miércoles, 29 de abril de 2009

VIOLENCIA E INFANTICIDIO DE GÉNERO

INFANTICIDIO FEMENINO EN ISRAEL Y JUDÁ
Ezequiel 16 describe a Yahvé cuidando de Jerusalem, una ciudad relacionada con una niña recién nacida que había sido abandonada incluso antes de ser lavada y envuelta, (Ezek. 16:4-6).

Aunque el pasaje continúa centrado en la salvación, la suave actitud del profeta hacia una acción tal como el infanticidio parece asombrosa. Uno se pregunta si esto era así porque el matar a recién nacidos era una práctica común en la Judá que conoció Ezequiel (Boat 1992). Vamos a explorar el problema del infanticidio, más específicamente del infanticidio femenino, el asesinato de niñas recién nacidas, en la Edad de Hierro en Israel y Judá (1000-587 a.C.).

Por qué tenían lugar los infanticidios?
Es un hecho que el infanticidio era practicado en muchas sociedades en la antigüedad. Culturalmente autorizado, el infanticidio se comprende mejor en tanto que “medio conscientemente calculado para realizar metas económicas y culturales, así como biológicas” (Hydr 1992; Rega 1997; Williamson 1978; Benedictow 1985; E. Scott 1999; Milner 2000). Los niños con defectos o enfermos, aquellos que no tenían familias que funcionasen bien o aquellos cuya paternidad era cuestionada, y algunas veces los gemelos también estaban en peligro sin que importase su sexo (Schwartz e Isser 2000; Ball Hill 2003).

El infanticidio es posible porque los más pequeños son los más prescindibles y es en ellos en quienes se ha invertido menos recursos alimenticios, educación, o dedicación emocional. El nivel de fallecimientos de niños bajo los cinco años de edad en la antigüedad (y en los modernos países subdesarrollados) alcanzaba 40% y más. Al mismo tiempo, los muchos nacimientos requeridos para mantener el número de habitantes deseados situaba a las mujeres en un gran riesgo en lo que se refiere a la mortalidad de recién nacidos. El análisis de los esqueletos indica que el promedio de mujeres en la Edad de Hierro fallecían a la edad de 30 años, unos diez años antes que los varones (Genovés 1970; Meyers 1988).

El infanticidio femenino está ligado a una serie de factores, a menudo relacionados con la viabilidad económica. Se usaba el control del crecimiento de la población para evitar el hambre, y el desorden social. Esto se da en las sociedades patriarcales, porque “el infanticidio es un reflejo de las fatales consecuencias para las mujeres del dominio cultural de los valores patriarcales y cultura” (Hom 2001; Divale y Harris 1976; S. Scott y Duncan 2002). El infanticidio femenino existe en las sociedades patriarcales en las que la sobrevivencia depende de una cercana cooperación entre miembros varones involucrados en labores agrícolas y la cría de animales (Hughes 1981). También se daba cuando los hijos eran la fuente primaria de mantenimiento para sus padres ancianos (E. Scott 2001; Scott y Duncan 2002). Finalmente en tiempos de guerra, la necesidad de soldados y el mantenimiento de una sociedad militarizada anima a preferir a los varones, lo cual puede ser realizado sólo mediante el infanticidio selectivo (Divale y Harris 1976).

Cómo se realiza el infanticidio?
El infanticidio es realizado de dos maneras básicas. La primera es el crimen postpartum. Los recién nacidos podían ser estrangulados, asfixiados, enterrados vivos, ahogados, golpeados hasta la muerte, envenenados, o abandonados para morir de hambre o ser comido por animales depredadores (Williamson 1978; Scrimshaw 1984; Schwartz e Isser 2000). La segunda es el abandono del niño, o sea, la negligencia hacia él o el abuso de los recién nacidos, incluso niños, que resulta en su eventual muerte (ver Ford 1945; Johansson 1984; Martin 2000; E. Scott 201). En los tiempos modernos, el abandono que lleva a la muerte es más común como método infanticida que amenaza principalmente a las niñas (Scrimshaw 1984).

