiedades comenzaron a hacerse sentir en las mentes Cristianas, hasta que llegó a parecer que el mundo estaba poseído por los demonios y que sus aliados humanos estaban por todas partes, incluso en el mismo corazón de la Cristiandad.
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1. Roskoff, “Geschichte des Teufels”, Leipzig, 1869, aunque antigua, es una de las historia más completas acerca de Satán y las huestes demoniacas. Ver también, aunque es más breve, E. Langton, “Satan, a portrait”, London, 1945, y H.A. Kelly, “Towards the death of Satan”, London, 1968. Para un desarrollo de las ideas Cristiana y Judía hasta el Nuevo Testamento ver E. Langton, “Essentials of demonology”, London, 1949. Un estupendo estudios sobre el desarrollo del concepto de Satán en K.G. Jung “Satanás en el Antiguo Testamento, Simbología del Espíritu”, Fondo de Cultura Económica, 1962.
2. Amos 3:6
3. Isaías 45:7
4. Ver H. V. Kluger, “Satan in the Old Testament”, traducc. H. Nagel, North-western University Press, Evanston, USA, 1967.
5. R. H. Charles, “The Apocrypha and Pseudepigrapha of the Old Testament”, 2 vol., Oxford 1913. Hasta que punto la demonología Judía dependía de una influencia Iraní, y cuanto le debe Satán al espíritu de destrucción Zoroastriano, Ahriman, ha sido debatido y no hay conclusión definitiva. Contribuciones acerca de este tema en J. Duchesne-Guillemin, “Ormazd et Ahriman”, Paris, 1953, y R.C. Zaehner, “The dawn and twilight of Zoroastrianism”, London, 1961.
6. I Enoch 10:1-11.
7. I Enoch 15:11.
8. I Enoch 19:1.
9. Jubileos 11:4
10. Testamento de Leví 19:1.
11. G. b. Caird, “Principalities and Powers: a study in Pauline Theology”, Oxford, 1956.
12. Juan 16:11.
13. Hebreos 2:14
14. I Pedro 5:8.
15. Apocalipsis 20:10
16. I Enoch 69:4-6
17. Latin, Vita, 9:1. Ver “Apocalypsis Mosis”, 16-20.
18. Efesios 6:12; 2:2.
19. Agustín, “Enarratio in Psalmum cxlviii”, 9.
20. Agustín, “De divinatione daemonum”, cap. Iii, 7.
21. Efesios 6:12.
22. Ireneo, “Adversus haereses”, lib. V, Cap. Xxiv
23. Tertuliano, “Apologeticum”, cap. Xxii
24. Orígenes, “Contra Celsum”, lib. VIII, 31-2.
25. Justino, “Apologia I”, 55.
26. Justino, “Apologia I”, 5, 12 y 14; Orígenes, “Exhortatio ad martyrium”, 18 y 32
27. Cipriano, “Liber de úntate Ecclesiae” 15
28. Jerónimo, “Liber contra Vigilantium”, 9
29. Tertuliano, “Apologeticum”, cap. XXXIII; Cipriano, “Ad Demetrianum”, 15.
30. Sulpicio Severus, “Dialogus”, III, cap. vi
31. Pastor de Hermas, “Mandatos” VII y XII
32. Ireneo, “Adversus haereses”, lib. II, cap. xxxii
33. Tertuliano, “Apologeticum”, cap. xxiii
34. Orígenes, “Homilia in librum Jesu Nave”, XV.
1. El Antiguo Testamento dice muy poco acerca del Diablo y ni siquiera apunta a una conspiración de los seres humanos bajo la dirección del Diablo.
Para los Hebreos primitivos Yahvé era un dios tribal, y pensaban a los dioses de los pueblos vecinos como antagonistas a ellos y a Yahvé, y no necesitaban ninguna otra grandiosa encarnación del mal. Más tarde la religión tribal se desarrolló en un monoteísmo ; pero entonces el monoteísmo era tan absoluto, la omnipotencia y omnipresencia de Dios eran tan constantemente afirmadas, que los poderes del mal parecían insignificantes en comparación. El demonio del desierto Azazel en Levítico, el demonio nocturno Lilith y los demonios machos cabríos en Isaías –son todos residuos de la religión pre-Yavista y permanecen fuera de los límites de la religión de Yahvé; difícilmente entran en relación con Dios y no son en absoluto poderes que se enfrentan a Dios. Como ocurre con el dragón que aparece en el Antiguo Testamento bajo los nombres de Rahab, Leviatán, y Tehom Rabbah- que son tomados de los mitos de creación del Cercano Oriente y simbolizan el caos primordial en lugar del mal actuando en el mundo creado. Tampoco el Antiguo Testamento sabe nada sobre Satán en tanto que gran oponente de Dios y suprema encarnación del mal. Estamos acostumbrados a ver la serpiente, que engaño a Eva en el Jardín del Edén, como Satán en guerra con Dios; pero no hay garantía alguna de nada de esto en el texto. Al contrario, en las pocas ocasiones cuando Satán aparece en el Antiguo Testamento, figura menos como antagonista de Yahvé que como cómplice.
Satán, de hecho, se desarrolló partiendo del mismo Yahvé, en respuesta a ideas cambiantes acerca de la naturaleza de Dios(1). Cuando Yahvé dejó de ser un dios tribal y se convirtió en Dios del universo, fue visto al comienzo como autor de todo lo que ocurría, bueno y malo. Así leemos en Amos (siglo VIII a.C.): “…….. Sobreviene una desgracia a una ciudad sin que la haya provocado Yahvé?”(2). Incluso el Deutero-Isaías (siglo VI a.C.) hace decir a Yahvé: “Yo modelo la luz y creo la tiniebla, yo hago la dicha y creo la desgracia, y soy Yahvé, el que hago todo esto”(3). Pero gradualmente la conciencia religiosa cambió hasta que se llegó a considerar una incongruencia que Dios fuese el responsable directo del mal. En este punto las funciones amenazantes y dañinas de Dios se separan de éste y son personificadas en Satán(4).
En el prólogo del libro de Job (probablemente siglo V a.C.) Satán aparece como cortesano en la corte de Dios, y el hecho notable es que induce a Dios a infligir sufrimiento sobre un hombre inocente. En épocas más tempranas, Dios podría haber sido perfectamente capaz de realizar esto sin ser inducido, y es que la misma idea que Dios puede ser inducido o influenciado a hacer algo habría sido teológicamente intolerable. Esta visión más antigua, pues, impregna todo el relato de Job en oposición al prólogo; en este antiguo cuento popular Job no duda en adscribir su desgracia a Yahvé, y no sabe absolutamente nada de Satán. Un desarrollo similar se puede observar si uno contrasta un relato del Libro Segundo de Samuel, que puede datar del siglo X a.C., con la misma historia relatada en el Libro de las Crónicas, no más antiguo del siglo IV a.C. 2 Samuel 24 relata como el Señor tentó a David para hacer un censo del pueblo, y con que consecuencias. Cualquier censo era visto como una violación del poder divino porque hacía a los seres humanos conscientes de su poder. Por lo tanto, para castigar a David por realizar el censo, el Señor envió una plaga para reducir la población; después de lo cual el Señor “se arrepintió”. Seis o siete siglos más tarde semejante conducta era vista como incompatible con la naturaleza divina. En 1 Crónicas 21, el mismo relato es narrado, y con las mismas palabras, excepto una diferencia vital: la responsabilidad de tentar a David es transferida de Dios a Satán.
