lunes, 26 de mayo de 2014

JESÚS Y JUAN EL BAUTISTA

JESÚS Y JUAN EL BAUTISTA
Un hombre extraordinario, cuyo papel, a falta de documentos, es en parte enigmático, apareció en tiempos de Jesús y seguramente estuvo relacionado con este. Hacia el año 28 de nuestra era(durante el reinado de Tiberio), se extendió por toda Palestina la reputación de un tal Iohanan o Juan, joven asceta muy apasionado. Parece ser que Juan era de casta sacerdotal(1), nacido en Jutta, cerca de Hebrón, o en el mismo Hebrón. Desde su infancia Juan fue Nazareo, sujeto por voto a ciertas abstinencias(2). Sintió una fuerte atracción por el desierto donde vivió vestido con una piel de camellos y alimentándose con miel silvestre(3).

La imaginación del pueblo Judío en aquella época de dominio extranjero se complacía en los antiguos profetas. Pero de todos los personajes del pasado, el más grande era Elías. Este gigante en su áspera soledad en el Carmelo, compartía la vida con las bestias salvajes y habitaba una cueva de donde salía como un rayo para colocar y quitar reyes; era como un ser superhumano, tan pronto visible como invisible que no le tenía miedo a la muerte. Se creía generalmente que Elías vendría para restaurar todas las cosas en Israel(4). La vida austera que había llevado, los recuerdos terribles que había dejado(5), esta lúgubre imagen que aún da miedo, hace temblar y mata, toda esta mitología, llena de venganza y terrores, impresionaba vivamente los espíritus. Cualquiera que aspirara a una gran acción sobre el pueblo había de imitar a Elías, y como la vida solitaria había sido el rasgo esencial de este profeta, se acostumbró a ver al hombre de Dios como un eremita. La retirada al desierto vino a ser así la condición y preludio de los altos destinos.

Sin duda que este pensamiento de imitación no hubo de preocupar mucho a Juan(6). La vida de anacoreta, tan opuesta al espíritu del antiguo pueblo Judío, con la cual los votos de los Nazareos y Recabitas no tenían ninguna relación, había invadido Judea. Los Esenios, Terapeutas estuvieron agrupados cerca del mar Muerto(7). Las sectas flotantes entre el Judaísmo, el Cristianismo, el Bautismo y el Sabismo, que se encontraron en la región más allá del Jordán durante los primeros siglos de nuestra era(8), presentan a la crítica, dada la confusión de las noticias, el problema más singular. Se podría creer que varias de las prácticas externas de Juan, de los Esenios y preceptores espirituales Judíos de la época venían de una influencia reciente Oriental. La práctica fundamental que otorgaba a la secta de Juan su carácter y que le valió su nombre, siempre tuvo su centro en Caldea y constituye una religión que se ha perpetuado hasta hoy.

Se trata del bautismo o la inmersión total. Las abluciones eran familiares para los Judíos, como para todas las religiones en Oriente(9). Los Esenios le otorgaron una extensión particular(10). El bautismo se convirtió en una ceremonia ordinaria de la introducción de prosélitos en el seno de la religión Judía, una especie de iniciación(11). Jamás, no obstante, se le había dado a la inmersión esta importancia ni esta forma. Juan fijó su actividad en la parte del desierto de Judea que linda con el Mar Muerto(12). Cuando administraba el bautismo se trasladaba a la región del Jordán(13), sea a Betania o a Bethabara, en la rivera oriental, probablemente frente a Jericó, sea en un lugar llamado Aenón o “Las fuentes”(14), cerca de Salim, donde había mucha agua(15). Mucha gente, sobretodo de la tribu de Judá, acudían donde él para hacerse bautizar(16). En unos meses se hizo muy famoso en toda Judea.

El pueblo lo tenía por un profeta(17), y muchos se imaginaban que era Elías resucitado(18). La creencia en estas resurrecciones estaba muy extendida(19). Se pensaba que Dios iba a resucitar de sus tumbas algunos de los antiguos profetas para servir de guía a Israel hacia su destino final. Otros tenían a Juan por el Mesías mismo, aunque nunca pronunció semejante pretensión(20). Los sacerdotes y los escribas, opuestos a este renacimiento del profetismo, y siempre enemigos de los entusiastas, le despreciaban. Pero la popularidad del Bautista se imponía, y estos no osaban hablar contra él(21). Era una victoria el que el sentimiento de la muchedumbre superase al de la aristocracia sacerdotal. Los jefes de los sacerdotes se sentían molestos cuando se les pedía se pronunciasen sobre este tema(22).