El infanticidio es una práctica que normalmente ha afectado más a las niñas. El infanticidio femenino ha tenido lugar miles de veces en muchas localidades, incluyendo, aunque no limitado, al Paleolítico en el Cercano Oriente y Europa, en la China Imperial en el Neolítico, en Japón, Grecia Helénica, Mesopotamia, Roma, la Escandinavia Vikinga, la Noruega medieval, entre los Esquimales del Ártico antes del Cristianismo, en el Amazonas, entre los aborígenes de Australia, Nueva Ginea, Oceanía, partes de Africa, Suecia en los siglos XVIII y XIX, Rusia y Europa Occidental desde la Edad Media hasta el siglo XIX, pre-Hispana America del Sur, etc. (Ford 1945; Langer 1974; Divale y Harris 1976, etc.). En un análisis del censo reciente se concluye que están “desaparecidas” 60 millones de mujeres en Asia, mientras que otros 40 millones de mujeres están desaparecidas en el resto del mundo (Kristof 1991). Otro estudio demográfico sugiere entre 22 y 40 millones de niñas y mujeres “desaparecidas”.

La Edad de Hierro en Israel
Actualmente hay bastante material de escolares que documentan el pobre trato que sufrían las mujeres en el antiguo Israel. Es la misma Biblia la que fuerza la discusión, dado el número de pasajes que indican que las mujeres son un justo objetivo para el abuso emocional y la violencia física. Los muchos ejemplos de violencia contra mujeres perpetrados tanto por hombres como por el mismo Dios nos muestran una sociedad en la que las mujeres no eran iguales a los hombres ni les era otorgado el mismo valor. La violencia contra mujeres queda atestiguada en historias de humillación, rapto, y crimen (Trible 1984; Bal 1987). Las mujeres eran forzadas a prostituirse y estaban sujetas a un doble rasero legal en lo que a actos sexuales y trasgresiones se refiere (Frymer-Kensky 1992; Bird 1997). Eran simplemente matadas o llevadas cautivas como botín de guerra (Divale y Harris 1976; Washington 1998). Demasiado numerosos son los ejemplos Bíblicos como para listarlos aquí.

Muchos profetas expresaron actitudes misóginas hacia las mujeres y aprobaron actos violentos contra ellas. En muchas ocasiones, describieron al mismo Yahvé como el autor de dicha violencia, y racionalizaron su visión retratando a la mujer como símbolo del Israel, Judá, o Jerusalem errantes (Magdalene 1995; Exum 1996). Algunos lectores modernos han hecho comentarios sobre la relación entre esta violenta imaginería y la pornografía (Galambush 1992; Halperin 1993; P. Day 2000; L. Day 2000; Malamat 2002). El libro de Ezequiel es un desfile de ejemplos de este tipo de actitudes (Galambush 1992; Weems 1995; Dempsey 1998; P. Day 2000; L. Day 2000).

La violencia socialmente aprobada contra las mujeres es más común en las sociedades patriarcales –antiguo Israel, antiguo y actual Islam-. De acuerdo con H. Washington, “El papel de la violencia en la producción discursiva del sujeto engendrado……. Es más profunda que la simple asociación de la masculinidad en la Biblia con prácticas guerreras. La representación bíblica de la violencia sexual, también, demuestra que la violencia contra un objeto femenino es elemental a la masculinidad normativa” (1997:331). En breve, el Israel de la Edad de Hierro era una sociedad en la cual las mujeres eran meros objetivadas mediante una imaginería pornográfica violenta, amenazadas, dañadas por la brutalidad psicológica, la violencia física, y algunas veces asesinadas. Dado que estas descripciones de la violencia de género fueron compuestas por un número de autores a lo largo de los siglos, se entiende reflejan condiciones en Israel y Judá a lo largo de la Edad de Hierro y después de esta. El hecho que los autores bíblicos encontraran todo esto aceptable incluso el describir a Dios como el autor de la violencia contra las mujeres confirma esta interpretación. Desde la antigua ley Babilonia hasta los relieves en los palacios Neo-Asirios, no hay evidencia alguna que demuestre o sugiera que los hombres de Israel y Judá eran diferentes de aquellos en el mundo que les rodeaba.