Ésta historia en Crónicas parece ser un ejemplo en todo el Antiguo Testamento que sugiere que Satán existe como principio del mal; también es el ejemplo donde el nombre “Satán” –que significa “adversario”- es usado sin el artículo, de manera que se convierte en nombre propio. Ya no es un función de la personalidad de Dios, Satán surge aquí como ser autónomo, un poder que tiente a los hombres a pecar contra Dios. Este un momento crucial; pues durante los tres siglos siguientes los Judíos produjeron una demonología nueve, compleja y de gran amplitud. Desde el siglo II a.C. hasta el fin del siglo I d.C. apareció un nuevo cuerpo de literatura comúnmente conocida como apocalíptica, porque está llena de revelaciones supuestamente sobrenaturales acerca del futuro. Esta literatura abunda en referencias a los malos espíritus trabajando para impedir el plan de Dios para el mundo(5).
Aunque esta noción es bastante extraña al Antiguo Testamento, había, en cierto sentido, sido aprobada por la autoridad del Antiguo Testamento. Esto se llevó a cabo invocando un par de frases de Génesis 6: “… vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran atractivas, y tomaron por mujeres a las que prefirieron de entre todas ellas…..Los nefilim (Gigantes) aparecieron en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y éstas les dieron hijos; estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos”. Este misterioso pasaje parece reflejar una leyenda popular referente a los gigantes y su origen; y y se debe haber requerido una considerable ingenuidad para relacionarlos con los malos espíritus y su origen. Pero los Apocalipsis se las arreglan pare ello.
El Libro de Enoch, o I Enoch, relata como los ángeles, liderados por Semjaza y Azazael, cayeron del cielo debido a su lujuria para con las hijas de los hombres; de este cruce de razas viene el mal y la impiedad de la destructiva raza de los Gigantes se extendió a lo largo de la tierra hasta que, en un esfuerzo para restaurar el orden, Dios envió el Diluvio para destruir la mayor parte de la humanidad y encadenó a los ángeles en lugares oscuros de la tierra hasta el Juicio Final, cuando serán echados al Fuego Eterno(6). Pero los Gigantes permanecieron en la tierra, y dieron lugar a los malos espíritus. Cómo ocurrió esto no está claro, pero el punto es inmaterial; lo que importa es que los malos espíritus “se levantaron contra los hijos de los hombres y contra las mujeres”(7). En otras palabras, son demonios, que atormentan a los seres humanos. También los extravían haciendo que ofrezcan sacrificios a los dioses paganos(8) –un papel que existiendo bajo el Cristianismo, como una de las actividades principales y más siniestras de los demonios.
Este relato en I Enoch data del siglo II a.C., y los Apocalipsis posteriores se basaron en éste. Muchos de ellos tratan de esos demonios y las nefastas actividades que llevan a cabo bajo el mandato de su líder, llamado Mastema, o Belial, o Beliar, o Satán. En el “Libro de los Jubileos” (135-105 a.C.) Mastema está al mando de una décima parte de los malos espíritus, las otras nueve décimas partes permanecen confinadas en “el lugar de la condenación”. Dentro de los límites prescritos por Dios los malos espíritus o demonios llevan a cabo la destrucción en la tierra –aunque también se dedican a seducir, tentar a los seres humanos con todo tipo de pecados(9). Todo esto está más claro en el “Testamento de los Doce Patriarcas” (109-106 a.C.). Aquí el jefe de los ángeles caídos, Belial, emerge como antagonista y rival de Dios, con quien compite para obtener la alianza de los hombres: “Elijes las tinieblas o la luz, la ley del Señor o las obras de Belial?(10). Sus subordinados tientan a los hombres para que forniquen, con celos, envidia, enfado, crimen –y también idolatría, o culto a los dioses paganos.
Algunos de los Rollos del Mar Muerto presenta un cuadro muy similar. En algunos de sus escritos se encuentra la idea que iba a sufrir un espectacular desarrollo en siglos posteriores: la idea que el Diablo (Beliar, Satán, etc.) tiene sus siervos entre hombres y mujeres vivientes –colaboradores humanos de las huestes de malos espíritus. En el documento conocido como “La guerra de los Hijos de la Luz y los Hijos de las Tinieblas” que data aproximadamente de los tiempos de Jesús, la secta espera una guerra de cincuenta años donde sus miembros, como “hijos de la luz”, exterminarán a los “hijos de las tinieblas”, los “hijos de Belial”. Este será un tiempo de salvación para la gente de Dios, una época de dominio para todos los miembros de Su compañía, y de total destrucción para toda la compañía de Satán.
2. La demonología que figura en algunos Apocalipsis y algunos de los Rollos del Mar Muerto también está presente, modificada, claro, en el Nuevo Testamento(11). Al contrario de Yahvé en el Antiguo Testamento, Dios, en el Nuevo Testamento, tiene a un formidables antagonista en Satán y sus huestes de demonios subordinados; los Evangelios, Hechos, Epístolas Paulinas, y Libro del Apocalipsis, están llenos de referencias a esta prodigiosa lucha. Satán lucha para impedir la expansión del Cristianismo.
Hay que admitir cierta incertidumbre referente a la etapa precisa alcanzada en la lucha entre Jesús y Satán. Algunas veces parece que la crucifixión de Jesús ha definitivamente expulsado a Satán. Juan pone en boca de Jesús poco antes de su muerte, “el príncipe de este mundo ya está juzgado”(12); Pablo mantiene que mediante su muerte Jesús ha destruido el poder del Diablo(13). Pero en otros pasajes Satán aparece completamente activo: “…vuestro adversario, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar”(14). Y el libro del Apocalipsis deja claro que la lucha nunca pude ser decidida definitivamente hasta la segunda Venida de Cristo; solo en el Juicio Final Satán será “arrojado al lago de fuego y azufre…..”(15). Aunque estas aparentes inconsistencias son meras diferencias en énfasis; no pueden oscurecerle gran optimismo y certeza de victoria que inspiraba a los Cristianos del siglo I.
3. Aunque en la historia de la primera Iglesia Satán y sus demonios era imaginado como lo es en el NT, gradualmente fue siendo integrado en la doctrina Central del Cristianismo, la doctrina la caída del hombre, pecado original, y la redención de la humanidad mediante al crucifixión de Cristo.
Ya en siglo I a.C., el Libro de Enoch señalaba que fue uno de los muchos Satanes menores seguidores de Satán el que extravió a Eva(16). En el primer siglo d.C., Satán estaba, al menos explícitamente, en relación con la serpiente en el Jardín del Edén. Sea la serpiente era Satán disfrazado, o Satán actuó a través de la serpiente. La conexión fue claramente establecida en un número de Apocalipsis del siglo primero, todos de origen Cristiano o con tendencias Cristianas. En particular el “Libro de Adán y Eva”, que fue compuesto en el último cuarto de siglo, elaborado sobre el papel jugado por Satán en la caída. Para extraviar a Eva se colgó de los muros del Paraíso, apareciendo como un ángel y cantando himnos como un ángel; también persuadió a la serpiente para que ésta le dejase hablar por su boca(17). Este mismo Satán fue una vez uno de esos ángeles de Dios, pero desobedeció el mandamiento de Dios y llevó a la desobediencia a otros ángeles, con el resultado que él y sus seguidores fueron expulsados del cielo.
