miércoles, 24 de julio de 2013

LOS HELENISTAS


LOS HELENISTAS
Los Judíos cristianos de lengua Griega a los que la crisis relacionada con el linchamiento de Esteban obligó a huir de Jerusalem(1) antes de mediados de los años 30 de nuestra era no se contentaron con ponerse a salvo de la amenaza que el Sanedrín de la capital suponía para ellos. Retomaron por dondequiera estuviesen su actividad de predicadores intransigentes de la mesiandad de Jesús(2). Algunos relatos en los Hechos de los Apóstoles son los únicos documentos que nos informan acerca de este tema. En el capítulo 8, es Felipe, el segundo de los Siete(3), quien se encuentra en el centro de dos episodios relatados. El primero se desarrolla en “la ciudad de Samaria”(4), giro ambiguo que algunos manuscritos han intentado corregir con “una ciudad de Samaria”, sin mejorar mucho las cosas. Es sin duda de la capital de Samaria de la que el autor quiere hablar, o sea de la ciudad del mismo nombre, destruida en el 108 antes de nuestra era por el rey Judío Hircano I, aunque Pompeyo, y después Herodes el Grande la habían reconstruido con el nombre de Sebaste. De todas maneras, la localización de las escenas que siguen son un tanto inciertas.

La predicación de Felipe en esta ciudad estuvo acompañada de “señales” que comprendían exorcismos y curas maravillosas(5) que suscitaron una gran alegría en la ciudad(6). Tuvieron un gran éxito(7) y llevaron al bautismo tanto a mujeres como hombres(8). Un tal Simón había ya tenido un gran éxito en esta ciudad un éxito aún más masivo practicando una actividad bastante parecida, aunque el autor de Hechos la define como magia y pretensiones de grandeza(9), con evidente mala intención. A los ojos de sus numerosos admiradores este personaje era “la potencia de Dios, llamada la grande”(10), lo que constituía a la vez un reconocimiento del origen divino y no satánico de su poder y la afirmación de una estrecha relación con Dios.

A pesar de estas pretensiones extraordinarias, Simón estuvo tan impresionado –nos dice el autor de Hechos- por la predicación de Felipe “sobre el Reino de Dios y del nombre de Jesucristo” que se convirtió también él, se hizo bautizar y siguió a Felipe, cuyos “milagros y señales” le dejaban estupefacto(11). Esta adhesión es presentada como sincera y da al lector la impresión que la superioridad de Jesucristo se impuso a Simón gracias a la actividad misionera de Felipe.

La continuación del relato, que parece tiene su origen en otra tradición y que refleja ciertamente las convicciones propias del autor de los Hechos, vuelve a poner en duda esta evaluación positiva del ministerio de Felipe. Pedro y Juan, enviados de la Iglesia de Jerusalem, acudieron a Samaria ante la nueva que esta región había “recibido la Palabra de Dios”(12). Constataron rápidamente que había una grave insuficiencia en la obra de Felipe: los bautizados no habían recibido el Espíritu Santo, aunque el bautismo sí les había sido administrado “en nombre del Señor Jesús”(13). Los dos enviados desde Jerusalem remediaron este fallo (8:17), gracias a la imposición de las manos. Quiere esto decir que Felipe tenía una concepción del bautismo Cristiano diferente a la de la Iglesia de Jerusalem? Se notará que, en el relato siguiente(14), el bautismo del eunuco etíope tampoco está relacionado al don del Espíritu Santo(15), este último sólo interviene para llevarse a Felipe justo después de la ceremonia. La divergencia entre Felipe y la Iglesia madre es que éste se siente libre de bautizar a no-Judíos que no han recibido el Espíritu Santo, mientras que a los ojos de Pedro y los suyos solamente el don del Espíritu a no-Judíos autoriza al misionero a dar el bautismo, que está normalmente reservado a los Judíos(16). Pedro y Juan consideraron que Felipe había actuado con ligereza, lo que explica sin duda que ni siquiera tomen contacto con él cuando tuvo lugar este episodio.

La continuación del relato(17) confirma la irresponsabilidad de Felipe, desde el punto de vista de los Jerusalemitas. Bautizó a Simón el mago y aceptó su compañía permanente. Pero este personaje está tan mal convertido que creía poder comprar a los apóstoles el poder de otorgar el Espíritu Santo mediante la imposición de las manos. Pedro le regaña fuertemente y pone en duda la autenticidad de su fe. He aquí una piedra en el jardín de Felipe, que no es sino un mediocre misionero!