Nacimiento y muerte
El punto en el cual un recién nacido era considerado humano es importante en la discusión del infanticidio (para la comprensión de cuando comienza la vida según la comprensión social y su definición del infanticidio, ver Scrimshaw 1984:440-41; Hrdy 1992). Como señala N. Finlay, “Antes de ser aceptado en la sociedad, el infante a menudo no tiene personalidad social y forma una clase ambigua de individuos” (2000; Ford 1945; E. Scott 2001). En los tiempos antiguos no había tecnología para identificar el momento de la concepción, aunque sí había síntomas de embarazo difíciles de pasar inadvertidos (Ford 1945). Aunque la Biblia permanece muda sobre el tema del aborto, incluye legislación diseñada para penalizar a los hombres cuyas acciones violentas causen un aborto (Éxodo 21:22-23), sugiriendo que en Israel, los valores sociales eran aumentados respecto al feto en desarrollo. Mientras que el ritual de la circuncisión (Lev. 12:3) unía a un niño a la comunidad en su octavo día de vida, no había ceremonia comparable para las hembras. Ya en riesgo debido a las complicaciones postpartum y enfermedades, su precario estatus las hacía prescindibles cuando la familia o la sociedad se veían enfrentada a comida inadecuada y otros recursos. Puede ser que el periodo de unión entre madres y hembras recién nacidas, quizás dos veces más largo que el periodo de relación entre madre y varón recién nacido (Lev. 12:1-5), esto fue instituido para evitar la tragedia del infanticidio femenino, dado que los niños con quienes su madre esta unida tienen más posibilidades de salir hacia delante y ser criados (Scrimshaw 1984).

El papel de los niños
Como bien saben los antropólogos, la infancia es una categoría social, no una etapa absoluta en la vida, y así es comprendida de manera distinta en varias sociedades (Aries 1962; Sofaer Derevenski 1994, 1997; Blenkinsopp 1997; Baxter 2005).

Qué se puede decir de los niños en la Biblia? Muchas historias relatan el vivo deseo de tener hijos, especialmente herederos masculinos. La súplica desesperada de Raquel a su marido Jacob, “Dame hijos, o me muero” (Gen. 30:1) se refleja en el sufrimiento de Sara al tenerle que dar a su esposo una segunda esposa (Gen. 16:1-3) y en la disposición de Ana para renunciar a su hijo entregándolo a Yahvé a condición de tenerlo y criarlo durante la infancia (1 Sam. 1:24-28). En general, no obstante, lo niños aparecen poco en la Biblia si no es como vehículos a través de los cuales Yahvé realiza sus planes para con Israel. Un reciente estudio del lenguaje Bíblico referente a la infancia indica que los términos, “`olel, `olal, y yoneq” se refieren a criar niños, mientras que, “gamul o gemula” se refieren al niño destetado. La mayoría de las citas que se refieren a los niños ilutran los traumas a los cuales estaban sujetos. J. Blenkinsopp señala que en la Biblia, “veintidós de las treinta veces que el término niño aparece en la Biblia es para referirse a su destrucción violenta” (1997).

El acceso a la riqueza (sea en bienes o terrenos) está entre los más importantes factores a la hora de determinar la viabilidad de los bebés niñas. En particular, la transmisión del terreno a través de la descendencia patrilineal es crítica para decidir si se deja vivir o no a las niñas. Los potenciales ingresos y ganancias que ofrece el varón y su responsabilidad en cuidar a sus padres ancianos significa que serán mejor cuidados, alimentados, y sobrevivirán consecuentemente en mayor cantidad que las hijas (Dickemann 1979; Chen, Huq, y D´Souza 1981; E. Scott 2001). Según la Biblia, los hijos varones eran esenciales en la formación y conservación de los grupos sociales primarios Israelitas, la “mispaha y el sebet”. Estos grupos familiares y clanes, definidos de acuerdo a la descendencia patrilineal, controlaban los aspectos de la vida económica, maritales, y otros aspectos fundamentales. Era a través de los hijos que las posesiones patrimoniales permanecían dentro del control del grupo familiar, y era de ellos que los padres esperaban ser atendidos en su vejez (Stager 1985; Blenkinsopp 1997). La aceptación de Israel del infanticidio de género es la consecuencia de todos estos factores.