Este punto de vista acerca de la caída de Satán y la caída del hombre fue adoptado por los Padres de la Iglesia, desde el siglo II d.C. el apologista Justino Mártir en adelante. El único punto en disputa concernía a la caída, no a Satán mismo, sino a los ángeles inferiores. Cualquier cosa que sea lo que quiere decir el Libro de Adán y Eva, la mayoría de los Padres no podían pasar por alto la doctrina de fuentes más venerables. El Libro de Enoch, como hemos visto, mantenía que esos ángeles habían caído porque desearon a las hijas de los hombres; de lo que sigue que, diferente a Satán, estos no había caído hasta bien después de la caída del hombre. Pero en el siglo III esta dificultad fue evadida por el preeminente teólogo Orígenes. Éste proclamó que el pasaje en Génesis referente a los hijos de Dios y las hijas de los hombres había de ser tomado alegóricamente; la verdadera caída de los ángeles tuvo lugar antes de la creación del hombre, es más, antes de la creación del mundo. la Iglesia Griega siguió a Orígenes; un tiempo después San Jerónimo (c. 340-420) y San Agustín de Hipona (354-430) implantaron la misma idea en la Iglesia Latina. A finales del siglo IV se aceptaba generalmente en el Este y el Oeste que la caída del hombre era parte de una prodigiosa lucha cósmica que había comenzado cuando algunas de las huestes celestiales se habían revelado contra Dios y habían sido expulsadas del cielo. Mientras que los ángeles habitan el alto cielo, cerca del Trono de Dios, los demonios estaban confinados al aire oscuro inmediatamente sobre la tierra. Este es el significado original de la famosa frase de Pablo acerca de la “maldad espiritual en las alturas”(18), los Padres compartían este punto de vista. Agustín, por ejemplo, mantenía que “el Diablo fue expulsado, junto con sus ángeles, de la alta esfera de los ángeles, y fue arrojado a las tinieblas, o sea en nuestra atmósfera, donde están encarcelados(19). También se estaba de acuerdo en que dado que los ángeles poseían cuerpos etéreos, compuestos de aire y luz, los demonios han de estar igualmente equipados. De acuerdo con Agustín, esos cuerpos etéreos le otorgaban a los demonios tremendo poder y percepción y les posibilitaba transportarse a través del aire a extraordinaria velocidad(20).
Desde su habitat en el aire Satán y sus demonios mantienen una guerra incesante contra los Cristianos. Así es como Pablo los imagina(21). Y los Padres se explayan ampliamente sobre las diferentes maneras mediante las cuales estos persiguen a la nueva fe y a sus adherentes. Pues el Diablo, que no conoce paz alguna, no puede dejar en paz a los hombres(22), junto con sus demonios causa tanto la enfermedad individual(23) como los desastres colectivos tales como la sequía, malas cosechas, epidemias entre los hombres y las bestias(24). Además, los demonios han ideado nuevas métodos para afligir a la Iglesia. Por un lado inspiran a las autoridades Romanas para que persigan a los Cristianos(25), por otro seducen a los Cristianos para que abandonen la verdadera fe, para caer en el cisma y la herejía(26). San Cipriano mantenía incluso que respecto a la actividad de los diablos no habría ni herejía ni cisma alguno(27).
Para Pablo como para los Padres, los demonios están presentes en los dioses del mundo antiguo. Si un Cristiano se atreve a criticar nuevas prácticas o creencias, después que éstas hayan sido aprobadas por la Iglesia, esto debe estar instigado por un dios pagano, operando como demonio. Cuando un monje llamado Vigilantius escribió contra le creciente culto a los huesos de los mártires, Jerónimo le contesta: “El espíritu impuro que te hace escribir esto ha sido a menudo atormentado por este humilde polvo (de los huesos de los mártires)…. Este mi consejo. Vete y confiesa, que lo que ahora niegas, es Mercurio quien habla a través de la boca de Vigilantius”(28). La prueba más segura de la verdad del Cristianismo está en la habilidad de los Cristianos para exorcizar los demonios de los seres humanos a los que han poseído. Pues cada exorcismo representa una victoria de Cristo sobre un dios pagano. Este es el punto de vista de Tertuliano y Cipriano a comienzos del siglo III(29), y era también el punto de vista de Sulpicio Severus en su vida de San Martín de Tours, escrita a comienzos del siglo V: “Cada vez que Martín venía a la iglesia, los demoniacos que estaban presentes aullaban y temblaban como los criminales cuando llega el juez…. Cuando Martín exorcizaba los demonios…. Los miserables demonios expresaban de diferentes maneras los apuros en los que se encontraban… uno admitía que era Júpiter, otro Mercurio….. (30).
La más grande ofensa de Satán, de hecho, está en la persistencia de la religión pagana. Todos lo que a ésta se adherían estaban adorando a demonios. Esta interpretación del ritual de la religión Greco-Romana es como un anticipo de aquellas fantasías del culto a Satán que los clérigos medievales blandirían para tratar con las actividades de las sectas discrepantes, mil años después.
Sin embargo, las similitudes entre el Cristianismo temprano y las actitudes del Cristianismo medieval no han de ser exageradas. La atmósfera de mórbida fascinación que llenaba las descripciones medievales está ausente en las polémicas de los primeros Padres; es fácil ver por qué. En los días de los Padres la Iglesia estaba llena de optimismo, todavía segura de su fe y del triunfo de esta fe. Satán podía ser fuerte, pero estaba dentro del poder de cualquier Cristiano resistirle. La obra conocida como “El Pastor de Hermas”, que data de la primera mitad del siglo II, es empático en un punto: el que teme a Dios no puede ser afectado por ningún Diablo. Satán huye cuando se enfrenta a una fuerte resistencia, por ellos sólo aquellos sin fe Cristiana han de temerle(31). En la segunda mitad del siglo II Ireneo afirmaba que el Diablo huye ante las oraciones de los Cristianos(32), y Tertuliano estaba convencido que es suficiente con pronunciar el nombre de Cristo(33). Si Dios permite que los demonios tienten a los Cristianos, es en orden a que los Cristianos pueden avergonzarlo y al mismo tiempo fortalezcan su propia fe. Desde el punto de vista de Orígenes el poder de Satán y sus huestes ya estaba declinando. Cada vez que un demonio es resistido con éxito por un Cristiano, es arrojado al infierno y pierde el poder de tentar de nuevo. Como resultado el número de demonios en servicio activo está disminuyendo, el poder de los dioses paganos mengua, y a los paganos se les hace cada vez más fácil convertirse en Cristianos(34).
Esta sublime confianza aún inspiraba a la Iglesia cuando cristianizó a los pueblos Germanos y Celtas de Europa. Pero gradualmente a lo largo de los siglos nuevas y terribles ansiedades comenzaron a hacerse sentir en las mentes Cristianas, hasta que llegó a parecer que el mundo estaba poseído por los demonios y que sus aliados humanos estaban por todas partes, incluso en el mismo corazón de la Cristiandad.