Con el relato de la conversión del eunuco etíope(18), se vuelve a una tradición mucho más favorable para Felipe, dócil instrumento de Dios para la evangelización de un personaje marginal en relación al judaísmo, dado que su mutilación le prohibía la entrada al pueblo de Dios, a pesar de su piedad ejemplar, que le había llevado hasta Jerusalem para adorar a Dios. Este encuentro insólito y pasajero es organizado por una intervención divina y lleva al bautismo del noble extranjero. Ya no es cuestión aquí del don del Espíritu Santo, lo que confirma el liberalismo del misionero heleno en cuanto a la admisión de no-Judíos en la fraternidad de los bautizados. Este relato presenta entre otros a Felipe como un inspirado semejante a Elías(19). Es sorprendente que Hechos 8:32-35 sea el único pasaje del Nuevo Testamento donde el texto de Isaías 53 sobre el Siervo del Eterno sea aplicado a Jesús y a su muerte injusta. Podría ser posible que la idea del sufrimiento vicario de Cristo fuese una idea particularmente apreciada de los Helenistas?

Después de ser milagrosamente arrebatado (versículo 39), Felipe se encuentra en Azoto, una de las ciudades costeras de Palestina, que evangelizó antes de subir al Norte predicando de ciudad en ciudad hasta la capital romana de la provincia, Cesarea, donde se estableció(20). Todas estas localidades estaban pobladas en su mayoría por no-Judíos escapando así a la jurisdicción del Sanedrín de Jerusalem. Parece ser que Felipe fundó comunidades que Pedro vendrá poco más tarde a visitar para acercarlas a Jerusalem(21), sin retomar el contacto con el fundador. Unos veinte años más tarde, Felipe seguía en Cesarea, en una atmósfera muy cargada de profetismo(22) y sin muchas relaciones con la Iglesia de Jerusalem(23). Se puede pensar que al que Hechos 21:8 llama “Felipe el Evangelista” había mientras tanto continuado su empresa misionera partiendo de su base en Cesarea, cerca de Samaria, de Decápolis y de Galilea, donde la actividad de Jesús había sin duda dejado huellas.

Otros “Helenistas” huidos de Jerusalem por la persecución que siguió al martirio de Esteban habían por otro lado llevado el Evangelio hasta Fenicia, Chipre y Antioquia en Siria(24). Su identidad no nos es conocida, ni los detalles de su empresa misionera, que apuntaba a las sinagogas de estas provincias marítimas. Sabemos, por otro lado, que fue en Antioquia, gran ciudad cosmopolita, donde la evangelización se separó del marco Sinagogal. Los predicadores originarios de Chipre y Cirenaica anunciaron “al Señor Jesús” a los Griegos o al menos a gente que vivía a lo Griego(25) teniendo gran éxito. La iglesia de Jerusalem al tener conocimiento de este episodio envió a uno de sus miembros chipriotas, el Levita Bernabé, para verificar que no se trataba de una deriva peligrosa. Bernabé dio su aprobación a lo que ocurría en Antioquia y se estableció, viniendo a ser uno de los responsable de comunidad local(26). De esta manera se efectuó una especie de amalgama entre la misión “helenista” y los delegados de la Iglesia de Jerusalem, puesto que a Bernabé se adjuntó después de un tiempo un tal Saulo de Tarso, Judío de Cilicia, a quien él mismo había introducido en el círculo de los dirigentes de la Iglesia de Jerusalem unos años antes(27). Ya hablaremos de este particular personaje. Los otros miembros eminentes de la comunidad de Antioquia(28) eran sin duda predicadores “helenistas”: Simón llamado el Negro y Lucio de Cirene, quienes llevaban nombres o sobrenombres latinos, Manahen, amigo de infancia de Herodes Antipas, tienen los tres un perfil de Judíos acomodados en el Imperio Romano.