La exposición de niños
La exposición deliberada de recién nacidos es una manera en la que el infanticidio es perpetrado. De acuerdo con M. Malul, el abandono de niños era común en Mesopotamia en el segundo y primer milenio a.C. (1990). En la apoteosis de la niña que representa a Jerusalem, Ezequiel dice, “….sino que fuiste arrojada (wattusleki) en campo abierto (`al pene hassadeh), con menosprecio de tu vida, en el día que naciste (16:5). “En campo abierto” describe a aquellos que eran abandonados en un lugar fuera del área habitada y por lo tanto tenían que defenderse ellos mismo de la ira de Yahvé (Kohn 2002). La palabra “hislik” “expuesto” o “abandonado” es un término técnico usado cuando se abandona a alguien con quien de quien uno no puede hacerse cargo (Cogan 1968). En Mesopotamia, el abandono algunas veces sirve de preludio a la adopción, en cuyo caso el recién nacido era dejado sin lavar de manera que el padre adoptivo pudiese lavarlo –y por lo tanto legitimizarlo- como su nuevo hijo (Malul 1990). El paralelo entre la adopción en Mesopotamia y el niño sucio en sus sangres de Ezek. 16:6 es obvio, pero en Mesopotamia como en Israel, no todo niño abandonado era adoptado. El motivo literario popular en el que tenía lugar un nacimiento inusual y el consiguiente abandono anunciaba un brillante futuro (Sargon I, Romulo y Remo, Ismael, Moisés, etc.) funcionaba porque la amenaza de un abandono real era subyacente al cuento (Lewis 1980; Redford 1967).

La historia del niño Moisés está llena de inesperados contratiempos (Exum 1983). El Faraón quien condena a un niño Israelita involuntariamente lo cría, un príncipe mimado deviene el portavoz de Dios, un príncipe valiente deviene un hombre humilde, los esclavos son liberados, y los poderosos vencidos. El decreto de muerte del Faraón para los niños varones Israelitas establece otra asombrosa inversión de la norma.

Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra Fúa, y les dijo:

16 Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva.

17 Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños.

18 Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis preservado la vida a los niños?

19 Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias; pues son robustas, y dan a luz antes que la partera venga a ellas.

20 Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera.

21 Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias.

22 Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca,(D) y a toda hija preservad la vida.

Exod. 1:15-22).

A pesar del estilo tan seco de la Biblia a la hora de narrar historias, la orden “dejad vivir a todas las hijas” es indicada dos veces en los seis versículos, enfatizando hasta que punto esta afirmación representa la transformación de cualquier expectativa razonable. En lugar de las hijas, en la historia de Moisés eran, sorprendentemente, los hijos los que debían ser asesinados.

El sacrificio de niños
El sacrificio de niños es mejor entendido como forma de sacrificio que opera en el ámbito público más que en el doméstico (E. Scott 1999). Para Israel y Judá, y otros lugares, el sacrificio de niños era un fenómeno que de muchas maneras era paralelo al infanticidio femenino. Ambos eran los medios para alcanzar metas económicas y regular el crecimiento de la población. En la Cartago de los siglos IV y III a.C., el sacrificio de niños servía para asegurar que los grandes patrimonios no eran subdivididos (Stager 1982), y este mismo puede haber sido el caso en Israel y Judá. El sacrificio de niños tenía lugar a menudo después de la infancia dado que el sacrificio tenía valor sólo cuando el valor se acrecentaba en el objeto sacrificado –--más mayor el niño “más valor” adquiría (Nakhai 2001).

En Israel, la gente recurría al sacrificio de niños sólo en tiempos de extremo peligro, como cuando una ciudad era sitiada y su rey tenía que recurrir al poder de su dios (Smith 2002). S. Ackerman señaló la relación entre ritos de sacrificios de niños, ritos para asegurar la fertilidad, y el mantenimiento del culto a los muertos (Akerman 1992). El sacrificio de niños tenía su lugar dentro del culto a Yahvé, cumpliendo metas religiosas normativas (Ackerman 1993; Smith 2002). El primer de los sacrificio de niños en la Biblia, el de la hija adolescente de Jafté (Jueces 11:29-40), tuvo lugar durante una crisis militar (el hijo del rey de Moab también fue sacrificado en tiempos de guerra (2 Reyes 3:26-27). En Israel se sacrificaron niños durante el reinado de Oseas, en los difíciles años que llevaron a la destrucción Asiria (2 Rey. 17:17). En Judá, niños fueron sacrificados durante el reinado de Acaz, cuando Rezin de Aram y Pekah de Israel sitiaron Jerusalem (2 Rey. 16:3). También fueron sacrificados durante el reinado de Manasés, cuando la gente de Judá luchaba para recuperarse de la devastación causada por Sanaquerib (2 Rey. 21:6). La práctica continuó a lo largo del siglo VII y hasta bien entrado el VI, a pesar de los esfuerzos de Josías (2 Rey. 23:10) y varios profetas (Jer. 7:31-32; 19:5-6; 32:35; Ezek. 16:20-21,36; 20:31; 23:37-39; Isa. 57:5) por eliminarla.