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1. Roskoff, “Geschichte des Teufels”, Leipzig, 1869, aunque antigua, es una de las historia más completas acerca de Satán y las huestes demoniacas. Ver también, aunque es más breve, E. Langton, “Satan, a portrait”, London, 1945, y H.A. Kelly, “Towards the death of Satan”, London, 1968. Para un desarrollo de las ideas Cristiana y Judía hasta el Nuevo Testamento ver E. Langton, “Essentials of demonology”, London, 1949. Un estupendo estudios sobre el desarrollo del concepto de Satán en K.G. Jung “Satanás en el Antiguo Testamento, Simbología del Espíritu”, Fondo de Cultura Económica, 1962.
2. Amos 3:6
3. Isaías 45:7
4. Ver H. V. Kluger, “Satan in the Old Testament”, traducc. H. Nagel, North-western University Press, Evanston, USA, 1967.
5. R. H. Charles, “The Apocrypha and Pseudepigrapha of the Old Testament”, 2 vol., Oxford 1913. Hasta que punto la demonología Judía dependía de una influencia Iraní, y cuanto le debe Satán al espíritu de destrucción Zoroastriano, Ahriman, ha sido debatido y no hay conclusión definitiva. Contribuciones acerca de este tema en J. Duchesne-Guillemin, “Ormazd et Ahriman”, Paris, 1953, y R.C. Zaehner, “The dawn and twilight of Zoroastrianism”, London, 1961.
6. I Enoch 10:1-11.
7. I Enoch 15:11.
8. I Enoch 19:1.
9. Jubileos 11:4
10. Testamento de Leví 19:1.
11. G. b. Caird, “Principalities and Powers: a study in Pauline Theology”, Oxford, 1956.
12. Juan 16:11.
13. Hebreos 2:14
14. I Pedro 5:8.
15. Apocalipsis 20:10
16. I Enoch 69:4-6
17. Latin, Vita, 9:1. Ver “Apocalypsis Mosis”, 16-20.
18. Efesios 6:12; 2:2.
19. Agustín, “Enarratio in Psalmum cxlviii”, 9.
20. Agustín, “De divinatione daemonum”, cap. Iii, 7.
21. Efesios 6:12.
22. Ireneo, “Adversus haereses”, lib. V, Cap. Xxiv
23. Tertuliano, “Apologeticum”, cap. Xxii
24. Orígenes, “Contra Celsum”, lib. VIII, 31-2.
25. Justino, “Apologia I”, 55.
26. Justino, “Apologia I”, 5, 12 y 14; Orígenes, “Exhortatio ad martyrium”, 18 y 32
27. Cipriano, “Liber de úntate Ecclesiae” 15
28. Jerónimo, “Liber contra Vigilantium”, 9
29. Tertuliano, “Apologeticum”, cap. XXXIII; Cipriano, “Ad Demetrianum”, 15.
30. Sulpicio Severus, “Dialogus”, III, cap. vi
31. Pastor de Hermas, “Mandatos” VII y XII
32. Ireneo, “Adversus haereses”, lib. II, cap. xxxii
33. Tertuliano, “Apologeticum”, cap. xxiii
34. Orígenes, “Homilia in librum Jesu Nave”, XV.
miércoles 8 de febrero de 2012
COMENTARIO A SAN MARCOS
EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS, COMENTARIO
LA TEMPESTAD CALMADA (4:35-41)
35. Este día, al atardecer, les dijo: “Pasemos a la otra orilla”. 36.Despidieron a la gente y le llevaron en la barca, tal como estaba. Otras barcas iban con él. 37. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que estaba a punto de anegarse. 38. Él se encontraba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, no te importa que perezcamos?” 39. Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: Calla, enmudece! El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. 40. Entonces les dijo: Por qué estáis con tanto miedo? Cómo no tenéis fe? 41. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?
COMENTARIO:
(Mat. 8:23-27; Luc. 8:22-25). Como Jonás, Jesús está durmiendo en medio de la tormenta pero a diferencia de Jonás, Jesús calma la tormenta (ver Juan 1:4-6). 35: “Pasemos a la otra orilla”. Aquí Jesús deja un lugar predominantemente Judío de Galilea por vez primera para ir por mar hacia el este, a la costa predominantemente Gentil. 38-40: Marcos aquí como en otras partes describe a los Discípulos sin entendimiento, con débil voluntad, o cobardía (4:13,38,40; 6:52; 7:18; 8:17). Es posible que Marcos esté indicando que no merecen la autoridad que tenían en las primeras comunidades de seguidores de Jesús, pero la audiencia también es identificada a un mismo nivel de debilidad y adquiriendo ánimos para realizar renovados esfuerzos para convertirse en seguidores fieles. En el camino del desierto durante el Éxodo hay un motivo recurrente de queja y murmullo de la gente. Además, la barca aquí es como si quisiera ser una metáfora de la pequeña y zarandeada comunidad; esto es cierto por la manera en que la barca es interpretada en el posterior arte Cristiano. 39: Jesús reprende al viento y la mar, lo que es una evocación antigua en el Medio Oriente e Israelita del dios que conquista la mar (Salm. 65:7; 89:9; 107:29).
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EL ENDEMONIADO DE GERASA
1 Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. 2 Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo 3 que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, 4 pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. 5 Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. 6 Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él 7 y gritó con gran voz: "¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes." 8 Es que él le había dicho: "Espíritu inmundo, sal de este hombre." 9 Y le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?" Le contesta: "Mi nombre es Legión, porque somos muchos." 10 Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. 11 Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; 12 y le suplicaron: "Envíanos a los puercos para que entremos en ellos." 13 Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara - unos 2.0000 se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. 14 Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. 15 Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. 16 Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. 17 Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. 18 Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. 19 Pero no se lo concedió, sino que le dijo: "Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti." 20 El se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.
COMENTARIO
5:1-20: El endemoniado Geraseno y la legión de espíritus inmundos (Mat. 8:28-34; Luc. 8:26-39). Este primer exorcismo en territorio Gentil es paralelo con el primer exorcismo de Jesús en la Galilea Judía (1:21-28). Aquí Jesús encuentra al hombre fuera; en el primer exorcismo el hombre con espíritu inmundo estaba dentro de la Sinagoga. Éste hombre es mucho más violento y autodestructivo. Los demonios que poseían al primero son simplemente expulsados; aquí se les permite entrar en los cerdos. Pero en ambos exorcismos los demonios reconocen a Jesús, y éste los expulsa ordenándoles no realizando acción alguna. Los que presencian el milagro pronto lo difunden por la ciudad. 1: Gerasenos, Gerasa está a unos 60 Kms. del Mar de Galilea, lo que es inconsistente con el versículo 13. Algunos han tomado esto como evidencia de que Marcos no era del Norte de Galilea, pero ésta no es una evidencia conclusiva. Además, Geras puede evocar el Hebreo “gerash”, que significa expulsar, y era usada en algunos de los relatos bíblicos de Dios “expulsando” la naciones fuera del país (Éxod. 23:28), como en este caso los cerdos son también echados fuera. 2:Espíritu inmundo, ver “Impureza y Curación”. 7: El espíritu reconoce a Jesús como Hijo del Dios Altísimo (Griego “hypsistos” en los LXX “elyon” “Altísimo” (Salm. 9:3) y trata de negociar. 9: Cuál es tu nombre? En los exorcismos el conocimiento del nombre de los ángeles y demonios era esencial para enumerarlos o controlarlos. Legión, una palabra tomada del Latín, denota una unidad de seis mil soldados en el ejército Romano. Muchos textos Judíos y Cristianos, especialmente apocalípticos, expresan la creencia que Dios destruirá a los Romanos y establecerá el reino de Dios –aunque concebido de diferentes maneras. Esta historia evoca varias posibilidades aunque no las clarifica: representan los cerdo la expulsión (gerash) de animales impuros o del ejército Romano? Están los Gerasenos enfadados por una batalla simbólica o la pérdida de su ganado? Cuál es el significado del Gentil que pide seguir a Jesús? Por qué no se da aquí el secreto mesiánico? 20: La Decápolis era una federación de diez ciudades predominantemente Gentiles al este del mar de Galilea.
