martes, 13 de marzo de 2012

PABLO, MONOTEÍSMO Y PROVIDENCIA

MONOTEÍSMO Y PROVIDENCIA I
Antes que se puedan comprender las principales disputas en las que Pablo estuvo involucrado, y su respuesta a estas, es necesario explicar las presuposiciones que Pablo aportó al debate, presuposiciones que sus contemporáneos Judíos, tanto amigos como enemigos, compartían generalmente. Pablo heredó del Judaísmo dos puntos de vista teológicos principales: solo hay un Dios; Dios controla el mundo. Estos dos puntos de vista parecen hacer de la historia un teatro de marionetas, pero no eran tan simplemente postulados. La mayoría de los Judíos consideraban otros poderes actuando en el mundo además de Dios, y pensaban que los humanos podía ejercer libertad de elección. El control o dominio de Dios era visto normalmente como ejercido en una escala muy grande: al final, el mundo se convertiría en lo que Dios quería. En general los Judíos no negaban que Dios pudiera intervenir en los asuntos diarios, pero no atribuían eventos menores a su Voluntad.

Todos estos puntos pueden ser observados en las cartas de Pablo: él creía en un Dios; pensaba que Dios estaba llevando a cabo un gran plan en la historia; y pensaba que los individuos podían decidir estar con él o contra él.

EL DIOS ÚNICO Y LOS PODERES ENEMIGOS
En 1 Corintios 8 Pablo considera si los Cristianos han de comer comida que ha sido ofrecida a un ídolo. Algunos de los Cristianos Corintios deseaban hacerlo argumentando que los ídolos no eran reales. Aceptaban un monoteísmo más radical que el de Pablo. Él les replicó que aunque los ídolos no existían realmente y aunque sólo hay un Dios, sin embargo hay muchos denominados dioses y señores. Los Corintios no han de comer comida ofrecida a los ídolos porque pueden ser malentendidos como si creyeran en los ídolos. Aunque parezca que Pablo acepta el monoteísmo radical, en el capítulo 10 retoma el tema: “ No penséis que estoy insinuando que lo inmolado a los ídolos es algo… Lo que inmolan los gentiles lo inmolan a los demonios, y no a Dios” (1 Cor. 10:19).

Por lo tanto no hay otros dioses, pero sí hay demonios. Los “llamados dioses y señores” en 1 Corintios 8:4-6 no son verdaderos Dioses y Señores, pero son algo. Pablo habla de ellos de otra manera: “seres que por naturaleza no son dioses” (como bien traduce la NRSV versión de la Biblia, una frase difícil en Gal. 4:8); Satán, se disfraza como “ángel de luz” (2 Cor. 11:14); otro dios, el “de este mundo” (2 Cor. 4:4); gobernantes de “este mundo” (1 Cor. 2:6); “principados” y “poderes” (Rom. 8:38), o “principados, dominaciones, y potestades” (1 Cor. 15:24). Había también rodillas que debían doblarse no sólo en la tierra, sino arriba y debajo de ésta (Filp. 2:10). Al final Cristo triunfará (Rom. 8:38; 1 Cor. 15:24-6; Filp. 2:9-22), pero mientras tanto, esos seres pueden crear muchos problemas.

Hay que poner especial atención al grado en el cual el Pecado es tratado en Pablo en tanto que poder enemigo. Esto está más claramente expresado cuando el nombre “amarrita”, pecado, es sujeto de un verbo distinto al verbo “ser”, como se da en Romanos 5-7. De acuerdo con Romanos 5:12, “el Pecado entró en el mundo”; después uno lee que “el Pecado reinó para traer la muerte”(5:21); que el Pecado “reina en nuestro cuerpo mortal”(6:12) o “para dominarnos”(6:14); que “el Pecado, aprovechándose del precepto, suscitó en mí toda suerte d concupiscencias”(7:8); que “revivió” (7:9); “que el Pecado, aprovechándose del precepto me sedujo, y por él me dio muerte” (7:11); y “que el Pecado se sirvió de una cosa buena para procurarme la muerte” (7:13). “El Pecado en tanto que poder nos hace esclavos” (6:16-18), “y así esclaviza” (6:20). O sea, el Pecado es una “ley que está en nuestros miembros y nos impide cumplir la ley de Dios (7:17-23). La única manera de escapar es abandonar la “Carne” (8:8), el dominio del Pecado, compartiendo la muerte de Cristo. Los Cristianos han muerto con Cristo y por lo tanto al Pecado (6:21), y han escapado no sólo al Pecado sino también a la ley (que condena) y a la “Carne”, el estado de enemistad hacia Dios (7:4-6).