Infanticidio femenino en Israel
En la Edad de Hierro II, los niños eran enterrados en cementerios y bajo el suelo de las casas, en jarras y en sepulcros, en entierros primarios y secundarios, y por cremación, normalmente junto a sus padres (Bloch-Smith 1992). Mientras que es posible algunas veces identificar el infanticidio en los restos arqueológicos, determinar el sexo de esqueletos inmadures es mucho menos factible, haciendo difícil demostrar el bias de género (Wicker 1998; Arnold y Wicker 2001). Los niños abandonados o asesinados es difícil se les acordaran los rituales funerarios (Smith y Kahila 1992), y no es sorpresa alguna que las evidencias de infanticidios no hayan sido descubiertas en las excavaciones en Judá e Israe.

El contexto histórico de los infanticidios en Judá
Como ya se ha señalado arriba, los factores que causaban más a menudo que la gente abandonara o asesinara a niños sanos, especialmente niñas, incluían presiones de población, pérdida del hogar, tensiones referentes a la división del patrimonio familiar, pobreza, hambruna, y guerra. En la Edad de Hierro II en Israel, hubo dos periodos en los cuales estos problemas eran particularmente intensos. El primero tuvo lugar a finales del sigo VIII. Consecuente con el ataque Asirio que comenzó con Tiglath-pileser III en el 734 y continuó a lo largo de los reinados de Shalmansar V y Sargon II, Israel fue destruido y mucha de su población asesinada. Mucha otra gente fue desplazada. Algunas fue forzada al exilio a otros lugares en el Oriente Cercano, mientras otros huyeron al sur, de Israel a Judá, más notablemente, a Jerusalem (Stern 2001).

Judá también sufrió mucho daño. Como resultado de las dos olas de inmigración, una desde el norte después de la destrucción Asiria de Israel y la otra desde el interior de Judá después de la campaña de Sanaqerib del 701, Jerusalem duplicó su población (Broshi 1993). La presencia administrativa Asiria en Ramat Rahel, justo a las afueras de Jerusalem, significaba que Judá no se vio libre de sus obligaciones para con su señor hasta finales del siglo VII, aunque estuviese gobernada por su propio rey nativo (Na´aman 2001). La carga económica y psicológica era desalentadora.

El segundo periodo de trauma social tuvo lugar a los comienzos del siglo VI, cuando Nabucodonosor, el rey de Babilonia, y su ejército atacaron. Ciudades y pueblos a lo largo de todo Judá fueron destruidos. Jerusalem, también, fue saqueada y su élite forzada al exilio, resultando todo esto en la desaparición de la casi independiente nación de Judá (2 Rey. 24:8-25:26). Excavaciones a lo largo del país documentan la destrucción causada por las ofensivas militares Babilonias (Stern 2001). Ezequiel fue testigo de parte de esta destrucción (Boadt 1992); de toda, Jeremías (Lundbom 1992), estos dos informantes del sacrificio de niños e infanticidios femeninos se vieron obligados a salir de su país.

En ambas épocas, las extensas crisis militares erradicaron a la gente de su país ancestral, crearon poblaciones migratorias, y causando hambrunas, pobreza, y muerte. Los estudios demográficos de las sociedades contemporáneas e históricas demuestran que, en tiempos de estrés social, las mujeres y los niños son particularmente vulnerables a la malnutrición y la enfermedad (Martin 2000).

Conclusiones
En pasajes profético e históricos, la Biblia afirma que, en tiempos de crisis, tanto los niños como las niñas podían ser sacrificados a Dios. Todavía, la única historia acerca de un sacrificio humano es la de una niña, la hija de Jefté. Asi mismo, tanto los niños como las niñas podían ser abandonados, pero el único abandono con un resultado desgraciado fue el de una niña, La Jerusalem metafórica de Ezequiel, una ciudad que el profeta había visto como había sido brutalmente saqueada y destruida. La Biblia refleja cierto malestar acerca tanta conducta moralmente ambigua. Los sacerdotes y los deuteronomistas legislaron contra estas prácticas de sacrificios de niños y crearon un mecanismo para impedir la ofrenda del primogénito a Dios. Esto sirvió de poco para evitar la muerte niñas recién nacidas, consideradas de valor limitado en tiempos de tensión militar y dureza económica. Era ofrecidas a Dios o se las dejaba morir simplemente, en orden a asegurar el futuro de sus familias y nación.

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