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SEGUNDO RECHAZO EN EL PUEBLO DE JESÚS Y LA MISIÓN DE LOS DOCE
1 Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. 2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: "¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? 3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?" Y se escandalizaban a causa de él. 4 Jesús les dijo: "Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio." 5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. 6 Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando. 7 Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. 8 Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; 9 sino: "Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas." 10 Y les dijo: "Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. 11 Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos." 12 Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; 13 expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
COMENTARIO
(Mat. 13:53-58; 10:1-14; Luc. 4:16-30; 9:1-6). 3: Hermanos, hermanas, la tradición Cristiana ha explicado algunas veces a estos miembros de la familia como hijos de José y de otra esposa diferente a María, o como primos. La palabra Hebrea, Aramea, y Griega para hermano y hermana puede significar familiar, incluso una persona de la misma familia con la que uno se puede casar, o un primo/a(Tob. 7:9). En el antiguo Israel, estos serían miembros de la “mishpachah” o clan, pero estas extendidas categorías familiares pueden no haber sido muy precisas en este periodo. El contexto sugiere miembros familiares cercanos, y la virginal concepción de Jesús no es mencionada en Marcos (Mat. 1:18-25; Luc. 1:34-35). Este punto, como en 3:19-30, es acerca de que el pueblo y la familia de Jesús lo rechazaban. Este rechazo es parte del paradigma transcultural del profeta y del héroe. 4: Los profetas carecen de prestigio, el origen de la posterior expresión Hebrea “No hay profeta en su tierra”(Ein nabi be´iro) es desconocida, pero puede derivar de este versículo. 5-6ª: La falta de fe limita el poder de Jesús. 6b-13: El rechazo de Jesús es seguido por la misión de los doce. Hay un paralelo entre el poder y autoridad de los Discípulos y la de Jesús. Como dice la Mishnah Berakot (bendiciones), “El representativo de una persona es como la persona misma”. 7: De dos en dos, quizá para asegurar que había dos testigos de acuerdo con el Deuteronomio 17:6; esto sería relevante para el testimonio en v. 11. 13: Ungían con aceite, una práctica medicinal común.
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MUERTE DEL BAUTISTA
14 Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas." 15 Otros decían: "Es Elías"; otros: "Es un profeta como los demás profetas." 16 Al enterarse Herodes, dijo: "Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado." 17 Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. 18 Porque Juan decía a Herodes: "No te está permitido tener la mujer de tu hermano." 19 Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, 20 pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 21 Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. 22 Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: "Pídeme lo que quieras y te lo daré." 23 Y le juró: "Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino." 24 Salió la muchacha y preguntó a su madre: "¿Qué voy a pedir?" Y ella le dijo: "La cabeza de Juan el Bautista." 25 Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: "Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista." 26 El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. 27 Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel 28 y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. 29 Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
COMENTARIO
(Mat. 14:1-12; Luc. 9:7-9). El historiador Judío Josefo indica que Juan el Bautista era una figura bien conocida y respetada (Ant. 18:116-19). Marcos presenta a Juan como un profeta que acusaba a Herodes Antipas de violar la ley Judía (Lev. 16:16) al casarse con la mujer de su hermano (en una situación donde la ley de levirato (Deut. 25:5-6) no se aplica, porque el hermano de Herodes no murió sin hijos). 14: Los poderes de los héroes Israelitas eran grandes. 15: Elías, Marc. 8:28. Juan …. ha resucitado, Herodes ve aparentemente a Jesús como un Juan Bautista resucitado, puesto que su discurso era similar y ambos atraían muchedumbres. La resurrección de los justos era una creencia común en Israel, aunque no universal (Ezek. 37; Marc. 12:18).
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PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES
30 Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. 31 El, entonces, les dice: "Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco." Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. 32 Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. 33 Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. 34 Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. 35 Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: "El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada. 36 Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer." 37 El les contestó: "Dadles vosotros de comer." Ellos le dicen: "¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?" 38 El les dice: "¿Cuántos panes tenéis? Id a ver." Después de haberse cerciorado, le dicen: "Cinco, y dos peces." 39 Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba. 40 Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. 41 Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces. 42 Comieron todos y se saciaron. 43 Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces. 44 Los que comieron los panes fueron 5.000 hombres.
COMENTARIO
6:30-44: Multiplicación de los panes(Mat. 14:13-21; Luc. 9:10-17; Juan 6:1-13). Hay dos multiplicaciones milagrosas en Marcos, la primera predominantemente en territorio Judío, la segunda (8:1-10) predominantemente en la zona Gentil. Mateo incluye ambas, mientras que Lucas y Juan solo una. Un número de motivos evoca el Éxodo y los milagros de Elías (Éx. 16-18; 2 Rey. 4:42-44). 33: Es más bien imposible que la gente al verlos marcharse en la barca, reunieran a gente de todas las ciudades, y corriendo llegaran antes que ellos al desierto (2:1-12). Esto enfatiza más bien la naturaleza milagrosa del reino y la congregación de gentes en el fin de los tiempos. 34: Ovejas sin pastor, 1 Rey. 22:17. Es típico en las leyendas de héroes que el héroe sea llamado de su preferido aislamiento(v.31) por compasión hacia la gente (ej. Moisés; Éx.3-4), que al final le abandona. Pastor, Núm. 27:17; Isa. 40:11. 41: Tomando…bendición….partió….dando son reminiscencias de la bendición Judía de la comida en el Sabbath Judío (basado en Deut. 8:7-10 y desarrollado en una “bendición de la nutrición” –Birchat ha-mason- usada en las comidas), pero son también palabras muy parecidas a las usadas en la Última Cena (Mark. 14:22-25), que ofrecen un tipo de anuncio, también sugieren el banquete profetizado en Isaías 25:6, también citado en Qumran (1QM 2:11-22; cf. 1 En. 10:18-19). 43: doce canastos sugieren las doce tribus reunidas al fin de los tiempos, y por extensión, a los doce Discípulos.
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6:45-52: Caminando sobre el agua
45 Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente. 46 Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. 47 Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y él, solo, en tierra. 48 Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. 49 Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, 50 pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero él, al instante, les habló, diciéndoles: "¡Animo!, que soy yo, no temáis." 51 Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, 52 pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.