Ahora unas palabras para explicar el término “la Carne”. Pablo algunas veces lo usa para dar a entender “el cuerpo físico”, pero en esta sección de romanos se refiere a menudo al estado de la humanidad cuando se opone a Dios. Así, sorprendentemente, Romanos 7:5: “…cuando nos dejábamos guiar por la carne”…., “Ahora, sin embargo, hemos quedado emancipados de la ley”…. “de modo que no podamos servir según un Espíritu nuevo, ni según un código anticuado”. El “nosotros” se refiere a Pablo y los demás Cristianos. Ya no están “en la Carne”, aunque estén aún en el cuerpo. Como dice en Romanos 8:9, “..vosotros no vivís según la Carne, sino según el Espíritu…”, continuando con el contraste entre Carne y Espíritu (8:9-13). Quizá ésta es la explicación de por qué Pablo usa “Carne” para significar la “humanidad” en el estado de oposición al Dios; es la palabra opuesta a “Espíritu”, que a su vez denota el poder divino. Esta es, de cualquier forma, la mejor manera de decidir cuando capitalizar Carne, de manera que señale no a la humanidad físicamente hablando, sino a la humanidad bajo un poder enemigo. Es esto último cuando hay un contraste claro entre esta y el Espíritu de Dios. Entonces carne se convierte en Carne.

En esta sección de Romanos Pablo trata el Pecado como un poder que no sólo es alienado respecto a Dios sino que es muy poderoso; de hecho, a veces gana en la lucha. Es importante señalar que Pablo no ofrece ninguna explicación antropológica, teológica, o cosmológica de este concepto de Pecado. El punto de vista Judío, es que Dios ha creado el mundo y lo ha declarado bueno, una enseñanza que no es fácilmente reconciliable con la visión del Pecado como poder lo suficientemente fuerte como para luchar contra la ley controlada por Dios o hacer de a los humanos seres incapaces de realizar lo que es bueno (Rom. 7:11,19).

Hay dos pasajes principales que llevan a, aunque no dan cuenta de, el punto de vista que toda la humanidad, Cristo aparte, está bajo el poder del Pecado. En Romanos 1-2 tanto los Gentiles como los Judíos son acusados de grandes transgresiones (homosexualidad y todo tipo de maldades de parte de los Gentiles, y del robo de templos y adulterio por parte de los Judíos), y Pablo saca la conclusión de que todos, “tanto Judíos como Griegos, están bajo el dominio del pecado” (Rom. 3:9). La acusación no se refiere a que la gente peque, sino a que están todos bajo el dominio del Pecado. Los cargos de horribles inmoralidades, no cuentan, para la conclusión de Pablo de que todos están bajo el poder del Pecado. Esto es en parte porque sus acusaciones son exageradas. Tanto los Gentiles como los Judíos tenían “santos”, gente cuyas vidas eran irreprochables. No es probable que el punto de vista de Pablo sobre el pecado universal esté fundamentada en una observación empírica. Además, a pesar de su catálogo de cargos Pablo admite que algunos Gentiles, aunque no observan la ley, “hacen, no obstante, por naturaleza lo que la Ley requiere”, y éstos serán justificados por sus obras en el juicio (Rom. 2:13-14). La conclusión en 3:9 no se corresponde en nada con esto: los cargos en los capítulos 1-2 exageran el caso y la conclusión es contradicha por 2:13-14. Lo que esto significa es que la conclusión de Pablo, que todos estamos bajo el Pecado, no se deriva de la línea de observación y razonamiento que él presenta en los dos capítulos previos.