La comunidad mixta así constituida en la gran ciudad del norte de Siria presentaba características dignas de interés. El autor del libro de los Hechos dice que fue en Antioquia(29) donde los discípulos fueron por primera vez llamados “christianoi” (Cristianos), término del vocabulario político, formado con la final latina –ianus- para designar a los “seguidores del Ungido(de Dios)”. Este vocablo podría ser irónico y sugerir para gente sin cultura bíblica un grupo de “partidarios del Ungido”. Como ocurre a menudo en la historia pudo haber sido retomado por los interesados y recibir de ellos un sentido completamente positivo. En este caso, tendríamos indicios de un primer contacto con medios paganos. Por otro lado, el autor de los Hechos designa la comunidad antioqueña como la “ekklesia”(30), término hasta entonces reservado a la Iglesia de Jerusalem que englobaba a las comunidades nacidas de su acción. Es un signo de emancipación de la asamblea Cristiana de Antioquia en relación a la Iglesia madre. Habría que atribuirlo a Saulo de Tarso, quien un poco más tarde reivindicaría el título de Iglesia para todas las comunidades locales fundadas por él? No hay que excluirlo. Un tercera particularidad de la Iglesia de Antioquia, según los Hechos de los Apóstoles, es su dirección por un colegio de “profetas” y de “maestros” que parecen haber celebrado un culto acompañado de ayuno, a lo largo del cual el Espíritu Santo se manifestaba(31). En otros términos, los fenómenos de inspiración sobrenatural estaban presentes en la vida de esta comunidad, al menos en el seno del grupo dirigente. Sabemos por Pablo(32) que se practicaba una intercomunión completa entre los fieles de origen Judío y aquellos que eran de origen pagano, práctica que era aceptada con reticencia por Bernabé e incluso por Pedro cuando éste vino a Antioquia.

Así, la Iglesia de esta ciudad, fruto de la empresa misionera de los Helenistas expulsados de Jerusalem, y posteriormente recuperada por los emisarios de la Iglesia madre, conservaba unos años después de su fundación una fisionomía bastante original donde se combinaban los rasgos de la misión helenista, rasgos tomados de la comunidad jerusalemita y otros que resultaban de la presión del medio complejo que ofrecía una gran ciudad cosmopolita, sin hablar de la influencia personal de Saulo de Tarso. Así se explica que las campañas misioneras lanzadas a partir de Antioquia(33) no estén fundamentadas en el modelo helenista, sino en uno que se calificará como paulino. El impulso de los compañeros de Esteban acaba en esta muy grande ciudad.

Por lo tanto, su ejemplo, tuvo una gran importancia para la puesta en marcha de la evangelización del mundo por los discípulos de Jesucristo. En lugar de esperar en Jerusalem la llegada de peregrinos del mundo entero, además del retorno del Señor, los responsables de la Iglesia madre tomaron la costumbre de seguir los pasos de misioneros no conformistas que iban de lugar en lugar predicando el Evangelio. A base de ir a inspeccionar y corregir el trabajo de otros, acabaron tomando a su vez iniciativas. El mejor ejemplo de este aprendizaje de la movilidad misionera es el de Pedro: inspector en Samaria pisándole los talones a Felipe(34), después en Lidia y Jope(35), y al final Antioquia(36), vemos como se convierten en Samaria(37), después en Cesarea de Palestina(38), antes de convertirse en apologistas incondicionales del acceso de los paganos a la fe(39). Si, a continuación, parece haber retomado su papel de inspector, por ejemplo en Corinto después que pasara Pablo(40), hay todas las razones de pensar que actuó sobretodo como misionero(41), quizá hasta en Anatolia(42) y Roma(43). Igualmente, Bernabé, primero inspector en Antioquia(44), se convierte a continuación en evangelista itinerante(45). Los Helenistas hacen escuela y arrebatan a bastantes dirigentes jerusalemitas de su anterior inmovilismo. Se puede pensar si la pasión evangelizadora de los Helenistas no había igualmente tenido efecto sobre Pablo de Tarso, que de camino a Damasco para aplastar la misión helenista, se vio a partir de su conversión evangelizando Arabia(46).

Habría que reducir a los Helenistas a ser activistas cuyas empresas intempestivas obligaron a los hermanos en la fe a lanzarse a la misión a lo largo del mundo? Sería excesivo. Este grupo contestatario no se contentó con actuar. También reflexionó en lo que hacía y se expresó en algunos documentos literarios, donde defendió sus opciones.