El bautismo no era para Juan sino un signo para realizar una impresión y preparar los espíritus para cualquier gran movimiento. No hay duda alguna en que fuese poseído al más alto grado por la esperanza mesiánica, ni que su actividad principal fuera en este sentido. “Haced penitencia, decía, porque el Reino de Dios está cerca”(23). Anunciaba una gran cólera y terribles catástrofes(24), y decía que el hacha ya estaba puesta sobre la raíz del árbol que pronto sería echado al fuego. La penitencia, de la que el bautismo era el símbolo para la enmienda de la conducta(25), eran para Juan los medios de preparación para los próximos eventos. No se sabe exactamente para cuando concebía estos eventos. Lo que sí es seguro es que predicaba con mucha fuerza contra los mismos adversarios que Jesús, contra los sacerdotes ricos, los Fariseos, los Doctores, el Judaísmo oficial en una palabra, y que, como Jesús, fue más bien acogido por las clases desheredadas(26). Reducía a nada el título “hijo de Abraham”. No parece que poseyera ni siquiera en germen la gran idea que hizo el triunfo de Jesús, la idea de una religión pura; aunque servía fuertemente esta idea sustituyendo con un rito privado las ceremonias legales, para las cuales hacían falta sacerdotes, más o menos como los Flagelantes de la Edad Media quienes fueron precursores de la Reforma, quitándole el monopolio de los sacramentos y la absolución al clero oficial. El tono general de los sermones era severo y duro. Las expresiones de las que se servía contra sus adversarios parece que eran de las más violentas(27). Parece ser que no permaneció extraño a la política. Josefo lo da a entender de manera encubierta(28), y la catástrofe que puso fin a sus días parece suponerlo. Sus discípulos llevaban una vida muy austera(29), ayunaban frecuentemente. Parece ser que había una comunidad de bienes y la idea que el rico está obligado a compartir lo que tiene(30). El pobre aparece como el primero que ha de beneficiarse del reino de Dios(31).

Aunque la actividad de Juan se desarrolló en Judea, su fama pronto llegó a Galilea. Jesús dejó Galilea y se dirigió con su pequeño grupo cerca de Juan. Quizá impulsado por el deseo de conocer a un maestro cuyas enseñanzas tenían bastante relación con sus propias ideas. Los recién llegados se hicieron bautizar como todo el mundo. Juan acogió muy bien a estos discípulos Galileos, y no le pareció mal que permanecieran distintos a los suyos. Los dos maestros eran jóvenes y tenían muchas ideas en común. Todo esto sorprende en Juan el Bautista, y se presta a la duda. La humildad nunca ha sido un rasgo de las almas fuertes Judías. Parece que un carácter tan rudo, siempre irritado, debía ser bastante colérico y no le gustaría ningún tipo de rivalidad ni adhesiones a medias. Aunque quizá todo ello se deba a una manera equivocada de concebir la personalidad de Juan. Se le representa como anciano, aunque tenía la misma edad que Jesús(32). Muchos estudiosos afirman que para nada, según el orden del espíritu, fue Juan el padre espiritual de Jesús, sino más bien su hermano, que estas buenas relaciones vinieron a ser el punto de partida de todo un sistema desarrollado por los evangelistas, que consiste en ofrecer como primera base de la misión de Jesús el testimonio de Juan. Era tal el grado de autoridad conseguido por el bautista que no se creía poder encontrar en el mundo un mejor garante. Aunque el Bautista no abdicó ante Jesús, más bien Jesús, durante todo el tiempo que estuvieron juntos, le reconoció como superior y no desarrolló su propio genio sino de manera muy tímida.

Da la impresión que, a pesar de su profunda originalidad, Jesús, durante el tiempo que permanecieron juntos, fue imitador de Juan. Aún no tenía claro su camino. El bautismo era tenido en gran consideración por Juan, Jesús también bautizó, al igual que sus discípulos(33). Sin duda acompañaba el bautismo con predicaciones análogas a las de Juan. Pronto igualó el alumno al maestro, y su bautismo fue muy solicitado. Incluso hubieron celos entre los discípulos(34), aunque los dos maestros permanecieron por encima de estas pequeñeces. Jesús empleó los medios externos que le valieron a Juan su gran éxito. Cuando recomenzó a predicar después del arresto de Juan, las primeras palabras que le ponen en su boca no son sino la repetición de una de las frases familiares al bautista(35). Hay algunas otras frases de Juan que encontramos textualmente en su discurso(36). Parece ser que las dos escuelas vivieron durante bastante tiempo en buena armonía(37), y después de la muerte de Juan, Jesús, como compañero de Juan, fue uno de los primeros en ser informado de este suceso(38).

