miércoles, 21 de enero de 2009

CRISTIANISMO, EL SEÑOR PENITENTE

EL SEÑOR PENITENTE

El sufriente Job deseaba ver el momento en que los hombres justos, hombres que presumían de hablar en nombre de Dios, fuesen silenciados cuando Dios hablase simplemente pero elocuentemente de sí mismo:
Queréis, para justificar a Dios, usar de falsedad.
Defenderle con mentiras?
Queréis mostraros como parciales suyos,
Ser los abogados de su causa?
Sería bueno que El os sondease.
Queréis poder engañarle como se engaña a un hombre?
El ciertamente os reprendería con severidad,
Si secretamente pretendéis aparecer como parciales suyos.
Su majestad, no os aterrará, no os llenará de espanto?
El Señor, al final, rechaza a aquellos que pretendían defenderle, como bien había señalado Job:
Dijo Yahvé a Elifaz, temanita: “Se ha encendido mi ira contra ti y contra tus dos compañeros, porque no hablasteis de mí rectamente, como mi siervo Job”.
Si es que el Señor ha cambiado, se ha hecho más misericordioso, entonces aquellos que creen estar haciendo Su voluntad apedreando a la mujer adúltera proceden sobre una falsa premisa. Es más, aquellos que, figurativamente hablando, apedrearían a Israel, diciendo que la infidelidad de la nación hace que merezca la continua opresión, están igualmente equivocados. Jesús era lo suficientemente sin pecado como para haber lanzado la “primera piedra” contra la mujer adúltera, pero eligió no hacerlo. Se abstiene de condenarla, se abstendrá ahora, en tanto que Dios encarnado, de condenar a Israel?
La inocencia perfecta de Dios ha sido la premisa para todos los abusos sobre Israel. Él era el fiel esposo, ella la infiel esposa. Pero es adecuada la premisa? En Su relación con Israel, el Señor ha sido como un esposo engañado. Insistía en que los Asirios y los Babilonios no estaban castigando a Israel, Él, era el que lo estaba haciendo, o es que no tenía todo el derecho? Qué esposo engañado como Él lo había sido haría menos? Antiguamente, Dios hablaba así, pero lo sigue haciendo?
En (Mat.19:4-8), Jesús es preguntado acerca del divorcio, Jesús, citando el Génesis, ofrece el fundamento profundo y original desafiando a los que le preguntan para que lo respeten. Les señala la “dureza de su corazón”. Invocando el Jardín del Edén contra la Ley de Moisés, Jesús alude, como en su conversación con Nicodemo, a la venida de una nueva creación: una vuelta al Edén. Fuera del Jardín, la previsión que la Ley de Moisés hace para el divorcio puede ser razonable, pero Dios no va a prohibir a la humanidad del Jardín para siempre.
La actitud de Dios hacia estos temas está cambiando. “No juzgo a nadie”, “no condeno a nadie” (Mat. 7:1). El Dios de Israel hizo Su reputación como juez que no dejaba pasar una, pero es que Dios está cambiando. Ahora, Dios reconoce que no todo el mal, excesos, y demás eran culpa de la esposa –Israel. Incluso si los pecados de Dios son ampliamente por omisión, incluso si consisten en el fallo en rescatar a su esposa humillada, e incluso si la peor omisión está aún por llegar en el futuro, todo esto es suficiente en el total para dirigir la atención, Su propia atención, de ella hacia Sí mismo. En una palabra, no sólo es Dios misericordioso, sino, también, penitente.

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