COMENTARIO
(Mat. 14:22-23; Juan 6:15-21). Cada uno de los milagros de la multiplicación/alimentación en Marcos va acompañado de un milagro sobre el agua, recordando los milagros del Éxodo (ej. Dios separando las Aguas –Éx. 14:1931-, Dios alimentando al pueblo en el desierto –Éx. 16:13-21. 48-51: quería pasarles de largo, quizá signifique que el apaciguamiento de las aguas no requería que Jesús entrase en la barca, pero los discípulos tomándolo por un fantasma tuvieron miedo. 52: este malentendido de los Discípulos es un tema que sería semejante al Faraón cuando oprimió a los Israelitas (Éx, 7-11). Endurecimiento …. Del corazón, como con el Faraón (ej. Éx. 4:14) pero también el -malentendido- de la gente (Salm. 95:8), duros de corazón puede significar una deliberada inhabilidad de comprender.
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7:1-23. Lavado de manos y el mandamiento de Dios
1 Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. 2 Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, 3 - es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, 4 y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas -. 5 Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: "¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?" 6 El les dijo: "Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: = Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. = 7 = En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. = 8 Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres." 9 Les decía también: "¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! 10 Porque Moisés dijo: = Honra a tu padre y a tu madre = y: = el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. = Pero vosotros decís: 11 Si uno dice a su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán - es decir: ofrenda -", 12 ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, 13 anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas." 14 Llamó otra vez a la gente y les dijo: "Oídme todos y entended. 15 Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. 16 Quien tenga oídos para oír, que oiga." 17 Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. 18 El les dijo: "¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, 19 pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?" - así declaraba puros todos los alimentos -. 20 Y decía: "Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, 22 adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. 23 Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre."
COMENTARIO
(Mat. 15:1-20). El tema de cumplir las normas de la Torah respecto a la comida kosher y pureza ritual era, junto con la circuncisión para con los Gentiles conversos, uno de los contenciosos que los seguidores de Jesús tenían que resolver (ver Hechos 15:19-20). 3-4: El que Marcos tenga que explicar estas prácticas indica que la audiencia (no el escenario) era ampliamente Gentil; esta explicación falta en Mat. 15:2 (la historia no se da ni en Lucas ni en Juan). Los Fariseos eran conocidos por su observancia de las “tradiciones de los ancianos” que no se encuentran en las Escrituras, incluían el lavado de manos (una práctica que reconocía la probabilidad de contacto con cosas que eran ritualmente impuras durante el día, pero que no requerían una completa inmersión), aunque es probablemente incorrecto que todos los Judíos observaran estas leyes en aquellos tiempos. Los Saduceos no seguían en este tema a los Fariseos. Está claro que aunque los seguidores de Jesús no estuviesen de acuerdo con los Fariseos en el tema del lavado de manos, sí lo estaban con la mayoría de los judíos. 6-8: Isa. 29:13. Marcos reconoce el “mandamiento de Dios” pero surge una disputa sobre cuales obligan aún (v.19), y también qué prácticas son meras tradiciones humanas. Hipócrita, un término tomado del drama Griego, se aplica a uno que hace teatro, que solo es aparentemente justo (12:15; Mat. 23; Did. 8:1). Como en 2:25-26, hay respuestas múltiples a la cuestión; una era exagerada, humorística, e incluso escatológica (v. 15), que implícitamente compara lo que se expulsa del cuerpo con la comida no kosher, una respuesta menoscabada en vv. 20-22. Otra respuesta es el argumento escritural y legal (vv. 6-13). 11: La controversia aquí involucra la determinación de qué parte de la Torah, honrar a los padres o cumplir los votos, es más importante, y si un voto o promesa puede ser repudiada. En la Mishnah (m.Nedarim 9:1) hay una discusión acerca de “abrir el camino” hacia el arrepentimiento (permitir a alguien que ha prometido algo ser liberado de la promesa si esta lleva a un conflicto con algo más importante). Corban, (Heb. Korban) para un regalo-ofrenda a Dios. Cuando ha sido ofrecido a Dios, no era permitido generalmente al que ofrecía retirar la ofrenda. La tradición Rabínica también permitía anular el Korban cuando privaba a los padres de su parte correspondiente. 14-23: la ocurrente respuesta es tratada ahora como una revelación especial: Oíd…. Entended (v.14), parábola (v.17). 18-23: Como otras parábolas, esta requiere interpretación. 19: Declara puros todos los alimentos, literalmente y con más exactitud “alimentos purificados”. El primer tema “las prácticas lavatorias” es aquí expandido para referirse a todas las leyes kosher. Mateo omite esta adición y Lucas no incluye este episodio. Hay distintas posibilidades aquí. La declaración quizá refleje el rechazo de Marcos hacia las leyes alimenticias Judías (Rom. 14:20), o una más antigua tradición apocalíptica Judía de las transformaciones de las impurezas al final de los tiempos (Zac. 14:20). Además, dado que esta línea y las descripciones de las prácticas Judías en vv. 3-4 arriba no aparecen en Mateo, pueden haber sido añadidas cuando el Evangelio trató de ofrecer una comprensión de las enseñanzas de Jesús compatible con Pablo. En lo que se refiere a la enseñanza de Jesús sobre este tema, no es probable que la controversia acerca de la Torah entre los primeros seguidores de Jesús hubiera sido tan intensa si hubiera habido tradiciones con él relacionadas que anularan la Torah de esta forma. En cualquier caso, v.19 va más allá de la práctica del mismo Jesús, incluso si fue él quien dijo el v.15.
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LA TEMPESTAD CALMADA (4:35-41)
35. Este día, al atardecer, les dijo: “Pasemos a la otra orilla”. 36.Despidieron a la gente y le llevaron en la barca, tal como estaba. Otras barcas iban con él. 37. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que estaba a punto de anegarse. 38. Él se encontraba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, no te importa que perezcamos?” 39. Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: Calla, enmudece! El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. 40. Entonces les dijo: Por qué estáis con tanto miedo? Cómo no tenéis fe? 41. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?
COMENTARIO:
(Mat. 8:23-27; Luc. 8:22-25). Como Jonás, Jesús está durmiendo en medio de la tormenta pero a diferencia de Jonás, Jesús calma la tormenta (ver Juan 1:4-6). 35: “Pasemos a la otra orilla”. Aquí Jesús deja un lugar predominantemente Judío de Galilea por vez primera para ir por mar hacia el este, a la costa predominantemente Gentil. 38-40: Marcos aquí como en otras partes describe a los Discípulos sin entendimiento, con débil voluntad, o cobardía (4:13,38,40; 6:52; 7:18; 8:17). Es posible que Marcos esté indicando que no merecen la autoridad que tenían en las primeras comunidades de seguidores de Jesús, pero la audiencia también es identificada a un mismo nivel de debilidad y adquiriendo ánimos para realizar renovados esfuerzos para convertirse en seguidores fieles. En el camino del desierto durante el Éxodo hay un motivo recurrente de queja y murmullo de la gente. Además, la barca aquí es como si quisiera ser una metáfora de la pequeña y zarandeada comunidad; esto es cierto por la manera en que la barca es interpretada en el posterior arte Cristiano. 39: Jesús reprende al viento y la mar, lo que es una evocación antigua en el Medio Oriente e Israelita del dios que conquista la mar (Salm. 65:7; 89:9; 107:29).