Ya hemos mencionado el comentario de Isaías 53:7-8 que Felipe hizo a la intención del eunuco Etíope(47) y señalado que es el único pasaje del Nuevo Testamento que interpreta al Siervo sufriente como predicción de la Pasión de Jesús. Por qué este silencio sino porque los Helenistas habían comprometido esta lectura del Segundo Isaías haciendo de ella un elemento central de una teología de combate contra el culto sacrificial?

Es esta teología que se expresa en el discurso de Esteban(48). Esta evocación del pasado de Israel, tan original que se le ha a veces encontrado un tono Samaritano, termina de manera inesperada en un ataque en regla contra el Templo de Jerusalem, después sigue una denuncia de la oposición de los dirigentes Judíos al Espíritu Santo, a los profetas, al Justo y a la Ley misma. Estamos aquí lejos del tono conciliador empleado por Pedro en sus discursos de los capítulos 2, 3, 4 y 5 de libro de los Hechos. Ya no se trata de conciliarse con los responsables del Templo con el fin de ser tolerados en el Santuario y convertir a la fe a alguno de ellos(49). Al contrario el objetivo es descalificarlos, con el fin de arrebatarles toda autoridad sobre el pueblo. El Hijo del Hombre a la derecha de Dios que se aparece a Esteban en el momento en que termina su filípica(50) no es solamente el futuro juez escatológico. Es el maestro que viene desde ahora a castigar a aquellos que persisten en su rebelión. Se notará aquí que se trata de una representación única en todo el Nuevo Testamento; los Helenistas se muestran mucho más violentamente polémicos respecto a los dirigentes Judíos que sus hermanos de la mayoría de la Iglesia de Jerusalem. Así, habría que revelar que, contrariamente al cristocentrismo de todos los discursos misioneros de los Hechos de los Apostóles, tenemos en el discurso de Esteban una cristología poco desarrollada: Jesús es llamado “el Justo”(51) y designado como Hijo del Hombre que Dios ha puesto a su derecha después de su suplicio(52), aunque su papel de vengador del mártir no tiene la grandeza del de Juez del Fin de los Tiempos(53) que le atribuye la cristología de la gran Iglesia. Al contrario, la noción de Dios tiene una extrema majestad en todo el dicurso de Esteban, hasta el énfasis puesto en la imposibilidad que Dios pudiese tener otro trono que el cielo(54).

Estos pocos elementos de pensamiento heleno estaban muy dispersos y su coherencia no estaba asegurada. Hay que encontrar el complemento y la expresión más precisa en otro documento que proviene del medio en cuestión: la primera forma del Evangelio según Marcos. Hay un acuerdo bastante general para reconocer este Evangelio como el más antiguo de los libros que llevan ese nombre. En revancha, la datación de este escrito y la existencia de una primera edición han dado lugar a discusiones, de las que no es posible dar cuenta aquí(55). La ausencia de mención de la Guerra Judía del 66-70 en la obra hace necesaria una datación anterior al 65 para la primera edición y posterior al 75 para el escrito canónico. Al precisar a comienzos de su libro que se trata de del “Evangelio de Jesucristo”, o sea de la difusión de la Buena Nueva que Jesús trae consigo y de la que es a la vez sujeto; poniendo el acento, a lo largo de la obra, en la actividad misionera de Jesús, así como la de sus discípulos, mucho más que sobre su doctrina; concluyendo su narración, antes de relatar la Pasión, con un capítulo apocalíptico-escatológico que constituye una conclusión natural –el autor presenta a su héroe como el ejemplo de un compromiso misionero que durará hasta el regreso del Hijo del Hombre, más allá de la muerte y la resurrección de éste(56). No se trata de una exposición cristológica o de un relato biográfico, sino de una invitación a seguir los pasos de Jesús, evangelista y sanador itinerante que ninguna amenaza detiene. El autor de este escrito utiliza mucho tradiciones relativas a Jesús que toma de la evidencia en la reserva donde se servía la Iglesia madre para la catequesis, la predicación y la polémica, aunque también de los numerosos relatos de milagros cuyo carácter bastante grosero hace bastante improbable la utilización eclesial. Como dejó de lado bastante tradiciones que se encuentran en los pasajes comunes a Mateo y Lucas, compuso pues su libro mezclando las tradiciones eclesiales que quería retener y las narraciones tomadas de la memoria popular de Galilea, con la intención evidente de presentar a un Jesús diferente del maestro un poco paralizado alrededor del cual la Iglesia de Jerusalem había organizado el culto. Se notará por otro lado que no duda a la hora de mostrar a los primeros dirigentes de esta Iglesia en un tono bastante desagradable(57) y lanza ataques virulentos contra la familia de Jesús, incluido Santiago(58), lo que revela una viva hostilidad por su parte contra el jefe de la Iglesia de Jerusalem. Así, el Evangelio según Marcos viene de un medio que conoce esta Iglesia, aunque no lo aprecia a penas y no quiere depender de ella, pues le parece demasiado intelectual y dispuesta a todos los compromisos para hacerse tolerar por las autoridades Judías. El único medio de este género que conocemos es el grupo de los “Helenistas”. El Evangelio de Marcos nos informa pues sobre el pensamiento de este medio. Se puede situar su redacción en la región de Cesarea de Palestina, antes del fin de los años 50 de nuestra era. El autor de este escrito podría haber sido Felipe el evangelista o alguien de su entorno.

