sábado, 23 de noviembre de 2013

LUZ Y TINIEBLAS

EL PRÍNCIPE DE LUZ Y EL ÁNGEL DE LAS TINIEBLAS
La noción de un agente sobrenatural que representa las fuerzas del mal, pecado y desorden, que fue introducida en la época intertestamentaria, vino a estar asociada con la ambigua narrativa bíblica de la unión entre “los hijos de los dioses”, los “bnai ha-elohim”, y las “hijas de los hombres”(Gén. 6:2-4). En el texto bíblico los bnai ha-elohim descienden sobre “las hijas de los hombres” y su progenie fue una raza de gigantes, de “héroes antiguos, y hombres de renombre”. En el periodo intertestamentario la venida de los benai ha-elohim a la tierra fue vista como una caída desde el cielo y causa de la rebelión de los ángeles caídos que se corrompieron con “las hijas de los hombres” introduciendo el mal y pecado en este mundo. En la literatura apócrifa Judía, y particularmente en el pensamiento apocalíptico Judío, la rebelión y caída de los ángeles estuvo repetidas veces asignada al Príncipe del Mal, llamado de varias maneras Satán, Belial, o Mastema. En el relato apocalíptico de la caída de los “hijos de Dios” o los Vigilantes en la sección del Libro Etíope de Enoch (I Enoch), en el Libro de los Vigilantes, los ángeles rebeldes son identificados con las estrellas caídas y estaban liderados por dos arcángeles, Samyaza y Azazael, el último fue condenado como primera estrella que cayó del cielo.

Ahora bien, con todos los aparentes paralelos con la historia sagrada del Zoroastrismo, en los dramáticos relatos de lucha cósmica entre las fuerzas de la luz y las tinieblas en los Rollos del Mar Muerto no hay un desarrollo del dualismo religioso. El dualismo entre el Príncipe de la Luz y el Ángel de las Tinieblas. Aunque el esquema de Qumran de conflicto y oposición cósmicos estuvo ciertamente afectado por el modelo del dualismo Zoroastriano, la doctrina del dominio de Belial –la noción que Belial preside sobre este mundo- es reminiscente del mito básico Zurvanita del reinado finito de Ahriman sobre el mundo. Se ha intentado asociar el Belial de Qumran con el Ahriman del Zurvanismo pero, a parte de los obvios paralelos, los mitos de los señores de “La Tinieblas” Qumranita y Zurvanita fueron formulados basados en diferentes líneas(1). El Zurvanita Ahriman obtuvo el dominio finito sobre el mundo violando la voluntad y el propósito sacrificial de su Padre primordial y le fue dado un “vestido oscuro-ceniza” de arrogancia y autodestrucción como parte de un “acuerdo” con Zurvan, mientras que el Belial Qumranita controlaba el mundo de acuerdo con los inescrutables designios de Dios y mediante su poder natural mediante la corrupción hasta el momento de la inquisición final. El Príncipe de la Luz Qumranita, a menudo visto como defensor de los “hijos de la justicia” contra el reino de Belial (Rollo de la Guerra, 13:10), es a menudo identificado con el arcángel Miguel, que vino a ser elevado en la época pos-exílica como “archistrategos” (comandante) de las huestes, y sancionador de los ángeles caídos y protector celestial de Israel. De acuerdo con la antigua tradición que las guerras de las naciones estaban correlacionadas con las guerras de las “huestes celestiales en el cielo” (Is. 24:21-22), el Libro de Daniel revela a Miguel como el patrón angélico de Israel como rival del príncipe-ángel de Persia y Grecia y se esperaba surgiría como liberador de Israel en el conflicto del fin de los tiempos (12:1). Según el Rollo de la Guerra de Qumran (17:7), con la venida de la era final y la “luz eterna”, el dominio de Miguel surgiría entre los ángeles e Israel sería exaltado “entre toda carne”. 
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1.     Paralelos entre los mitos Zurvanita y Qumranita, incluyendo el tema de la predestinación, son discutidos en Duchesne-Guillemi, “The Western Response to Zoroaster”, pp. 92-4; idem, “Le Zervanisme et les manuscrits de la Mer Morte”. Argumentos a favor de la influencia Zurvanita sobre Qumran son presentados en H. Michaud, “Un mythe zervanite Dans un des manuscrits de Qumran”, VT, 5(1955), pp. 137-47; D. Dimant, “Qumran Sectarian Literature”, en M.E. Stone (ed.), “Jewish Writings of the Second Temple Period”(Philaelphia, 1984), pp. 538, 546; Boyce, “A History of Zoroastrianism”, vol. 3, pp. 422-5(argumenta que la enseñanza de los Dos Espíritus es al menos parcialmente de inspiración Zurvanita.

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