jueves, 4 de abril de 2013

AMOS


EL PROFETA AMÓS
Es importante entender la ética de un profeta como Amós, y su lugar en la historia de la religión Israelita. Amós, un tradicionalista, pensaba que la alianza era fundacional, y asumía que ésta ya era conocida en los comienzos de Israel, antes del surgir de la monarquía. Amós llama a Israel a que vuelva a la observancia de sus normas originales.

De las fuentes de Amos, aunque algo controversiales, se puede obtener un cierto sentido de sus oráculos sobre la naturaleza del culto en Betel, que critica fuertemente, y de la comprensión popular de la tradición del Éxodo en el Reino del Norte. Está claro que Amos difería en gran manera de sus contemporáneos en el papel y naturaleza del culto, y en las implicaciones de la elección de Israel. La gente de Israel a mediados del siglo octavo a.C. no compartía la comprensión del Éxodo y Alianza que encontramos en el Deuteronomio. La tradición antigua se había perdido de vista. La predicación de Amós puede ser vista más fácilmente como un agudo desarrollo de una tradición de la alianza que como una llamada a regresar a una tradición que había sido olvidada.

La comprensión del Éxodo y elección de Israel es traída al primer plano en Amós 3:2: “Solamente a vosotros elegí entre todas las familias de la tierra; por eso os castigaré por todas vuestras culpas”. En este breve oráculo Amós está aludiendo a y subvirtiendo la común comprensión de los Israelitas del Éxodo. No hay duda de que el Éxodo era celebrado en Betel desde tiempos de Jeroboam I. Amós no disputa que Yahvé sacase a Israel de Egipto, aunque cuestiona el significado relacionado con esto. Para él, la elección sólo significa una mayor responsabilidad. Israel, al ser elegido, tiene menos excusas respecto a la mala conducta que otros pueblos.

Los dichos de Amós en 3:3-8 son raras reflexiones casi filosóficas sobre las premisas de las profecías. El razonamiento es similar a lo que encontramos a menudo en la literatura Sapiencial del Medio Oriente, y que encontramos de nuevo en Proverbios. Las cosas no ocurren al azar. Las acciones tienen predecibles consecuencias. Consecuentemente, “el desastre no cae sobre una ciudad sin que el Señor lo provoque”(3:6). El desastre caerá, sin duda, sobre Samaria y todo el Reino de Israel porque el Señor así lo ha decidido. Amós puede ser descrito como un estricto mono-Yahvista. Cree que todo lo que ocurre puede ser atribuido al Señor. No reconoce otras fuerzas que puedan ser responsables.

Dos temas predominan en los oráculos centrales de Amós. Uno es la injusticia social. Se pueden encontrar coloridos ejemplos en 4:1-3, donde se caricaturiza a las mujeres de Samaria como las “vacas de Basán” (Basán era una zona muy fértil en Transjordania), y en 6:4-7, donde se mofa de los que yacen en lechos de marfil y beben vino en anchas copas. Este último pasaje describe una institución llamada “marzeah”(una forma de la palabra se encuentra en Amós 6:7, traducida como “juerga” en la NRSV; “clamoreo” en la versión Nácar-Colunga; “orgía” en la Biblia de Jerusalem). Era una antigua institución Cananea, conocida en Ugarit en el siglo catorce a.C. Involucraba una banquete que duraba varios días, con mucha bebida de vino. Al menos en algunos contextos lo que se celebraba era la conmemoración de los difuntos y posiblemente la comunión con ellos. Estas celebraciones eran bastante caras. El lujo en Samaria está confirmado por la arqueología. Unos de los objetos encontrados más espectaculares fueron una colección de marfiles, que en su tiempo cubrieron las paredes del palacio real (de ahí los lechos de marfil en Amós 6:4). Amós incluso condena la música como parte de un excesivo lujo. Aquellos que estaban en la riqueza, fuese en Sión o Samaria, disfrutaban de sus bienes a costa de los pobres, quienes eran obligados a la esclavitud cuando no podían pagar sus deudas. Habría que señalar que las protestas de Amós contra la “marzeah” no estaban basadas en su origen Cananeo, sino en la extravagancia e indulgencia con ésta asociada.

Otro tema importante es la condena del culto, especialmente en Betel. “Id a Betel a rebelaros, multiplicad en Gilgal vuestras rebeldías”(4:4). Se puede leer este pronunciamiento desde una perspectiva Deuteronómica: el culto en Betel era inherentemente pecaminoso, dado que no tenía lugar en Jerusalem. Sin duda, así es como el pasaje era leído después de la reforma de Josías. Aunque la preocupación original de Amós era diferente. Se ve claramente en 5:18-27. Este famoso pasaje pronuncia infortunios contra aquellos que “Ansían el Día de Yahvé”(5:18). Mucho se ha debatido sobre qué es lo que quería decir con el “Día de Yahvé”. En tiempos posteriores vino a significar el día del juicio. Ya en tiempos de Amós podía referirse al día de la intervención divina en la batalla. En este contexto, se refiere claramente a una celebración cultual, quizá a la Fiesta de los Tabernáculos o Sukot (= de las chozas/cabañas), que era conocida en tiempos posteriores como “la fiesta de Yahvé*. Los Tabernáculos se celebraban después de la cosecha de la uva (vendimia). Era una fiesta de alegría, donde se bebía mucho vino. El “Día el Señor” era también una celebración de la grandeza de Yahvé, y por implicación, la grandeza de su pueblo Israel. Era un día de luz, en el sentido de ser una ocasión de alegría y celebración de las bendiciones de Israel.



*“La fiesta de los Tabernáculos, o de las tiendas, era una de las tres grandes solemnidades judías, que, si no había obstáculos graves, debían acudir al Templo para celebrarla. Se recordaba la peregrinación de los hebreos por el desierto antes de su instalación en la tierra prometida, y los muchos beneficios recibidos por Dios en aquellos tiempos. Se levantaban tiendas por toda la ciudad. También era la fiesta de la recolección, y se daba gracias a Dios por las cosechas. Duraba ocho días, en octubre. Era una fiesta popular, con múltiples manifestaciones alegres y gozosas, que, a menudo, acababan en excesos”.
Catholic.net/






   
       

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