Por supuesto, hay en este libro rasgos de adaptación a un público romano, el cual desconocía Palestina(59). Pero hay que atribuirlos a una re-edición de la obra dirigida a nuevos lectores. El relato de la Pasión, dominado por la idea que Jesús debe sufrir y morir sólo, mientras que los capítulos 1 al 13 insisten en la llamada a sufrir y morir intrépidamente con él, pertenece a esta segunda edición situada bajo el nombre de Marcos. Su presencia transforma lo que era una exhortación a cargar con la cruz siguiendo a Jesús(60) en una biografía ofrecida para la meditación de un lector del todo extranjero en las situaciones que les son descritas. Los Evangelios de Mateo y Lucas irán hasta el fin de esta nueva lógica relatando la vida de Jesús desde su nacimiento a su muerte en modo biográfico.

Si nos atenemos a las partes del Evangelio según Marcos que se remontan a la primera edición, qué nos muestra este documento acerca del pensamiento Heleno? Confirma antes que nada que la “Gran Nueva” (Euaggelion, en griego) es a la vez el evento decisivo de la historia de salvación y el mensaje que ha de hacer conocer este evento a todos. La predicación de Juan Bautista, de Jesús y de los discípulos anuncian la proximidad del Reino de Dios, hasta se confunde con este último. Igual que con Pablo, el otro autor del Nuevo Testamento que habla a menudo de la “Gran Nueva”, esta se “con-funde” con la actuación de Dios en el mundo(61); es pues el evento escatológico. Se ha a veces mantenido que Marcos había tomado prestado este término y esta noción del Apóstol de los Paganos. Nada de esto. Es Pablo quien a retomado la palabra y la idea en uso “helenista”, que correspondía a sus propias convicciones en cuanto a la importancia capital de la predicación Cristiana. Este misionero infatigable se sabía instrumento de Dios igual que los Helenistas. Para él como para ellos, cada vez que el Evangelio era anunciado, el juicio misericordioso de Dios sobre el mundo se llevaba a cabo.