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EL ENDEMONIADO DE GERASA
1 Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. 2 Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo 3 que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, 4 pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. 5 Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. 6 Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él 7 y gritó con gran voz: "¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes." 8 Es que él le había dicho: "Espíritu inmundo, sal de este hombre." 9 Y le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?" Le contesta: "Mi nombre es Legión, porque somos muchos." 10 Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. 11 Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; 12 y le suplicaron: "Envíanos a los puercos para que entremos en ellos." 13 Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara - unos 2.0000 se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. 14 Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. 15 Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. 16 Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. 17 Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. 18 Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. 19 Pero no se lo concedió, sino que le dijo: "Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti." 20 El se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.
COMENTARIO
5:1-20: El endemoniado Geraseno y la legión de espíritus inmundos (Mat. 8:28-34; Luc. 8:26-39). Este primer exorcismo en territorio Gentil es paralelo con el primer exorcismo de Jesús en la Galilea Judía (1:21-28). Aquí Jesús encuentra al hombre fuera; en el primer exorcismo el hombre con espíritu inmundo estaba dentro de la Sinagoga. Éste hombre es mucho más violento y autodestructivo. Los demonios que poseían al primero son simplemente expulsados; aquí se les permite entrar en los cerdos. Pero en ambos exorcismos los demonios reconocen a Jesús, y éste los expulsa ordenándoles no realizando acción alguna. Los que presencian el milagro pronto lo difunden por la ciudad. 1: Gerasenos, Gerasa está a unos 60 Kms. del Mar de Galilea, lo que es inconsistente con el versículo 13. Algunos han tomado esto como evidencia de que Marcos no era del Norte de Galilea, pero ésta no es una evidencia conclusiva. Además, Geras puede evocar el Hebreo “gerash”, que significa expulsar, y era usada en algunos de los relatos bíblicos de Dios “expulsando” la naciones fuera del país (Éxod. 23:28), como en este caso los cerdos son también echados fuera. 2:Espíritu inmundo, ver “Impureza y Curación”. 7: El espíritu reconoce a Jesús como Hijo del Dios Altísimo (Griego “hypsistos” en los LXX “elyon” “Altísimo” (Salm. 9:3) y trata de negociar. 9: Cuál es tu nombre? En los exorcismos el conocimiento del nombre de los ángeles y demonios era esencial para enumerarlos o controlarlos. Legión, una palabra tomada del Latín, denota una unidad de seis mil soldados en el ejército Romano. Muchos textos Judíos y Cristianos, especialmente apocalípticos, expresan la creencia que Dios destruirá a los Romanos y establecerá el reino de Dios –aunque concebido de diferentes maneras. Esta historia evoca varias posibilidades aunque no las clarifica: representan los cerdo la expulsión (gerash) de animales impuros o del ejército Romano? Están los Gerasenos enfadados por una batalla simbólica o la pérdida de su ganado? Cuál es el significado del Gentil que pide seguir a Jesús? Por qué no se da aquí el secreto mesiánico? 20: La Decápolis era una federación de diez ciudades predominantemente Gentiles al este del mar de Galilea.
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SEGUNDO RECHAZO EN EL PUEBLO DE JESÚS Y LA MISIÓN DE LOS DOCE
1 Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. 2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: "¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? 3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?" Y se escandalizaban a causa de él. 4 Jesús les dijo: "Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio." 5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. 6 Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando. 7 Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. 8 Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; 9 sino: "Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas." 10 Y les dijo: "Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. 11 Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos." 12 Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; 13 expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
COMENTARIO
(Mat. 13:53-58; 10:1-14; Luc. 4:16-30; 9:1-6). 3: Hermanos, hermanas, la tradición Cristiana ha explicado algunas veces a estos miembros de la familia como hijos de José y de otra esposa diferente a María, o como primos. La palabra Hebrea, Aramea, y Griega para hermano y hermana puede significar familiar, incluso una persona de la misma familia con la que uno se puede casar, o un primo/a(Tob. 7:9). En el antiguo Israel, estos serían miembros de la “mishpachah” o clan, pero estas extendidas categorías familiares pueden no haber sido muy precisas en este periodo. El contexto sugiere miembros familiares cercanos, y la virginal concepción de Jesús no es mencionada en Marcos (Mat. 1:18-25; Luc. 1:34-35). Este punto, como en 3:19-30, es acerca de que el pueblo y la familia de Jesús lo rechazaban. Este rechazo es parte del paradigma transcultural del profeta y del héroe. 4: Los profetas carecen de prestigio, el origen de la posterior expresión Hebrea “No hay profeta en su tierra”(Ein nabi be´iro) es desconocida, pero puede derivar de este versículo. 5-6ª: La falta de fe limita el poder de Jesús. 6b-13: El rechazo de Jesús es seguido por la misión de los doce. Hay un paralelo entre el poder y autoridad de los Discípulos y la de Jesús. Como dice la Mishnah Berakot (bendiciones), “El representativo de una persona es como la persona misma”. 7: De dos en dos, quizá para asegurar que había dos testigos de acuerdo con el Deuteronomio 17:6; esto sería relevante para el testimonio en v. 11. 13: Ungían con aceite, una práctica medicinal común.
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MUERTE DEL BAUTISTA
14 Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas." 15 Otros decían: "Es Elías"; otros: "Es un profeta como los demás profetas." 16 Al enterarse Herodes, dijo: "Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado." 17 Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. 18 Porque Juan decía a Herodes: "No te está permitido tener la mujer de tu hermano." 19 Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, 20 pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 21 Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. 22 Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: "Pídeme lo que quieras y te lo daré." 23 Y le juró: "Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino." 24 Salió la muchacha y preguntó a su madre: "¿Qué voy a pedir?" Y ella le dijo: "La cabeza de Juan el Bautista." 25 Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: "Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista." 26 El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. 27 Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel 28 y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. 29 Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
COMENTARIO
(Mat. 14:1-12; Luc. 9:7-9). El historiador Judío Josefo indica que Juan el Bautista era una figura bien conocida y respetada (Ant. 18:116-19). Marcos presenta a Juan como un profeta que acusaba a Herodes Antipas de violar la ley Judía (Lev. 16:16) al casarse con la mujer de su hermano (en una situación donde la ley de levirato (Deut. 25:5-6) no se aplica, porque el hermano de Herodes no murió sin hijos). 14: Los poderes de los héroes Israelitas eran grandes. 15: Elías, Marc. 8:28. Juan …. ha resucitado, Herodes ve aparentemente a Jesús como un Juan Bautista resucitado, puesto que su discurso era similar y ambos atraían muchedumbres. La resurrección de los justos era una creencia común en Israel, aunque no universal (Ezek. 37; Marc. 12:18).
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PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES
30 Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. 31 El, entonces, les dice: "Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco." Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. 32 Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. 33 Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. 34 Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. 35 Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: "El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada. 36 Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer." 37 El les contestó: "Dadles vosotros de comer." Ellos le dicen: "¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?" 38 El les dice: "¿Cuántos panes tenéis? Id a ver." Después de haberse cerciorado, le dicen: "Cinco, y dos peces." 39 Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba. 40 Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. 41 Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces. 42 Comieron todos y se saciaron. 43 Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces. 44 Los que comieron los panes fueron 5.000 hombres.