En Judea, Juan no parece haber sido molestado por Pilatos, pero la Perea, más allá del Jordán, era territorio de Antipas. Este tirano se inquietó por el mensaje político, mal disimulado, de la predicación de Juan. Las grandes reuniones de hombres formadas por el entusiasmo religiosos y patriótico alrededor del Bautista tenían algo de sospechoso(39). Un problema personal vino a añadirse a todo esto e hizo inevitable la pérdida del austero censor.

Uno de los caracteres más fuertes de esta trágica familia de los Herodes, era Herodías, nieta de Herodes el Grande. Violenta, ambiciosa, apasionada, detestaba el Judaísmo y despreciaba sus leyes(40). La casaron, a pesar de ella, con su tío Herodes, hijo de Miriam(41), a quien Herodes el Grande había desheredado(42) y nunca tuvo papel público. La posición inferior de su marido, respecto a otras personas de su familia, no la dejaba tranquila, ella quería ser soberana a toda costa(43). Antipas fue el instrumento del que ella se sirvió. Este hombre débil habiéndose perdidamente enamorado de ella, le prometió casarse y repudiar a su primera mujer, hija de Aretas, rey de Petra y emir de las tribus vecinas de la Perea. La princesa árabe al conocer este proyecto huyó. Disimulando, fingió que quería hacer un viaje a las tierras de su padre, y se hizo conducir por los oficiales de Antipas(44). Maqueronte(45) era una fortaleza colosal construida por Alejandro Janeo, posteriormente ocupada por Herodes, en uno de los wadis más abruptos al oriente del mar Muerto(46). La fortaleza estaba situada justo en el límite de los estados de Aretas y Antipas. En este momento estaba en posesión de Haret(47). Éste avisado lo preparó todo para facilitar la huida de su hija, que de tribu en tribu fue reconducida a Petra.

La unión casi incestuosa(48) de Antipas y Herodias se llevó a cabo. Las leyes Judías sobre el casamiento eran a menudo una piedra de escándalo entre la familia, muy poco religiosa, de Herodes y los Judíos ortodoxos(49). Los miembros de esta dinastía numerosa y bastante aislada se veían obligados a casarse entre ellos, dando lugar a frecuentes violaciones de los impedimentos establecidos por la Ley. Juan se hizo eco del sentimiento general acusando enérgicamente a Antipas(50). Esto era más de lo que hacía falta para que éste diera rienda suelta a sus sospechas. Hizo arrestar al bautista y dio orden de encerrarlo en la fortaleza de Maqueronte, de la que probablemente se hiciese dueño después de la partida de la hija de Aretas(51).