Lo mismo es verdad para Romanos 5, donde Pablo argumenta a favor de la universalidad del pecado. Adán, dice, pecó, e introdujo el pecado y la muerte consiguiente en el mundo; “y así la muerte alcanzó a todos los hombres, puesto que todos pecaron” (Rom. 5:12). A esto le siguen las afirmaciones que “no hay Pecado donde no hay ley” y que “la muerte reinó desde Adán a Moisés aún sobre aquellos que no cometieron un pecado semejante al de Adán” (5:13-14). En orden a hacer el dominio del pecado universal, Pablo quiso hacer instrumental a Adán. Pero tenía ahí dos problemas: las transgresiones de la ley anteriores a todo esto no contaban; no todos pecaron, como hizo Adán, rebelándose contra el mandamiento de Dios. A pesar de estos problemas afirmó las consecuencias: “por la desobediencia de un hombre muchos fueron hechos pecadores” (5:19). Su antropología (diferente de la de Agustín) no incluía la concepción de pecado heredado, y no tenía, por lo tanto, manera lógica de “demostrar” la condenación universal apelando a Adán. Simplemente lo afirmó, mientras él mismo citaba puntos que contradecía esto. Lo que se ve en ambos casos es una conclusión que es independiente del argumento que le precede. El pecado de Adán no demuestra, según la propia afirmación de Pablo, que toda la humanidad es pecadora y está condenada. Los horribles pecados de algunos Griegos y Judíos no llevan, incluso en la propia presentación que de ellos hace Pablo, a la visión que todos los humanos están esclavizados por el Pecado. Esto significa que mantenía esta conclusión como punto de vista fijo y trató de avanzar argumentos a favor de ésta, aunque sin éxito lógico. La conclusión, en otras palabras, no solo es independiente de los argumentos sino que es incluso más importante.

Si la consideración expuesta en Romanos 1-2 y 5 no explica el origen de la concepción de Pablo acerca del Pecado, se podría decir de dónde viene? Hay dos posibilidades. Una es que Pablo no llegó al Cristianismo con una preconcebida concepción de la condición pecaminosa de la humanidad, sino que más bien dedujo esta condición de la solución. Una vez hubo aceptado como revelación que Dios deseaba salvar al mundo entero enviando a su Hijo, naturalmente tuvo que pensar que el mundo entero necesitaba ser salvado, y que, por lo tanto, estaba completamente dominado por el Pecado. Su soteriología es más consistente y abierta que su concepción de la condición humana. Parece que su punto de vista fijo acerca de la salvación lo forzó a ir en busca de argumentos a favor del pecado universal. Esto explica por qué Romanos 1-2 y 5 es tan débil en tanto que argumentos razonables que llevan a semejante conclusión definitiva. La conclusión que todos necesitan ser salvados por Cristo, dado que Pablo la recibió como revelación, no podía ser cuestionada; los argumentos a favor del dominio universal del Pecado, son, pues, esfuerzos para una racionalización.

Esta es una explicación. La segunda es que Pablo había mezclado aspectos de una visión dualista del mundo, de acuerdo con la cual el orden creado está al menos en parte bajo control del dios de las tinieblas. El dualismo Iraní (Zoroastriano) había penetrado el Mediterráneo, y se puede ver esto en los Rollos del Mar Muerto, por ejemplo, cuando distinguen entre el ángel de las tinieblas y el ángel de luz, los hijos de las tinieblas y los hijos de la luz (por ejemplo, “Regla de la Comunidad” 3:17 – 4:1). Hay ecos de esta terminología en Pablo. En 2 Corintios 11:14, donde Satán se dice se disfraza de “ángel de luz”, Satán es, en efecto, el “ángel de las tinieblas”.

Es probable que Pablo pudo haber sido influenciado por el dualismo, especialmente dado que consideraba que todo el orden creado necesitaba redención (Rom. 8:19-23), aunque éste no fuese culpable de transgresión. Pero aquí también se puede ver que a pesar de algunas influencias dualistas, Pablo no era un dualista. Pablo proponía que era Dios mismo quien había sometido la creación a la “futilidad”, y que lo había hecho “con esperanza”, planeando su redención. No hay admisión formal en Romanos 8 de un segundo poder, mucho menos de un segundo dios. Pero Pablo sí creía en las fuerzas espirituales malas que llamaba con varios nombres, como está señalado más arriba. Estos no-dioses podía cegar (2 Cor. 4:4) y esclavizar (Gal. 4:8), en el Pecado (Rom. 6:6).

Si hay alguna verdad en la sugerencia que Pablo fue influenciado por el pensamiento dualista, hay aún más en el punto de vista que sus discusiones acerca del pecado son el reflejo de su soteriología. Se puede apreciar la fuerza de ésta última más completamente cuando se considera su punto de vista acerca del trabajo de Dios en la historia, que se puede muy bien llamar “Providencia”, y después uno se puede preguntar acerca de la relación entre providencia y pecado.