COMENTARIO
6:30-44: Multiplicación de los panes(Mat. 14:13-21; Luc. 9:10-17; Juan 6:1-13). Hay dos multiplicaciones milagrosas en Marcos, la primera predominantemente en territorio Judío, la segunda (8:1-10) predominantemente en la zona Gentil. Mateo incluye ambas, mientras que Lucas y Juan solo una. Un número de motivos evoca el Éxodo y los milagros de Elías (Éx. 16-18; 2 Rey. 4:42-44). 33: Es más bien imposible que la gente al verlos marcharse en la barca, reunieran a gente de todas las ciudades, y corriendo llegaran antes que ellos al desierto (2:1-12). Esto enfatiza más bien la naturaleza milagrosa del reino y la congregación de gentes en el fin de los tiempos. 34: Ovejas sin pastor, 1 Rey. 22:17. Es típico en las leyendas de héroes que el héroe sea llamado de su preferido aislamiento(v.31) por compasión hacia la gente (ej. Moisés; Éx.3-4), que al final le abandona. Pastor, Núm. 27:17; Isa. 40:11. 41: Tomando…bendición….partió….dando son reminiscencias de la bendición Judía de la comida en el Sabbath Judío (basado en Deut. 8:7-10 y desarrollado en una “bendición de la nutrición” –Birchat ha-mason- usada en las comidas), pero son también palabras muy parecidas a las usadas en la Última Cena (Mark. 14:22-25), que ofrecen un tipo de anuncio, también sugieren el banquete profetizado en Isaías 25:6, también citado en Qumran (1QM 2:11-22; cf. 1 En. 10:18-19). 43: doce canastos sugieren las doce tribus reunidas al fin de los tiempos, y por extensión, a los doce Discípulos.
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6:45-52: Caminando sobre el agua
45 Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente. 46 Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. 47 Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y él, solo, en tierra. 48 Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. 49 Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, 50 pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero él, al instante, les habló, diciéndoles: "¡Animo!, que soy yo, no temáis." 51 Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, 52 pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.
COMENTARIO
(Mat. 14:22-23; Juan 6:15-21). Cada uno de los milagros de la multiplicación/alimentación en Marcos va acompañado de un milagro sobre el agua, recordando los milagros del Éxodo (ej. Dios separando las Aguas –Éx. 14:1931-, Dios alimentando al pueblo en el desierto –Éx. 16:13-21. 48-51: quería pasarles de largo, quizá signifique que el apaciguamiento de las aguas no requería que Jesús entrase en la barca, pero los discípulos tomándolo por un fantasma tuvieron miedo. 52: este malentendido de los Discípulos es un tema que sería semejante al Faraón cuando oprimió a los Israelitas (Éx, 7-11). Endurecimiento …. Del corazón, como con el Faraón (ej. Éx. 4:14) pero también el -malentendido- de la gente (Salm. 95:8), duros de corazón puede significar una deliberada inhabilidad de comprender.
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7:1-23. Lavado de manos y el mandamiento de Dios
1 Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. 2 Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, 3 - es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, 4 y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas -. 5 Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: "¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?" 6 El les dijo: "Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: = Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. = 7 = En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. = 8 Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres." 9 Les decía también: "¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! 10 Porque Moisés dijo: = Honra a tu padre y a tu madre = y: = el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. = Pero vosotros decís: 11 Si uno dice a su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán - es decir: ofrenda -", 12 ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, 13 anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas." 14 Llamó otra vez a la gente y les dijo: "Oídme todos y entended. 15 Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. 16 Quien tenga oídos para oír, que oiga." 17 Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. 18 El les dijo: "¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, 19 pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?" - así declaraba puros todos los alimentos -. 20 Y decía: "Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, 22 adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. 23 Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre."
COMENTARIO
(Mat. 15:1-20). El tema de cumplir las normas de la Torah respecto a la comida kosher y pureza ritual era, junto con la circuncisión para con los Gentiles conversos, uno de los contenciosos que los seguidores de Jesús tenían que resolver (ver Hechos 15:19-20). 3-4: El que Marcos tenga que explicar estas prácticas indica que la audiencia (no el escenario) era ampliamente Gentil; esta explicación falta en Mat. 15:2 (la historia no se da ni en Lucas ni en Juan). Los Fariseos eran conocidos por su observancia de las “tradiciones de los ancianos” que no se encuentran en las Escrituras, incluían el lavado de manos (una práctica que reconocía la probabilidad de contacto con cosas que eran ritualmente impuras durante el día, pero que no requerían una completa inmersión), aunque es probablemente incorrecto que todos los Judíos observaran estas leyes en aquellos tiempos. Los Saduceos no seguían en este tema a los Fariseos. Está claro que aunque los seguidores de Jesús no estuviesen de acuerdo con los Fariseos en el tema del lavado de manos, sí lo estaban con la mayoría de los judíos. 6-8: Isa. 29:13. Marcos reconoce el “mandamiento de Dios” pero surge una disputa sobre cuales obligan aún (v.19), y también qué prácticas son meras tradiciones humanas. Hipócrita, un término tomado del drama Griego, se aplica a uno que hace teatro, que solo es aparentemente justo (12:15; Mat. 23; Did. 8:1). Como en 2:25-26, hay respuestas múltiples a la cuestión; una era exagerada, humorística, e incluso escatológica (v. 15), que implícitamente compara lo que se expulsa del cuerpo con la comida no kosher, una respuesta menoscabada en vv. 20-22. Otra respuesta es el argumento escritural y legal (vv. 6-13). 11: La controversia aquí involucra la determinación de qué parte de la Torah, honrar a los padres o cumplir los votos, es más importante, y si un voto o promesa puede ser repudiada. En la Mishnah (m.Nedarim 9:1) hay una discusión acerca de “abrir el camino” hacia el arrepentimiento (permitir a alguien que ha prometido algo ser liberado de la promesa si esta lleva a un conflicto con algo más importante). Corban, (Heb. Korban) para un regalo-ofrenda a Dios. Cuando ha sido ofrecido a Dios, no era permitido generalmente al que ofrecía retirar la ofrenda. La tradición Rabínica también permitía anular el Korban cuando privaba a los padres de su parte correspondiente. 14-23: la ocurrente respuesta es tratada ahora como una revelación especial: Oíd…. Entended (v.14), parábola (v.17). 18-23: Como otras parábolas, esta requiere interpretación. 19: Declara puros todos los alimentos, literalmente y con más exactitud “alimentos purificados”. El primer tema “las prácticas lavatorias” es aquí expandido para referirse a todas las leyes kosher. Mateo omite esta adición y Lucas no incluye este episodio. Hay distintas posibilidades aquí. La declaración quizá refleje el rechazo de Marcos hacia las leyes alimenticias Judías (Rom. 14:20), o una más antigua tradición apocalíptica Judía de las transformaciones de las impurezas al final de los tiempos (Zac. 14:20). Además, dado que esta línea y las descripciones de las prácticas Judías en vv. 3-4 arriba no aparecen en Mateo, pueden haber sido añadidas cuando el Evangelio trató de ofrecer una comprensión de las enseñanzas de Jesús compatible con Pablo. En lo que se refiere a la enseñanza de Jesús sobre este tema, no es probable que la controversia acerca de la Torah entre los primeros seguidores de Jesús hubiera sido tan intensa si hubiera habido tradiciones con él relacionadas que anularan la Torah de esta forma. En cualquier caso, v.19 va más allá de la práctica del mismo Jesús, incluso si fue él quien dijo el v.15.
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