Detrás de esta convicción se esconde una muy alta idea de Dios. Éste no es un Creador más o menos alejado de su creación. Este había decidido que su Reino iba a entrar en la historia de los hombres y transformarlo todo desde el interior. El instrumento que opera esta gran transformación, es Jesús, por su predicación y su lucha contra Satán, aunque también lo eran todos los predicadores de la Gran Nueva. Jesús no es una especie de ser divino que viene a revelarse. Es el portador del Evangelio y el combatiente que hace recular el mal y el sufrimiento. Es sin duda un ser misterioso ligado a Dios, aunque ninguno de los títulos utilizados para describir su persona y su función por los discípulos de la primera generación es verdaderamente adecuado. El evangelista los menciona de paso, pero no pone el acento sobre ninguno de ellos: ni “Cristo” (siete veces), ni “Hijo de Dios” (de cinco a siete veces) no tienen gran importancia; “Maestro” (doce veces, a lo que se puede añadir las tres veces que aparece “rabbi” y una de “rabbouni”) e “Hijo del Hombre”(catorce veces) son más frecuentes, aunque no tienen un sentido cristológico muy claro. En el fondo, lo que sitúa mejor a la persona de Jesús, es la actitud de aquellos que le conocieron, quedando maravillados y estupefactos(62), y obedeciéndole incondicionalmente(63) y manteniendo una confianza absoluta. Estos rasgos subrayan la importancia excepcional de la misión liberadora confiada por Dios a Jesús mucho más que la naturaleza e identidad de éste. No se puede hablar en el evangelio de Marcos de un pensamiento cristológico muy elaborado, como es el caso por ejemplo en el cuarto Evangelio. Lo central en Marcos, es la intervención transformadora de Dios en el mundo, de la cual Jesús es el agente principal al que los discípulos van a unirse, y después suceder. El sufrimiento y la muerte de Jesús, igual que la triple predicción de Marcos (8:31-32; 9:31 y 10:32-34) resaltan de manera muy insistente, forman parte de la misión recibida de Dios y está relacionada con la naturaleza misma del Reino que ella instaura y que no tiene nada que ver con el poder de los soberanos humanos(64). Reino del servicio, es también reino de la libertad, gracia a la emancipación que procura el don de su vida consentido por el Hijo del Hombre(65). Así liberados, los hombres pueden a pesar de todo aceptar el Evangelio sin que Satán pueda oponérseles. La llamada a los discípulos para que a su vez ellos acepten perder su vida a causa de su maestro y del Evangelio(66) es también apremiante. @@@@

Nada permite afirmar que la vida libre ofrecida a los sujetos del Reino de Dios sería una vida sin ley. Contrariamente a lo que se ha sostenido a veces, el Evangelio según Marcos no está dirigido a lectores invitados a vivir sin tener en cuenta la legislación mosaica. Ciertamente, las reglas de pureza ritual son vigorosamente criticadas, como también lo es la autoridad de la tradición oral(67); la práctica del ayuno es también puesta en cuestión(68), así como la del “shabbat”(69) y la del divorcio(70). El Templo es denunciado como institución estéril(71). Pero no es la Ley la que es atacada. Lo son las costumbres que han sido insertadas en ella lo que Jesús critica como tradiciones humanas que desnaturalizan el sentido profundo de los mandamientos mosaicos. Es en suma la Ley oral en vía de constitución la que es objeto de los ataques de Jesús, relatados por el evangelista. La Ley escrita, en revancha, es evocada con el máximo respeto(72) y sigue siendo la referencia moral incontestable. Como, salvo en raras excepciones(73), las personas que se encontraron con Jesús son Judías, está claro que los destinatarios de este Evangelio eran también los Judíos para los que la Ley era plenamente válida en su forma escrita, tal como la interpreta el Maestro.

Pero dado que el Reino de Dios se ha manifestado hasta el punto de cambiar el orden del mundo(74) esta obediencia a la Ley deviene para algunos una llamada urgente al heroísmo y al sacrificio de sí con el fin que continúe la difusión del Evangelio(75). Contrariamente a la actitud de la Iglesia de Jerusalem, pasiva en la espera de una Parousia próxima, el medio al cual Marcos se dirige desarrolla una actividad ilimitada para asegurar desde ahora la presencia del Reino de Dios. El cumplimiento escatológico que será la venida del Hijo del Hombre(76) no hará sino hacer este Reino estable y visible. Tardará más en llegar de lo que piensan los jerusalemitas. Conviene pues esperarlo sin fiebre particular, como lo demuestra la interminable enumeración de condiciones previas que constituye el capítulo 13.