Más tímido que cruel, Antipas no deseaba condenarlo a muerte. Parece ser que temía una sublevación popular(52). Según otra versión(53), le gustaba oír al prisionero, y sus encuentros le habían sumido en una gran perplejidad. Lo cierto es que la detención se prolongó y que Juan mantuvo una actividad amplia desde su prisión. Entrevista con sus discípulos y mensajes a Jesús. Su fe en la próxima venida del Mesías no hizo sino afirmarse, seguía con atención los movimientos fuera, y buscaba descubrir las señales favorables al cumplimiento de la esperanzas de las que se nutría.                 
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1.     Luc. 1:5; pasaje del evangelio de los Ebionim, conservado por Epifanio(Adv. Haer., XXX, 13).
2.     Luc. 1:15.
3.     Mat. 3:4; Marc. 1:6; fragmento del evangelio de los Ebionim, en Epifanio, Adv. Haer., XXX, 43.
4.     Mal. 3:23-24; Ecles. 48:10; Mat. 16:14; 17:40; ; Marc. 6:15; 8:28; 9:10; Luc. 9:8, 19; Juan, 1:21, 25.
5.     El feroz Abdallah, pachá de San Juan de Acre, se vio morir de terror al haberle visto en sueños, depie sobre su montaña. En los cuadros de las iglesias Cristianas se le ve rodeado de cabezas cortadas. Los musulmanes le tienen miedo.
6.     Luc. 1:47.
7.     Plinio, Historia Natural, V, 17; Epifanio, Adv. Haer., 19, 1 y 2.
8.     (285)Ver las noticias de Epifanio sobre los Esenios, los Hemero-Bautistas, los Nazareos, Los Nazarenos, Ebionitas, etc. (Adversum Haer., libro I y II, y las del autor de los Filosofumena sobre los Elcasitas(Lib. IX y X).
9.     Marc. 7:4; Josefo, Antiguedades, XVIII, v, 2; Justino, Dial. cum Trypho, 17, 29, 80; Epifanio, Adv. Haer., XVII.
10.   Josefo, Guerras de los Judíos, II, viii, 5, 7, 9, 13.
11.   Mishna, Pesashim, VIII, 8; Talmud de Babilonia, Jebamoth, 46b; Kerithuth, 9 a; Aboda Zara, 57 a; Masseket Gerim, p. 38-40(Edic. Kirchheim, 1851).
12.   Mat. 3:1; Marc. 1:4.
13.   Luc. 3:3.
14.   Aenón es el plural Caldeo “Aenawan”, “Fuentes”.
15.   Juan, 3:23. La situación de esta localidad es dudosa. De todas maneras los Sinópticos son constantes al situar todas las escenas de bautismos de Juan a borde del río Jordán(Mat. 3:6; Marc. 1:5; Luc. 3:3).
16.   Marc. 1:5; Josefo, Antiguedades XVIII, v, 2.
17.   Mat. 14:5; 21:26.
18.   Mat. 11:14; Marc. 6:15; Juan 1:21.
19.   Mat. 14:2; Luc. 9:8.
20.   Luc. 3:45; Juan, 1:20.
21.   Mat. 21:25; Luc. 7:30.
22.   Mat. Loc. Cit.
23.   Mat. 3:2.
24.   Mat. 3:7.
25.   Luc. 3:11-14; Josefo, Antiguedades, XVIII, v, 2.
26.   Mat. 21:32; Luc. 3:12-14.
27.   Mat. 3:7; Luc. 3:7.
28.   Antigüedades, XVIII, v, 2. Hay que señalar que, cuando Josefo expuso las doctrinas secretas y más o menos sediciosas de sus compatriotas, borró todo aquello que tuviese rasgos de creencias mesiánicas, y expansión de estas doctrinas, para no hacer sombra a los Romanos, un barniz de banalidad que hace aparecer a todos los jefes de sectas Judías como profesores de moral o estoicos.
29.   Mat. 9:14.
30.   Luc. 3:11.
31.   Mat. 13; Marc. 1:9; Luc. 21; Juan 1:9. Los Sinópticos hacen que Jesús venga a Juan, antes de realizar ninguna actividad pública. Pero si es verdad como dicen que Juan reconoció a Jesús dándole una gran bienvenida, hay que suponer que Jesús era ya un maestro con cierto renombre. El cuarto Evangelista lleva dos veces Jesús hacia Juan, una primera vez de manera un tanto oscura, la segunda con una grupo de discípulos.
32.   Luc. 1, aunque todos los detalles del relato, sobretodo lo que concierne al parentesco de Juan con Jesús, sean legendarios.
33.   Juan, 3:22-26; 4:1-2. El paréntesis del versículo 2 parece ser una glosa añadida, o quizá un escrúpulo tardío de Juan corrigiéndose él mismo.
34.   Juan, 3:26; 4:1.
35.   Mat., 3:2; 4:17.
36.   Mat., 3:7; 12:34; 23:33.
37.   Mat., 11:2-13.
38.   Mat., 14:42.
39.   Josefo, Antigüedades, XVIII, v, 2.
40.   Josefo, Antiguedades, XVIII, v, 4.
41.   Mat., 14:3(en el texto Griego) y Marc., 6:17 quieren que sea Filipo, lo que es sin duda un error (ver Josefo, Ant. XVIII,v,1 y 4). La mujer de Filipo era Salomé, hija de Herodías.
42.   Josefo, Ant., XVII,IV,2.
43.   Josefo, Ant., XVIII,vu,1,2; Gerras de los Judíos, II,ix,6.
44.   Josefo, Ant., XVIII,v,1.
45.   Esta forma se encuentra en el Talmud de Jerusalem (Shebiit, IX, 2) y en los Targums de Jonatán y de Jerusalem (Números, XXII, 35).
46.   Hoy situada en el wadi Zerka.
47.   Josefo, Ant., XVIII,v,1.
48.   Lev. 18:16.
49.   Josefo, Ant., XV,vii,10.
50.   Mat. 14:4; Marc. 6:18; Luc. 3:19.
51.   Josefo, Ant., XVIII,v,2.
52.   Mat. 14:5.

53.   Marc. 6:20.  

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