Así, el Evangelio según Marcos nos deja, conocer el pensamiento de los “Helenistas” de manera más precisa que los otros textos donde se trata el tema. Confirma que este grupo era más activista que dado a la reflexión teológica. Así se explica sin duda que no haya sobrevivido al paso de los años. Una vez desaparecida la primera generación, el extraordinario dinamismo de los primeros misioneros reculó extraordinariamente. Las comunidades “helenistas” de Palestina y Siria que sobrevivieron cayeron en un letargo que condujo a su desaparición progresiva bajo el empuje de grupos rivales mejor armados para durar. Después del paso de Pablo por Tiro, Tolemaida y Cesarea(77), hacia el 58 de nuestra era, no tenemos ningún trazo de la existencia de comunidades de esta tendencia. Este movimiento vigorosamente contestatario tuvo pues una historia bastante breve. Pero legó a las generaciones cristianas siguientes algunos importantes elementos: obligó a la Iglesia  de Jerusalem a salir de su cascarón y a interesarse por el mundo exterior, con el fin de evitar derivas desagradables, lo que fue el punto del comienzo de la misión organizada alrededor de Pedro; contribuyó a helenizar al cristianismo en el plano cultural, lo que orientó su expansión hacia el Imperio Romano más que hacia el Oriente Semita; ofreció con el Evangelio de Marcos, en su primera edición, un modelo literario que ejerció tal atracción en los autores cristianos de la segunda y tercera generación que el Evangelio vino a ser el modo de expresión privilegiado de la fe cristiana.                                                         
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1.     Hechos 8:1.
2.     Hechos 8:4.
3.     Hechos 6:5.
4.     Hechos 8:5.
5.     Hechos 8:6-7.
6.     Hechos 8:8.
7.     Hechos 8:6.
8.     Hechos 8:12.
9.     Hechos 8:9.
10.   Hechos 8:10.
11.   Hechos 8:13.
12.   Hechos 8:14.
13.   Hechos 8:15-16.
14.   Hechos 8:26-40.
15.   Hechos 8:38-39.
16.   Cf. Hechos 10:44-48.
17.   Hechos 8:18-24.
18.   Hechos 8:26-39.
19.   Cf. I Reyes 18, en particular versículo 12.
20.   Hechos 8:40.
21.   Cf. Hechos 9:32-36; 10:1-48.
22.   Hechos 21:8-14.
23.   Hechos 21:15-16.
24.   Hechos 11:19.
25.   Hechos 11:2-21.
26.   Hechos 11:22-24; 13:1.
27.   Hechos 11:25-26; 9:26-28.
28.   Hechos 13:1.
29.   11:25.
30.   11:26; 13:1.
31.   Hechos 13:1-3.
32.   Gálatas 2:12-13.
33.   Hechos de 13 a 15.
34.   Hechos 8:14-24.
35.   Hechos 9:32-43.
36.   Gálatas 2:11.
37.   Hechos 8:25.
38.   Hechos de 10:1 a 11:18.
39.   Hechos 15:7-11.
40.   1 Corintios 1:12; 3:22.
41.   1 Corintios 9:5.
42.   1 Pedro 1:1.
43.   1 Pedro 5:13.
44.   Hechos 11:21-24.
45.   Hechos, capítulos 13-14; 15:36-39; 1 Corintios 9:6.
46.   Gálatas 1:17.
47.   Hechos 8:32-35.
48.   Hechos 7:2-53.
49.   Hechos 6:7; cf. 21:20.
50.   Hechos 7:55-56.
51.   Hechos 7:52.
52.   Hechos 7:55-56.
53.   Cf. Mateo 25:31-46.
54.   Hechos 7:48-50.
55.   E. Trocmé, “La Formation de l´Evangile selon Merc”, Paris, 1963.
56.   Marcos 8:31-32; 9:31; 10:32-34.
57.   Marcos 8:32-33; 10:35-40.
58.   Marcos 3:20-35; 6:1-6.
59.   Cf. Marcos 7:3-4; 12:42.
60.   Marcos 8:34.
61.   Cf. Romanos 1:16-17.
62.   1:27; 4:41; 7:37; 9:32; 10:32; 14:3; 16:8.
63.   1:16-20; 2:14; 6:7-13.; 8:34-35; 10:17-31.
64.   Marcos 10:42-44.
65.   Marcos 10:45.
66.   Marcos 8:35.
67.   Marcos 7:1-23.
68.   Marcos 2:18-20.
69.   Marcos 2:23 a 3:6.
70.   Marcos 10:1-12.
71.   Marcos 11:12-25.
72.   Marcos 1:44; 2:25-28; 7:10; 10:5-9; 10:17-19; 28:33.
73.   Cf. Marcos 5:1-20; 7:24-30, 31-37; 13:10.
74.   Marcos 1:14-15; 6:35-45; 8:1-9.
75.   Marcos 1:16-20; 2:13-14; 3:13-19; 6:6-13; 8:34 a 9:1; 9:33-50; 10:17-31; 10:35-45.
76.   Marcos 8:38.
77.   Hechos 21:3-4.

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